domingo, 4 de abril de 2010

Antes y después del 27 de febrero: Iglesias y huellas patrimoniales

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domingo 4 de abril de 2010

La obra de fotógrafos como Luis Poirot y Max Donoso constituye hoy un invaluable registro de iglesias y templos, que en un país telúrico como el nuestro parecen condenados a desaparecer.

Marilú Ortiz de Rozas
"Uno fotografía desde la memoria, porque hay que pelear contra el olvido. Quedan libros, obras, pequeñas victorias patéticas frente a enormes desastres", exclama Luis Poirot. A comienzos de este año lanzó "Iglesias rurales de Chile" (Editorial Contrapunto), una poética obra en blanco y negro, con un texto introductorio escrito por Raúl Zurita titulado "Arrasadas de luz". El libro reúne fotografías tomadas por Poirot desde mediados de los noventa, que integraron un volumen editado para el Ministerio de Relaciones Exteriores en 1999, y obras posteriores. "Como un criminal, siempre vuelvo al sitio del suceso y vuelvo a fotografiar los lugares que me apasionan". Seleccionó retratos de 38 iglesias, de norte a sur, con su particular atmósfera, cargadas de luces y sombras: "Soy un chiita del blanco y negro".

Muchos de los templos del norte sufrieron graves daños tras el terremoto de 2005 y muchos de la zona central tras el reciente desastre. Entre ellos, Guacarhue, monumento histórico diseñado por Toesca en el siglo XVIII, situado en el Valle de Cachapoal, reconstruida tras el sismo de 1835. O la Capilla de la Virgen del Carmen de Huique, una joya patrimonial del siglo XIX, que forma parte de la Hacienda de San José del Carmen de Huique, en el Valle de Colchagua. Igual suerte corrió la iglesia de la Hacienda La Compañía, en Graneros, construida por los jesuitas en 1670 o 1758 (se manejan dos fechas), y que poseía un delicado retablo barroco, único en el país. El retablo, que se situaba tras el altar, fue rescatado de las ruinas, semidestruido.

"Como fotógrafo, en última instancia, está el consuelo de que quedó este registro. De alguna manera estos templos viven en imágenes, lo que contribuye a esa memoria histórica que nos atañe a todos", manifiesta Max Donoso. Cuando se lanzó la segunda parte de su trilogía de iglesias en Chile, el terremoto del norte acaba de remecer los templos altiplánicos inmortalizados en la primera: "Iglesias del Norte" (2004). Al comentar la nueva publicación, Óscar Contardo escribió: "Nadie espera que... Dios mediante y terremotos ausentes, 'Iglesias y Capillas del Valle Central' (2005) se convierta en un registro de edificios que se esfuman".


Hoy que estas palabras son realidad, nos queda el consuelo de admirar en las fotografías, ricas en detalles y colores, lo que era la maravillosa iglesia parroquial de Pumanque -Colchagua-, construida originalmente en 1870, destruida por el terremoto de 1906, vuelta a levantar en 1913, vuelta a tierra en 1985, y así sucesivamente. O la capilla de la Hacienda Calleuque, en el valle del río Tinguiririca, de estilo neoclásico, que dataría de comienzos del siglo XIX, según la historiadora Teresa Pereira.

"El colapso de las iglesias tiene gran repercusión en los habitantes, porque son el núcleo de la vida en los pueblos. Esto viene desde la encomienda, que tenía por misión evangelizar, por lo que el espacio destinado al culto era central", manifiesta Mirta Núñez, arquitecta y restauradora colchagüina.

Y, a Dios gracias, los terremotos no han ocurrido durante la celebración de misas -como en Lisboa, el 1 de noviembre de 1755, con 90 mil muertos-, pero la historia nos demuestra que seguiremos escribiendo crónicas de destrucción. Nuestro destino telúrico conspira contra la memoria y estos libros de fotografías se convierten, con suerte, en herramientas para la reconstrucción, y, sin ella, en huellas patrimoniales de papel.

Salvar las iglesias


Amaya Irarrázaval, arquitecta especializada en recuperación y restauración de templos sagrados, asegura que las iglesias se pueden reconstruir "cuando hay voluntad y evidencias arquitectónicas. Al respecto, la fotografía es una gran herramienta. De hecho, yo restauré la Catedral de Antofagasta, en 1998, gracias a una foto de un matrimonio celebrado allí en 1949, que me dio los indicios de cómo era".

-¿Por qué se caen las iglesias?

"Las iglesias de adobe que he visitado y que hoy están en el suelo se cayeron porque no se efectuó una mantención de techumbres y pilares de madera. Se observan también intervenciones mal ejecutadas y una inadecuada construcción en adobe, que posee una técnica casi científica. La calidad del suelo es otro factor que influye".

-Si seguimos la progresión actual de destrucción de iglesias, las próximas podrían ser las del Sur, pero como son en madera, ¿podrían resistir mejor o no es así?

Se pueden caer. La madera es más resistente, pero siempre y cuando esté en buen estado y la estructura de la iglesia bien construida.

- ¿Se puede prevenir?

Sí, pero es caro prevenir.

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