miércoles, 27 de enero de 2010

El Primer Centenario. Las Fiestas Dieciocheras de 1910

REPORTAJES Domingo 17 de Septiembre de 2000


El Primer Centenario. Las Fiestas Dieciocheras de 1910

A una década de los 200 años de la independencia nacional, vale una evocación de cómo hubo hechos que enlutaron la celebración del primer siglo de la república, lo que no fue óbice para festejar.
Por GERMAN BECKER URETA*

CUANDO falta un poco más de cien días para que termine el presente siglo XX y con él, por cierto, el segundo milenio, ya hay voces que recuerdan que en el próximo siglo XXI celebraremos el segundo centenario de la Independencia de Chile. ¡Albricias para los que estén con vida y salud!

El próximo 18 de septiembre del 2010 nuestra patria estará cumpliendo 200 años. Quiera Dios que este aniversario acreciente nuestro patriotismo, el amor por nuestras hermosas tradiciones chilenas y que otra vez seamos una nación de compatriotas.

Del primer centenario hay variados recuerdos y testimonios, así como de las típicas celebraciones del "18" a lo largo del territorio y a través de los años.

Al despuntar 1910, junto a la alegría anticipada por la fiesta que ocurriría en septiembre, Chile aún no se reponía totalmente de los estragos y pérdidas cuantiosas que significó el terremoto de 1906, que asoló Valparaíso y muchas ciudades que hoy día comprenden la V Región.

Comenzaron de todas maneras los preparativos. Arreglar las calles. La piedra de huevillo sería reemplazada por asfalto o adoquines. La Compañía de Electricidad, en un esfuerzo fenomenal para la época, armaba miles de metros de guirnaldas con ampolletas rojas, azules y blancas. Estas se pondrían dibujando las aristas, cornisas y balcones de los principales edificios públicos y las casas particulares más importantes. Las avenidas y paseos públicos también estarían adornados por estas líneas luminosas. El proyecto era grande. En esos entonces no había plantas generadoras de energía eléctrica; por lo tanto, el enorme consumo de esos millares de bombillas se abastecería con dínamos accionados por grandes motores.

El arquitecto Enrique Dubois redoblaba el ritmo de trabajo y los recursos para terminar, a tiempo, el Parque Forestal. Hay que recordar que el lugar donde se encuentra este lindo paseo era una laguna pantanosa.

En los primeros días de julio, los santiaguinos vieron con asombro, en el cielo nocturno, un gran cometa: era el Halley. Este nos visita cada 76 años. En aquella ocasión la cola del cometa estaba paralela a la tierra, por lo tanto, su presencia era enorme. Según recuerdo de gente que lo vio y llegó hasta nuestros días - entre ellos mis abuelos y mis padres- , decían que la cauda o cola abarcaba desde los Baños de Colina hasta el Cajón del Maipo. Cuando en 1986, 76 años después, volvió, todos nos defraudamos por la esmirriada presencia de este fenómeno celeste. La razón fue muy sencilla: la cola estaba perpendicular a la tierra, por eso apenas se notaba. Faltan más de 50 años para que aparezca de nuevo. Es de esperar que los que estén en condiciones de mirar el cielo en esos días tengan más suerte.

