lunes, 21 de febrero de 2011

PICHILEMU VIVIÓ ESTE FIN DE SEMANA AVALANCHA DE PÚBLICO

http://www.pichilemunews.cl/

- El balneario de Pichilemu podría apuntar a tener no fines de semana como este que vivimos, sino una “temporada más parejita”, pero para ello hay que invertir y unirse el sector privado y público.


20/02/2011. El fin de semana –probablemente- más concurrido en los últimos años es el que está experimentando el principal balneario de la Región de O’Higgins, Pichilemu, a solo días de que culmine la temporada veraniega 2011 y que tal como ya lo han manifestado representantes del sector turismo, tiene felices a todo el comercio.

Aunque, claro, siempre habrá algunos que esperaban más, o que dirán que el público no era el que esperaban. Y lo más probable que sean los mismos que por años, no hacen mucho –o nada- para que en forma planificada se hagan “esfuerzos compartidos” para que las temporadas sean parejitas y no esperando los “fines de semana” para que salven o nivelen el déficit de público en algunas semanas o en el transcurso de éstas; pues desde hace muchos años es como natural que desde el lunes a jueves baje ostensiblemente la cantidad de público y se incremente durante el viernes y sábado, para nuevamente quedar en horas de la tarde del día domingo casi vacíos.

Esa ha sido la tónica durante décadas; pero si todos los actores organizadamente –cosa muy difícil de lograr- logran consensuar objetivos se puede llegar a tener mejores temporadas. Claro que para ello hay que invertir recursos. No como lo hacen Viña del Mar, La Serena, Iquique y otras ciudades; pero yendo en esa dirección.

Ellos para tener el público que tienen invierten en diversas campañas de promoción debidamente planificadas y en base a eso, viajan delegaciones a realizar Workshops en donde les interesa, invitan a los medios de comunicación locales, llevan suficiente material de folletería oficial al tiempo que todos los establecimientos que “se ponen” tienen derecho a entregar material de su propio establecimiento, ya entregándolo a través de la delegación oficial del ente organizador, o asistiendo personalmente a esas instancias.

PICHILEMU

No quiere decir que nuestro balneario nunca haya hecho nada en ese aspecto. En los primeros años noventa, a partir del año 1993 la Cámara de Turismo de Pichilemu hizo promoción junto a sus asociados en Concepción, Chillán, Rancagua, Santiago. También en Mendoza a través de un matrimonio de mendocinos del rubro transportes que, obviamente, les interesaba “trasladar” a quienes eventualmente se interesaran en venir a nuestro balneario.

Pero estas campañas deben ser con perseverancia, no se puede pensar “vamos hoy, y mañana nos llenamos de turistas”. Y obviamente que si no se cacarea, los huevos no se venden.

Es más, aparte de las gallinas los propios productores de huevos se unen de vez en cuando y realizan campañas para poner en vitrina el producto. Lo mismo pasa con otros productos.

Otro ejemplo emblemático es el de la bebida de fantasía Coca-Cola. Por qué los distribuidores de esta bebida tienen persistentemente, en prácticamente casi todos los medios de comunicación, publicidad callejera: en carreteras, en letreros urbanos, etcétera, etcétera. Porque si la marca es olvidada baja el consumo y se “meten” otras marcas alternativas. Lo mismo pasa con las cervezas, los licores, los vinos.

Para que resulten estas campañas, en el caso del producto Pichilemu, como balneario, es necesario la unión entre el sector público y el privado. Y para ello se necesitan autoridades abiertas a estas alianzas, porque debe entenderse que si viene más turista, más público a Pichilemu, gana todos.

Hoy, felizmente hay cambios en este aspecto y aunque el producto específico no es Pichilemu, sino el SURF, eso igualmente apunta a contar con más deportistas y turistas atraídos por el deporte y los resultados van a llegar de igual forma a beneficiar a gran parte de quienes se preparen a la par a ese tipo de público de intereses especiales.

Iniciamos el artículo con la gran cantidad de público que hay en estos momentos en Pichilemu. Y ello no es una aseveración al azar. En las pocas horas que hemos estado en este fin de semana hemos conversado con varias personas cuyo comentario al respecto dan la base a fundamentar lo que decimos.

Dueños de establecimiento de hospedaje que tenían todo copado, un obrero panificador me informa de los turnos especiales que han tenido que “asumir” para dar abasto a las necesidades del producto, de parte de los establecimientos de hotelería, gastronómicos y similares, como de público en general.

Por otra parte, el público que desea servirse alimentos al paso, deben pagar y tomar número para atender su orden, taxis colectivos llenos y que demoran en pasar, llamados a Paraderos de Taxis y que no responden el llamado, coches atiborrados de pasajeros, son signos de que Pichilemu está en su momento más alto de afluencia.

Y el tránsito vehicular intenso, algunos tacos en lugares críticos, personas que deben transitar por la calzada porque las veredas igualmente están atiborradas de personas que caminan relajadamente. Amén de muchos otros aspectos, largos de enumerar.

Anoche, también, estaba la culminación de la Semana Pichilemina y donde el show final a cargo de Douglas pasaba de la 1.30 AM y que se escuchaba sin problemas a más de quince cuadras de distancia en el sector de Infiernillo, concretamente en el Camping La Caletilla, en donde estábamos acortando las horas.

Pero para quienes no están aún satisfechos, aún queda patria, ciudadanos, a esperar el próximo fin de semana. Si bien, con toda seguridad, no será como este fin de semana, puede ser con igual movimiento o más. Las esperanzas nunca hay que perderla.


Quiere Flores Señorita?

Camping La Caletilla

La Caleta

Vista de nueva escalinata, al fondo La Caleta y la Playa Principal

Playa Principal

Bañistas playa Principal

Turistas paseando en Playa Principal

Salvavidas en Playa Principal
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sábado, 19 de febrero de 2011

Pichilemu se relanza como capital del surf a nivel internacional

sábado 19 de febrero de 2011
http://www.emol.com/

La comuna busca renacer y atraer a más turistas:



Durante los próximos 15 meses se realizarán diversas acciones para generar condiciones atractivas para surfistas y turistas nacionales e internacionales.

Marianne Van De Wyngard
No es coincidencia que Punta de Lobos (VI Región) sea considerada como uno de los mejores destinos para practicar surf y otros deportes acuáticos.

Chile está posicionado a nivel internacional por tener una de las costas más consistentes para realizar este deporte, con todo tipo de olas. Desde fondos de roca, beach breaks y una importante cantidad de olas de mar de fondo que recibe todo el año, son parte de lo que destacan los surfistas que visitan el lugar.






Esta industria ha crecido considerablemente en los últimos años. En el mundo, el número de surfistas aumenta a una tasa de 12% al año.

