martes, 24 de agosto de 2010

La mejores picadas de la Ruta 5

www.elrancaguino.cl
Agosto 23, 2010
por alejandra sepulveda

No importa el tamaño ni el aspecto del local, su valor está en la contundencia, el sabor, el precio y el hecho de haber nacido al alero de los más exigentes comensales: cientos de camioneros que cada día repletan la principal arteria del país, justo aquí, en la sexta región. Acá conoceremos algunas de estas.Por: Irene Padilla

Muy abundantes siguen siendo los platos de este tradicional restaurante
El Mini-Restaurante (Gultro, pasado el Puente Cachapoal)



Sin duda sendos lectores locales pueden decir que al reconocido ex Mini Sheraton le queda poco o nada de sus orígenes patacheros. Sin embargo, hay varias características que pueden rebatir rotundamente esa postura. Partiendo por lo básico, sus inicios fueron los de un pequeño local de 30 m2 hace 35 años, a costa del sudor infatigable de la familia Anabalón quienes con el tiempo fueron armando a pulso un restaurante cuatro veces más grande pero que conserva su esencia en lo principal: la comida y el precio.

Para hacerle una visita como corresponde los críticos gastronómicos de El Rancagüino almorzaron temprano y visitaron el local un día de semana en la noche. La primera impresión fue “acá atenderán el día del queso”, porque gozaba de un lleno impresionante para un miércoles cualquiera. Se nota que los rancagüinos quieren lo suyo. Sin embargo nos llevamos la grata sorpresa de que Carla, nuestra fiel garzona se acercó rauda a ofrecernos una mesa y tomar la orden.

Nos ubicamos en un salón cercano a la cocina, y mientras veíamos como sendos pedazos de carne iban con rapidez a las respectivas mesas echamos una mirada a la carta. El hambre agobiaba a esas alturas. “Plateada el domingo”, “chuletas el jueves”, chuta, no queda más que preguntar qué hay. “En vacuno filete y en cerdo lomo” contesta Carla, rápida y tajante. Vámonos por un filete con papas fritas dijimos. Y ahí viene la duda crucial que define si el local sigue tan abundante como en sus orígenes ¿un plato alcanzará para dos? La respuesta inmediata de Carla fue que sí, y tranquilo, asi que si ella lo decía era ley. Mientras analizábamos el notorio crecimiento por bloque del local llegaron a nuestra mesa un pan amasado grande, a temperatura perfecta, para untarlo en la clásica mantequilla y un pebre cremoso y bien picante del mejor ají verde local, y como la ocasión lo ameritaba pedimos un vino de medio, para beber, pero moderadamente porque quedaba mucho por manejar al sur.

El público del local es múltiple. Sus muros amarillos y manteles verdes albergan de todo, desde familias y familiones, pasando por parejas en citas románticas y carnívoras, hasta los clásicos clubes de Tobi que se arrancan de la casa durante la semana. Todos sencillos, todos dispuestos a comer harto y pasar un buen rato como si estuvieran en el quincho de sus patios, otra característica que recuerda la esencia de este local.

Hasta que llegó nuestra comida. Un plato con dos porciones brillantes, jugosas y perfectamente cocidas de filete al horno. Una fuente de papas fritas normal, y una ensalada mix. Nos lanzamos a la carne como hienas y debo reconocerlo, el Mini Restaurante es capaz de derrotar con creces a los más grandes expertos en carne de Santiago. Era una carne simplemente perfecta, que se cortaba y mascaba con suma facilidad, como cualquier filete elegante debe ser. Las papas fritas hirviendo y crujientes y el vino nos hizo parlotear durante 40 minutos del gran secreto que se guardan los rancagüinos . El aplauso final llegó con la cuenta: $10.000 pesos. Tomamos vino, comimos un filete con papas fritas riquísimo y por un precio más que racional….simplemente, para ponerse de pie y ovacionar.

La Chepita (Pelequén Viejo)

Josefina Moya fue una adorable y trabajadora mujer que sacó adelante a sus siete hijos vendiendo generosos sándwiches al paso, ahí mismo donde ahora está el restaurante La Chepita de Pelequén.

