domingo, 4 de abril de 2010

El terremoto sepultó el tesoro cinematográfico de Miguel Littin

http://www.emol.com/
Fecha: 4 de abril de 2010

La casa del cineasta en Palmilla guardaba cientos de rollos de películas, vestuarios y hasta manuscritos de Gabriel García Márquez.


Este pabellón, absolutamente colapsado, guardaba gran parte de la memorabilia cinéfila de Littin.
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FERNANDO ZAVALA
Sábado 27 de febrero de 2010,
Miguel Littin pasea por las bellas calles de Praga cuando en su Blackberry recibe el correo de un amigo español que le informa que Chile fue azotado por un fuerte terremoto. El cineasta tardó varias horas en contactar a su mujer, Elizabeth Menz, y luego de enterarse que su familia estaba bien y a salvo, preguntó por su casa de Palmilla, en la Región de O'Higgins. Ella sólo se limitó a decirle que estaba "seriamente dañada". Cinco días después comprobó con sus propios ojos que aquella descripción ni siquiera se acercaba al verdadero estado de la propiedad que el matrimonio adquirió en 1990, cuando volvió del exilio. La propiedad de 2.360 metros cuadrados -construida en adobe por los jesuitas a comienzos del siglo XVIII y en la que vivió Federico Errázuriz Zañartu, Presidente de Chile entre 1871 y 1876- está básicamente en el suelo.

"Me siento como en una película, una que nunca quisiera filmar", dice Littin, al recorrer su propiedad. Los ojos se le humedecen, pero no sólo por ver su casa destruida, sino también porque bajo los escombros está un verdadero cinematográfico invaluable, que el cineasta reunió en más de 40 años de carrera. "La remoción de escombros ya ha durado un mes y continuará. Poco a poco iremos revisando a ver qué encontramos, qué se salvó y qué no", explica.


La casa, hecha de adobe en el siglo XVIII, colapsó. Ya se han rescatado algunos objetos, que son guardados en un container. Pero la búsqueda aún continúa.


Piezas del vestuario de Kathy Jurado en "El recurso del método", manuscritos de Alejo Carpentier -autor de la novela en que se basó aquel filme de Littin-, otros de Gabriel García Márquez, guiones originales de sus películas, un regalo que el director recibió de Akira Kurosawa, obras de Diego Rivera y Roberto Matta, más de mil latas de películas incluyendo algunos viejos cortos del cine mudo chileno. "Rescataremos todo lo que se pueda", señala Littin, que ya preparaba convertir gran parte de la propiedad en un museo del cine chileno.

"Los expertos me han dicho que no demuela lo que quedó en pie, que esos muros de adobe deberían ser rescatados. Y creo que el gobierno, que tiene muchas otras prioridades en estos momentos, aún debe definir bien su política de conservación del patrimonio. Porque estamos hablando de la historia de un país, de su cultura", afirma Littin.

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miércoles, 9 de septiembre de 2009

DAWSON, ISLA 10











EMOL TV
DAWSON, ISLA 10 (Trailer)


ESTRENO PELÍCULA





EMOL TV
El gran lanzamiento de “Dawson, Isla 10”



Hasta la Presidenta Bachelet estuvo presente en la avant premiere de la última película de Miguel Littin.
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El Mercurio
Jueves 10 de septiembre de 2009

"Dawson Isla 10" entra a la carrera por el Oscar

El filme de Miguel Littin también aspirará al Goya. "La nana", de Sebastián Silva, irá a los Ariel.
FERNANDO ZAVALA




Es uno de los tres chilenos nominados al Oscar y ahora su destino podría reencontrarlo con la codiciada estatuilla dorada que hasta ahora ningún local ha conseguido. Ayer, el Consejo del Audiovisual anunció que Miguel Littin emprenderá por tercera vez en su carrera el camino para conseguir una nominación al Oscar a Mejor Película Extranjera con su película "Dawson Isla 10", que debuta hoy en Chile. El cineasta ya había postulado por México con "Las actas de Marusia" (1976) y por Nicaragua con "Alsino y el cóndor" (1983). Esta sería la primera vez que entrará a la pelea por su país.

El Consejo anunció que "Dawson Isla 10" también perseguirá una postulación al Goya a Mejor Película de Habla Hispana; mientras que "La nana", de Sebastián Silva, entrará en la carrera por el Ariel, el Oscar mexicano. La selección la hizo un jurado integrado por los directores Andrés Wood y Mariano Andrade, la actriz Tatiana Molina, el guionista Jorge Ramírez y el productor Luigi Araneda. Las otras películas en competencia fueron "El regalo", "Muñeca" y "Navidad".

Littin reconoce satisfacción ante la noticia, pero advierte que aún no ha sido notificado oficialmente de la selección y por eso prefiere no hacer mayores declaraciones. Su cautela es razonable: en 1999, la Academia de Hollywood descalificó a su película "Tierra del Fuego", ya que el organismo exige que para postular al premio la cinta debe exhibirse comercialmente en el país de origen entre el 1 de octubre y el 30 de septiembre del año siguiente por un mínimo de siete días consecutivos, requisito que una década atrás no cumplió "Tierra del Fuego" y que "Dawson Isla 10" está en proceso de cumplir.




Sergio Bitar (Benjamín Vicuña), José Tohá (Pablo Krögh) y Osvaldo Puccio (Matías Vega).
Foto:AZUL FILMS





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martes, 8 de septiembre de 2009

El medio siglo de "Los 400 golpes", la obra cumbre de la influyente "Nueva ola" francesa

http://www.emol.com/

http://www.uhu.es/cine.educacion/cineyeducacion/temas400golpes.htm


La película de Francois Truffaut le dio fama internacional a un movimiento que cambió el cine y que inspira a realizadores hasta la actualidad.

FERNANDO ZAVALA
Como buen hijo nacido del amor, la "Nueva ola" francesa creció para convertirse en el orgullo de sus padres y, con los años, dejar una huella imborrable. Este año, aquel influyente movimiento cinematográfico celebra el aniversario de uno de sus mayores hitos: los 50 años de "Los 400 golpes", la emblemática película de Francois Truffaut, que le dio fama internacional a este grupo de directores y críticos de cine asociados a la revista Cahiers du Cinéma que rompieron con las ataduras del pasado y crearon una nueva manera de ver y hacer cine. "Fue una generación cuyo eje esencial era que el mundo puede entenderse y vivirse con y desde el cine, sin importar que esto parta de un crítico o un cineasta. Eso en la realidad poco importa", dice el comentarista de revista Wikén Antonio Martínez.

"Ellos lograron inventar nuevas formas para decir cosas de fondo, a partir de un gran amor al cine y de un gran espíritu de juego", agrega el cineasta Sebastián Lelio ("Navidad") sobre este grupo de realizadores de quienes reconoce influencias. Además de Truffaut, lo integraron Claude Chabrol ("Le beau Serge"), Jean-Luc Godard ("Sin aliento") y Jacques Rivette ("Paris nous appartient"), entre otros. "'Los 400 golpes', como película insignia de ese movimiento, mantiene hasta hoy toda su vitalidad, la fuerza de la juventud; el tiempo no ha pasado por ella en lo que respecta a su actitud y poesía", agrega.

