MAURICIO WACQUEZ
La ironía de un chileno refinado
MARCOS-RICARDO BARNATAN
Ha muerto Mauricio Wacquez. Muchos más de los que sabemos quién fue deberían saberlo. Excelente narrador, traductor de calidad, era un hombre de inteligencia brillante e irónica elocuencia, un intelectual de refinada cultura con una curiosidad muy amplia. Había nacido en Cunaco, provincia de Colchagua (Chile) en 1939, pero vivía en España desde hace casi 30 años, donde ejerció de embajador de lujo de la literatura chilena y participó activamente en el mundo literario y editorial de Barcelona.Los que fuimos sus amigos -entre ellos Jorge Edwards, Alfredo Bryce Echenique, Mario Muchnik o Natacha Seseña- perdemos también a una personalidad única y a un enorme escritor. Se había licenciado en Filosofía en la Universidad de Chile y en la Sorbona se doctoró con una tesis sobre el lenguaje de San Anselmo. Fue profesor en la Universidad de Chile (1963-1967), en la Sorbona (1967-1969), en la Universidad de La Habana (1970) y nuevamente en Chile hasta 1972, fecha en la que se trasladó a España, donde ha vivido hasta su muerte. Residió durante muchos años en Barcelona y más tarde decidió retirarse a su casa de Calaceite, en Teruel, donde también vivió largas temporadas su gran amigo, el novelista chileno José Donoso.Era autor de numerosos estudios de investigación literaria y humanística, y su obra de creación se inició en Santiago de Chile en 1963 con la publicación de Cinco y una ficciones, seguido de la novela Toda la luz del mediodía (1965). En 1975 Carlos Barral le publicó su segunda novela, Paréntesis, con un prólogo de Donoso. La novela había sido finalista del Premio Barral del año anterior.Más tarde, reunió sus cuentos en un volumen titulado Excesos, que publicó Planeta. Entonces Alberto Cousté, otro latinoamericano radicado en Cataluña, describió sus narraciones como «las aventuras del lenguaje más escuetas, más despojadas, menos excesivas de la actual narrativa latinoamericana».La dureza desbordada, la atormentada pasión y la gran violencia sexual de Frente a un hombre armado (Bruguera, 1981) -sin duda su mejor libro publicado-, quizá no haya sido superada aún por quienes han escrito después novelas sobre la homosexualidad. Frente a un hombre armado fue traducida al francés y hoy es, desafortunadamente, casi inencontrable en castellano.Uno de sus últimos libros publicados en España fue la novela erótica Ella o el sueño de nadie (Tusquets, 1987). Su novela póstuma, Epifanía de la sombra, una obra muy extensa y de carácter autobiográfico, proyectada como el primer volumen de una Trilogía de la oscuridad, iba a ser publicada en Latinoamérica por Plaza & Janés. Los amigos más próximos que han tenido acceso al manuscrito del primer tomo creen que se trata de su obra mayor y de una de las novelas más importantes de la literatura latinoamericana.
Viernes, 15 de septiembre de 2000

Mauricio en el colegio ISF.












Mauricio Wacquez y Julio Cortazar en un lugar de Provenza 1968
Luis Sánchez Latorre, Antonio Skármeta y Mauricio Wacquez 1971.

Con José Donoso en Calaceite, ciudad en la que ambos vivieron.
Gran diletante y maravillosamente amateur
REVISTA QUÉ PASA
Por: Alfredo Bryce Echenique
A cinco años de su muerte, la figura de Mauricio Wacquez se alza como una sombra sobre la literatura chilena. Aunque perteneció a la generación de los "Novísimos", junto a Antonio Skármeta y Poli Délano, Wacquez fue un hombre aparte, que se autoexilió en Europa a los 33 años y desarrolló un proyecto literario único en las letras nacionales. A continuación, el prólogo que el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique le hizo al libro "Hallazgos y desarraigos" (Ediciones Universidad Diego Portales), que reúne por primera vez los ensayos literarios, filosóficos y políticos de Wacquez. Textos que, en su conjunto, muestran a un intelectual de peso y lúcido en las más diversas materias: desde Borges, Marguerite Yourcenar y José Donoso hasta San Anselmo, la izquierda europea y los videos caseros. Wacquez murió de Sida a los 61 años en Calaceite, España, donde pasó los últimos 25 años de su vida.
