sábado, 30 de octubre de 2010

PERSONAJES RELEVANTES DE PICHILEMU

http://www.pichiiemunews.cl/

AGUSTÍN ROSS, DANIEL ORTÚZAR, EL DR. EUGENIO DÍAZ Y PICHILEMU


Don Agustín Ross Edwards, el visionario

http://www.elrancahuaso.cl/
06-12-2009

En el mes de noviembre murió el escrito José Arraño, quien escribió los libros "Pichilemu y sus alrededores turísticos” y “Hombres y cosas de Pichilemu”. Esta es la historia de Agustín Ross, descrito en las obras de Arraño.

Escrito por Corresponsales El Rancahuaso

“Un joven de hermosa figura, natural de La Serena, descendiente de alglosajones, educado en el Queen ’ Street Intitution de Edimburgo, poderoso en riqueza”. Con estas palabras define don José Arraño Acevedo a don Agustín Ross Edwards en su libro Hombres y Cosas de Pichilemu, al comienzo del relato en que resume los aspectos de la vida de este nortino que un buen día se avecindo en estas tierras.

Fascinado quedó don Agustín con la geografía de la costa colchagüina cuando la conoció a fines del siglo XIX, tomando la firme decisión de construir aquí un hermoso balneario al mas puro estilo eurepeo, para descanso de la sociedad chilena.

Compró entonces, en septiembre de 1885, a don Pedro Parga el terreno apropiado para el proyecto, iniciando de inmediato la construcción, desembolsando buena parte de su fortuna en ello.

Entre las obras que destacan de aquellos años están el Gran Hotel, los baños tibios al estilo europeo, y el Casino, este último construido entre 1906 y 1909, inclusive. Construyó también don Agustín Ross un correo, un telégrafo y un surtido almacén.

Comenzó a poco andar el desfile de las familias que escogían el incipiente Pichilemu para vacacionar, los paseos en el Parque era uno de sus atractivos. Para atender a tales visitantes don Agustín pronto proveyó su balneario de alcantarillado, lavandería, caballerizas, herrería, botica, panadería, pastelería, peluquería y una cancha de tenis. Todo ello muy bien concluido, con materiales de primera calidad, gran parte de ellos importados.

En aquella época en que el señor Ross se afanaba en su balneario, el gobierno de Chile creo la comuna de Pichilemu. Fue en 1891, aunque no fue sino hasta 1894 que se constituyó su primer municipio, entre cuyos regidores se contaba a don Jose María Caro Rodríguez, padre del futuro cardenal, quien fue elegido como primer alcalde.

Sólo en 1926, un 5 de enero, el ferrocarril llegaba a Pichilemu, dándose por concluida la obra del señor Ross, con este magno adelanto. Meses después, el 20 de octubre de 1926, fallecía don Agustín en Viña del Mar, luego de lo cual su sucesión dono a Pichilemu sus bosques, terrazas, parques, escalinatas, etc. con la condición de que todo fuera atendido dignamente.
Fuente: Pichilemuchile.com

Don Daniel Ortúzar Cuevas



Octubre 8, 2010
Después de don Agustín Ross Edwards, uno de los hombres de mayor prestigio en el adelanto turístico de esta zona marina, fue don Daniel Ortúzar Cuevas, miembro ilustre de familias entroncadas en siglos de linajes españoles. Nacido en Santiago en 1850, era uno de los doce hijos de don José Vicente Ortúzar Formas y de doña Irene Cuevas Avaria.

Educado en colegios donde se acentuaron los principios cristianos, recibidos en un hogar profundamente católico, pronto perdió a su padre, quien falleció en 1867, después de haber sido parlamentario por Curicó, cuando esta ciudad era capital de la antigua provincia de Colchagua.
Don José Vicente había adquirido por compra en 1854, el inmenso predio costino de San Antonio de Petrel, cuna del que, con los años, sería el primer cardenal chileno, Su Eminencia José María Caro Rodríguez.