Pichilemu ha optado por fomentar esta práctica con el fin de atraer a un mayor número de forasteros y, al mismo tiempo, potenciar el atractivo turístico de la región. A diferencia de otros países que sí han logrado ser reconocidos en este rubro, como Brasil y Costa Rica, Chile aún debe trabajar para desarrollar esta área.

Luego del terremoto del 27 de febrero, la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), a través de Innova Chile, organizó un concurso público para la "Innovación y Fortalecimiento de Capacidades para la Reconstrucción". Luego, la Corporación de Desarrollo Social del Sector Rural (Codesser), junto a la productora Alianza Creativa idearon el proyecto "Generación de herramientas estratégicas para el desarrollo del turismo surf en Pichilemu", el que tendrá un presupuesto de $106 millones.

Según un estudio hecho por Codesser, una de las principales falencias del país para desarrollar este deporte es la falta de un diseño de espacios e infraestructura, como spots para surfear, instalaciones que permitan a los espectadores mirar cuando se realiza esta actividad, servicios públicos que faciliten la práctica del deporte, como compartimentos para guardar y acondicionar las tablas.

En enero se realizó la primera sesión que reunió a los integrantes del consejo consultivo para llevar a cabo el programa. Desde allí, se dirigirán las acciones para conformar el "Club de Producto Surf en Pichilemu". "La idea es generar las condiciones para que Pichilemu sea un destino de clase mundial, y para ello se van a realizar estudios para ver las mejoras que deben hacerse y sacarle partido a la zona", explicó Bárbara Sáez, directora del proyecto.

La elaboración del proyecto tiene una duración de 15 meses, y éste es su primer mes de ejecución. Por el momento, los encargados de la iniciativa están recopilando información primaria y realizando visitas a terreno. También se están haciendo entrevistas a actores claves vinculados al surf, como la presidenta de la Asociación de surfistas de Chile, Paola Estrada, para detectar cuáles son los lugares de la comuna a los que se les puede sacar mayor provecho.

$106
millones recibirá la comuna de Pichilemu para posicionarse como un destino surfista de categoría mundial.



Surfistas opinan sobre el balneario y evalúan las olas

Manuel Selman (Chile)


"Pichilemu tiene olas impresionantes durante todo el año. Creo que Chile posee esa ventaja y debe aprovecharla, porque este es uno de los mejores lugares del mundo para practicar surf."

Martín Jeri (Perú)

"Este lugar de por sí es increíble, la naturaleza y la calidad del oleaje son geniales. La gente es muy amigable y nos reciben muy bien. Veo que hay un interés por fomentar la zona y desarrollar el turismo".

Anthony Fillingim (Costa Rica)

"Llegué hace poco un tanto asustado por el maremoto que hubo, pero con los días eso no me ha importado, porque el lugar es espectacular. Además, el clima es favorable para surfear y la gente es muy agradable".

Ignacio Rojas (Argentina)

"No conocía Pichilemu. Para los surfistas es un destino ideal, porque no queda lejos de la capital y las olas son grandiosas. Es interesante ver cómo los habitantes están muy involucrados con el deporte. Mucha gente puede venir a surfear".

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lunes, 7 de febrero de 2011

Latinoamericano de surf “Reef Classic Chile 2011” llega por primera vez a Punta de Lobos – Pichilemu

http://www.lasegunda.com/
Lunes 7 de Febrero de 2011

Fuente: La Segunda Online
• Desde el miércoles 16 hasta el viernes 18 de febrero se realizará el evento “ALAS 2011” dentro del marco de “Reef Classic Chile 2011”, siendo este uno de los más importante que se ha realizado en la historia de Punta de Lobos, Pichilemu.

Tras realizarse por cinco años seguidos en la playa de Reñaca, el latinoamericano de surf “Reef Classic Chile 2011”, se traslada a Punta de Lobos, Pichilemu, en la VI Región. Los más destacados exponentes, junto a unas de las mejores olas de la costa chilena, harán del “Alas 2011” el evento deportivo más importante del año en esta disciplina en el país.

Ya están confirmados algunos de los mejores de Sudamérica. Entre ellos figuran Manuel Selman (Chile), Martín Passeri (Argentina), Gabi Escudero (Puerto Rico), Gabriel Villarán (Perú) y Luis María Uturria (Uruguay), entre muchos otros. Las condiciones se esperan favorables para el evento, ya que además de tener a los mejores, las olas de Punta de Lobos son consideradas a nivel internacional, como una de las mejores de Chile.

El campeonato, que comenzará el miércoles 16 de febrero a las 09:00 horas, es la cuarta etapa del Circuito Latinoamericano de Surf “ALAS” en Chile (www.alaslatintour.com). El primero fue en Argentina, el segundo en Perú y el tercero se desarrolló en Ecuador. Este se estará disputando hasta el viernes 18 de febrero. Los mejores surfistas de Sudamérica se presentarán para pelear por los US$ 20.000 en premios que reparte este torneo, además de los puntos para el Ranking Latino.

Esta etapa del Circuito Latino se ha convertido en un verdadero clásico y por quinta vez, se celebra en nuestro país. Participan más de 100 surfistas de Brasil, Perú, Argentina, Venezuela, Ecuador, Panamá, Uruguay, México, Costa Rica, Republica Dominicana, El Salvador, Guatemala y por supuesto, de Chile. Todos ellos, pondrán en juego toda su destreza para pelear los puntos que tienen una importancia fundamental para la definición del Campeón Latinoamericano de este 2011.

Este circuito contempla a la mayoría de los surfistas profesionales y es uno de los más respetados de la región. En este podrán apreciar a grandes surfistas nacionales como Diego Medina, Manuel Selman (3 veces campeón latinoamericano en la categoría Junior), entre muchos otros.

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Las olas de Punta de Lobos albergarán torneo latinoamericano de surf

TERRA DEPORTES
07 de Febrero de 2011 • 14:20

El evento solía realizarse en Reñaca.


Foto: Gentileza Latinoamericano de Surf.

PICHILEMU.- Tras llevarse a cabo por cinco años consecutivos en la playa de Reñaca, el latinoamericano de surf “Reef Classic Chile 2011”, se trasladará a Punta de Lobos en el balneario de Pichilemu.

El certamen se realizará desde el miércoles 16 hasta el viernes 18 de febrero y se enmarca en la cuarta etapa del circuito de la Asociación Latinoamericana de Surf (ALAS).

Se espera que el evento sea el más importante de este año en aguas nacionales y reunirá a destacados exponentes de la disciplina.