A veces tenía que concentrarme un poco para recordar que se apellidaba Wacquez. Porque Mauricio, Mauricio Wacquez, pertenecía a esa categoría de personas cuyo nombre de pila funciona como un santo y seña, como una consigna, y como una enseña. Mauricio era la pronunciación de su nombre, en un primer instante, pero inmediatamente después era la dicha de su presencia, y ésta era al mismo tiempo toda una puesta en guardia. Estábamos frente a un hombre absolutamente singular, frente a todo un programa de vida, y diré, asimismo, citando el título de una de sus más importante novelas, que estábamos también Frente a un hombre armado, armado por una sólida formación literaria pero también filosófica, por una cultura muy singularmente personalizada, por una experiencia vital inmensa, variada y cambiante, y que escribía con toda la soltura y confianza que le significaba tener plena conciencia de que, digamos, García Márquez sería totalmente incapaz de escribir una frase de Mauricio Wacquez, por la misma razón que tampoco él jamás lograría escribir una frase como la del autor de Cien años de soledad.
Pero no es de su obra literaria que deseo escribir ahora, porque ella ya forma parte muy importante de este libro, y yo quisiera privilegiar en este breve prólogo informal la increíble luminosidad de una vida a menudo invadida por las sombras, la chillona alegría de un hombre que vivió siempre bordeando la tragedia. No exagero nada cuando en el recuerdo visual de una de sus visitas a mi departamento madrileño, a mediados de los años noventa, vuelvo a detectar en cada expresión de su rostro un movimiento pendular: una palabra y un solo gesto de Mauricio contenían un sentimiento o un pensamiento, una impresión o una exaltación, y su estricta contrapartida. ¿Puedo decir que si afirmaba que era un día precioso afirmaba a la vez que era un día horrible? ¿Que si era feliz era también tremendamente infeliz?
Por otro lado, los seres totalmente excesivos, como lo fue Mauricio, resultan siempre molestos, como nunca lo fue Mauricio, muy probablemente porque también a este nivel lo uno y su opuesto estaban indisolublemente ligados y a ello hay que añadir además su insólita elegancia aun en los momentos más inútiles. Su caminar por la sombra duplicaba su caminar por la luz e incluso puedo asegurar que, contra todos sus propios pronósticos, a menudo permanecía más tiempo en la sombra que en el cuerpo que la produce. Para mí, Mauricio fue un gran pesimista que muy sinceramente deseaba que todo saliera bien, incluso perfecto. "¿Pero qué le vamos a hacer", diría él mismo, añadiendo inmediatamente después y dentro del mismo gesto: "¿Qué le vamos a hacer, si la noche empieza al mediodía". Y añadiendo, ipso facto: "¡Y no hay nada que hacer, m'hijito!", como quien da una orden. Entonces uno se echaba atrás por completo, lo volvía a mirar, con profundo cariño, y comprendía que, en efecto, poco o nada había que hacer con Mauricio, tampoco. Sus visitas eran como la caída de un aerolito. No eran unas superiores o más entrañables o interesantes que las anteriores. Eran, sencillamente, como un aerolito. El paisaje ya nunca volvería a ser igual, cuando Mauricio se fuera.
