viernes, 29 de enero de 2010

Ramón Navarro: Domador del océano

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PUNTO MUJER
Miércoles 27 de Enero de 2010




El surfista chileno acaba de alcanzar el mayor puesto internacional en un mundial de su deporte, haciendo su especialidad: deslizándose por olas que superan los 10 metros. Y a pesar de las lesiones sufridas y de haber estado a punto de ahogarse, no se cansa de regresar siempre a su querido mar, el mismo que -espera- le entregará este año la ola más grande del mundo, aquí en Chile.

Ángela Tapia F.



Más de 10 metros de altura medía la 'Monster Drop', la gran ola que 24 de los mejores surfistas del mundo prefirió no “montar”, salvo Ramón Navarro.



El chileno, de 30 años, se ha convertido en una leyenda del mar, y volvió a demostrar que el mito es realidad, en la último Quiksilver Memorial (lo que vendría a ser el mundial de surf) que se celebra en Hawai, y donde, además de ganar 12 mil dólares, alcanzó el quinto lugar -el mayor logro obtenido por un chileno en este deporte.

Es que desde que visitó la isla polinésica de Estados Unidos, la meca del surf, quedó maravillado con los gigantes muros de agua en los que se deslizaban las estrellas mundiales de las tablas. Y él, que se había criado toda su vida en Pichilemu, que surfeaba desde los 12 años, y que conoce el mar de memoria desde que ayudaba a su papá con las tareas de la pesca, buceaba y nadaba, sabía que lograría dominar a las grandes olas y decidió especializarse en eso. Pero, ¿y el miedo?

“Obvio que sientes miedo. Siempre hay un poco, te asusta, pero te gusta demasiado. Es jugar con el límite, el miedo, la adrenalina, me encanta. Podría estar todos los días haciendo lo mismo”, cuenta ya a su regreso de Hawai.

Podrá empaparse del mar australiano, hawaiano, mexicano, pero Ramón siempre querrá volver a su natal playa pichilemina, donde Paloma, su esposa, lo espera junto a Inti, el niño que el surfista está loco por conocer cuando por fin nazca en marzo.

“Me lo voy a llevar a surfear a Hawai al toque, apenas empiece a caminar”, cuenta con sus ojos llenos de ilusión, la misma que le aparece al hablar de lo que significa el surf en su vida, y, sobre todo, el mar.

“El surf me ha dado todo lo que tengo económicamente, pero la felicidad y libertad que te da este estilo de vida, de vivir con la naturaleza, eso me lo da el mar y no tiene precio. Valoro mucho más las cosas cuando me pasan cosas heavy mientras estoy surfeando; cuando viene una ola de 15 metros y me doy cuenta que toda la plata que se pueda tener da lo mismo, que el resto no tiene importancia. El nivel de adrenalina es tan alto que no tiene comparación. Al final vives para eso, para estar corriendo olas grandes”.

-Y te haces adicto a la adrenalina.
“Obvio. Yo he hablado con doctores y es así. La adrenalina es altamente adictiva, tu cuerpo te la pide y la busca. Por eso estoy en el tema de las olas grandes, y, por otro lado, está el mar, que es todo. He vivido toda mi vida frente al mar, y si no hago olas, voy a bucear y me pasa lo mismo, sino, voy a pescar o voy a nadar y me pasa lo mismo. Necesito estar con el mar, me alimenta”.

-¿Has salido lesionado alguna vez del mar?
“Siempre me pego tablazos, pero creo que las una de las lesiones más fuertes que he tenido fue el año pasado que me corté el ligamento cruzado de la rodilla. Fue heavy. Estaba en una ola nueva que encontramos en el sur, que se llama ‘Santos del Mar’, y una fijación se me quedó pegada en el pie de atrás. El pie de adelante salió, se torció todo el cuerpo y ‘clak’, se me cortó el ligamento.
“Es tanta la adrenalina que no pesqué, no me dolió. Seguí surfeando ese día y al siguiente, y así por varios meses. Cuando me empezó a molestar la rodilla, empecé a usar rodillera, y ya después de seis meses me operé”.

-No estás ni ahí.
“No, trato de pescar lo menos posible. Es que si las olas están buenas vas a querer surfear igual”.

-¿Y qué pasa con el peso del mar? Una ola de más de 10 metros debe empujar de manera increíble.
“Sí, siempre. Cuando te agarra una ola grande es como que tomaras una piedrita chica y la tiraras contra el suelo o la metieras adentro de una lavadora. Te da vueltas para todos lados, te hunde, pero para eso hay que entrenar y prepararte, para saber por lo que estás pasando”.

