miércoles, 27 de enero de 2010

El Primer Centenario. Las Fiestas Dieciocheras de 1910

REPORTAJES Domingo 17 de Septiembre de 2000


El Primer Centenario. Las Fiestas Dieciocheras de 1910

A una década de los 200 años de la independencia nacional, vale una evocación de cómo hubo hechos que enlutaron la celebración del primer siglo de la república, lo que no fue óbice para festejar.
Por GERMAN BECKER URETA*

CUANDO falta un poco más de cien días para que termine el presente siglo XX y con él, por cierto, el segundo milenio, ya hay voces que recuerdan que en el próximo siglo XXI celebraremos el segundo centenario de la Independencia de Chile. ¡Albricias para los que estén con vida y salud!

El próximo 18 de septiembre del 2010 nuestra patria estará cumpliendo 200 años. Quiera Dios que este aniversario acreciente nuestro patriotismo, el amor por nuestras hermosas tradiciones chilenas y que otra vez seamos una nación de compatriotas.

Del primer centenario hay variados recuerdos y testimonios, así como de las típicas celebraciones del "18" a lo largo del territorio y a través de los años.

Al despuntar 1910, junto a la alegría anticipada por la fiesta que ocurriría en septiembre, Chile aún no se reponía totalmente de los estragos y pérdidas cuantiosas que significó el terremoto de 1906, que asoló Valparaíso y muchas ciudades que hoy día comprenden la V Región.

Comenzaron de todas maneras los preparativos. Arreglar las calles. La piedra de huevillo sería reemplazada por asfalto o adoquines. La Compañía de Electricidad, en un esfuerzo fenomenal para la época, armaba miles de metros de guirnaldas con ampolletas rojas, azules y blancas. Estas se pondrían dibujando las aristas, cornisas y balcones de los principales edificios públicos y las casas particulares más importantes. Las avenidas y paseos públicos también estarían adornados por estas líneas luminosas. El proyecto era grande. En esos entonces no había plantas generadoras de energía eléctrica; por lo tanto, el enorme consumo de esos millares de bombillas se abastecería con dínamos accionados por grandes motores.

El arquitecto Enrique Dubois redoblaba el ritmo de trabajo y los recursos para terminar, a tiempo, el Parque Forestal. Hay que recordar que el lugar donde se encuentra este lindo paseo era una laguna pantanosa.

En los primeros días de julio, los santiaguinos vieron con asombro, en el cielo nocturno, un gran cometa: era el Halley. Este nos visita cada 76 años. En aquella ocasión la cola del cometa estaba paralela a la tierra, por lo tanto, su presencia era enorme. Según recuerdo de gente que lo vio y llegó hasta nuestros días - entre ellos mis abuelos y mis padres- , decían que la cauda o cola abarcaba desde los Baños de Colina hasta el Cajón del Maipo. Cuando en 1986, 76 años después, volvió, todos nos defraudamos por la esmirriada presencia de este fenómeno celeste. La razón fue muy sencilla: la cola estaba perpendicular a la tierra, por eso apenas se notaba. Faltan más de 50 años para que aparezca de nuevo. Es de esperar que los que estén en condiciones de mirar el cielo en esos días tengan más suerte.