En la fecha se podrán apreciar a relevantes surfistas nacionales como Diego Medina y Manuel Selman (tres veces campeón sudamericano en categoría junior), quienes buscarán quedarse con los US$ 20.000 en premios que reparte este torneo.
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viernes, 28 de enero de 2011

Los mejores van a Pichilemu. Ayuda al turismo

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
Viernes 28 de Enero de 2011






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sábado, 22 de enero de 2011

PUERTECILLO: Paraíso surfer

http://www.emol.com/
sábado 22 de enero de 2011
V/D



Belleza, tranquilidad y sobre todo "la calidad de la ola" hacen de Puertecillo, en la VI Región, un lugar ideal para los surfistas. Varios se han instalado en el lugar, entre ellos, la diseñadora Coco Marty y su familia, todos fanáticos del deporte que los impulsó a levantar ahí una acogedora y luminosa casa.

Texto, Claudia Pérez F. Producción, Paula Fernández T. Fotografías, Sebastián Sepúlveda V.


Al fondo del comedor un mueble que pertenece a una hermana de Coco. "Está en París y me lo dejó para que se lo cuide", dice.

Una recóndita y casi inexplorada playa ubicada en la VI Región a la que no llega ni la señal de los celulares es, hace quince años, el lugar favorito de la diseñadora de accesorios Coco Marty. Llegó allí acompañando a su marido, amante del surf, quien como todos los que se dedican a este deporte vive buscando buenas olas, las que a este pequeño balneario le sobran. "Puertecillo es considerado uno de los mejores lugares del mundo para practicarlo", afirma Coco.


El paisajismo estuvo a cargo del marido de Coco, quien incorporó especies nativas.


La dueña de casa junto a sus coloridas creaciones.


Los muebles en obra que integran el quincho continúan con la funcionalidad que guió todo el proyecto.


Este espacio fue construido después de la casa. "Era importante para recibir a los amigos", comenta.


"Los niños se pasean por la casas sin problemas", dice Coco sobre el ambiente que hay entre los surfistas de Puertecillo.

Sus primeras estadas fueron en un camping del poblado que por esa época casi no tenía casas. Sin mayores comodidades, pero encantados con la tranquilidad y calidad de la playa, se fueron haciendo visitantes cada vez más frecuentes hasta que llegaron los hijos -dos niños de 9 y 7 años y una niña de dos meses- y con ellos la necesidad de más confort. Decidieron, entonces, construir algo definitivo y de paso concretar una idea que siempre tuvieron en mente: "tener una casa que nos permitiera disfrutar la pasión por el surf y el gusto de compartir en familia".

Además de la ola, influyó en la decisión de instalarse en Puertecillo la cercanía con Santiago. A sólo 175 kilómetros, se trasladan cualquier fin de semana del año y la pueden aprovechar al máximo.

Las vistas hacia los cerros y el mar que tienen desde el sitio que compraron hace seis años es una de las condiciones a las que sacó partido la arquitecta Paola Durruty, a quien le encargaron un proyecto que en líneas generales tenían bastante claro. Se trata de la unión de dos rectángulos que se abren a las vistas y recogen de manera simple y funcional los distintos programas. En uno se ubican los espacios comunes y en el otro los privados.

"Queríamos ambientes relajados en los que nos pudiéramos reunir y descansar. Es un lugar de escape, un refugio absoluto", dice quien además, en esta atmósfera, da rienda suelta a su creatividad. "Aquí se me ocurren cosas", comenta Coco mostrando algunas de sus coloridos diseños.


A la derecha, el cuerpo de madera que alberga la cocina integrada al comedor

La cocina integrada al comedor y el quincho junto a la piscina son los puntos de encuentro indiscutidos. La primera acoge las reuniones más íntimas, sobre todo en invierno cuando se enciende la cocina a leña que otorga un ambiente "más hogareño"; el segundo es ideal "para juntarse con el grupo de amigos y aprovechar el exterior". En este espacio, tan funcional como el resto de la construcción, se distinguen los materiales que dan forma al proyecto, esencialmente madera y piedra de la zona.

Con las piedras Coco dio carácter a la decoración de la casa. Por un acuerdo con su marido dejó de lado su estilo y gusto por la abundancia de elementos y se acercó al minimalismo. "Él me pidió colores claros, simpleza y nada recargado", reconoce. Así, a partir de las tonalidades de las rocas de algunos muros, una especial mezcla entre gris, celeste y verde agua, colores que se replican en algunos objetos y que se unen al blanco, creó ambientes fáciles de manejar, con espacios amplios, ambientados con muebles de diversos orígenes, la mayoría de madera, e incluso algunos fabricados por su marido, el surfista que la llevó a descubrir este rincón de buenas olas.

Texto, Claudia Pérez F. Producción, Paula Fernández T. Fotografías, Sebastián Sepúlveda V..
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domingo, 16 de enero de 2011

La princesa del surf chileno Janelle Anderson (18) es de Pichilemu

Las Últimas Noticias
Lunes 17 de enero de 2011



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"Me encanta, es demasiado piola esta playa"
Catalina Pulido


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CHILEVISIÓN NOTICIAS

Pichilemu intenta levantarse tras el terremoto
sábado, 20 de marzo de 2010
Con el temor a posibles réplicas el balneario de la sexta región lentamente comienza a volver a la normalidad. Prueba de ello, la tabla de surf que las autoridades lanzaron al mar como símbolo de esta posible tranquilidad.

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Grabación efectuada a pocos días del terremoto
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CHILEVISIÓN NOTICIAS

Vacaciones en la Sexta región
domingo, 16 de enero de 2011

A pocos kilómetros de Santiago la región del Libertador O'Higgins ofrece increíbles comidas, grandes fiestas huasas y reponedores baños de barro para quiénes deseen descansar cerca de la capital.
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miércoles, 2 de junio de 2010

La fiesta del surf

www.emol.com
domingo 30 de mayo de 2010

CEREMONIA DE PUNTA DE LOBOS




Parte del premio de la competencia fue para las víctimas del tsunami.
Punta de Lobos es la cuna de grandes surfistas chilenos.
Por Werne Núñez, desde Pichilemu..

La promesa de ver a los mejores riders del mundo correr una ola de nueve metros, sobra para juntar a miles de tipos y tipas, con y sin tabla, pero todos con actitud surfer. La ola más grande del año en Pichilemu es un evento que se espera meses y dura veinte segundos, más o menos.

Por Werne Núñez, desde Pichilemu.
Con o sin tabla, winner o loser, ondero o perno, santiaguino abeceuno en 4x4 o autóctono moreno ce-tres-dé con polerón con gorro y a pata: todos esperamos cincuenta días para esto.

La ola más grande del año en Punta de Lobos es un evento world class que ningún surfer de alma se perdería. La cantidad de gente que no tiene nada mejor que hacer en un día laboral es impresionante. La actitud surfer es algo más profundo que equilibrarse en un pedazo de poliéster prensado: es una playa con olitas permanentes e infinitas en la mente.