-¿Pero nunca has estado a punto de ahogarte?
“Sí, he pasado sustos varias veces, como una vez en Iquique, que lo pasé bien mal, pero es parte del juego no más. Fue el año 2001, en “El colegio” (ola iquiqueña que se ve desde el Colegio Don Bosco). Era una de las primeras veces que empezaba a correr olas grandes, y una me cayó encima. Me hundí muy hondo y salí, pero me cayó otra encima. Fue grave, no me quedaba nada más que respirar, no había aire...Ya estaba tan desesperado que llegó un minuto en que me relajé”.

-¿Te entregaste?
“Sí, así como ‘ya, cagué’... Pero fue rico, todo relajado. Yo creo que fue tanta la desesperación, que pasé al relajo. Puede ser que me haya estado muriendo, anda a saber qué sería (ríe). Pero fue raro; salí sin energía, lejos y fue la primera vez que dije: ‘ya, si voy a andar corriendo olas grandes, tengo que entrenar heavy. Estar bien preparado para que nunca más me pase eso’”.

-¿Te has replanteado lo que haces por este tipo de cosas?
“No, nunca. Me encanta y lo voy a seguir haciendo me paguen o no me paguen, gane campeonatos o no gane”.

“La bestia”, “El gringo”, ‘Santos del Mar’, son los nombres de algunas de las olas chilenas conquistadas por Ramón, quien desde el 2006, a través del proyecto "Red Bull South Swell", viaja por Chile junto a otro surfista, Cristián Merello, para encontrar aquí la ola más grande del mundo.

Y este 2010, es el año en que Navarro espera que suceda el gran hallazgo, ya que con la corriente de El Niño, se esperan más tormentas y, por ende, mayor movimiento marítimo.

“Chile es el único país del mundo que es tan largo, que todas las tormentas chocan derecho con el país, sobre todo en la parte sur. Eso es lo que hace que aquí haya olas todo el año. Hay páginas web y cartas de pronósticos que marcan dónde va a caer la más grande, y eso indica que aquí puede haber olas de hasta 30 metros. La idea es encontrarla, ubicar el lugar donde va a caer y estar ahí ese día con las condiciones perfectas”.

-Una ola de 30 metros suena a tsunami.
“No. La idea es que le achuntemos luego a esta olita. Yo tengo mucha fe de que éste va a ser el año. Aparte, tengo el equipo preparado y, físicamente, me siento increíble, de ánimo estoy bacán.
“Todos hablan del surf en California, pero allá las olas son horribles”.

¿Y qué pasó con los Beach Boys y el “Surfin' USA”?
“Puro toyo. Hay olas buenas ciertos meses en el año. El resto, no pasa nada, no superan los dos metros casi nunca.
“Chile es el mejor lugar del mundo para surfear, no tiene comparación. Por eso trato de hacer todo acá”.

-¿Debiera el surf ser el deporte nacional?
“Ojalá. Algún día va a entrar dentro de los deportes masivos. Es cosa de ver cómo han ido cambiando los lugares. Arica, los primeros años en que íbamos, el 2000, tenía veinte personas surfeando y ahora, los fines de semana hay 300, 400, está lleno de escuelas. Este es un deporte súper lindo, que reúne a la gente, entrega contacto con la naturaleza, enseña a proteger las playas, que estén limpias, a no botar los papeles. Es muy bonito lo que se le puede enseñar a alguien, más allá de que se suba a una tabla y llegue a la playa. Es el entorno que gira alrededor del surf y el respeto que debes tenerle a la naturaleza. Puedes llegar a la playa con tu mejor tabla que vale 500 lucas y tu traje, tu camioneta gigante y tu carpa, todo, pero te metes al agua y el mar te va a hacer así: pum, pum, pum y te das cuenta que no eres nadie”.

-Las olas serán muy buenas acá, pero no se salvan de la contaminación. ¿Cómo les afecta eso a ustedes?
“Se producen infecciones en los oídos la mayoría del tiempo. Acá en Chile, uno de los problemas más graves que hay es la contaminación. Es penoso. Por ejemplo, en el norte, el agua está bien contaminada con todo el tema de los metales pesados de desechos mineros. Yo he recorrido casi todo el país, gracias a Dios, y he podido ver que Arica tiene toda una fábrica de pesca, frente a una ola increíble que hay. La ola se llama ‘El rancio’, por el olor impresionante que tiene, no se puede surfear casi. Yo buceo harto y conozco de fondos, y bajando desde Antofagasta ves cómo las termoeléctricas dejan playas de carbón, con el fondo todo negro y un olor asqueroso. En la Quinta Región tienes el hidrocarburo por los puertos. En la Séptima, Octava, Novena y Décima, están las celulosas, y todos los desechos nos llegan a nosotros. Ahora, ya para colmo, quieren hacer la hidroeléctrica en el sur. Es como: ya, dense cuenta que Chile es un país precioso y que hay que protegerlo”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Me encanta la chela. Me cuesta no tomarme una casi todos los días, en la noche. Sobre todo, cuando las olas están buenas, una chela es lo básico. En las mañanas, me encanta tomar mate, y en el día, un Red Bull”.

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