Mauricio era conflictivo y tuvo enemigos, pero nunca los vio, nunca se detuvo a contemplar la vida por ese lado. O, en todo caso, nunca le impuso sus rivalidades o enemistades a otras personas. Aceptaba lo que le daba la vida y aceptaba también lo que la vida le quitaba, sea al nivel laboral, al nivel social, político, cultural. Eso me encantó de nuestra muy alegre amistad: la total ausencia de conflictividad que parodiamos maravillosamente durante los cuatro años que vivimos en Barcelona. Para la gente, no hubo más grande combate amistoso y social que el nuestro, entre 1985 y 1989. Él tenía un pequeño ático, yo otro, y como en ellos no cabían muchos invitados y tampoco nos permitían nuestras economías organizar tanto guateque, los dos esperábamos la llegada del sol en el mes de junio para aprovechar nuestras amplias terrazas y corresponder las invitaciones del año. Las rivalidades y pleitos que significaron estas fiestas estacionales, las discusiones a voz en cuello, realmente trascendieron e incluso hubo gente que llegó a tomárselas en serio. Nunca imaginaron que Mauricio y yo llegamos a disfrutar como niños organizando incluso nuestros pleitos, imaginando juntos un mínimo de guión para los mismos, e increpándonos delante de todo el mundo, como la noche aquella en que el ilustre banquero José Vilarasau, gran hacedor de la célebre Caixa de Cataluña, abandonó apresuradamente mi ático, me imagino que temiendo lo peor. La carcajada de Mauricio fue suficiente para espantar a todos los patos de una laguna. La estoy viendo y oyendo y, una vez más, veo con nitidez en ese rostro algo muy similar a la máscara de la comedia queriéndose entremezclar con la máscara de la tragedia.
Es muy curioso que esta imagen pendular se repita tantas veces en esta solitaria evocación de la vida de un amigo que, sin embargo, en público he recordado siempre sonriente y alegremente. La brillante, hilarante, desconcertante conferencia sobre literatura chilena que dictó una mañana en Palma de Mallorca, invitado a los Cursos de verano de la Universidad de las Islas Baleares, en agosto de 1997, fue un prodigio de amor por su país al que se mezclaba una y otra vez toda la más irreverente gracia y toda la arbitrariedad del mundo. Borges dijo que, de todos los géneros literarios, la conferencia es el único imperdonable, pero Mauricio lo contradijo siempre con su desbordante imaginación y su recreación totalmente literaria de los temas que trató ante un público siempre desconcertado, al comienzo, y totalmente entregado, en seguida. Por eso me resulta tan triste evocar ahora la que sería, para mí, su última intervención en público, en la Casa de América, de Madrid.
Para nadie era entonces un secreto que Mauricio andaba mal de fondos. Dilapidador y soñador, contó con una herencia familiar que todo lo arreglaría en su vida familiar. Este sueño, tengo entendido, se convirtió en una pesadilla de cuyo tremendo despertar él jamás le habló a amigo alguno. Por lo que vi, sólo sé que, desde entonces, todo se desencadenó, como suele decirse. Hablamos mucho por teléfono, en esa época -él ya había trasladado su residencia a Calaceite, en Teruel, y yo me había mudado primero a Madrid y luego a Lima-, pero creo que la capacidad de Mauricio para no inquietar a sus amigos crecía a medida que sus males se sucedían y agravaban. Lo cierto es que quedamos en vernos en Madrid, para aquella conferencia que sería la final. Y estábamos esperándolo en la cafetería de la Casa de América, cuando entró con aquel rostro desencajado que nos aterró a todos. Creímos que estaba totalmente ebrio, por su total dificultad para hilvanar una palabra con otra, pero no. Nos habló de una embolia, pero insistiendo en que estaba tan bien ya que se había venido manejando cerca de ocho horas seguidas. Y en cuanto a la conferencia, podíamos estar totalmente tranquilos. Nos dijo que leía sin dificultad alguna y por ello la había traído escrita. Minutos más tarde, sin embargo, Mauricio fue totalmente incapaz de leer una sola línea y el público que llenaba el auditorio empezó a murmurar su desagrado. A su lado, yo me sentía incapaz de interrumpirlo en su inmenso e inútil esfuerzo, literalmente no sabía qué hacer, y miraba con desesperación al dramaturgo español Íñigo Ramírez de Haro, sentado a la derecha de Mauricio. Por fin, Íñigo intervino con autoridad, explicó que, a pesar de haber sufrido una embolia, el escritor Mauricio Wacquez había querido cumplir con su compromiso y había conducido solo durante horas desde su lejana residencia. El público rompió a aplaudir. Y ahora pienso que aquella fue la última ovación que escuchó Mauricio en su vida.