Decesos apabullantes

Volviendo a 1910, siempre la aparición de un cometa, desde tiempo ancestrales, tiene una fuerte carga mítica, supersticiosa, precursora de malos augurios: el mismo mes que apareció el Halley murió Eusebio Lillo, el poeta que escribió los versos de la Canción Nacional. Al agravarse las dolencias del Presidente Pedro Montt, viajó a Europa, vía Buenos Aires. En esta ciudad esperó al vapor que lo llevaría a Alemania. Al Presidente, fuera de su esposa y otras personas, lo acompañaba su secretario particular. Un fatal accidente enlutó el viaje. Se cortaron los cables del ascensor en que viajaba el mencionado secretario causándole una muerte inmediata. Ya estando en manos de los mejores médicos alemanes, el 16 de agosto, a un mes del Centenario, que él tenía que presidir, muere don Pedro Montt, Presidente de Chile. La repercusión que tuvo en el país este infausto hecho fue tremenda. Se pensó en cancelar las celebraciones. Se discutieron los pros y los contras. De las delegaciones extranjeras que habían sido invitadas para esta magna efeméride algunas ya viajaban hacia Chile, desde Europa. Se decide seguir adelante. Asume el mando de la nación, como vicepresidente, don Elías Fernández Albano. A los pocos días de su mandato, el 6 de septiembre, Fernández muere. Estupor, espanto, profundo dolor se apoderó de la opinión pública. Todo era como una maldición. Como un castigo, quizás por qué pecado. Las autoridades del país, sacando fuerzas de flaquezas, continuaron adelante. Se creó una curiosa disposición para elegir a otro jefe del Ejecutivo. Sería Presidente de la República, para encabezar los festejos y ceremonias del Centenario y realizar las próximas elecciones presidenciales, el ministro más antiguo del gabinete del fallecido Presidente Montt. La designación recayó en don Emiliano Figueroa Larraín. Alegre, gran señor, bueno para la fiesta, cordial y con una impresionante estampa. En los días que gobernó don Elías Fernández se habían confeccionado algunos reposteros y cortinajes con las iniciales del mandatario: E.F. Por fin la buena suerte llegaba a ampararnos; don Emiliano tenía las mismas letras iniciales en su nombre y apellido: E.F. Al menos, no había que entrar en otros gastos.

Las celebraciones, ceremonias, actos cívicos, bailes populares, fuegos de artificios, cine gratis al aire libre, exposiciones, inauguración de monumentos, puentes, parques y edificios públicos y privados, más las infaltables y pintorescas chinganas, fueron la espina dorsal de la alegría oficial y popular. Todo esto, desde el 15 al 22 de septiembre, de jueves a jueves. Siete días y siete noches de jolgorio, champagne francés y chacolí doñiguano. La fiesta en 1810, cuando se eligió la Primera Junta de Gobierno, solamente duró tres jornadas.

Gath & Chaves

El mes de la patria, septiembre, se inició con la inauguración, el día 5, de una gran tienda: Gath y Chaves. Estaba ubicada en Estado con Huérfanos y durante 40 años fue un hito comercial y social. Su edificio estaba hecho de acero y armado como un mecano. En sus diversos pisos estaban los mejores productos de Chile y del mundo. Ascensores de reja, manejados por chiquillas de delantales azules, subían y bajaban al numeroso público que iba a comprar o pasear. Novedear, como era el término de la época. Sin ofender lo presente, nunca ha habido una tienda, en la historia de Santiago, que haya tenido el prestigio, el señorío y la impronta de Gath y Chaves. Al comienzo de la década del 50, y en los días previos a la Navidad, para producir mayor presión, sus trabajadores declararon la huelga. La reacción de los ejecutivos de la empresa fue drástica y definitiva. Cerraron la tienda. El edificio fue desarmado.

Don Emiliano Figueroa hizo los honores al Presidente de Argentina, don José Figueroa Alcorta, quien encabezó una brillante comitiva, que incluía el Colegio Militar de su país. Dos curiosidades o coincidencias: ambos mandatarios eran de apellido Figueroa y el Presidente argentino recién había asumido el mando por muerte del Presidente titular.

A Valparaíso arribaron buques de guerra de diferentes naciones. Alemania, Argentina, Brasil, Ecuador, Estados Unidos, Italia. Estas naves efectuaron una Parada Naval. El Presidente de Chile a bordo del crucero Zenteno, de la escuadra nacional, pasó revista, y luego los 20 buques que participaron navegaron en formación frente a don Emiliano.

Todas la feéricas iluminaciones, adornos e instalaciones no solamente estaban en el centro de la capital, sino que también en los barrios. Las plazas Brasil, Yungay, Almagro y Ecuador, así como las avenidas Recoleta, Independencia, Matucana, Vicuña Mackenna, el antiguo camino de cintura. La noche del "18", que era día domingo, los cadetes de la Escuela Militar de Chile recorrieron las diversas calles de Santiago en un desfile histórico, donde cada muchacho iba vestido con uniforme de época.