Ramón Navarro, el histórico, está aquí. Álvaro Abarca, el sensei del surf chileno, y los surfistas gringos campeones, rojos y risueños, también. Los niños bilingües que piden autógrafo y las madres de gimnasio, también. Todos los rubios chascones bronceados con chaleco de lana, chaqueta North Face y conciencia ecológica parecen estar. Se siente bien.

"Cómo va, perrito. Todo bien, viejito. Qué pasa mi broder. Guazap, zorrón", son las frases que flotan en el aire. Es penoso comprobar que la forma de expresión en un mundo tan azul como éste, sea la misma que usa un tipo como el Negro Piñera.

Amanece con un sol que quema. El viento es el de siempre. Sé que la obsesión de Ramón Navarro por encontrar la mítica gran ola del Pacífico sur lo mantiene pegado, hace años y por varias horas al día, en los mapas de la página de la National Oceanic and Atmospheric Administration, NOAA.

Cuatro días atrás, el superordenador WaveWatch III recibió datos de miles de sensores repartidos por los océanos del planeta, con información sobre nivel de presión atmosférica en la superficie del mar, altura y período entre olas, y dirección y fuerza de los vientos que vienen del suroeste a estas costas. Navarro chequeó los colores en su pantalla y emitió un veredicto técnico: éste será un muy buen miércoles de mayo con condiciones épicas para un campeonato de ola grande que dura menos de un día.

La alerta verde activó una dimensión paralela. Hoy, lo real es lo que vemos desde este acantilado rocoso y marrón metido en el mar, como butacas naturales para un show, seis kilómetros al sur del pueblo y frente a dos morros de postal.

El software anunció un swell de 19 a 25 pies, con un periodo de 19 segundos. Ergo: el oleaje medirá de seis a diez metros, y el tiempo entre una ola y otra casi duplicará el óptimo de diez segundos. Me entero de que más tiempo entre olas es igual a mayor limpieza en el deslizamiento. Limpieza es belleza. Deslizarte con estilo por una montaña de agua es una final segura en una competencia como ésta. Es, también, el por qué de todo. O "un orgasmo existencial", como explica Álvaro Abarca, mítico ingeniero que de puro hippie descubrió estas olas para el surf, veintisiete años atrás, cuando le pregunto qué diablos se siente.

Los que estamos aquí hoy somos cientos de humanos con gorros y gafas que nos sentamos sobre el polvo, donde crecen cactus y anidan arañas pollito, a mirar cómo otros humanos con trajes de neopreno y titanio, más salvajes y más sexies, seguro, correrán olas de la marejada más poderosa que se vio aquí en ocho años. Es un ceremonial importante: 24 riders están aquí desde el domingo, felices. Algunos figuran en las listas de los mejores del mundo. Greg Long, el californiano que le quitó el título al inmortal Kelly Slater en Oahu, un clásico; el hawaiano Jamie Sterling, uno de los pocos que corrió el "Dragón de Plata", la enorme ola fluvial del río Qiantag; Peter Mel, legendario gringo que hace once años corrió una de las olas más grandes nunca antes vista en la costa oeste; el sudafricano Grant Baker, hombre récord en nominaciones en los Global Big Wave Awards -los Oscar del surf- y ganador de la ola del año pasado; y Kohl Christensen, hawaiano, ganador del primer Ceremonial de Punta de Lobos, en 1998, y el tipo que invitó a Ramón Navarro a surfear por primera vez en Waimea Bay, Hawai, en 2004, por ejemplo.

El año pasado, ya saben, Navarro volvió a esas olas y corrió una de más de nueve metros. Salió quinto y fue segundo en los Big Wave Awards, en la categoría "Ride of the year". Lo más importante: ganó respeto. El respeto es importante entre los surfers. Hay algo de filosofía rastafari medio cuica en esto.

Me obsesiono con Ramón Navarro. Lo sigo con la mirada. Le tomo fotos escondido. El ídolo es un tipo silencioso que saluda a todos sin hacer contacto visual, y luego agacha la cabeza. Tiene la mirada de los que desconfían del mundo. Es el hijo de un pescador de acá. Es el cabro que lo logró.

Nueve y media. Varios aquí llegaron hace tres horas. Ramón Navarro y su padre están parados sobre una piedra en la punta de la punta. Están en silencio. La ola más grande del año no llega. El productor con jockey, walkie-talkie y collar de credenciales, no se ríe. Álvaro Abarca tampoco. "Se desinfló la ola", diagnostica.

Miramos el océano, frunciendo el ceño para fijarnos en ese movimiento imperceptible para el ojo terrícola promedio que denote que nos está mintiendo. Los riders, los marinos en el zodiac, los tipos en las motos de agua, todos miran el mar en silencio. No hay risas. La ola épica prometida parece haberse desintegrado en su largo camino desde quién sabe dónde. La idea de un bochorno de la naturaleza se aparece. Es así: sin olas grandes, no hay campeonato de olas grandes. Los organizadores se llaman por celular y están a un metro. Los jueces ponen cara de flan. El animador del evento, llamado Mono Barrientos, grita por micrófono lleno de esperanza: "Tranquilos, muchachos, que ya vienen los olones, muchachos. ¡Se vienen los olones!". Y nada.

Por un segundo, todo queda en pausa. El viento, de pronto, sopla fuerte y unos pocos apuntan hacia un lugar, mar adentro. A lo lejos, si te achinas, puedes ver una espumita blanca que se acerca. Es la señal.

"¡Se vienen los olones, viejito!", grita el Mono, y todos comenzamos a gritar "¡Guau, guau, guau!", varias veces. Tengo la carne de gallina. Las motos arrastran a los primeros seis riders por detrás de los morros. Luego de casi dos meses de espera, el ceremonial ha comenzado.

Campeonato de ola grande para principiantes: los seis finalistas hoy compiten por un pozo de treinta mil dólares. El jurado evalúa que la ola corrida sea grande, cuántos segundos duras deslizándote, y el estilo, osadía y pulcritud del drop con el que entras a la ola y luego la corres. Se dice que la mejor ola entrará a las dos y media de la tarde. Al mediodía, comienzo a comprender la fórmula de la emoción que hay en esto. Los riders en el agua se ven chiquititos. Las olas se forman doscientos metros atrás. La gente ve la espuma, la formación de la masa, lenta y feroz, el locutor grita y todos chiflamos cada vez más fuerte. Se supone que eso motiva al mar a tirar olas grandes. Los riders toman posiciones, y en segundos, mientras llegan al punto de quiebre, deben decidir si la corren o no. Si la corren, el suspenso se duplica en los metros en que se forma el tubo que se traga, o no, al rider.