Ganadora del premio al Mejor Director en el Festival de Cannes de 1959, la cinta narra las experiencias de un adolescente etiquetado de problemático llamado Antoine Doinel, interpretado por Jean-Pierre Léaud, actor que se convertiría en el alter ego de Truffaut y con quien seguiría trabajando hasta poco antes de la muerte del director en 1984. Con deseos de conocer el mar, con una familia poco atenta y castigado en su colegio, Antoine deambula por las calles de París.

"Con esa película, Truffaut nos introdujo a un niño cuyo destino era cambiar el mundo", dice Antonio Martínez. "Este niño de fines de los 50 representa al joven que para la revolución de mayo de 1968 ya está en la universidad, protestando para remecer a la sociedad. Y si bien al final de cuentas no lo logró, al menos consiguió mover los pilares", explica.

Miguel Littin, el director de "El chacal de Nahueltoro", también reconoce a la "Nueva ola" como referente: "Ellos se desprendieron del neorealismo italiano para liberarse de una carga formal y adquirir una gran soltura, una liberación de la cámara, del encuadre, poniendo en un segundo o tercer plano la literatura del cine, como se conocía hasta ese momento. Y esa es una actitud presente en películas que hicimos en Chile a fines de los 60 como 'El chacal...' o 'Tres tristes tigres'".

Tres títulos clave

"Le beau Serge" (1958)
Director: Claude Chabrol.
Elenco: Gérard Blain, Jean-Claude Brialy.

Calificada como la primera película de la Nouvelle Vague, cuenta la historia de François, un joven que luego de una enfermedad retorna a su pueblo natal. Allí se reencuentra con Serge, un hombre amargado y alcohólico. François se encargará de rescatarlo.

"Sin aliento" (1960)
Director: Jean-Luc Godard.
Elenco: Jean-Paul Belmondo, Jean Seberg.

La ópera prima de Godard y una de sus obras más importantes narra las vivencias de Michel, un matón de poca monta que quiere parecerse a Humphrey Bogart. Huyendo de la policía, le pedirá ayuda a su novia estadounidense, Patricia.

"Jules y Jim" (1962)
Director: Francois Truffaut.
Elenco: Jeanne Moreau, Oskar Werner, Henri Serre.

Ambientada alrededor de la Primera Guerra Mundial, esta cinta narra la estrecha amistad entre dos jóvenes y su amor compartido, a lo largo de los años, por la bella Catherine. Primero, ella se casa y ama a Jules, luego será un triángulo.


Jean-Pierre Léaud (izquierda) hizo historia a los 14 años como Antoine Doinel de "Los 400 golpes".



Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg de "Sin aliento", otro hito de la "Nueva ola".

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redacción@ellitoral.com

Edición del Domingo 03 de mayo de 2009
Fue la consagración de la nouvelle vague

Cumple 50 años la película “Los 400 golpes” de Truffaut

Retrato lacónico y autobiográfico del desamparo durante la pubertad, “Los 400 golpes” supuso el debut en el largometraje de François Truffaut y consagró hace medio siglo en Cannes a la revolución cinematográfica de la nouvelle vague francesa.


El afiche original de la película en francés.
Foto: Archivo

Mateo Sancho Cardiel

EFE

Los preceptos formales de este movimiento cinematográfico aupado por cinéfilos y que tenía como “centro de operaciones” la revista “Cahiers du Cinéma” -con Truffaut, Jean-Luc Godard, Louis Malle, Claude Chabrol y Eric Rohmer, entre otros- apostaban por el cine más adherido a la realidad, sin efectismos y con la flexibilidad de los avances tecnológicos en cámaras e iluminación.

Pero este manifiesto artístico, que había tenido en “Le beau Serge” (1958), de Chabrol, su obra fundacional, cobró relevancia internacional cuando un debutante Truffaut llenó de sentimiento universal esa armadura técnica con la pequeña historia de Antoine Doinel, un chico de trece años que busca su sitio en una realidad desestructurada y hostil.

“Los 400 golpes” (Les quatre cents coups) causó sensación en el Festival de Cannes de aquel año -se mostró el 4 de mayo de 1959- y se llevó el premio al mejor director, lo que ayudó a instituir el prestigio del “cine de autor”.

Ese mismo año, además, se estrenaron “Hiroshima mon amour”, de Alain Resnais, o “À bout de souffle”, de Godard, y así la solidez y la capacidad de influencia de la “nouvelle vague” no volvieron a ser puestas en entredicho.

Truffaut hundía su pasión cinematográfica en Alfred Hitchcock, al que reivindicaría como autor más allá del entretenimiento, y en “Citizen Kane” (1941), de la que diría: “La primera vez que la vi, supe que nunca en mi vida amaría a una persona tanto como a aquella película”.

Pero también amaba el cine de Francia -especialmente “Zéro de conduite” (1933), de Jean Vigo- e Italia, con predilección por el neorrealismo. No en vano, Roberto Rossellini sería testigo de su boda.

Los reflejos de la vida

Su cinta, en cambio, no mostraba una realidad descarnada, sino indiferente hacia las inquietudes de un niño que, con inteligencia e inquietudes pero sin referentes, no para de meterse en líos, que es a lo que hace referencia la expresión utilizada en el título.

“Siempre he preferido el reflejo de la vida a la vida en sí misma”, decía Truffaut. Y su capacidad para extraer belleza, nostalgia y profundidad a las partes más deprimentes de su autobiografía dieron como resultado su deslumbrante opera prima.

“La película es mucho mejor que el guión”, reconocía orgulloso en una entrevista del momento el director, a pesar de haber recibido una nominación al Oscar precisamente en esa categoría.

Truffaut quería así hacer hincapié en el valor narrativo de todas las nuevas armas expresivas, que seguían casi en silencio y sin emitir juicios al adolescente en su periplo por la delincuencia de medio pelo. Las mismas que convirtieron la escena final, la escapada del protagonista, en todo un icono cinematográfico.

Pero sobre ellas, lo que elevó la intensidad emocional y la vehemencia seca del retrato de la desorientación adolescente fue la naturalidad y la capacidad de improvisación del futuro actor esencial del cine francés pero entonces niño Jean-Pierre Léaud.

Cuando Truffaut convocó el casting, descubrió en él -al que consideraría el mejor actor de su generación- “a un chico más interesante, más impetuoso, más intenso que los otros” y capaz de dar “arrogancia y audacia” a un personaje “quizá diseñado un poco triste, solitario, introvertido y plegado sobre sí mismo”, en palabras del director.