A don Daniel le correspondió, desde muy joven, atender esta propiedad, ya por administración o por arriendo, aunque también era heredero. Recuérdase que para sacar los productos agropecuarios para su mejor comercialización, ideó la creación de un muelle en la bahía de Pichilemu que, al obtener el permiso para ello, permitió que en 1887, Pichilemu adquiriera calidad de puerto menor, dependiente de Valparaíso.

Efímera fue sin embargo la vida de este muelle, por cuanto, en la revolución de 1891, fue incendiado por orden gubernativa, ya que por él zarpó el Maipo con contingente y víveres hacia el norte, donde se encontraba la directiva opositora a Balmaceda.
Pasada la revolución, don Daniel, que siempre perteneció al Partido Conservador, fue elegido diputado por el departamento de San Fernando, siéndolo por tal agrupación en cuatro períodos; un quinto, lo fue por el departamento de Caupolicán, ocupando el asiento parlamentario un total de 15 años consecutivos.



Pichilemu, fuera del muelle, le debe el haber iniciado la población que formó en la principal avenida del centro del balneario y que hoy lleva su nombre. Al mismo tiempo que el señor Ross levantaba su hermosa población turística, en el sector sur de Pichilemu, don Daniel construía las primeras casas de la citada avenida Ortúzar, de manera que el progreso pichilemino fue inmenso desde fines del siglo XIX, gracias al tesón de este par de admiradores de estas costas, privilegiadas por su belleza.

También Pichilemu, le debe el haber proporcionado el terreno necesario, a la vera de su hacienda, para el cementerio parroquial local. Recuérdase también que el señor Ortúzar fue uno de los ocho padrinos de consagración de monseñor José María Caro Rodríguez, como obispo titular de Milás, recibida en la catedral de Santiago, el 28 de abril de 1912, de manos del Internuncio Enrique Sibilia. Juntamente con él, recibíala también monseñor Luis Silva Lazaeta, obispo titular de Oleno.

Fueron muchos los viajes emprendidos por don Daniel al viejo mundo. En uno de ellos trajo la galega, leguminosa que allá servía de forrajera a los animales y que en sus campos sanantoninos no la comieron, de manera que quedó como verdadera plaga, maleza que se expandió por las provincias centrales de Chile, sin poderse exterminar, sirviendo solo para adornar los campos con su flor azulina, amariposada.
Al fallecer su madre en 1904, San Antonio de Petrel, se lo adjuricaron él y dos de sus hermanas solteras. Después de sus días, quedó el predio costino dividido en una parte para unas sobrinas y la otra, para la Universidad Católica de Chile.
Don Daniel falleció en Valparaíso, centro de sus actividades comerciales, el 19 de noviembre de 1932, siendo sus restos trasladados al Cementerio Católico de Santiago.

(Fuente: José Arraño Acevedo, pichilemuhistorico.blogspot.com).
Publicado por admin · Sección Bicentenario



El doctor Eugenio Díaz Lira

Septiembre 28, 2010
Apenas don Agustín Ross Edwards abriera en Pichilemu su colosal hotel, llegaba la familia Díaz Lira a descansar en el nuevo balneario. Componíala la viuda de don Wenceslao Díaz Gallegos –médico de nota, fallecido en 1895- doña María Luisa Lira Errázuriz y una decena de hijos, llegando a Pichilemu desde su mismo fundo sanfernandino, “El Olivar”, siendo aquí los más entusiastas en el acontecer veraniego en el lugar costino.

Entre esos hermanos, uno de los que más cariño le tomó a estas costas fue don Eugenio, universitario en medicina, recibido en 1904, pues, al dispersarse la familia, ya tomado estado o buscando otras playas, el siguió fiel a Pichilemu, levantando su casa, con el confort que la hacía una de las de mayor categoría en el citado balneario.

Relacionado como estaba en el medio católico, solía invitar a su casa estival a algunos eclesiásticos, de manera que en la veranada no faltaba algún presbítero u obispo, que aprovechaban esos días para hacer apostolado.

Hace poco, al conocer detalladamente la vida de nuestra primera santa, se supo que el médico que atendió a la religiosa en el convento de Los Andes en su enfermedad mortal, fue el doctor Díaz Lira, que era el galeno de los Fernández Solar, en Santiago.