Me siento como en una comedia adolescente gringa con algo de drama. El surfista de alma saluda con abrazos, pregunta por la familia, tira la basura en los basureros, toma chelitas en la mañana y algunos buscan un huequito en las rocas para fumar con vista al mar. El surfista cree profundamente en lo innecesario que es lavarse el pelo todos los días. Me siento bien.

2.45 de la tarde. El agua está a diez grados Celsius. Sube la marea, la base de los morros está inundada. Ese par de rocas se llama "Isla de los lobos". El nombre lo inventaron los surfers. Esperamos la montaña de nueve metros para los próximos minutos. Cristián Merello corre su semifinal con camiseta blanca. Es el más agresivo esta tarde.

El océano termina con su broma y vemos cómo un set de tres olas amenazantes comienza a formarse. Y chiflamos, fuerte. El locutor grita. La ola es una muralla de ocho metros, calculamos. Es la más grande del año, no hay dudas. Tres riders intentan montarla, sólo uno lo logra: Merello la toma con un drop suicida, resiste el tubo y la corre con estilo hasta el final. Estamos excitados. Algunos levantan los brazos. Diego Medina rompe su tabla en la ola siguiente. Merello es el único chileno que clasifica a la serie final. La ola duró menos de veinte segundos.

Pasadas las cuatro de la tarde entra el sol del sur, nos pega de frente y el escenario es ahora una imagen tornasol que requiere concentración y bloqueador. Aullamos por olas más grandes. Y nada, otra vez. Vienen pocas y promedian cuatro o cinco metros.

4.37 de la tarde y Merello corre la mejor ola de la serie, hasta el momento. Greg Long toma una buena, pero Villarán lo sigue con otra más gorda y larga. No habrá más. El Ceremonial termina a las 5.20 PM con los riders flotando sobre un mar sin olas. Gana Cristián Merello, el chileno, y Navarro lo abraza.

Cae el sol. La polaroid final es una donde Ramón Navarro levanta junto a su viejo y otro pescador, un cheque de cartón por US$15.000. Los riders ganadores ríen: han aceptado la propuesta de Navarro de donar la mitad de sus premios a los pescadores que perdieron botes y rucos con el terremoto y tsunami.

Medianoche. La Punta de Lobos está vacía y oscura. Pichilemu tiene tres restoranes abiertos. Seis surfistas celebran con sus novias, mujeres e hijos los acompañan. Brindan por el ceremonial. ¿Ceremonial de qué?, preguntan las meseras. Los comensales del pueblo escuchan atentos.

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jueves, 20 de mayo de 2010

Christian Merello se impone en el QS Ceremonial 2010



pichilemuonline
Mayo 20, 2010

El Pichilemino Christian Merello vence en la final del QS Ceremonial 2010, con olas increíbles en una final de infarto, ganándole a todo el tremendo equipo internacional que asistió a este evento, consiguiéndo así no sólo el reconocimiento dentro de nuestro país sino también el respeto extranjero.
El segundo lugar se lo lleva el campeón del WQS en Arica el 2009 el Peruano Gabriel Villarán, tercero una de las figuras de este evento, Peter Mel, cuarto un conocido de Chile Jamie Sterling. Mark Healey quinto y Greg Long se llevó la sexta plaza, de esta final del terror en algunos momentos.

(Fuente: http://www.chilesurf.cl/).

VER MÁS

Lo mejor del surf en Pichilemu
http://www.latercera.com/contenido/683_25498_7.shtml

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EMOL TV
Pichilemu ruvo su gran ceremonial surf 20-05-2010
VER VIDEO

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LA TERCERA TV

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Surf extremo: Olas gigantes en Pichilemu (20/05/10)


Con olas de hasta 10 metros se desarrolló la competencia de surf Quiksilver Ceremonial 2010 en Pichilemu. El ganador del encuentro de las olas más grandes que se disputa en el país fue el chileno Cristián Merello, quien, al igual que todos los competidores, donó la mitad del premio. Síguenos en
http://twitter.com/3tvpuntocl

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http://www.emol.cl/

viernes, 21 de mayo de 2010

Punta de Lobos vuelve a ser el escenario del surf mundial




KATHERINE AEDO A. FOTOGRAFÍAS, CATALINA GILDEMEISTER
Después de un soleado día de competencia, en donde los surfistas en cada una de las etapas tuvieron que correr olas de más de siete metros de altura, el chileno Cristián Merello se coronó campeón del Ceremonial Quicksilver Punta de Lobos 2010.

La fase final de la prueba duró 45 minutos, tiempo en el que Merello logró correr a la perfección una de las olas gigantes -aunque nadie logró surfear con éxito la mayor ola registrada, de 8 metros de alto-, convirtiéndose en ganador del certamen, mientras, desde las rocas, lo alentaba un público numeroso y entusiasta que veía cómo Pichilemu y el surf retomaban su actividad.

Otros competidores que estaban entre los favoritos debieron conformarse con una menor figuración, como el norteamericano Greg Long, quien se ubicó sexto, y el chileno Ramón Navarro, quien fue eliminado en semifinales.

Esta competencia repartió más de 30 mil dólares en premios, y la mitad de ellos fue donada a los pescadores afectados por el terremoto. La jornada además entregó valiosos puntos para la competencia internacional, al ser parte del torneo Big Wave Tour, que también recorrerá las playas de California, Perú, Sudáfrica y Hawai.


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jueves, 1 de abril de 2010

Regreso al paraíso de surf

EL MERCURIO
Revista El Sábado
sábado 27 de marzo de 2010


por Isabel Plant fotos José Alvújar


Izquierda; Ramón Navarro (de polera café), con damnificados de Putu, VII región. Derecha, Felipe Wedeles en lo que queda del Hotel Surazo. Con sus socios planean reabrir sus puertas antes del próximo verano.


Una camioneta se estaciona en la arena frente al mar hoy tranquilo de Matanzas; ese pequeño pueblo de la Sexta Región que en los últimos años pasó de ser un secreto a voces en el mundo del surf, a convertirse en un destino top, hotel con arquitectura de punta incluido. De la camioneta, por la que se asoman un par de tablas de windsurf en el pick-up, se baja Felipe Wedeles, uno de los dueños de dicho hotel, el Surazo, que hoy es una estructura llena de escombros, es vidrio quebrado, es arena donde antes había tierra, es una pizarra de restaurante que todavía ofrece un coulant de chocolate.