El Te Deum y la Parada Militar tuvieron un muy especial brillo, por la presencia de las delegaciones extranjeras. Nuestros oficiales superiores usaban, en su uniforme de gala, bicornios ornados con plumas de avestruz. La gente, con humor y buen talante, les llamaba "la Chupalla del gobierno" En esa ocasión se construyeron las primeras tribunas de madera para las autoridades. Duraron cuatro décadas, hasta las actuales de cemento.

Todo igual

Cuando en Valparaíso ocurrió el desfile naval, también se desarrolló una Noche Veneciana. En la Plaza Sotomayor, junto al monumento de nuestras Glorias Navales, estaba programada la culminación de un desfile de antorchas, de los bomberos, el cual no se pudo realizar porque la muchedumbre copó el espacio. Los voluntarios tuvieron que recurrir a mangueras de agua para contener el entusiasmo. La verdad es que no sé si alegrarme o no al constatar que no hemos cambiado nada.

El día 20, como fue la tradición por muchos años, se corría una prueba hípica especial y dieciochera. Esa vez la ganó el caballo "Altanero" de don Roberto Vial.

En el Palacio Urmeneta se presentó una exposición referida a los últimos cien años de Chile. Entre otras piezas, se mostró el curioso amoblado que el Emperador Napoleón III le regaló a la hija de almirante don Manuel Blanco Encalada, cuando ésta contrajo matrimonio en París.

Comentaba la prensa de esa época los terribles tacos y aglomeraciones que se producían en las calles de la capital. A los peatones, que transitaban por cualquier parte, había que agregar los primeros automóviles, los famosos Landolet Phaeton, los coches de caballo, las carretelas, las carretas, jinetes y ciclistas, con esas bicicletas de ruedas grandes.

Para los amantes de la ópera, el Teatro Municipal tenía su cartelera copada de los mejores títulos: Tosca, El Trovador, Norma, La Traviata, todo este espectacular repertorio coronado por la presencia de una diva que arrasaba en los teatros de Europa y el mundo: Amelita Galli-Curcci.

Hubo vuelos del avión que piloteaba el aviador italiano Bartolomé Cattaneo, en Santiago como en Viña del Mar. La gente se asombró con un circo de puros enanitos, ninguno medía más de 70 centímetros.

Los banquetes oficiales y particulares, en casas de familias de alto rango, se calculan en más de un centenar. La comida era de recetas francesas, el vino y el champagne, de la misma procedencia. Los menús que se conservan así lo demuestran. Por ejemplo, banquete oficial en La Moneda:

*Caviar en block.

*Potage Gentilhome

*Langouste Bordelaise

*Crustades Perigueux

*Selle D'Angeau Bouquetiere

*Asperges Au Beurre

*Croutes Aux Fruts

*Bombes Chantilly

*Fruits

*Café

*Champagne.

Hemos señalado algunos de los innumerables espectáculos, ceremonias y panoramas que tuvo la gente. Los de arriba y los de abajo. Pero hubo uno que sin duda, no por lo masivo sino por inédito en Chile, fue el comentario por mucho tiempo. En la calle Arturo Prat N.o 100 un empresario montó un cabaret a la manera de París, con niñas traídas directamente de la Ciudad Luz. El Can Can, los desnudos, las insinuaciones galantes, en una palabra el "sprit" francés a todo dar. Los jóvenes criollos, de los más rancios apellidos, hacían nata en la siempre honorable calle Prat. En los tiempos que ahora corren, esto sería casi una convivencia parroquial.

Hubo versos, canciones en homenaje al Centenario. Esta es la cueca que, según se dice, fue el éxito de la conmemoración:

"A ver nuestro Centenario

Han venidos (sic) los vecinos

de Bolivia y Ecuador

brasileros y argentinos.