Era en vacaciones cuando el doctor Díaz Lira se hacía presente a favor de los pichileminos, ya que, además de constante cooperador del vicepárroco en adelantos materiales de la iglesia local, atendía enfermos que esperaban ansiosos su llegada. Más que descanso, Pichilemu fue un campo donde su acción social estuvo al día. El Dispensario “San Rafael” –primer centro asistencial pichilemino- se debió a su generosidad sin límites. No hay obra alguna de nuestra antigua viceparroquia a la que nos prestara su decidida colaboración, con oportunos auxilios. Su esposa e hijas fueron las más leales cooperadoras, en la extensión de su apostolado cristiano.

Su vida profesional, jalonada de títulos y merecimientos, ya como profesor universitario, cirujano famoso, ya como fundador de centros médicos y científicos, vióse interrumpida por la enfermedad que llegó a perturbar su trabajo arduo y fecundo. Así, fue como en el invierno de 1945, a los 65 años de edad, falleció en Santiago, lugar de su actividad médica. Su sucesión donó luego su valiosa residencia veraniega a las religiosas de la Preciosa sangre donde, ampliada en colegio, centenares de alumnos se educan bajo el recuerdo del ilustre benefactor.

(Fragmentos de un artículo publicado en Revista Tripulantes, diciembre 2002. Fotografía: El doctor Díaz Lira con familiares y amigos, www.pichilemunews.cl)

Publicado por admin · Sección Bicentenario

1/11/2010. En nuestros artículos sobre aspectos históricos de Pichilemu, siempre hemos recordado que “no fue fundado, sino que empezó a surgir espontáneamente, en el tiempo” y solo se constituye en comuna junto a otras, cuando –a poco de terminar la Revolución de 1891- el Presidente Jorge Montt Álvarez y su Ministro del Interior José Manuel Irarrázaval Larraín, promulgan el 22 de Diciembre de ese año la Ley de Comuna Autónoma dando vida legal a 195 comunas a lo largo y ancho del país.

Algunos han escrito disparatados artículos donde señalan que don Agustín Ross fue el fundador de Pichilemu. ¡Craso error!, don Agustín se constituyó –cierto- en el principal impulsor del verdadero Balneario de lujo que si construyó, no antes de desechar sus propósitos de uno de sus magnos proyectos: construir el gran Puerto de Pichilemu.
Desechó definitivamente el proyecto, cuando todos los estudios encomendados personalmente –aparte de los que estaba realizando el propio gobierno desde antes de la Revolución- lo convencieron que con la tecnología existente -en esa época- hacían imposible salvar con éxito los obstáculos que imponía la naturaleza.

Solo a partir de ese momento, don Agustín abandonó la idea de esa colosal obra que quería realizar, el puerto. Y que lo hizo adquirir a través de un remate público el fundo rústico “San Antonio de Petrel”, propiedad que un año antes al menor Juan Esteban Torrealba Maturana le había sido adjudicada. La inscripción de esta propiedad –por parte de Agustín Ross- se realiza en el Conservador de Bienes Raíces de San Fernando el 5 de Septiembre de 1885, representando en ese acto al menor, su madre, Mercedes Maturana viuda de Torrealba.


Puerto de Pichilemu, proyecto ideado por Agustín Ross E.

En esos terrenos -que deslindaban al norte con los de la familia de Daniel Ortúzar Cuevas, quienes solo el 23 de Febrero de 1884 habían adquirido 22 cuadras de terreno a doña Jacoba Gaete de Morales- consideraba parte de los terrenos frente a la playa principal y La Puntilla. Y en donde ya existía La Posada, un rancho en donde se podía pagar para dormir y comer. Algo un poco mejor que la serie de rancheríos que encontró en 1872 el Capitán de Corbeta, Francisco Vidal Gormáz, cuando éste junto a un par de ayudantes llegó hasta la costa pichilemina a estudiar las condiciones marítimas de la costa, entre Topocalma y el río Mataquito, por órdenes del gobierno de Aníbal Pinto.

