martes, 13 de noviembre de 2012

RECORDANDO A ALBERTO ARRAÑO ACEVEDO



Por José Arraño Acevedo

Publicado el 21 de enero de 1998 en el Diario La Región de San Fernando


Era el quinto de los doce hijos de José Luis Arraño Ortíz y de María Soledad Acevedo Caro, la mayor de los sobrinos del Cardenal Caro. Nacido en Pichilemu el 20 de octubre de 1914, después de las primarias, ingresó en 1927 al Seminario Pontificio de Santiago, donde cursara humanidades y filosofía. En 1934 asistió, con un grupo de seminaristas, al Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires, donde conociera al futuro Papa Pío XII. Estando en teología, decidió en 1937 hacerse jesuita y para ello llegó al noviciado de la comunidad ignaciana en Chillán, permaneciendo hasta 1939, pues el sismo de enero de ese año arruinó el plantel, siendo los novicios enviados al Colegio Máximo de San Miguel, en Argentina. A fines de 1940 regresó a Chile como profesor del Colegio San Francisco Javier de Puerto Montt, regresando en 1945 al colegio argentino. Ahí se encontraba cuando su tío abuelo, Arzobispo de Santiago, Monseñor Caro, fuera designado cardenal y al viajar a Roma para su nombramiento oficial, en enero de 1946, lo hiciera por Buenos Aires, donde se encontrara con su sobrino nieto. El 21 de diciembre de ese año fue ordenado sacerdote jesuita, por el Nuncio en Argentina. Mons. José Fietta (más tarde cardenal), oficiando su primera misa el día siguiente.


Ya en su patria, poco después fue enviado por un par de años a Uruguay; de vuelta, ejerció casi por dos décadas el profesorado en el Colegio-Seminario de Chillán. Después actuó definitivamente en el Colegio San Ignacio. de Alonso Ovalle, como profesor y capellán. Útimamente su salud se vio afectada por un mal incurable, de manera que el primer día del presente año. faltando un cuarto para las 4 de la madrugada. entregó su alma a Dios. El viernes 2, misa fúnebre en la lglesia de San Ignacio. siendo sepultado en el Cementerio Católico.


En el Seminario Pontificio ingresó a academias que lo guiaron a ser buen escritor. De ahí que cuando estudiaba en Argentina, empezara a escribir sus comentarios a libros en «Criterio». la famosa revista de temas sociales que dirigía Mons. Gustavo 1. Franceschi. Estando en Chile, El Imparcial, El Diario Ilustrado (hoy desaparecidos), El Mercurio, Las Ultimas Noticias, todos capitalinos, recibieron sus asiduas colaboraciones, extendiendo su acción periodística a toda la prensa provinciana. También dos boletines ocuparon su atención: “El Tralquino”, en segunda época, evocando el antiguo periódico de los seminaristas santiaguinos en Punta de Tralca; y «Seminario», que distribuía entre los exalumnos del colegio chillanejo. A nivel provincial colaboró para el Diario La Región de San Fernando.


Autor de dos libros: «De niño campesino a Cardenal», que trata la infancia de Mons. Caro Rodríguez y «El almacén de mi tío Desiderio», selección de sus estampas criollistas.


Era hermano de Jesús Luis Arraño Acevedo, médico cirujano fallecido hace tres décadas, después de haber sido autor de «Morbus», «Calle Abajo» y «Tierra del Oro y de la Virgen».


Perteneció a la SECH, Unión de Escritores Americanos, Pen Club de Chile. Diversos diccionarios literarios traen referencias sobre su personalidad, como el compuesto por el polaco Efraín Zamulewicz.


Fuera de ser sobrino nieto del recordado Cardenal Caro, era sobrino de los presbíteros José Luis Acevedo Caro y José Luis Lizana Caro, ambos sobrinos carnales de Su Eminencia. Otro pariente presbítero fue don José Antonio Garín Martínez, ex-alumno del Pío Latino Americano e hijo de una prima en segundo gado del Cardenal Primado. Con la reciente muerte del jesuita, los cinco eclesiásticos citados descansan en paz. Por su lado paterno, era primo de tres hermanos sacerdotes: Juan Bautista, Gustavo y Eduardo Lagos Arraño, éste, benedictino de Las Condes y primer abad mitrado chileno.


El fallecimiento de Alberto Arraño Acevedo, sacerdote jesuita y escritor, afecta a sus familiares, a la comunidad religiosa que lo contara como uno de los suyos por seis décadas, a las letras nacionales y a tantos amigos que conquistara con esa simpatía que le brotaba, como un manantial, de su noble corazón de costino nato y neto.-


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