Ante las legaciones

Sembramos flores.

Para los argentinos

Son mis amores.

Son mis amores ¡Sí!

Quién pensaría que en

Este Centenario, yo cantaría

La Argentina con Chile

Forman desfile"

Los Quincheros decidieron grabarla, para tener un testimonio de lo que fue nuestro primer Centenario.

Para esta gran celebración, que comenzó con tan nefastos signos, los augurios fueron mejorando: don Emiliano Figueroa hizo un gran papel, todo el pueblo de Chile se lució. Y como después de la mala viene la buena, ningún día con sus noches llovió, cosa rara, en esos últimos días del invierno.

¡Preparémonos, prepárense para el segundo Centenario!

* De la Sociedad de Historia y Geografía

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lunes, 23 de noviembre de 2009

Hitos de una época: El Chile del Centenario (I)

11 de junio de 2009
EL MORROCOTUDO

El Centenario de la Independencia de Chile se convirtió en una fecha para celebrar y emprender un profundo autoanálisis. Y el próximo año promete ser una gran fiesta que celebrará los 200 años de Chile. Comisión Bicentenario

Escrito por Comisión Bicentenario

En 1894 se formó en Chile la Comisión Centenario, cuya misión era proponer diversos proyectos y actividades para el Centenario de la República. Benjamín Vicuña Mackenna fue uno de los principales impulsores de transformar Santiago en “el París de América”.



Durante 1905, se reestructuró la Comisión Centenario, presidida por Agustín Edwards Mc Clure, Ministro del Interior de la época (en la imagen). La economía sufrió los embates del terremoto que azotó la zona central y que destruyó Valparaíso en 1906. La reconstrucción del principal puerto del país y las deudas fiscales provocaron un importante déficit financiero. En tanto en diciembre de 1907, otro trágico hecho afectó al país: la matanza de Santa María de Iquique, en la que murieron cientos de hombres, mujeres y niños.

En 1910, Chile tenía una población aproximada de 3.249.279 habitantes y estaba dividido en 23 provincias, además del territorio de Magallanes. La esperanza de vida llegaba a los 31,5 años. Santiago concentraba el 10% de la población total del país y tenía 1.600 conventillos, en los que habitaban 75.000 personas.

En mayo, el Presidente Pedro Montt participó en las celebraciones del Centenario de la independencia de Argentina como invitado de honor. Ese mismo mes el cometa Halley pasó sobre los cielos de nuestro país.

Desde los primeros meses del año se preparó el ambiente y las actividades para festejar los cien años de nuestro país. El Centenario de la Independencia de Chile se convirtió en una fecha para celebrar y emprender un profundo autoanálisis. Se planeaban fiestas y obras conmemorativas que intentaron dar una imagen de progreso y, al mismo tiempo, se abrió una amplia reflexión acerca de la realidad nacional.

Las críticas provenían de los más diversos ámbitos, la educación, la política, la corrupción, la identidad nacional, además de fuertes reparos a la oligarquía y al mundo político por la forma de dirigir el país.

Las críticas y la situación económica eran sólo algunas de las sombras que acecharon los festejos de nuestro primer Centenario. En agosto, el Presidente de la República, Pedro Montt, viajó a Alemania para mejorar su delicado estado de salud, donde muere el 16 de agosto. El Vicepresidente Elías Fernández Albano, quien asumió la dirección del país tras el viaje del Presidente Montt, fallece el 6 de septiembre del mismo año debido a una pulmonía.

A pesar de esto, el país celebró con entusiasmo los 100 años de Independencia. Aunque conmovidos por las sucesivas muertes, una comisión de notables y representantes políticos acordaron no postergar las fiestas del Centenario, que presidió la máxima autoridad de la República, el ministro más antiguo (se desempeñaba hace un año como Ministro de Justicia e Instrucción Pública), Emiliano Figueroa Larraín.
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EL NAVEGABLE

Hitos de una época: El Chile del Centenario (I)
categorias: Columna - Cultura - Nacional
Aunque conmovidos por las sucesivas muertes, una comisión de notables y representantes políticos acordaron no postergar las fiestas del Centenario, que presidió la máxima autoridad de la República, Emiliano Figueroa Larraín.