"Ven, te voy a mostrar cómo fue nuestra experiencia acá", dice, mientras sube las escaleras, entre medio de fierros torcidos, y comienza a dar el tour post-maremoto. Felipe Wedeles había diseñado ya otros hoteles de la zona surfista, como el Lodge de Punta de Lobos, y se fue a vivir a Matanzas hace cuatro años, enamorado del lugar. Hace dos veranos abrió el Surazo junto a otros amigos, en el mismo terreno donde hace años venía de camping, buscando olas. "Toda la costa que ahora está afectada por el terremoto era nuestro paraíso", dice.

Felipe Wedeles se pasea por las pasarelas hundidas de madera y cuenta que uno de sus socios alojaba esa noche en el hotel; que sacaron a los huéspedes de inmediato, que tomaron la caja fuerte y la ropa y partieron al cerro del lado. Dos olas desvistieron al Surazo y lo dejaron en ruinas, con su muelle a un kilómetro, con camas en los baños.

Dice que ha tratado de no pensar tanto en cómo se siente al respecto. Pero en lo que sí está pensando desde el día del terremoto es en cómo reconstruir Surazo, y hacerle las mejoras que hace tiempo venía planeando. Cuenta que se volverá a levantar ahí mismo, a los mismos doscientos metros del Pacífico, y que el plan es reinaugurar en diciembre. "Si vas a Indonesia, están todos los hoteles parados de nuevo. Para mí el hotel es acá, en este lugar".

Descubriendo el paraíso

El Surazo es uno de los primeros enclaves de la ruta surfista de la Sexta y Séptima Región que se ha forjado a partir de iniciativas personales, de surfistas que vinieron, vieron, surfearon y se quedaron. "Se estaba armando esta zona costera como un destino-Chile, como la Patagonia, Rapa Nui; la idea con Surazo, el lodge de Punta de Lobos y La Joya del Mar en Buchupureo, era de un turismo sustentable", dice Wedeles acerca de la mezcla de pueblos sencillos, campos, pescadores y amantes del surf que se entremezclaban. Chile se había convertido en los últimos años en uno de los diez mejores destinos para surfear; el sector de Punta de Lobos no sólo tiene de las mejores olas grandes del mundo, sino que además las tiene todo el año, algo casi único.

Las olas chilenas fueron descubiertas a inicios de los setenta por Francisco "Calá" Vicuña. Con un grupo de amigos recorrió las playas chilenas buscando los mejores lugares para practicar surf. Ya en los noventa, con más acceso a tablas, trajes y equipos, se comenzaron a organizar los primeros campeonatos en Pichilemu. En 1998 se hizo el primer campeonato de olas grandes en Punta de Lobos, el Ceremonial, que hoy se ha consolidado como un evento de talla internacional. Aparecieron también los primeros campeones nacionales, como Ramón Navarro y Cristian Merello de Pichilemu y Diego Medina de Horcón, quienes nacieron y se criaron entre los balnearios, y que hoy destacan en torneos de Hawai o California.

En los últimos diez años, la zona se ha consolidado con hoteles que están a la altura de los visitantes de todo el mundo; Puertecillo, Curanipe, Buchupureo, y todo el resto de las playas recibieron en sus hostales y campings a gringos y chilenos que querían disfrutar de sus olas. "Antes venía gente local durante el verano, y en marzo Pichilemu se moría. Ahora, hasta en mayo se vienen los turistas para no encontrarse con toda la masa del verano. Y en septiembre empieza de nuevo la temporada", dice Cándida Guajardo, mientras limpia la terraza de su escuela de surf, Lobos del Pacífico, una de las tres que hay en Pichilemu y que, aunque está al borde del mar, no sufrió daños. "Este pueblo tiró para arriba gracias a las olas".

La caída


La noche del 26 de febrero hubo un cóctel en Curanipe, para celebrar el inicio de un campeonato de surf. Cristian Merello, campeón nacional, estaba ahí. Lo acompañaba Francisco Véliz, kinesiólogo que se dedica a la rehabilitación y entrenamiento deportivo con su empresa Kinesurf. Como a las doce de la noche partieron a dormir a la casa de un amigo al lado de la playa.

A las tres y media, vino el terremoto. Decidieron arrancar inmediatamente a un cerro cercano. No sabían muy bien lo que pasaba. Aunque escuchaban la radio de la camioneta, nadie hablaba de maremoto; a las seis y media de la madrugada, cuando comenzó a aclarar, bajaron a buscar sus cosas. Se encontraron con el desastre.

"Fue muy impactante ver el lugar al que vas siempre, destruido casi en su totalidad", dice Merellos, mientras maneja la camioneta a tres semanas del terremoto, camino al mar. "La gente tenía esa cara que tiene en la clínica cuando se les muere un familiar; como que no mira nada, está destrozada. Eso, pero multiplicado por todo el pueblo".

En Curanipe vieron cadáveres, a los que Francisco les tomó el pulso para ver si quedaba algo que hacer. También, varias peleas entre la gente que trataba de proteger su metro cuadrado de ruinas. Partieron de vuelta a Pichilemu, donde había mucho menos destrucción, gracias a la elevación inmediata de las dunas al lado del mar.

El que Pichilemu estuviera menos destruido que los balnearios que lo rodean, era en ese minuto un dato desconocido para el campeón nacional de olas grandes del país, Ramón Navarro. En la mañana del sábado 27 estaba recién aterrizado en Los Angeles, Estados Unidos, camino a la final de un campeonato en Baja California, México. Antes de que lo pasaran a buscar sus amigos surfistas de Hawai, le llegó un mensaje avisándole de un terremoto 8,8 en Chile. Ramón se desesperó: toda su familia estaba en Pichilemu, incluyendo a su mujer, de ocho meses de embarazo. No se pudo comunicar, y en el camino paró en un cibercafé; en la página web del NOAA vio la alerta de Tsunami, y sus amigos hawaianos le contaban de la evacuación hecha en esa isla. "Dije 'esto me huele mal'. Uno ya conoce el mar. Era obvio que la ola había ido a la tierra en Chile y después a todos lados. Estaba desesperado".

Recién en la noche logró comunicarse con un amigo que le aseguró que toda su familia estaba bien. Al otro día Ramón Navarro participó en el campeonato mundial y logró uno de sus mejores triunfos: tercer lugar.

Se siguió enterando de lo que pasaba en Chile gracias a la televisión, que mostraba un panorama desolador, incluyendo a Pichilemu: "Vi un reportaje en la tele y salía un tío mío hablando que es pescador. Me puse a llorar. Estaba con mis amigos gringos y me dijeron 'tranquilo, vamos a ir a ayudar".

La comunidad surfista se organizó de inmediato. La fundación Save the waves recaudó miles de dólares con los que compraron unos filtros que pueden convertir en potable hasta las aguas de un charco. Ramón Navarro llenó sus bolsos y su funda de la tabla de surf, con ropa, carpas, filtros y partió al aeropuerto, hasta que el martes consiguió tomar un vuelo. Llegó a Pichilemu y se unió a los surfistas locales que hace días recolectaban ayuda en una Escuela de Lenguaje.