Decesos apabullantes

Volviendo a 1910, siempre la aparición de un cometa, desde tiempo ancestrales, tiene una fuerte carga mítica, supersticiosa, precursora de malos augurios: el mismo mes que apareció el Halley murió Eusebio Lillo, el poeta que escribió los versos de la Canción Nacional. Al agravarse las dolencias del Presidente Pedro Montt, viajó a Europa, vía Buenos Aires. En esta ciudad esperó al vapor que lo llevaría a Alemania. Al Presidente, fuera de su esposa y otras personas, lo acompañaba su secretario particular. Un fatal accidente enlutó el viaje. Se cortaron los cables del ascensor en que viajaba el mencionado secretario causándole una muerte inmediata. Ya estando en manos de los mejores médicos alemanes, el 16 de agosto, a un mes del Centenario, que él tenía que presidir, muere don Pedro Montt, Presidente de Chile. La repercusión que tuvo en el país este infausto hecho fue tremenda. Se pensó en cancelar las celebraciones. Se discutieron los pros y los contras. De las delegaciones extranjeras que habían sido invitadas para esta magna efeméride algunas ya viajaban hacia Chile, desde Europa. Se decide seguir adelante. Asume el mando de la nación, como vicepresidente, don Elías Fernández Albano. A los pocos días de su mandato, el 6 de septiembre, Fernández muere. Estupor, espanto, profundo dolor se apoderó de la opinión pública. Todo era como una maldición. Como un castigo, quizás por qué pecado. Las autoridades del país, sacando fuerzas de flaquezas, continuaron adelante. Se creó una curiosa disposición para elegir a otro jefe del Ejecutivo. Sería Presidente de la República, para encabezar los festejos y ceremonias del Centenario y realizar las próximas elecciones presidenciales, el ministro más antiguo del gabinete del fallecido Presidente Montt. La designación recayó en don Emiliano Figueroa Larraín. Alegre, gran señor, bueno para la fiesta, cordial y con una impresionante estampa. En los días que gobernó don Elías Fernández se habían confeccionado algunos reposteros y cortinajes con las iniciales del mandatario: E.F. Por fin la buena suerte llegaba a ampararnos; don Emiliano tenía las mismas letras iniciales en su nombre y apellido: E.F. Al menos, no había que entrar en otros gastos.

Las celebraciones, ceremonias, actos cívicos, bailes populares, fuegos de artificios, cine gratis al aire libre, exposiciones, inauguración de monumentos, puentes, parques y edificios públicos y privados, más las infaltables y pintorescas chinganas, fueron la espina dorsal de la alegría oficial y popular. Todo esto, desde el 15 al 22 de septiembre, de jueves a jueves. Siete días y siete noches de jolgorio, champagne francés y chacolí doñiguano. La fiesta en 1810, cuando se eligió la Primera Junta de Gobierno, solamente duró tres jornadas.

Gath & Chaves

El mes de la patria, septiembre, se inició con la inauguración, el día 5, de una gran tienda: Gath y Chaves. Estaba ubicada en Estado con Huérfanos y durante 40 años fue un hito comercial y social. Su edificio estaba hecho de acero y armado como un mecano. En sus diversos pisos estaban los mejores productos de Chile y del mundo. Ascensores de reja, manejados por chiquillas de delantales azules, subían y bajaban al numeroso público que iba a comprar o pasear. Novedear, como era el término de la época. Sin ofender lo presente, nunca ha habido una tienda, en la historia de Santiago, que haya tenido el prestigio, el señorío y la impronta de Gath y Chaves. Al comienzo de la década del 50, y en los días previos a la Navidad, para producir mayor presión, sus trabajadores declararon la huelga. La reacción de los ejecutivos de la empresa fue drástica y definitiva. Cerraron la tienda. El edificio fue desarmado.

Don Emiliano Figueroa hizo los honores al Presidente de Argentina, don José Figueroa Alcorta, quien encabezó una brillante comitiva, que incluía el Colegio Militar de su país. Dos curiosidades o coincidencias: ambos mandatarios eran de apellido Figueroa y el Presidente argentino recién había asumido el mando por muerte del Presidente titular.

A Valparaíso arribaron buques de guerra de diferentes naciones. Alemania, Argentina, Brasil, Ecuador, Estados Unidos, Italia. Estas naves efectuaron una Parada Naval. El Presidente de Chile a bordo del crucero Zenteno, de la escuadra nacional, pasó revista, y luego los 20 buques que participaron navegaron en formación frente a don Emiliano.

Todas la feéricas iluminaciones, adornos e instalaciones no solamente estaban en el centro de la capital, sino que también en los barrios. Las plazas Brasil, Yungay, Almagro y Ecuador, así como las avenidas Recoleta, Independencia, Matucana, Vicuña Mackenna, el antiguo camino de cintura. La noche del "18", que era día domingo, los cadetes de la Escuela Militar de Chile recorrieron las diversas calles de Santiago en un desfile histórico, donde cada muchacho iba vestido con uniforme de época.

El Te Deum y la Parada Militar tuvieron un muy especial brillo, por la presencia de las delegaciones extranjeras. Nuestros oficiales superiores usaban, en su uniforme de gala, bicornios ornados con plumas de avestruz. La gente, con humor y buen talante, les llamaba "la Chupalla del gobierno" En esa ocasión se construyeron las primeras tribunas de madera para las autoridades. Duraron cuatro décadas, hasta las actuales de cemento.