En efecto, por esos años, 1872, no existía aún el Muelle construido por Ortúzar. Y aún éste no mandaba a delinear la primera población urbana en los terrenos de su familia. De manera tal que a esas fechas el panorama –aparte de la diafanidad del océano- era casi desolador a la vista de este marino, quien por sus estudios era uno de los más prominentes expertos para cumplir con los estudios que requería el gobierno.

Vidal Gormáz escribió en su Bitácora, entonces: “El caserío de Pichilemu se encontraba del todo despoblado i lo constituye una ranchería de madera i de barro del peor aspecto imajinable; no obstante en la estación de verano le da vida una gran concurrencia de jente que acude a la costa para tomar baños de mar. En esa época se improvisa una posada y se asean aquellos tristes albergues de construcción desplomada, para convertirlos en el edén de la concurrencia. Según las mil inscripciones que pudimos leer en los pilares y sus mal construidas puertas; aquel triste local ha sido el verjel de muchas humanidades, el alivio de algunos, el mal de otros y el horror nuestro..” (de la Bitácora de Viaje del oficial de marina, transcrito textual en castellano antiguo en el libro “Pichilemu: Mis fuentes de información”, de Antonio Saldías González).

El Muelle que construyó Daniel Ortúzar fue casi una década y media después. Un decreto del 15 de Julio de 1887 –firmado por el Presidente José Manuel Balmaceda Fernández- le otorga categoría de Puerto Menor, estableciendo una Tenencia de Aduana que dependerá –dice- de Valparaíso. Y que estaba servida por un teniente administrador, un guarda interventor y dos marineros, asignándosele además los respectivos sueldos anuales por sus cargos y responsabilidades.

Tras la creación de las 195 comunas, solo el 6 de Mayo de 1894 se constituye el primer municipio, siendo elegido como primer alcalde el vecino de Quebrada del Nuevo Reino, José María Caro Martínez, padre en esa época del niño que años más tarde se convertiría en el primer Cardenal de la Iglesia Chilena y que, como primer hijo varón se llama José María Caro Rodríguez.
Pichilemu con las diferentes administraciones fue dando sus primeros pasos en el camino al progreso. Mas, en el tema salud, solo 25 años más tarde se constituirse el municipio, vemos que solo el día 2 de Enero de 1919, el cuerpo de regidores dirigidos por el alcalde Gustavo Silva Pizarro toma el acuerdo de contratar los servicios de un médico: el Dr. Joaquín Browne.

Diez años más tarde, el 10 de Febrero de 1929, se inaugura el Dispensario “San Rafael”, obra del cura y vice párroco de Pichilemu, Presbítero José Miguel Camilo Aguilar; pero financiado casi íntegramente por el Dr. Eugenio Díaz Lira, quien después de hacerse habitué de vacaciones en Pichilemu junto a su familia –primero en el Hotel Empresa “Pichilemu”- luego adquiere terrenos y construye su casa de veraneo en 1920.

El señalado Dispensario le fue entregado oficialmente al municipio, el que era dirigido en esa fecha por el alcalde José Ramón Araneda y Araneda. Estaba ubicado en la calle Dionisio Acevedo esquina de O’Higgins, a continuación de la casa parroquial. El inmueble constaba de seis salas y una amplia galería, aparte de las dependencias para un par de profesionales de la salud. Las que ocupó posteriormente la matrona, señorita Aurora Salinas Pérez, junto a su madre. En tanto la señorita Enriqueta Carvacho fue su primera auxiliar que prestaba atenciones de practicante.

Cuatro años más tarde, a la edad de 30 años llega a Pichilemu a veranear el médico Basilio Sánchez Berguiristain. Este conoce de la necesidad de un profesional médico y se queda contratado para servir en el ya indicado dispensario.

Es recién en el año 1940, cuando el Servicio de Salud crea la Casa de Socorros de Pichilemu, inmueble que estaba a escasas dos cuadras, en la misma calle Dionisio Acevedo. Este centro de atención médica se inaugura el 1º de Noviembre de ese año, con el siguiente personal:
Juana Becerra Jorquera, Digna Bozo Becerra, Manuel Bustamante Ormazábal, Raúl Llanca González y Adolfo Gallegos.