Llenó con ayuda su camioneta y su carro de motos de agua y la comunidad surfista se consiguió además un camión que llenaron de ropa, comida, sacos de dormir y hasta camas. Llegaron campeones mundiales como Greg Long, y todos, nacionales y extranjeros, recorrieron pueblos como Boyeruca, Iloca, Duao o Llico. A veces, llegaron incluso antes que el gobierno, para limpiar con agua fresca las heridas que dejó el mar en la costa dorada de Chile. El documental Rema por esta, de Rodrigo Frías, recoge la experiencia; las ganancias serán donadas para la reconstrucción de la zona.

La nueva ola

Han pasado tres semanas desde el maremoto, y Cristian Merellos y Francisco Véliz están en la camioneta junto a dos amigos, mirando las olas de Punta de Lobos, evaluando si están buenas. La mayoría de los surfistas fue hoy en la mañana a la playa de Infiernillo, pero ahora, a las seis de la tarde, llegarán acá, porque las olas están creciendo.

Una ola grande para surfear puede medir hasta 10 o 15 metros. La diferencia con una de tsunami es su ancho, su longitud. Eso hace que la fuerza con que golpea la tierra no sea la misma.

Aunque marzo generalmente era un buen mes para el turismo en Pichilemu, muchos de los surfistas partieron después del terremoto. Hoteles destruidos como el Surazo de Matanza o la Joya del Mar de Buchupureo están cerrados, pero planear reabrir para el próximo verano.

Quienes viven en Pichilemu están hoy todos en el mar. Ninguno aguantó más de una semana fuera de él: "La primera metida fue re especial. Como los bancos de arenas quedaron planos con el maremoto, las olas estaban buenas. Fue un reencuentro con el mar; a pesar de que haga estas cosas malas, le tenemos demasiado aprecio. Lo necesitaba", dice Francisco Véliz.

En abril se espera la llegada de talentos internacionales del surf, porque, a pesar de la catástrofe, el campeonato Ceremonial se hará en Punta de Lobos igual. Como siempre, el 1 de abril los surfistas en todas las latitudes comienzan a estar en "alerta"; se monitorean las condiciones meteorológicas y se espera a que se cree una gran ola perfecta: cuando se da la alerta amarilla todos deben tener los bolsos hechos, y la alerta verde significa que en dos días deben estar en Chile. El premio de este año se donará para la reconstrucción de la zona. Aunque el turismo local baje, la comunidad vendrá. Como dice Navarro: "Si hay olas buenas, el surfista viene igual".

Cristian Merellos estaciona la camioneta al frente del agua, se pone el traje, camina por las rocas y se mete al mar, remando con los brazos, hasta quedar bien ubicado. Comienza a formarse una ola a sus espaldas. Con su traje negro salpicado de verde, se ve como un punto a lo lejos, que se para en la tabla y se desliza grácilmente, como si él, y todos los surfistas que lo rodean, fueran los dueños del mar.


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domingo, 17 de enero de 2010

Ramón Navarro, el mejor surfista de Chile

REVISTA DE EL DOMINGO
domingo 17 de enero de 2010

Hijo de las olas


Navarro corrió y bautizó como "La Bestia" a una legendaria ola de Cavancha.

De una tabla prestada en Infiernillo, a competir auspiciado junto a las estrellas mundiales del surf. La vida de Ramón Navarro -el chileno que se hizo famoso por correr olas gigantes en Hawai- está marcada por el mar y, literalmente, puede ser contada a través de las olas. Éstas son las siete más importantes.


Punta de Lobos: Navarro aprendió a surfear frente a su casa.

Por Rodrigo Cea.

Ola 1: Dibujando en clases

"Fue en la Puntilla, en Pichilemu, el primer lugar donde corrí una ola parado sobre una tabla. Era 1994. La tabla era del Pato Vargas y la turnábamos entre diez amigos. Era bien antigua y le decíamos 'la Chile', porque tenía una bandera chilena pintada. Cuando eres niño es más fácil aprender y, por supuesto, fue una ola pequeña cerca de la orilla. Recuerdo que me pude parar altiro y que fue algo increíble. Correr esa ola fue muy importante porque le dije chao al bodyboard.


No es que decidiera dedicarme al surf, sino que se me metió en la cabeza que quería mi propia tabla.
En esa época estaba en el colegio y me empezó a gustar tanto el surf que, antes de ir a clases, me levantaba a las 6 de la mañana para ir al mar un rato y, cuando salía de la escuela, partía de vuelta. En el colegio me iba mal, era flojo, no me interesaba y, claro, con el surf aún menos. Las clases me aburrían y dibujaba olas en los cuadernos. Pensaba todo el día en olas. Tenía 13 años".

Ola 2: Triunfo de visita

"Mi primer traje lo compré por unos 10 mil pesos. Era corto y me duró un invierno. Ahora que lo pienso, era una locura meterse en esas aguas tan frías de esa forma, pero yo sólo quería surfear. Tiempo después, para una Navidad, mi mamá me regaló el primer traje largo y mi primera tabla fue un regalo de un amigo: era brasileña y estaba quebrada, cuestión que acostumbran a hacer los grandes con los niños en la zona, para que las reparen y comiencen a practicar. Surfeaba todo el día.


Mi vida empezó a cambiar en 1996 cuando una tienda especializada me pagó la inscripción para un campeonato nacional y participé en categoría junior. Era mi debut en competiciones y quedé segundo, pero con la sensación de que podría haber ganado. Al año siguiente fui a Constitución para correr por primera vez en un torneo nacional, pero ahora en categoría open, con los mejores. Y salí tercero. Fue la primera ola que corrí fuera de Pichilemu.
'Esto me gusta', dije, y desde entonces comenzó a rondarme en la cabeza la idea de, algún día, convertirme en profesional".

Ola 3: Un deporte nuevo

"Después de Constitución fui a surfear al norte, conocí Arica e Iquique y conseguí mi primer auspicio: ropa, traje y tabla, pero no sueldo. Así estaba cuando por primera vez corrí una ola grande. Eso fue en abril del 98, en el en campeonato Ceremonial de Punta de Lobos, que hasta hoy se realiza y ya es casi de categoría mundial.
Esa vez pasé sólo dos mangas, no me fue muy bien, pero por primera vez usé una tabla grande, corrí y observé a otros surfear olas de 6 metros, las que se dan sólo en condiciones especiales, en abril y mayo cuando empieza el invierno.