Los críticos, incansables como siempre, pasamos a La Chepita cerca de la medianoche. A lo menos una decena de camiones invadía el lugar y tapaban la vista del pequeño local, pero un buen patachero nunca se pierde, su hambre funciona como un GPS de la mejor marca. La Chepita es un lugar bonito y se nota que una mujer, antes Doña Josefina y ahora su hija Ana, lo comandaron con prolijidad. Uno se encuentra con mobiliario cuidado de madera, un local impecable, lleno de camioneros hipnotizados por un televisor y su plato, y ahí , a unos pasos de la puerta lo corona una cuasi “barra” de elementos que componen sus famosos sándwiches: palta , quesillo, arrollado, y la archireconocida ave-mayo. Ya veníamos dateados así que fuimos directo al hueso: exigimos un ave mayo-palta para cada uno y para acompañarlo una bebida grandota que calmara nuestra sed. En tres tiempos estaba nuestro pedido en la mesa. Y era simplemente exacto. El pan es amasado y un poco más grande que una hallulla común (tipo frica para redondear la explicación). La palta de excelente calidad y aliñada con una dosis justa de sal, (se agradece encontrar un lugar donde no haya que ponerle sal a los ingredientes) y a ambos los coronan una capa más que abundante de la mejor ave mayo, espumosa y generosa en mayonesa y pollo. Brotaba el sabor por todas las curvas de ese pan. Cada sándwich costó $600 pesos. Si usted quisiera almorzar, todos los días hay 10 platos disponibles, un menú que incluye bebida chica, ensalada, y pan a destajo por un valor de $2.300 pesos. Pida el estofado de cerdo, es el regalón del mediodía.

Eugenio Manriquez
El Queno (Chimbarongo)



Cuando se venga de las vacaciones en el sur no olvide pasar por El Queno. Se nota que es un local que va para grande y así como muchos hoy recuerdan los inicios del Juan y Medio, acá vamos a una repetición de la historia.

El Queno consta de dos comedores medianos y una terraza en la entrada que se ocupa en los veranos. El comedor del fondo tiene una bosca salvadora, ideal para capear el frío en una de las comunas más heladas de la región. Cuando se entra al Queno es obligación decir “provecho”, y recibirá respuesta al unísono por su buena educación. Este local atiende las 24 horas, y su clientela esta comandada por camioneros seguidos de una que otra familia sobre todo en periodo vacacional. “Bistec con tallarines, cazuela de ave, cazuela de vacuno, cocimiento, pollo al jugo con arroz, puré o papas mayo y prietas” recita su propio dueño a la orilla de la mesa con precisión. Como el día estaba frío optamos por la cazuela. Para empezar una panera con cuatro marraquetas, si eso es poco, se le da más. A eso se suma un pebre bien picante, de esos que se extrañan en muchos restaurantes pirulos que no le echan ají a este emblema nacional. Para acompañar la comida una bebida de litro y una ensalada más que generosa para cada uno. Mientras esperamos nuestro pedido vemos como Luis Eugenio Manríquez toma la órdenes, limpia las mesas y hace caja todo al mismo tiempo. Sus hijas lo ayudan en la atención y en la cocina. Él, hace 23 años partió con este pequeño local, decidido a independizarse de un largo período como garzón en una hostería próxima que ya no existe. El negocio es completamente familiar y con un esfuerzo de años ha podido invertir para aumentar el espacio de su restaurante.

La cazuela para qué decir, era con baranda. Un caldo caliente y sustancioso, se notaba que se había hecho con dedicación, las verduras, el arroz y en mi caso el pollo, habían sido cocidos en conjunto generando un plato armonioso, muy distinto de esas cazuelas extrañas, que parecen les echan arroz graneado adentro como un agregado. En el caso de la cazuela de carne, esta última estaba tan blanda como la papa.

Un siete para don Queno, cada plato tiene precios distintos así que en promedio un almuerzo completo equivale a $3.000 pesos. Buena fama tienen también los tallarines con bistec, el plato es tan grande (dos trozos de carne más un cerro de sabrosos fideos con salsa) que los comensales tienen costumbre de llevarse uno de estos trozos como cocaví en un pan. Pruébelo.

Donde Keko (Peor es Nada)

Ya ad -portas del peaje del Maule llega uno al Keko, el último baluarte regional en la ruta 5 sur. El Keko está hace una década y todos los días le saca pica al restaurante grande del lado con tanto comensal que le llega. A tal punto es su fama que muchos camioneros cruzan la autopista, arriesgando sus vidas para probar sus platos. El Keko pertenece a Sergio Urrutia quien ofrece a lo menos tres menús diarios que valen máximo $3.000 pesos. Se puede comer todo el pan que quiera y el té o el café son gratis. Para que los comensales hagan hora está el televisor correspondiente y una popular máquina de apuestas. En este local nos desviamos solo un poco de los clásicos, apuntamos a la merluza frita con arroz, y el pollo asado con tallarines. Los platos, ambos abundantes como corresponde, la merluza con una masa sabrosa y crujiente, el arroz un poco débil en la textura pero no así en el sabor. En el caso del pollo y los tallarines no hubo quejas. Ojo con las cazuelas y el cerdo al horno (es uno de los platos más grandes que han pasado ante nuestros ojos).

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1 comentarios:

A las 12 de octubre de 2010, 12:31 , Blogger mpachecov ha dicho...

eXCELENTE REPORTAJE DE DATOS ÚTILES. LOS PROBAREMOS

 

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