Ese personaje era Antoine Doinel, alter ego de Truffaut quien, en una iniciativa artística sin precedentes, le seguiría durante 20 años a través de cuatro obras más: el mediometraje “L’amour à 20 ans” (1962) y los largos “Baisers volés” (1968), “Domicile conjugal“ (1970) y “L’amour en fuite” (1979), con la que el director no quedó satisfecho y decidió interrumpir su “relación”.

De ellas “Los 400 golpes” es la que menos humor contiene y la que más amargura conlleva. El contenido autobiográfico, tal como reconoció Truffaut, se iría diluyendo del personaje de Doinel, pero con trece años, el paralelismo era muy notable. Así lo demuestra que Truffaut dedicara la película a André Bazin, el teórico cinematográfico que sacó al joven François de la cárcel y le dio la oportunidad de canalizar su talento en las páginas de “Cahiers du Cinéma”.

La película de Francois Truffaut recibió los elogios de la crítica en el Festival de Cannes de 1959 pero se convirtió en un ícono de toda una generación
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The 400 Blows (Les 400 coups) (trailer)



Thirteen-year-old Antoine Doinel tries to cope with the various forces tearing his life apart: his parents' contentious marriage (made worse by the confined space of their apartment), his own lack of interest in school, his desire to live like an adult and have pocket money, and his adolescent desire for freedom. Feeling unloved and unwanted at home, Doinel begins to rebel--only to lose what little he already had.

http://www.criterion.com/

http://www.imdb.com/title/tt0053198/
http://www.criterion.com/asp/release....

Le Paris gris à la fin des années cinquante. A quatorze ans, Antoine Doinel n'a que des ennuis, tant à l'école qu'à la maison. N'ayant pas fait une punition, il sèche l'école avec son copain René. Dans la rue, il voit sa mère dans les bras de son amant. Le lendemain, il doit retourner à l'école sans mot d'excuse, et s'en tire en disant à l'instituteur que sa mère est morte. Mais le mensonge est découvert.

Jean-Pierre Léaud and Patrick Auffay - 16mm screen tests



Audition footage of Jean-Pierre Léaud, Patrick Auffay and Richard Kanayan for François Truffaut's "Les Quatre cents coups" (1959)
in French with English subtitles
0:00-1:34 is the Léaud audition footage
1:34-2:58 is Léaud and Patrick Auffay audition with improv dialogue
2:59-6:23 is the Richard Kanayan footage
It's mostly audition footage of Richard Kanayan, who played a kid in "The 400 Blows" and a part in "Tirez sur le pianiste" ("Shoot the piano player", François Truffaut, 1960)
Patrick Auffay played René in Truffaut's "Les Quatre cents coups" (1959) and "Antoine et Colette" (1962)
Léaud actually ran away from school for this audition, and that audacity probably helped his chances for this role.


Escena - Los 400 golpes de François Truffaut




François Truffaut: Director y crítico de cine francés, nació en París el 6 de febrero de 1932. Junto a Godard, Chabrol y Rohmer fue uno de los más claros representantes de la nouvelle vague ('nueva ola') movimiento de cineastas que se plantearon hacer cine de autor, en el que fueran ellos, aunque con presupuestos bajos, y no la industria cinematográfica quienes tuvieran el control de las películas realizadas
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lunes, 20 de julio de 2009

"El Torito" se rodará en San Vicente de Tagua Tagua

DeColchagua.cl
Enviado el Sábado, 07 marzo a las 04:11:02 por WroKeN

Con bastante optimismo, el equipo productor, ya está trabajando en las locaciones y parajes que utilizarán en el rodaje de la primera película que se realizará en la ciudad de San Vicente de Tagua Tagua. Una co-producción entre profesionales de Santiago, Valparaíso y San Vicente, que contarán una historia ambientada en la década del ‘50, de un “bandido” de la zona.

Desde unas semanas, los productores de la primera película que se rodará en la comuna de San Vicente de Tagua Tagua, se encuentran trabajando en los detalles de la producción audiovisual, una historia que data del año 1950, sobre un bandido de la zona llamado “El Torito”. Bastantes historias y mitos nacen de este personaje, trabajo que han realizado durante un año, para recopilar la mayor cantidad de información, en relación a la historia que le rodea.

Este fin de semana recién pasado, el equipo de producción realizó algunas pruebas de las escenas mas importantes de la película, donde se trasladaron a la localidad de Zúñiga, y realizaron los últimos preparativos del casting de las personas que estarán presente en la grabación de esa escena.

Felipe Arias, Director de la Película, comenta que “ha sido importante el apoyo que nos han brindado acá, el incentivo y la motivación que han mostrado en ser partícipes de una producción regional”. Agrega que han encontrado locaciones muy lindas y acordes a la historia que se desea contar, sobre un personaje típico de la zona, a quien apodaban “El Torito”. Varias historias rodean a este personaje, pero el director agrega que “se contará la realidad y se condimentará con las otras leyendas que los mismos habitantes nos han comentado”.

Marzo, es el mes que tienen determinado para realizar las grabaciones, donde han estado trabajando en los detalles del rodaje y las personas que los acompañarán como extras de la película. Rodrigo de Mendoza, Productor Ejecutivo, comenta que “ha sido importante realizar esta película acá en nuestra ciudad, queremos mostrar una producción y llevar el nombre de San Vicente por todos lados, en los distintos festivales que se realizan, tanto en nuestro país, como en el extranjero”.

La historia cuenta que una mujer es violada y asesinada por un par de policías en una zona rural, a comienzos de la década de los años 50. Su hermano, apodado “El Torito”, sale a cobrar venganza por el pueblo. Un despiadado sargento, es asignado para dar caza al Torito, y dejar en claro que nadie puede tocar a un policía.

Esta producción es parte del concurso del Fondo del Fomento de Desarrollo Audiovisual, que lograron en base al desarrollo de un proyecto y un trabajo informativo que les ha llevado más de un año, en recopilar la información para la producción de este rodaje. Más detalles en,
eltoritolapelicula@blogspot.com y en Facebook de Torito, la pelicula.



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lunes
16 de febrero de 2009
"GRAN CONVOCATORIA PARA LA INSCRIPCION DE EXTRAS EN LA PELICULA: EL TORITO"
"PARTICIPA EN LA 1RA PELÍCULA DE SAN VICENTE DE TAGUA TAGUA"

SÁBADO 21 - 19:00 - EN EL PICADERO DEL CLUB DE HUASOS DE SAN VICENTE.

Ubicación: Av. Campos Sport, San Vicente De Tagua Tagua.
Invitación para todas las familias de la zona.