Todo igual

Cuando en Valparaíso ocurrió el desfile naval, también se desarrolló una Noche Veneciana. En la Plaza Sotomayor, junto al monumento de nuestras Glorias Navales, estaba programada la culminación de un desfile de antorchas, de los bomberos, el cual no se pudo realizar porque la muchedumbre copó el espacio. Los voluntarios tuvieron que recurrir a mangueras de agua para contener el entusiasmo. La verdad es que no sé si alegrarme o no al constatar que no hemos cambiado nada.

El día 20, como fue la tradición por muchos años, se corría una prueba hípica especial y dieciochera. Esa vez la ganó el caballo "Altanero" de don Roberto Vial.

En el Palacio Urmeneta se presentó una exposición referida a los últimos cien años de Chile. Entre otras piezas, se mostró el curioso amoblado que el Emperador Napoleón III le regaló a la hija de almirante don Manuel Blanco Encalada, cuando ésta contrajo matrimonio en París.

Comentaba la prensa de esa época los terribles tacos y aglomeraciones que se producían en las calles de la capital. A los peatones, que transitaban por cualquier parte, había que agregar los primeros automóviles, los famosos Landolet Phaeton, los coches de caballo, las carretelas, las carretas, jinetes y ciclistas, con esas bicicletas de ruedas grandes.

Para los amantes de la ópera, el Teatro Municipal tenía su cartelera copada de los mejores títulos: Tosca, El Trovador, Norma, La Traviata, todo este espectacular repertorio coronado por la presencia de una diva que arrasaba en los teatros de Europa y el mundo: Amelita Galli-Curcci.

Hubo vuelos del avión que piloteaba el aviador italiano Bartolomé Cattaneo, en Santiago como en Viña del Mar. La gente se asombró con un circo de puros enanitos, ninguno medía más de 70 centímetros.

Los banquetes oficiales y particulares, en casas de familias de alto rango, se calculan en más de un centenar. La comida era de recetas francesas, el vino y el champagne, de la misma procedencia. Los menús que se conservan así lo demuestran. Por ejemplo, banquete oficial en La Moneda:

*Caviar en block.

*Potage Gentilhome

*Langouste Bordelaise

*Crustades Perigueux

*Selle D'Angeau Bouquetiere

*Asperges Au Beurre

*Croutes Aux Fruts

*Bombes Chantilly

*Fruits

*Café

*Champagne.

Hemos señalado algunos de los innumerables espectáculos, ceremonias y panoramas que tuvo la gente. Los de arriba y los de abajo. Pero hubo uno que sin duda, no por lo masivo sino por inédito en Chile, fue el comentario por mucho tiempo. En la calle Arturo Prat N.o 100 un empresario montó un cabaret a la manera de París, con niñas traídas directamente de la Ciudad Luz. El Can Can, los desnudos, las insinuaciones galantes, en una palabra el "sprit" francés a todo dar. Los jóvenes criollos, de los más rancios apellidos, hacían nata en la siempre honorable calle Prat. En los tiempos que ahora corren, esto sería casi una convivencia parroquial.

Hubo versos, canciones en homenaje al Centenario. Esta es la cueca que, según se dice, fue el éxito de la conmemoración:

"A ver nuestro Centenario

Han venidos (sic) los vecinos

de Bolivia y Ecuador

brasileros y argentinos.

Ante las legaciones

Sembramos flores.

Para los argentinos

Son mis amores.

Son mis amores ¡Sí!

Quién pensaría que en

Este Centenario, yo cantaría

La Argentina con Chile

Forman desfile"

Los Quincheros decidieron grabarla, para tener un testimonio de lo que fue nuestro primer Centenario.

Para esta gran celebración, que comenzó con tan nefastos signos, los augurios fueron mejorando: don Emiliano Figueroa hizo un gran papel, todo el pueblo de Chile se lució. Y como después de la mala viene la buena, ningún día con sus noches llovió, cosa rara, en esos últimos días del invierno.

¡Preparémonos, prepárense para el segundo Centenario!

* De la Sociedad de Historia y Geografía

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