Y ya no llegó a Santiago para presentar su último libro, por la sencilla razón de que, desde su doloroso viaje a Chile, muy pocos años antes, sencillamente todo se había desencadenado, como se suele decir, y creo yo se dijo con toda razón en el caso de Mauricio. Me encantaría afirmar ahora que este hombre cabal era demasiado elegante para este mundo, pero la gente diría que sí, que bueno, pero que exagero, movido por mi amor por Mauricio. Me limito pues a decir que fue demasiado elegante para sus últimos años en este mundo. Los lamentos de Mauricio, o no existieron o no llegaron nunca a casa de sus amigos, porque él puso la mar por medio y se ahogaban todos en el agua. Y ahora, para comentar a Mauricio, quisiera restituirle a dos palabras devaluadas por el pésimo uso que de ellas hace la gente, su verdadera significación y su etimología. Diletante es el que se deleita y amateur es el que ama. Así era también él.
Calaceite rinde homenaje a José Donoso y Wacquez

28/10/2007 EL PERIÓDICO CALACEITE
Esta noticia pertenece a la edición en papel.
Una treintena de escritores relacionados con José Donoso y Mauricio Wacquez, entre los que se encuentra Jorge Edwards, participan durante todo el fin de semana en el homenaje que se rinde a estos escritores chilenos en Calaceite, municipio donde vivieron gran parte de su vida. Este reconocimiento se enmarca dentro de las IV jornadas literarias del Matarraña.
El acto, enmarcado dentro de las IV Jornadas Literarias del Matarraña, se celebra con motivo del décimo aniversario de la muerte de José Donoso, escritor del boom latinoamericano de los años 60 y 70, junto a escritores como Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez, y que fue el causante, a juicio del escritor Emilio Ruiz Barrachina, de que multitud de escritores encontraran en Calaceite y en el Matarraña un punto de referencia, entre ellos el propio García Márquez, Vargas Llosa o Jorge Edwards.
Uno de los escritores que participa en el homenaje, Arturo Fontaine, definió a José Donoso como "un animal literario" de quien aprendió "la pasión por los libros y la literatura", según ha manifestado a Europa Press. Para Fontaine, José Donoso fue "un hombre muy generoso con su tiempo y un gran lector". Fontaine también se refirió a la relación de estos escritores con la localidad. "En la conversación de ellos Calaceite aparece como un lugar que fue un verdadero hogar; no solamente hablaban de la arquitectura, de las piedras, los campos y los olivos, sino también de la gente y del cariño de la gente que los acogió y el mundo que ahí pudieron armar".
Otro de los escritores asistentes, Carlos Franz, explicó las diferencias entre Donoso y Wacquez. "Son dos generaciones distintas, Donoso pertenece plenamente a la generación del boom latinoamericano, mientras que Wacquez pertenece a una generación posterior y representa otro espíritu de época, un puente interesante que de alguna manera se ha perdido", indicó.
El homenaje a José Donoso y Mauricio Wacquez se inició ayer con una oración laica dedicada a éste último en el cementerio de Calaceite y continuó con el descubrimiento de una escultura en la plaza de los artistas de la localidad, obra que ha sido donada por los escultores Rocío Margarit y David Sánchez.
En el acto se leyeron fragmentos de las obras de los dos escritores chilenos acompañados por música en directo de Sergio González Carducci. Por la tarde, en Cretas, tuvo lugar una mesa redonda sobre literatura, en e que participaron autores como Alfonso Mateo Sagasta, Gala Ruiz, Joaquín Bernat o Juan Bolea, entre una veintena de escritores; y la proyección de una entrevista ofrecida por el propio Donoso en 1977 a TVE. El homenaje termina hoy en Valderrobres, con un recital de poesía.