Esa experiencia cambió mi rumbo porque hasta antes quería ser profesional en campeonatos de maniobra y desde ese día mi sueño fue correr olas más grandes.


Un cambio radical.


Un deporte nuevo.


Estaba en tercero medio y mi rutina era surfear, surfear, surfear. No carreteaba y me acostaba muy temprano para ir a entrenar al otro día. Si quería ser profesional, lo tenía muy claro, tenía que trabajar la técnica y conseguir una capacidad física y pulmonar gigante para soportar estar mucho tiempo bajo el agua, para cuando una ola gigante me tumbara".

Ola 4: Cumpleaños en Hawai

"Después de ir a Portugal a correr un campeonato mundial por equipos, donde me fue mal pero me sirvió para ver por primera vez a surfistas profesionales que son leyendas, un día de invierno estaba en mi casa en Pichilemu cuando un amigo me llamó y me dijo que nos fuéramos a California, que lo habían invitado. Le contesté que no tenía ni un peso, ni menos visa y le pedí un par de semanas para moverme. Con mi auspiciador conseguí una carta para la visa, vendí todas mis cosas y compré el pasaje. Llegué con 100 dólares a California y, para conocer Hawai, donde nos contaron que había olas gigantes; trabajamos todo septiembre, pintando casas y arreglando techos. Llegamos a Honolulu sin plata ni tabla. Trabajamos un poco en construcción, cortando pasto e hicimos un horno de barro para vender empanadas. Hacíamos eso cuando no había olas y el resto de los días nos levantábamos al amanecer para surfear, porque en Hawai cuando hay olas no se trabaja. La mayoría de la gente vive así y, más que surfear en Hawai, lo más impactante fue conocer esa cultura, en la que todo gira en torno al surf: los bomberos y policías andan con tablas en los carros, mientras en el agua tibia, rodeada de palmeras, entrenan los mejores del mundo.

Perdimos el pasaje de vuelta y, al final, nos quedamos 6 meses. Celebré allá mi cumpleaños número 20".

Ola 5: Domando a la bestia


"Volví de Hawai con otra mentalidad. Mandé a construir tablas grandes y, mientras me dedicaba a correr todo el circuito nacional comencé a buscar olas grandes en Chile. En el campeonato Ceremonial del 2001, desde un avión Alfredo Escobar me tomó una foto corriendo un olón gigante. La imagen dio la vuelta al mundo, apareció en revistas especializadas de Estados Unidos y Europa, y fue la primera vez en que mi nombre figuró en el extranjero y en que Chile comenzó a destacar como sitio de grandes olas.


Así llegó mi primer auspicio de verdad: la primera vez que le pagaban un sueldo a un surfista chileno.


Participando en todos los campeonatos de Chile, me fui consagrando a nivel nacional. Después de aprender a correr en tablas de 9 pies y hacer surf con motos de agua en Hawai, en junio de 2004 hice un proyecto con Red Bull para correr una ola que se formaba en Cavancha, frente al hotel Terrado, que nadie sabía si se podía surfear.


Y resultó. Fue una de las olas más grandes corridas en Chile hasta ese momento. La bautizamos 'La Bestia' y la noticia fue portada de diarios, salió en televisión y en decenas de revistas especializadas en el extranjero. Fue todo un boom para mi carrera: me convertí en figura de la marca Quicksilver y, por fin, comencé a dedicarme exclusivamente a correr olas gigantes".

Ola 6: Fuera del mar


"A fines del 2008 tuve el peor accidente de mi carrera. Cerca de Chanco, en Santos del Mar, fue en una de las olas más grandes del día. Traté de leerla bien, pero no me resultó: La ola se dobló entera y me cayó encima. Mi cuerpo salió disparado, pero el pie de atrás se atascó en la fijación (que usan las tablas para el surf de olas gigantes) y me corté el ligamento cruzado de la rodilla izquierda.


Fue el dolor más fuerte de mi vida, pero de todos modos partí a un campeonato en Hawai. Por suerte se suspendió, porque cuando volví a Chile me hice unos exámenes que mostraron que el ligamento estaba cortado por completo. No existía.


Gracias a un programa para deportistas de elite de la Asociación Chilena de Seguridad, en mayo pasado me operé y permanecí cuatro meses en Santiago. Me injertaron un nuevo ligamento y comencé un plan de recuperación que empezaba a las 7 de la mañana con kinesiología, luego piscina y por la tarde, de 4 a 7, gimnasio. Dos veces por semana tenía nutricionista, sicólogo y, los últimos dos meses, dos sesiones semanales de yoga. Entrené más que nunca y, en vez de los 6 meses programados para la recuperación, estuve sólo cuatro meses y medio fuera del mar".

Ola 7: Como un sueño


"En septiembre pasado volví a surfear en Punta de Lobos, nada más que un par de días, pues el agua era muy fría y partí un par de meses a surfear a México e Indonesia, usando una rodillera. Después de eso me sentía bien. Muy seguro y así fue que partí a la bahía de Waimea al Quiksilver Memorial de Eddie Aikau, el campeonato mundial de surf de olas gigantes más importante. Sólo el hecho de estar invitado era el máximo logro de mi carrera, lo que siempre había soñado. Igual, partí a jugármela. Motivación me sobraba: En uno de los campeonatos más míticos del circuito, correría codo a codo con los 24 mejores surfistas de olas grandes del planeta.


El 8 de diciembre las olas estaban de 10 metros y había 50 mil espectadores en la playa. Corrí bien mis primeras mangas, pero tuve una caída fea en la tercera. En la última manga ya había corrido tres olas de las cuatro permitidas y faltaban 15 minutos para el cierre de la competición.


Entonces me fui al fondo del mar con la esperanza de que apareciera una ola grande. Y apareció. Y era enorme: una barra negra en el horizonte. Todo el público comenzó a gritar en la playa. Sonaban tambores. Junto a mí había una leyenda del surf hawaiano compitiendo, quien se movió y me dejó el espacio justo para lanzarme. Remé como nunca en mi vida para pararme en la tabla y correr la ola por unos 25 segundos, que para mí fue sólo uno.


Cerca de la playa me cayó una tonelada de espuma en la espalda y yo pensé 'hasta aquí no más llegué'. Me costó salir y, cuando llegué a la orilla de la playa, todo el mundo gritaba. Me entrevistaron para la televisión y yo no sabía qué decir. 'Viva Chile mierda', grité. Alucinaba.


Me subí al escenario y me premiaron por correr la ola más grande del día. Yo ya me iba para atrás cuando me tomaron del brazo y me dijeron que me quedara, que estaba entre los mejores 5 del campeonato. No lo podía creer. Era como un sueño. El inicio del sueño de consagrarme como uno de los mejores del circuito mundial de olas grandes".



Por Rodrigo Cea..

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