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Escrito por Comisión Bicentenario

Por Mónica Benavides

En 1894 se formó en Chile la Comisión Centenario, cuya misión era proponer diversos proyectos y actividades para el Centenario de la República. Benjamín Vicuña Mackenna fue uno de los principales impulsores de transformar Santiago en “el París de América”.



Agustín Edwards Mc Clure

Durante 1905, se reestructuró la Comisión Centenario, presidida por Agustín Edwards Mc Clure, Ministro del Interior de la época (en la imagen). La economía sufrió los embates del terremoto que azotó la zona central y que destruyó Valparaíso en 1906. La reconstrucción del principal puerto del país y las deudas fiscales provocaron un importante déficit financiero. En tanto en diciembre de 1907, otro trágico hecho afectó al país: la matanza de Santa María de Iquique, en la que murieron cientos de hombres, mujeres y niños.

En 1910, Chile tenía una población aproximada de 3.249.279 habitantes y estaba dividido en 23 provincias, además del territorio de Magallanes. La esperanza de vida llegaba a los 31,5 años. Santiago concentraba el 10% de la población total del país y tenía 1.600 conventillos, en los que habitaban 75.000 personas.

En mayo, el Presidente Pedro Montt participó en las celebraciones del Centenario de la independencia de Argentina como invitado de honor. Ese mismo mes el cometa Halley pasó sobre los cielos de nuestro país.

Desde los primeros meses del año se preparó el ambiente y las actividades para festejar los cien años de nuestro país. El Centenario de la Independencia de Chile se convirtió en una fecha para celebrar y emprender un profundo autoanálisis. Se planeaban fiestas y obras conmemorativas que intentaron dar una imagen de progreso y, al mismo tiempo, se abrió una amplia reflexión acerca de la realidad nacional.

Las críticas provenían de los más diversos ámbitos, la educación, la política, la corrupción, la identidad nacional, además de fuertes reparos a la oligarquía y al mundo político por la forma de dirigir el país.

Las críticas y la situación económica eran sólo algunas de las sombras que acecharon los festejos de nuestro primer Centenario. En agosto, el Presidente de la República, Pedro Montt, viajó a Alemania para mejorar su delicado estado de salud, donde muere el 16 de agosto. El Vicepresidente Elías Fernández Albano, quien asumió la dirección del país tras el viaje del Presidente Montt, fallece el 6 de septiembre del mismo año debido a una pulmonía.

A pesar de esto, el país celebró con entusiasmo los 100 años de Independencia. Aunque conmovidos por las sucesivas muertes, una comisión de notables y representantes políticos acordaron no postergar las fiestas del Centenario, que presidió la máxima autoridad de la República, el ministro más antiguo (se desempeñaba hace un año como Ministro de Justicia e Instrucción Pública), Emiliano Figueroa Larraín.


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Plataforma Urbana

01 Jun 2009
La Fiesta del Qué Dirán
Por Colaborador Invitado
PUBLICADO EN: COLUMNAS , bicentenario, calles, Chile, edificio, política, propiedad, río, santiago, Valparaiso
Por Alfonso Calderón*.



Esta columna está publicada en la Revista Foco 76 Ideas de ciudad. “BICENTENARIO”. Número 09. Año 2009.

La celebración del Centenario ha ido ganando prestigio con los años. Esta crónica costumbrista nos invita a retroceder a 1910 y mirar lo que entonces ocurría.