Una treintena de escritores participan en el homenaje a José Donoso y Mauricio Wacquez en Calaceite (Teruel)
TERUEL, 27 Oct. (EUROPA PRESS) -
Una treintena de escritores relacionados con José Donoso y Mauricio Wacquez, entre los que se encuentra Jorge Edwards, participan hoy en el homenaje que se rinde a estos escritores chilenos en Calaceite (Teruel), municipio donde vivieron gran parte de su vida. Este homenaje se inserta dentro de las IV jornadas literarias del Matarraña.
El acto se celebra con motivo del décimo aniversario de la muerte de José Donoso, escritor del 'boom' latinoamericano de los sesenta y setenta, junto a escritores como Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez, y que fue el causante, a juicio del escritor Emilio Barrachina, de que multitud de escritores encontraran en Calaceite y en el Matarraña un punto de referencia, entre ellos el propio García Márquez, Vargas Llosa o Jorge Edwards.
Uno de los escritores que participa en el homenaje, Arturo Fontaine, ha definido a José Donoso como "un animal literario" de quien aprendió "la pasión por los libros y la literatura", según ha manifestado en declaraciones a Europa Press.
Para Fontaine, José Donoso fue "un hombre muy generoso con su tiempo y un gran lector" y "a diferencia de otros escritores que son egocéntricos, él era un hombre muy abierto y muy interesado en los otros escritores".
Fontaine conoció a Donoso por sus libros. "Fue un asombro ver cómo el planteaba el texto narrativo, las voces que entrelazaba, el tipo de situaciones que enfrentaba, era un tipo no se hacía por entonces en Chile, estaba dentro de una escena muy novedosa", ha relatado.
"Después lo conocí personalmente", ha continuado Fontaine, rememorando un taller impartido por Donoso en el que participó. "Hablaba muy poco de su obra y en ningún momento utilizó el taller para intentar inculcar una manera de escribir o una estética sino que estaba muy interesado por las diferentes maneras de escribir", ha aclarado.
DOS GENERACIONES.
Otro de los escritores que participa en el homenaje, Carlos Franz, ha explicado las diferencias entre José Donoso y Mauricio Wacquez. "Son dos generaciones distintas, Donoso pertenece plenamente a la generación del 'boom' latinoamericano, mientras que Wacquez pertenece a una generación posterior y representa otro espíritu de época, un puente interesante que de alguna manera se ha perdido", ha indicado.
Según Franz, "después del 'boom' latinoamericano hubo una tendencia hacia una literatura que se acercaba de nuevo a la cultura popular y Wacquez representaba una versión muy refinada de este fenómeno, incluso elitista, sin que eso suponga algo peyorativo, sino todo lo contrario; una opción por la literatura con 'L' mayúscula y una gran exigencia para el lector".
Fontaine se ha referido también a la relación de estos escritores con Calaceite. "En la conversación de ellos Calaceite aparece como un lugar que fue un verdadero hogar; no solamente hablaban de la arquitectura, de las piedras --recuerdo muchas conversaciones sobre las piedras--, los campos y los olivos, sino también de la gente y del cariño de la gente que los acogió y el mundo que ahí pudieron armar".
Franz también ha recordado que tanto Donoso como Wacquez provenían de una zona campesina de Chile, "en cierto modo muy parecida al Matarraña".
HOMENAJE A DONOSO Y WACQUEZ.
El homenaje a José Donoso y Mauricio Wacquez se ha iniciado con una oración laica a éste último en el cementerio de Calaceite y ha continuado con el descubrimiento de una escultura que conmemora a ambos escritores en la plaza de los artistas de la localidad, obra que ha sido donada por los escultores Rocío Margarit y David Sánchez.