Auspicia: Productora Hombres Menguantes
Mayor información en:
http://eltoritolapelicula.blogspot.com/

Contacto: producciontorito@gmail.com
Publicado por HombresMenguantes en 7:12

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El bandido de los ojos transparentes
Littin, Miguel



Colección: Biblioteca Breve
Genero: Novela
224 págs.
PVP: 11,42 euros
ISBN: 84-322-0768-3

El bandido de los ojos transparentes cuenta la historia de una persecución implacable y, al mismo tiempo, la historia de una obsesión, la del teniente Ramírez, que sigue las huellas y el relato de las hazañas de un bandido, Abraham Díaz, el Torito.
Un reto entre dos hombres en un mundo rural remoto, habitado por huraños buscadores de oro, emigrantes cansados y gente de un circo ambulante que pueblan al mismo tiempo un país y una alucinación. El deber del teniente es la caza de un hombre, y su debilidad, el amor que siente por la hermana del bandido.

En El bandido de los ojos transparentes encontramos el colorido de una novela de aventuras y la grandeza simbólica de una tragedia antigua. De extraordinario poder de evocación y lenguaje rico y plástico, El bandido de los ojos transparentes renueva un género que ha dado a la novela en español algunos de sus títulos mayores: el relato épico y a la vez apólogo moral, que ha deparado al lector una galería de personajes—desde el Pedro Páramo de Rulfo hasta el Aureliano Buendía de García Márquez—, de los que el Torito es legítimo continuador y heredero por derecho propio.
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Miguel Littin asegura que «lo más libre sigue siendo la literatura»
El escritor y director de cine publica su segunda novela
PILAR MAURELL

BARCELONA.- Se ha pasado media vida dirigiendo, escribiendo guiones y tramando historias para la gran pantalla. Se ha acercado a los clásicos latinoamericanos y desde hace un tiempo se ha decidido por una travesía en solitario. La de la pluma y el papel en blanco. Miguel Littin (Palmilla, 1942) ha llegado a puerto llevando bajo el brazo la leyenda de un sueño: El bandido de los ojos transparentes (Seix Barral).

Esta es la segunda novela que publica el director de El chacal de Nahueltoro (1969) y trata, en forma de crónica, la historia de Abraham Díaz, Torito, «un bandido, un malhechor, un hombre inocente, declarado culpable en su ausencia, porque de tanto no estar se convierte en la ausencia misma», asegura Littin, mientras se toma una pastilla contra una gripe de órdago que le ametralla la cabeza. Torito es también la herencia de Pedro Páramo, de Rulfo, y Aureliano Buendía, de García Márquez, «dos maestros que yo admiro mucho», cuenta Littin, quien critica «que una generación quiera devorar a la anterior para poder ser».

En El bandido de los ojos transparentes, Littin mezcla la realidad con la leyenda y ésta con la imaginación a través de la crónica, «un género», dice, «que no escogí yo, sino que él me eligió».

«Además, la crónica te permite la posibilidad de crecer e incorporar tus propios ingredientes, de modo que lo que cuentas, sea verdad o no, es la visión de muchas personas acerca de un mismo hecho».

Cuenta el director que se lo ha pasado de fábula escribiendo esta novela, porque «lo bueno de escribir es que uno puede decir lo que le parezca». Además, la ha redactado como lo hace siempre, entre rodajes, en un avión a medio camino de ninguna parte. «Soy un vagabundo eterno», cuenta socarrón cuando la pastilla contra la gripe ya empieza a hacerle efecto, «y en cada lugar quiero dejar escrito un telegrama, un mensaje».

Pero por encima de todo, lo que deja embelesado al director-escritor es «la libertad de la que goza la literatura, mucho más amplia que la del cine», que está atado a la industria, asegura.

Momentáneamente liberado de la angustia de la gripe, Littin se anima. «Lo más libre sigue siendo la literatura», exclama. «La mejor película es el primer libro que uno leyó», asiente el director, porque está «lleno de misterio, de interrogantes e insinuaciones». Y este es el desafío del cine: «Alcanzar la capacidad de insinuación y misterio que tiene la literatura», señala.

Y sigue con las críticas al cine. «El autor en el cine», dice, «es una especie en extinción, por motivos industriales. Y por los mismos motivos, las películas son sólo productos de consumo». En contra de esto, Littin reivindica el «entusiasmo», una «mirada transparente, y creer que a fin de cuentas el humanismo va a vencer, aunque el espectáculo que tenemos ante los ojos no sea nada alentador». Y esa es la mirada de Torito, porque cuenta Littin que, en definitiva, «el libro resume una alegría de vivir y de gozar del vino, las mujeres y las cosas agradables y fantásticas».

El director chileno acaba de rodar Tierra de fuego, con Ornella Mutti, en Galicia. Una película que prevé montar en Barcelona y que estará en las pantallas el próximo septiembre.

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San Vicente de Tagua Tagua es tierra de leyendas vivas. En cada recodo...
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viernes, 17 de julio de 2009

Los provocadores 40 años de "El Chacal de Nahueltoro"


FUENTE: WIKÉN
El Mercurio
viernes 17 de julio de 2009




Cinta referencial del cine chileno, a esta película sobre la vida, crimen y muerte del asesino Jorge del Carmen Valenzuela Torres se la acusó de defender la delincuencia antes de ser estrenada. Y a pesar de que costó encontrar un cine que quisiera darla, batió récords de taquilla y compitió en el Festival de Berlín.

Ernesto Garrat Viñes




El actor Luis Alarcón sostiene en sus manos un souvenir poco común de su paso por el rodaje de "El chacal de Nahueltoro". Un recuerdo que lo ha acompañado 40 años y que le hace imposible olvidar que fue parte de este venerable filme del cine chileno. Luis Alarcón, quien en este clásico se lució como el juez que condena a muerte al criminal acusado del asesinato de su conviviente y sus cinco hijos, muestra un trozo de madera con una placa metálica, donde puede leerse tallado el nombre de "Jorge del Carmen Valenzuela Torres". También se lee la fecha de su muerte, cuando fue fusilado, en Chillán, el "30 de abril de 1963".

"Esta placa la talló el propio Chacal después de aprender a leer y escribir", recuerda Luis Alarcón sobre los hechos reales de la crónica roja que inspiraron la cinta escrita y dirigida por Miguel Littin en 1969, y que este año celebra cuatro décadas de vida, ungida como una de las piedras angulares del Nuevo Cine Chileno (ver recuadro).

"La plaquita me la dieron cuando estábamos filmando la película en la cárcel de Chillán, cinco años después de su muerte.Se supone que el propio preso la quería para su tumba". El actor arquea las cejas, mira el nombre del analfabeto, bruto, violento y alcoholizado hombre que tras las rejas fue re educado, porque aprendió a hacer artesanías en mimbre, guitarras, a hablar correctamente y a respetar la ley humana y de Dios (se convirtió en un ferviente católico). "No he querido poner la plaquita en su tumba porque la pueden sacar. Es una espina que llevo clavada en el corazón todos estos años, pero no quiero que la saquen los vándalos".