Santiago tenía, en 1910, 300.000 habitantes. Las calles principales eran de asfalto Trinidad. Surgen los balcones agresivos, a los que se asoman las familias prósperas, que hicieron fortuna con la plata de Chañarcillo, la propiedad agraria, la banca,
el parentesco, la política o las armas. Los focos eléctricos y el gas hidrógeno carbonado indican que el progreso está allí y no en los lugares del ultra-Mapocho, donde aún hay alumbrado de petróleo, calles de cantos rodados o barro, moscas y quiltros.
El Mercurio denuncia que un tercio de los habitantes vive “en un ambiente deletéreo, en medio de miasmas ponzoñosas, respirando y sufriendo la influencia y el contagio de infecciones y epidemias”. Cien mil personas viven “en habitaciones como inmundas mazmorras, estrechas, oscuras, sin ventilación, en que el organismo se atrofia y degenera”.

Las fiestas del Centenario tenían la mirada puesta en el qué dirán las visitas. El centro de Santiago era un mundo mágico. Tocadas con sombreros a lo Van Dyck, las damas dejaban caer las plumas lloronas. Los caballeros lucían magníficos jipijapas a lo Santos Dumont. Deslumbraban con botines de charol y la caña flexible del bastoncillo. Eran los días de la apertura de Gath & Chaves, del vals de La Viuda Alegre. Desean todos que llegue la primavera que invitará a los paseos por el Parque Cousiño. Una legión de vehículos: tandems, faetones, victorias, tour in hands, vis-a vis. En el teatro Municipal deslumbran, en los palcos, las bellezas irradiantes con toilettes de Lanvin o de Rose Descar. ¿Quiénes son esos pintiparados pisaverdes?: Camilo Ross o Alejandro Murillo; los poleros Dávila Ossa o los Saxtons.


De muertes y entierros

El 5 de julio de 1910 fusilan a Becker, el diplomático alemán que incendió la Legación (Nataniel esquina de Alonso Ovalle). Le dieron cinco balazos y fue necesario el tiro de gracia. Por las calles pasan los primeros Landolet Peatón, de 15 a 45 HP. El 8 de julio fallece Eusebio Lillo, poeta romántico y autor de parte de la letra del Himno Nacional. Tenía 86 años. El presidente de Chile era don Pedro Montt, un hombre triste, con aire de enterrador, de figura “algo tétrica”, todo de negro, como lo recordaba Joaquín Edwards Bello. Entró sano a La Moneda y llegó al final de su período con mortaja a la vista. En sus Memorias, Abdón Cifuentes dice que los gastos fiscales aumentaron alrededor de 50%.La deuda externa creció en seis millones de libras esterlinas. Y él era un economista prestigioso.






El 10 de junio muere en Bremen, adonde había ido en busca de salud. Montt era orero; es decir, partidario de la conversión en oro de los billetes emitidos. Sus contradictores eran papeleros, partidarios de las emisiones inorgánicas. Edwards Bello asistió a sus funerales y recordó que la urna era una obra de arte que no debieron haber enterrado. El cargo lo ocupó un hombre honesto, Elías Fernández Albano. Tenía mala salud y le correspondería recibir a las delegaciones que vendrían a conmemorar el Centenario. A fines de agosto, enferma Fernández Albano. El 21, un aeronauta llamado César Copetta efectúa el primer vuelo en los cielos de Santiago, en un biplano Voisin. Logró elevarlo en la chacra Valparaíso (Ñuñoa), de Ramón Cruz Montt. El caricaturista Moustache, de la revista Zig-Zag, imagina un diálogo entre un huaso y un gringo:
-¿Pero no les llama la atención a ustedes ver un hombre volando?
-¡Qué nos va a admirar! Cuando aquí el que menos corre, vuela.

LLEGAN LAS VISITAS

Envueltos con guirnaldas de luces, los palacios centellean. A veces se lee en los frontis: ¡Dios y Patria! Trepando, las luminarias cubren el contorno del Santa Lucía. Los preparativos son a tambor batiente. Doña Isidora Goyenechea de Cousiño ordena la construcción de la Casa de Botellas, en la Quinta Normal. El arquitecto Enrique Dubois, a pedido del intendente Cousiño, debe entregar, para mayor gloria de Santiago, el llamado Parque Forestal. Se pide en todos los tonos que no vayan a exhibirse las basuras como enseñas gloriosas en las puertas de las casas y cités.