En el acto se han leído fragmentos de las obras de los dos escritores chilenos acompañados por música en directo de Sergio González Carducci. Por la tarde, en el municipio de Cretas, se celebrará un coloquio sobre la figura de José Donoso entre los más de 25 escritores invitados a las jornadas, moderado por Emilio Ruiz Barrachina. También se proyectará la entrevista que José Donoso ofreció en 1977 a Televisión Española.
DE ARAGÓN
EL PERIÓDICO
Domingo, 9 Diciembre 2007
TINTA Y PIEDRA
Emilio Ruiz Barrachina nos propone un viaje literario a Calaceite, el pueblo turolense donde convivieron los autores del Boom
19/05/2005 JUAN Bolea
Autores, artistas y escritores como José Donoso, Mario Vargas Llosa, Mauricio Wacquez, Jorge Edwards, Luis Buñuel, Didier Coste, Angel Crespo, Ricardo Bofill y otros muchos han contribuido a expandir la fama de Calaceite por las difusas fronteras del arte, hasta universalizar este pequeño pueblo de Teruel, dotado de alma propia.
Atraído por su leyenda artística, y por la circunstancia de haber congregado entre sus casas de piedra a buena parte de los protagonistas del Boom latinoamericano de los años sesenta y setenta, el escritor y cineasta Emilio Ruiz Barrachina ha girado una detallada visita a la localidad, y escrito un libro inclasificable, personal, intransferible, lleno de documentación y ternura: Tinta y piedra. Calaceite .
Gracias a Barrachina volvemos a pisar el refugio de José Donoso, a subir las empinadas escaleras que conducían al estudio donde escribió Casa de campo . Casi podemos ver al maestro chileno discutiendo con Didier Coste algún pasaje de la traducción al francés de El obsceno pájaro de la noche , para muchos su mejor libro. Podemos ver, también, a Mauricio Wacquez, el Hamelin de Calaceite, el Gran Gatsby, flechando con su seducción a todo visitante que se acercaba a conocer aquel paraíso, y viviendo con su amante, Francesc, una historia de amor que trágica y hermosamente llegaría a enlazar con la muerte. Vemos a Buñuel, cerca de la casa de Donoso, ensayando los toques de tambor, preparándose para participar en la Semana Santa de Calanda. Vemos a García Márquez pasear por el pueblo, ese Macondo aragonés, y a su entonces íntimo amigo Varguitas, que residiría tres años en Calaceite, velando sus primeras armas literarias.
A través de las voces de parientes, amigos y testigos directos, Barrachina va recreando aquel idílico Calaceite, que en buena parte, pese a las muertes de Donoso, Wacquez, o de la extraordinaria ceramista Teresa Jassá, otro de los espíritus benefactores de la localidad, perdura en la actualidad.
Además, el autor nos suministra una amplia información sobre la historia y la arquitectura de la villa. A medida que Barrachina se adentra en el alma de los areniscos sillares, en las leyendas de visigodos, templarios y cátaros, en los ajusticiamientos y autos de fe, en las iglesias y cárceles, su pluma va trocando la tinta por la piedra, ganando hondura hasta rozar el misterioso núcleo de la energía allí acumulada.
"El Matarraña, frontera entre Teruel y Tarragona, es una región desconocida donde parece que el tiempo se ha detenido. Iglesias cargadas de simbología pagana y pueblos monumentales, de piedra y de agua, rodeados de vegetación mediterránea y una orografía particular, inquietante como pocas. Lugar donde confluyen los caracteres aragoneses, catalanes, valencianos. Y también sus lenguas. Lugar de historias mágicas y guerreras.".
Emilio Ruiz Barrachina es autor de varias novelas: Calamarí , A la sombra de los sueños o El arco de la luna , algunas de las cuales han merecido ser llevadas al cine.
*Escritor y periodista
22 octubre, 2007
228.- IV Jornadas Culturas y Literarias de la Comarca del Matarraña/Matarranya
Dichas jornadas tendrán lugar entre los días 26 de octubre y 25 de noviembre de 2007.