Vista parcial de la Casa de Socorros, 1976.

Hasta allí es trasladado el Dr. Basilio Sánchez quien ejerce allí como Jefe primero y posteriormente como director del Hospital de Pichilemu hasta el año 1976, categoría que había logrado del Servicio de Salud mediante su gestión (de la crónica “Recuerdos hospitalarios de Pichilemu”, del escritor José Arraño Acevedo) .


Casa del doctor Sánchez construida por Gerardo Villar nieto del cochero Florindo Martinez. (Foto capturada desde el video de un Protagonista pichilemino que cuenta su historia) www.pichilemunews,cl



En su verdadero apostolado médico hay una laguna que corresponde al período que ejerció como alcalde de Pichilemu entre 1959 y 1963.

No obstante, tras permanecer frente al municipio y contribuir también al progreso de Pichilemu, se reincorporó al servicio hasta el año 1976, ocasión en que llegaron dos jóvenes médicos de la Universidad de Concepción: Gastón Henríquez y Miguel Ángel Saavedra. Fue un hecho relevante, en donde la comunidad y el municipio con el alcalde designado Eduardo Parraguez Galarce –al tiempo de darle la bienvenida oficial a los dos jóvenes profesionales- se le tributó un homenaje público al Dr. Basilio Sánchez quien por espacio de casi cincuenta años había ejercido la medicina en la comuna; distinguiéndole con el título de “Hijo Ilustre de Pichilemu”.


Dr. Gastón Henríquez y Dr. Miguel Angel Saavedra. 1976.

Dirigentes sociales, ex autoridades –entre ellas el ex alcalde Felipe Iturriaga, durante tres períodos, fue una de ellas- y comunidad repletó la Pista Municipal. También estaba la “primera” paciente que había examinado el Doctor Sánchez, el año 1933. Ya anciana, Carmen Marambio fue una de las primeras en tributarle un abrazo y felicitaciones. Emocionante momento que tuvimos el privilegio de fotografiar exclusivamente.


El ex alcalde por tres períodos, Felipe Iturriaga Esquivel junto al Dr. Basilio Sánchez, distinguido como Hijo Ilustre de Pichilemu. 1976.

El año 1985, a solo seis años de la puesta en marcha de la provincia Cardenal Caro, se inaugura el nuevo Hospital de Pichilemu, en una manzana eriaza, terreno originalmente contemplado para un área verde –en los planos desde los años 30- en la Población “Ross” a una cuadra de los accesos al sector de La Terraza, en calle Jorge Errázuriz con las calles Jaramillo, Jorge Cuevas y Topocalma.


Hospital en terminaciones. Vista Nor.Pte. 1985.

El propio Presidente Augusto Pinochet, acompañado de su esposa Lucía Hiriart y el Ministro de Salud, Dr. Winston Chinchón, presidían la comitiva de autoridades nacionales y regionales.

El moderno centro de salud estaba dotado incluso de dos pabellones quirúrgicos que se utilizaron solo para operaciones menores y partos, por la falta de profesionales especialistas.

El año pasado se inauguró una ampliación destinada a Urgencias, lo que lo ha hecho crecer en mayor superficie y equipos; pero no así en la categoría que le permita ser dotado de profesionales capaces de atender mayores complejidades; debiendo seguir dependiendo de hospitales ubicados en Santa Cruz (86 kilómetros), San Fernando (121 kilómetros) y Rancagua (172 kilómetros).

La comunidad sigue esperando mejores días y contar con profesionales especialistas, puesto que quienes llegan son médicos jóvenes recién egresados en su mayoría y que tras un tiempo se van a especializarse. No obstante, no vuelven, quedándose en ciudades con hospitales y/o clínicas que les ofrecen un mayor crecimiento profesional y personal.

Actualmente el establecimiento hospitalario de Pichilemu es dirigido por el Ingeniero Industrial Mauro Salinas Cortés, quien desde el 11 de mayo pasado sucedió a la Dra. Andrea Saavedra Bravo, la que estuvo por espacio de dos años en el cargo.
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