A cuatro décadas de su estreno en el Festival de Cine de Viña del Mar, "El chacal de Nahueltoro", con su espléndida fotografía en blanco y negro, audaz edición, la dirección tipo documental, notables interpretaciones encabezadas por Nelson Villagra como el Chacal y, lo mejor, con su trágica materia prima extraída directamente de la realidad, pasa de largo cualquier crisis de los cuarenta y se instala entre lo mejor de los 107 años del cine chileno. Una historia que tuvo sus primeros ecos en la crónica roja nacional, en 1960, cuando Jorge del Carmen Valenzuela Torres asesinó a sangre fría a su mujer y a su prole porque, bajo los efectos de la borrachera, ella lo habría tratado de flojo.

La película tiene la grandeza del libro "A sangre fría", de Capote, ese registro de una barbaridad delictiva mayor, porque nunca juzga de una manera evidente y porque es capaz de capturar con preciosos detalles no sólo la historia de un crimen con demoledora energía visual, sino también el tiempo donde ese relato está encapsulado. Esta es una tremenda película, hecha en blanco y negro en plena era del Technicolor, porque tiene la moral de los grises y no necesitaba de chillones tintes para deslumbrar. Así se ve nítidamente todo: los criminales, los gendarmes, los chilenos y, a boca de jarro, la cara de la muerte.

EL CHACAL HA MUERTO, VIVA EL CHACAL.



El director Miguel Littin se obsesionó con este caso desde la primera vez que supo de su existencia. Le llamaba la atención el personaje, claro, pero también su entorno rural, pues él conocía de cerca los códigos del campo porque creció en Palmilla. Escribió entonces primero una obra de teatro, luego un documental y después un cuento sobre este brutal crimen, antes de decidirse a hacer un filme. "Pero al final vi esto como una película", dice y menciona que la clave que alimentó su obsesión fue la realidad, estar en el lugar de los asesinatos y revisar los expedientes judiciales sobre el caso. "Y revisando los archivos me llamó la atención el lenguaje judicial, rimbombante, con un sentido narrativo sumamente llamativo. Por eso el título original de la película es larguísimo 'En cuanto a la infancia, andar, regeneración y muerte de Jorge del Carmen Valenzuela Torres, quien se hace llamar también José del Carmen Valenzuela Torres, Jorge Sandoval Espinoza, José Jorge Castillo Torres, alias El Campano, El Trucha, El Canaca, El Chacal de Nahueltoro'. Esas son expresiones que vimos en el expediente".

En 1968, el cine chileno resultaba un terreno fértil para que artistas "chascones", como Littin y compañía, hicieran cintas innovadoras, con vocación realista y con marcada conciencia social. La influencia de la Nueva Ola Francesa, más la herencia del neorrealismo italiano eran un fuerte imán para el cambio, para volcar las cámaras hacia las calles y mostrar una identidad chilena que no era la postal turística. Nada de gente linda a la que le pasaban cosas lindas. "Recuerdo que nos hicieron la guerra de varias partes, porque nos decían que la película mostraba lo peor de los chilenos", dice Littin. "Había una verdadera campaña contra nosotros. Cuando filmábamos en lugares como Chillán, la gente nos tiraba piedras y algunos diarios nos perseguían con columnas de fuerte tono". Por ejemplo, en el Diario Ilustrado se leía que este rodaje era una "apología de la delincuencia" y que "Littin estaba subvirtiendo el orden y las buenas costumbres".

Después de 40 años, el actor Nelson Villagra no olvida un particular insulto: "Nos decían que buscábamos nuestros argumentos en los 'tarros de basura'. Nosotros respondimos que no era nuestra responsabilidad si en Chile se encontraban seres humanos en los tarros de basura. Fue curiosa la campaña de varios medios periodísticos en contra del filme, porque ella se hizo antes de su estreno. Y, paradojas de la vida, esa campaña, en definitiva, se convirtió en publicidad".

De este modo, casi nadie en la opinión pública desconocía el hecho de que en el otoño de 1968 se estaba rodando esta producción, precaria, pequeña y realizada por un grupo con sensibilidades parecidas. La cabeza era Littin, quien reclutó a parte de sus compañeros de trabajo en Canal 9 de la U. de Chile. Nada de casting ni de pruebas de cámara. Recuerda Nelson Villagra: "Con Miguel yo había trabajado varias veces en la TV. El mundo agrario era común a los dos. Además, aquellos no eran tiempos de casting. La palabreja ni se conocía". Así también llegaron la gran actriz Shenda Román, Héctor Noguera y Luis Alarcón, como el despiadado juez en la película, y quien, frente a la falta de manos, se convirtió en productor ejecutivo. "Conocía a Miguel de mucho tiempo. Actuamos juntos en la película 'El ABC del amor' y, te puedo decir, él era un muy mal actor. Sin duda es un mejor director", recuerda divertido Alarcón.

También en el proyecto estaba el genio de Pedro Chaskel, compaginador; la fotografía de Héctor Ríos y el desconocido aporte de Fernando Bellet, asistente de Littin. A lo largo de los años, siempre se ha dicho que Bellet tuvo una labor crucial en la calidad de la película. "Fernando fue mi maestro", reconoce abiertamente el cineasta, el único chileno nominado dos veces al Oscar, sobre esta lumbrera que estudió cinematografía en el Institut des Hautes Etudes Cinematographiques, el famoso IDHEC. "Él me enseñó todo lo que sé de cine", recuerda el director, y Alarcón dice que esto fue una obra colectiva que juntó a los mejores especialistas del momento. "Todos hicimos de todo, de hecho, cuando me tocó a mí hacer de productor ejecutivo tuve que conseguirme a los fusileros para la escena de la pena de muerte".

EL DOBLE FUSILAMIENTO. Era un frío día de mayo de 1968 y el equipo de "El chacal de Nahueltoro" estaba en Chillán rodando el clímax de la historia: El fusilamiento. "Se me helaba la piel pero no sólo del frío", recuerda Littin. Nelson Villagra estaba caracterizando a Jorge del Carmen Valenzuela Torres en sus últimos minutos de vida y los gendarmes apuntaban con armas sin balas reales, directo a su corazón. "Yo me había conseguido a cuatro de los fusileros que habían estado en la muerte del Chacal años antes", dice Alarcón. "Uno de los cuatro me contó por qué participó en el fusilamiento del Chacal. Le daban un bono extra, días de franco y eso le venía bien porque quería casarse".

Durante la escena la tensión reinaba y Nelson Villagra le encargó a su hermamo Pedro su seguridad frente al disparo de las armas. "El actor que en el filme representa al jefe del pelotón de fusilamiento es mi hermano. A él le pedí que una vez revisadas las armas, antes de filmar el fusilamiento, no se separara de ellas ni un instante. El diablo suele meter su cola".

Finalmente sonaron las salvas en Chillán, las palomas volaron de los tejados de la cárcel y Nelson Villagra cayó "muerto". Entonces Littin no dio de la impresión y detuvo el rodaje. "Fue muy fuerte, no pude seguir", dice. Alarcón recuerda: "A Miguel siempre le ha provocado desazón filmar la muerte aunque, como dice Raúl Ruiz, empezó matando a uno en 'El chacal...' y terminó en masacre, por 'Sandino"'.