Las tiendas contienden en el frenesí de las ofertas. Hay sombreros de paja de Italia; champaña Mumm, Cordon Rouge y Veuve Clicquot; tirantes Shirley President; quitasoles de la casa Prá; Flirt, deliciosa bebida sin alcohol; guantes de cabritilla para la opera; el terno del Centenario; corsé Pouget; automóviles Renault, Panhard y Berliez; té Ratampuro; pilules orientales. El mes de septiembre se inicia con la apertura de Gath & Chaves, ubicado en la esquina de Estado con Huérfanos. Daniel de la Vega habló de una “catedral metálica”. Una de las novedades era la presencia de los maniquíes. En El Mercurio dijeron que al levantar las cortinas de hierro, una multitud femenina invadió todo. Hubo de venir la policía para impedir accidentes.



El 6 muere Elías Fernández Albano. Se nombra al ministro más antiguo del gabinete: don Emiliano Figueroa Larraín, “un Segundo Sombra chileno, grande y fuerte, con algo de viñatero” (Joaquín Edwards Bello), de fisonomía plácida y risueña, propia de un gran vividor de la decadencia romana. Tenía -dice Edwards- el buen humor constante “del gordo alegre, de vientre victorioso y patilla rizada”.

¡A inaugurar tocan! Surge la Estación Mapocho. Su presupuesto inicial, en 1905, fue de 395,514 pesos, con 38 centavos. El edificio cubrirá una superficie de 5.400 metros cuadrados. Los planos fueron obra del ingeniero Emilio Jéquier.

Llegan las visitas. La capital se prepara para un ir y venir constante. Los banquetes son 50 en pocos días. El del día 17 es el más relumbrón. Lo ofrece Emiliano Figueroa a Figueroa Alcorte, el presidente argentino y a 250 invitados. ¿La carta? Como para creer real un nuevo festín de Trimalción. Con un baile, la familia Concha festeja a las delegaciones extranjeras. Eduardo Balmaceda Valdés registra así el paisaje interior:
“Las inmensas arañas de Baccarat despedían mil luces… y en el gran comedor relucía la vajilla de plata maciza de las minas de Caracoles, con sus enormes piezas cinceladas, dignas de la mesa de algún soberano”.

LOS AGUAFIESTAS

En tanto, las familias del pueblo recorren las calles Ejército y Dieciocho. Tribus enteras que salían endomingadas a gozar de su Centenario. El 17 en la mañana, una aeronauta colombiana desciende en globo en la Quinta Normal. Todo parece estar
bien. Pero los aguafiestas muestran otra faz de los sucesos. Luis Emilio Recabarren habla en nombre del pueblo: “Nosotros, que desde hace tiempo estamos convencidos de que nada tenemos que ver con esta fecha, que en nuestro concepto sólo tienen razón de celebrarla los burgueses, porque ellos, sublevados en 1810 contra la Corona de España, conquistaron esta patria para gozarla ellos y para aprovecharse de todas las ventajas que la independencia proporcionaba, pero el pueblo, la clase trabajadora, que siempre ha vivido en la miseria, nada, pero absolutamente nada, gana ni ha ganado con la independencia de este suelo”.

Al final, un cronista soñoliento resume: “Entre las cosas buenas que nos quedarán como recuerdos del Centenario figura la novedad de haber visto por primera vez en nuestra vida las calles del centro de Santiago perfectamente limpias durante varios días”.




Al término del mes del Centenario, se hablaba del temor de la vuelta a lo mismo de siempre. Que tuviéramos salubridad parecida a Calcuta; que volviera el cólera; que el cometa Halley, visto ese año en el amplio cielo de la Quinta Normal, nos trajera desgracias sin cuenta. Que fuese necesario pensar en el Bicentenario para salir de las desdichas y apreturas. Podría seguir en el pie de la pregunta: ¿y cómo estamos hoy?

Alfonso Calderón es escritor, miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, Premio Nacional de Literatura de 1998.

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