VIERNES, 26 DE OCTUBRE.CALACEITE20:30 Inauguración de las IV Jornadas Culturales y Literarias de la Comarca del Matarraña/Matarranya con la intervención de Carlos Franz, Arturo Fontaine y Marcelo Maturana en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Calaceite.
SÁBADO, 27 DE OCTUBRE.CALACEITE11:30 Oración laica por Mauricio Wacquez en el cementerio de Calaceite.12:30 Homenaje a José Donoso y Mauricio Wacquez en la Plaza de los Artistas.
Colocación de una escultura donada por los escultores Rocío Margarit y David Sánchez Sanabria, lectura de poemas y fragmentos de la obra de ambos, acompañada por el músico Sergio González Carducci.
CRETAS18:30 Mesa redonda sobre La literatura española e iberoamericana en tiempos de José Donoso y Mauricio Wacquez, y su evolución hasta hoy, en Salón de Plenos del Centro Cultural de Cretas. Intervienen los autores invitados a las jornadas:Elsa Arana, Carlos Franz, Marcelo Maturana, Paz Balmaceda, Sergio Macías, Shlomo Avayou, Arturo Fontaine, Jaime Fontán, Fernando Martínez Lainez, Beatriz Osés, Manuel Francisco Reina, Francisco Quintero, Michele Geiger, Sergio González Carducci, Alfonso Mateo Sagasta, José Ramón Trujillo, Pedro Ramos, Verónica Matte, Juan Bolea, Jaime Jimeno, Gala Ruiz, Guillermo Galván, Jorge Meyer, Miguel Caballero, Joaquín Bernat, Ignacio Fernández, Elisa Palomo. Moderador Emilio Ruiz Barrachina.20:30 h. Proyección inédita de la entrevista ofrecida por José Donoso en 1977 a Televisión Española hablando de su vida y su obra. Autor Emilio Ruiz Barrachina.
DOMINGO, 28 DE OCTUBRE:VALDERROBRES12:00 Recital de poesía a cargo de Manuel Francisco Reina, Francisco Quintero, Jaime Jimeno, Arturo Fontaine, Sergio Macías y Shlomo Avayou, en el Castillo de Valderrobres.
MIÉRCOLES, 7 DE NOVIEMBRE:DÍA COMARCAL DE LA LECTURA.Cuenta cuentos, con la colaboración de las bibliotecas municipales.
SÁBADO, 17 DE NOVIEMBRE:VALDELTORMO19:30 Intervención de los miembros participantes en Sons del Matarranya que explicarán sus vivencias sobre el proyecto. Centro Cultural de Valdeltormo.22:30 Actuación de Raquel y Sergio y Temps al Temps. Centro Cultural de Valdeltormo.
DOMINGO, 18 DE NOVIEMBRE:MAZALEÓN17:00 Charla impartida por Esteban Villarrocha Ardisa, Leer teatro es leer literatura, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Mazaleón.18:30 Espectáculo teatral basado en la obra de Hans Christian Andersen El intrépido Soldadito de Plomo por Teatro Arbolé. En el Salón Cultural de Mazaleón.
SÁBADO, 24 DE NOVIEMBRE:LLEDÓ18:00 Presentación del libro Tornem a se menuts de Susana Antolí ganadora del premio “Guillem Nicolau 2006”. En el Salón Polivalente de Lledó.19:00 Representación de teatro Las Viudas de Nasú interpretada por Alfonso Pablo, David Ardid y Carlos Alcolea. En el Salón Polivalente de Lledó.
DOMINGO, 25 DE NOVIEMBRE:FUENTESPALDA.18:00 Clausura y encuentro de música entre la Federación Comarcal de Música del Matarraña, la Asociación Musical Peñarbés y la Banda Comarcal San Antón. En la Iglesia Parroquial de San Salvador de Fuentespalda.Más información:COMARCA DEL MATARRAÑA/MATARRANYADpto. de Cultura y Patrimonio CulturalTelf. 978-890884Fax. 978-850497