Villagra tiene otro recuerdo: "Increíble pero cierto: en Chillán se hizo sólo un simulacro de fusilamiento, porque no hubo película en la cámara". La escena se repitió en Santiago y fue el cierre de un clásico. Un ejemplo de cine que bordea la perfección y que suele ser ejemplo de "la realidad" cuando se habla de la pena de muerte en Chile. Dice Littin: "Mucha gente no distingue que esto es ficción, no es la vida real del chacal". Y ese mismo efecto ha causado desde que debutó, en noviembre de 1969 en el Festival de Cine de Viña del Mar. Su estreno comercial fue en mayo de 1970. "Tuve que rogarle al dueño de uno de los cines que estrenara la película", cuenta Littin. Y luego no podía creer lo que veía. "Vi gente agolpada y pensé que había pasado algo, no sé, un accidente, pero después me di cuenta que eran las colas para ver la película".

Con apenas ocho copias, hizo la desbordante cantidad de 220.000 espectadores, un récord, y tuvo una gran recepción de la crítica especializada. Mariano Silva señalaba hace 40 años: "tiene aciertos que nunca se habían visto en el cine nacional... roza la obra maestra". El mismo juicio compartió el crítico de Le Monde y fue seleccionada para representar a Chile en el Festival de cine de Berlín de ese año. Era una de las favoritas para llevarse el Oso de Oro, pero la polémica la persiguió de nuevo. "Hubo un escándalo cuando el jurado presidido por el director de 'Gigante', George Stevens, decidió sacar de competencia a una cinta llamada "o.k.", de un tal Michael Verhoeven", cuenta Littin. "Entonces los otros directores en competencia como Bertolucci, Fassbinder y yo, decidimos boicotear esa decisión". El jurado renunció y no hubo premios ese año.

"Cuando llegamos a Chile un profesor de teatro nos dijo que nos farreamos el premio", dice Littin. "Pero hicimos lo correcto". Y a cuarenta años del estreno de "El chacal de Nahueltoro", Luis Alarcón le da vueltas a otra vieja idea. Dice que quiere hacer lo correcto: "Deberíamos poner la placa de Jorge del Carmen Valenzuela Torres en su tumba. A ver qué me dice Miguel...".

1969, la fundación del nuevo cine chileno


Fue en el Festival de Cine de Viña del Mar de hace cuarenta años cuando "El chacal de Nahueltoro" se mostró al mundo de la mano de otras dos joyas del cine nacional: "Tres tristes tigres", de Raúl Ruiz; y "Valparaíso mi amor", de Aldo Francia. Estas películas son la triada de una nueva energía de directores que buscaron romper con un cine de cartón piedra del pasado. "Queríamos mirar la realidad y desde ahí construir algo", dice Miguel Littin y es así que su colega Raúl Ruiz usó la brillante parodia intelectual para mostrar la chilenidad en "Tres tristes tigres" y el doctor Aldo Francia, el artífice del Festival, abrazó el neorrealismo para engrandecer una pequeña tragedia en la Ciudad Puerto. 40 años después, la triada sigue con fuerza mostrando el camino correcto.

Ernesto Garrat Viñes.

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EL MERCURIO
Jueves, 18 de agosto de 2009



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viernes, 27 de marzo de 2009

El legado de tres películas cruciales y un movimiento dudoso

FUENTE: LA TERCERA
27/03/2009


Valparaíso mi amor




Tres tristes tigres




El Chacal de Nahueltoro



¿Qué queda, a 40 años del estreno de Valparaíso mi amor, Tres tristes tigres y El Chacal de Nahueltoro? Aún sorprenden y emocionan, pero no es claro que hayan definido las bases del Nuevo Cine chileno y dejado una continuidad.
por Pablo Marín



"El 69 aparecimos nosotros, los chilenos", comentaba orgulloso Miguel Littin a fines de 2005, en una conferencia para universitarios. "Ruiz, construyendo fantásticas torres de cristal en las noches inciertas de un Santiago incógnito, Aldo Francia recorriendo los cerros de una ciudad sin puerto en Valparaíso mi amor, y El Chacal de Nahueltoro, diminuto entre las grandes piedras del Río Ñuble, pisando la tierra, casi bailando una trágica cueca", agregaba.

El realizador de El Chacal de Nahueltoro recordaba el momento del cine chileno, cuando esas tres películas llegaron al VI Festival de Cine de Viña del Mar -y II Festival del Cine Nuevo Latinoamericano-, junto a la obra de unos 130 realizadores de 10 países. En Viña campeaba la idea del cine que se acomete con "una cámara en la mano y una idea en la cabeza". La muestra fue vitrina de películas esenciales, como La hora de los hornos, de los argentinos Fernando Solanas y Osvaldo Getino -"agitación y propaganda" en clave de peronismo zurdo-, y una cubana que hay que ver antes de morir: Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea.

Si, de un lado, había un nuevo cine latinoamericano, nobleza obliga, tendría que haber también un Nuevo Cine Chileno. La etiqueta no tardó en quedar bien impresa. Varias veces, antes y después, se han anunciado "nuevos cines" locales, pero la marca se asocia unívoca y automáticamente al señalado tríptico. Una suerte de "santísima trinidad".

MISERIA EN EL PUERTO
La película inaugural fue Valparaíso…, ópera prima del pediatra Aldo Francia (1923-1996), fundador del Cine-club de Viña del Mar que organizó el festival. Su filme rescata una tragedia asordinada: el protagonista es un matarife desempleado, padre de seis hijos, al que llevan a la cárcel por carnear animales ajenos. La miseria, la delincuencia, el hacinamiento, estaban en la base del filme, así como lugares entrañables de la ciudad.

Azuzado en su vocación por Ladrón de bicicletas (1948), Francia sería blanco de otra etiqueta: neorrealista. Pero como toda etiqueta, esta no decía mucho. No hablaba del dolor, la culpa, la curiosidad y la provocación que envolvió meter el dedo en la llaga del problema social y optar por un realismo crudo y a veces redentor. Por lo mismo, la cinta recibió más de un pastelazo. El día en que la mostró en el cine Velarde del puerto, un tipo en el urinario, sin mirarlo, la calificó de "cagada". Pero también hubo quienes la defendieron y no fueron pocos. Se le crea o no a su director cuando decía que Valparaíso… tuvo en el mundo 60 millones de espectadores, la inmortalidad de la película es casi una certeza.

EL ANTIHEROE
Para cuando Miguel Littin (1942) estrenó su primer largometraje, el protagonista era una figura más que recordada: el "Canaca", un afuerino que no recibió "educación de naiden", fusilado en Chillán, en abril de 1963, por la horrorosa muerte de su conviviente y de los cinco hijos de ella. Fue un caso policial de nota, sin duda, pero fue más que eso. El episodio habló de miseria, alcoholismo, brutalidad, abandono y exclusión. El proceso judicial, que terminó ejecutando a un rehabilitado, sólo hizo más paradójico el cuadro. Y más significativa la realización de una película con tamaño antihéroe.

Anclada en un realismo inquisitivo, la cinta fue también bendecida por una colusión de talentos del Cine Experimental de la U. de Chile. Porque convocó a Pedro Chaskel, el montajista chileno por antonomasia, Héctor Ríos y su fotografía urgente, la música de Sergio Ortega y la gráfica tan de su época de los hermanos Larrea. Los roles protagónicos fueron asignados a Shenda Román y Nelson Villagra. En su hora, la cinta cortó casi 215 mil boletos y fue auténtico taquillazo local.

VIA CHILENA AL REALISMO



Raúl Ruiz (1941) se asomó más oblicuamente, en su debut fílmico, a un país de rasgos poco amables. El suyo es un Santiago impreciso y etílico, capaz de mutar, cuando menos se lo piensa, en una ciudad de la furia. La película se llamó Tres tristes tigres, con Nelson Villagra (Tito), Shenda Román (Amanda) y Jaime Vadell (Rudy), y se valió de la obra teatral de Alejandro Sieveking. En dos actos que se desarrollan en un departamento, Sieveking mostraba a este trío compuesto por un descendiente de yugoslavos asimilado entre los "pitucos" (Rudy), y una pareja de hermanos de clase media empobrecida. Rudy trata de ascender en la escala social de forma algo turbia y Tito, que trabaja para él, llega a prostituir con él a su hermana. Ruiz conservó el incidente, pero amplió el teatro de operaciones.

Tras el estreno, Ruiz señaló que, de cara a los Tigres, le había parecido "fundamental realizar un cine que provoque una identificación o, mejor dicho, una autoafirmación nuestra a todos los niveles, incluso los más negativos".

Aunque el desafío de Ruiz pasó un poco de largo con el público -17 mil boletos-, generó gran disparidad y apasionamiento inéditos. "No hay cómo explicarla", señaló un comentarista en La Tercera. Yolanda Montecinos anotó que Ruiz hablaba "un idioma propio, elocuente y expresivo" y "consigue de sus actores matices y situaciones aún no logradas en nuestro medio".

Menos deshilvanada de lo que se creyó, la cinta reivindica la violencia y los sinsentidos del ser chileno: el mozo de una quinta de recreo esparciendo aserrín sobre la sangre de un acuchillado; el parroquiano entrometido en la mesa de Rudy -"Perdón, ¿molesto?"-; Tito, dando una pateadura a Rudy mientras un vecino curioso pregunta, a un metro de la situación, "¿hace rato que le están pegando?".

LO QUE QUEDA
Tres tristes tigres cierra con Tito vagando por las calles santiaguinas al compás de Cuando te encuentro, bolero sangrante cantado por Ramón Aguilera que también se escucha en Valparaíso, mi amor. En la película de Francia, adicionalmente, se usó la misma cámara que en los Tigres. Pero esta accidental colaboración es sólo eso: una coincidencia accidental. El "Nuevo Cine chileno", acotado como está a tres películas, es una etiqueta particularmente equívoca. Es más bien el producto de un momentum feliz.

Si las tres películas fueron tan emblemáticas fue porque mostraron en 1969 una producción local en alza. Sobre todo por la entrada previa del cine a las universidades, la consolidación del documental, la emergencia de la TV y el propio certamen viñamarino, donde tanto realizador local se dio cita.

Con todo, esa "versión estándar" que Ascanio Cavallo denuncia en el libro Explotados y benditos respecto del Nuevo Cine, se afirma en una constante: la veneración de esa trinidad y la tendencia a ignorar al resto.


El asunto huele a injusticia respecto de títulos como Largo viaje (1967) de Patricio Kaulen (1921-1999), apenas dos años mayor que Francia y eternamente excluido. ¿Por representar a la "vieja guardia" del celuloide? ¿Por su proximidad al gobierno de Frei Montalva? El reduccionismo también lastimó a Helvio Soto (1930-2001), jefe de Littin en Canal 9, que en 1967 estrenó la exitosa comedia romántica Lunes 1, domingo 7 y Caliche sangriento, western marxista sobre la Guerra del Pacífico, inicialmente prohibido por presuntas ofensas al Ejército. Más perjudicado fue Luis Cornejo (1924-1992), a quien más se recuerda por sus cuentos de Barrio bravo que por su película El fin del juego (1970).

Así las cosas, parte del legado del Nuevo Cine es la controversia. Y además, "el descubrimiento de la realidad nacional en tipos, ambiente y lenguaje", como reportó para Ercilla Hans Ehrmann desde el mismo festival. En términos de herencia, el asunto es menos obvio.

Francia sólo hizo un largo más (Ya no basta con rezar, 1972). Ruiz dirigió en Chile películas que pocos vieron, con la excepción de Palomita blanca (1973). Su espíritu antropológico se siguió advirtiendo en la obra de Cristián Sánchez (El zapato chino, Los deseos concebidos) y en títulos como No tan lejos de Andrómeda, Y las vacas vuelan y El pejesapo. Littin, por su parte, pasó gran parte del gobierno de Allende trabajando en La tierra prometida (1973), que no alcanzó a llegar a salas.

Pasados 40 años, se diría que la hoy premiada y prolífica producción local, con 21 películas el año pasado, vive su propio buen momento y para qué andar con nostalgias. Pero darle una oportunidad a varias o a todas las películas de esa época ayuda a marcar distancias. Se recomienda hacerlo con ánimo de sorprenderse.




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domingo, 11 de enero de 2009

Reseña a "Cultura Ferroviaria de San Fernando y sus Ramales. Pichilemu y Las Cabras-El Carmen"


FUENTE:
Revista Cultural Observatorio Regional

Revista Virtual dedicada a promover y analizar con visión crítica la cultura, las artes y el desarrollo social a nivel regional, nacional e internacional, desde la región de O'Higgins, Chile.

viernes 14 de noviembre de 2008


Por José Luís Guajardo
Profesor de Historia y Geografía

La identidad es una construcción histórica que nace de la convivencia, de alegrías y tristezas compartidas por un colectivo humano. Pero esta dimensión relacional no es una estructura rígida ni inmutable, al contrario, es dinámica y puede tanto potenciarse como hacerse desaparecer. La identidad, que no es más que un “sentimiento de pertenencia”, debe nutrirse y actualizarse a través de símbolos y prácticas, de ritos y ceremonias que le reafirmen colectivamente. El historiador cumple aquí una función relevante, precisamente porque su labor consiste en rescatar y conservar la memoria colectiva de un pueblo, así como de los elementos de continuidad histórica que permiten aventurarse en la comprensión de su presente, de valorarlo y proyectar a partir de él un futuro que se construya en conjunto. Es en este marco en el que se inscribe la obra “Cultura Ferroviaria de San Fernando y sus Ramales. Pichilemu y Las Cabras-El Carmen” del profesor e investigador Víctor León Vargas.

En el primer capítulo de su investigación nos adentramos en la llegada del ferrocarril al Valle de Colchagua y a Pichilemu[1], posteriormente se nos cuenta cómo este medio de trasporte prestó servicios “tanto a pasajeros como a carga” y cómo esta actividad ferroviaria benefició económica y socialmente a la zona hasta que se decidió sumariamente suprimirlo en 1986 para beneficiar el servicio de buses interurbanos.

En el capitulo número dos se narra la llegada del primer tren a San Fernando en 1862 y su constitución en un polo de desarrollo económico y en un espacio de sociabilidad popular. Acá tenemos un alcance, creemos que más que un estudio de las formas de “sociabilidad popular” el autor nos presenta un conjunto de historias en torno al ferrocarril. Se destacan dos intenciones en la recopilación de fuentes orales: una un tanto humorística y otra tratada por el profesor con mucho cuidado: las “casas de caramba y zamba”.

En la continuación del capítulo dos el investigador realiza una relación histórica-descriptiva de los ramales, puentes, túneles, estaciones y entorno de la actividad ferroviaria en la región. En el Capítulo tres se describen en detalle los tipos de locomotoras, coches y carros (su fabricación, año y uso).

En el último capítulo se tratan tres temas distintos. El primero de ellos es “El Proyecto Ferrocarril Trasandino Tinguiririca-San Rafael”. En aquel proyecto, finalmente fracasado, se estipulaba crear un servicio de transporte de carga y pasajeros a través de un riel Tinguiririca-Paso las Damas y que uniría las ciudades de San Rafael (ubicada en Argentina) y San Fernando y ésta, finalmente, con Pichilemu. El objetivo del proyecto era: “desarrollar y potenciar el comercio de productos agropecuarios y mineros, principalmente cobre y plata de Choicas, yacimiento ubicado en Argentina a 5 kilómetros de la frontera con Chile”[2]. Pero la idea original en 1860 del “rey del ferrocarril” Enrique Meiggs era mucho más ambiciosa, conectar esa red ferroviaria con Mendoza y Buenos Aires. En otras palabras, unir el Atlántico con el Pacífico pasando por San Fernando para llegar a Pichilemu. No obstante, finalmente, por problemas económicos y enfrentamientos de interés regional la obra se posterga hasta perderse frente al entusiasmo e influencia de Rancagua que prefiere el paso trasandino a través del Paso las Leñas, a mil metros más de altura y más costoso en su construcción que un posible y carretero ya, corredor por el Paso las Damas. El investigador concluye: “nuevamente egoísmos, ambiciones e indiferencias, postergan este proyecto que beneficiaría enormemente las provincias más deprimidas como Colchagua y Cardenal Caro, y por supuesto, a toda la Región de O`Higgins”[3].

En la segunda parte de este último capítulo titulado “Defensa y Rescate del Patrimonio de San Fernando y Ramales: Pichilemu y Las Cabras-El Carmen” (que a la sazón es prácticamente el titulo de la obra) se abordan temas que a nuestro entender son el corazón del texto. En esta sección se rememora la creación de Grupo Pro-Museo (1980) y cómo es que el señor León, determinado a convertirse en un “activo protagonista” en el rescate del patrimonio tangible e intangible de la zona, observa asombrado el retiro de los rieles y de la infraestructura del ferrocarril presumible-mente para dejar que el tiempo o la fundición hiciera presa de ellos. Motivado para impedirlo, desde la base fue construyendo redes que involucraron a estudiantes del Liceo Industrial de San Fernando, a ex ferroviarios, poetas y gestores culturales, y cuyo propósito no sólo fue empoderarse en la protección y conservación de un símbolo representativo del patrimonio histórico de la comunidad, sino que también, en constituirse en sujetos activos de su reparación, reconstrucción y promoción. Si bien no lograron impedir el retiro o deterioro de la mayor parte de la infraestructura del ferrocarril, si obtuvieron que la escéptica y pasiva Municipalidad de San Fernando hiciera una petición formal a Ferrocarriles del Estado (EFE) para solicitar una locomotora varada en el sur. Pero solo después de insistentes trámites con EFE ésta decidió –gracias a la gestión exclusiva del grupo humano formado por León Vargas– entregarle en comodato a la Municipalidad de la mentada ciudad una Locomotora tipo 57 (n°607). Problema: estaba en Temuco “estorbando”. Llegaría después de múltiples inconvenientes solucionados un año más tarde. Posteriormente el grupo del docente se abocaría en las gestiones para declarar Monumento Nacional los ramales y estaciones desde San Fernando a Pichilemu, objetivo logrado también dificultosamente y sin demasiado apoyo institucional en 1994 cuando ya los deterioros de las instalaciones y la infraestructura eran evidentes.

Imágenes de la locomotora Nº 607 en la película "Los Náufragos" de Miguel Littin en 1994.

La locomotora N° 607 no sólo fue reparada estructural (construyendo a pulso las piezas en el Liceo Industrial) y estéticamente, sino que puesta en funcionamiento. Su valía fue reconocida tanto por el documental “Tu ciudad, San Fernando” realizado por Teleduc y por su aparición en el Film “Los Náufragos” de Miguel Littin. Finalmente la locomotora también sería declarada Monumento Nacional por un Decreto Supremo en 1996: “…a solicitud de don Víctor León Vargas y Carta de la Asociación Chilena de Conservación del Patrimonio Ferroviario… Declárese Monumento Histórico la locomotora vapor tipo 57, N° 607 y su tándem, ubicada en la ciudad de San Fernando”[4].

Proyecto tren del vino.

“Año 2002. Mayo. Se inician los trabajos de restauración y rehabilitación de la locomotora 607”
Página Web Tren del Vino.
En el año 1999 el empresario Carlos Cardoen se interesa en el rescate del ramal San Fernando-Pichilemu pues piensa activar un proyecto turístico-cultural y al año siguiente se reconstruye el ramal que sólo alcanza a llegar a Peralillo lo que “genero mayor optimismo y esperanza para el sacrificado grupo de jóvenes alumnos y adultos que trabajábamos los sábado en la 607”[5], optimismo que les motivaría a dejar la máquina plenamente operativa. No obstante, la Corporación del Tren del Vino sugirió su traslado a la maestranza Chena para ponerla definitivamente en funcionamiento. Su objetivo era precisamente poner en ejecución el proyecto turístico-cultural Tren del Vino con la locomotora N° 607 pero considerando “en un plazo razonable la extensión hasta el balneario de Pichilemu, distribuyendo la utilidad económica en 50% para la recuperación del Ramal Peralillo-Pichilemu. Un 25% para la restauración del nuevo material ferroviario y otro 25% para la comercialización permanente de la Corporación Tren del Vino”[6]. En el año 2003 se inaugura la restaurada Estación Peralillo gracias al aporte del Gobierno Regional pero a la ceremonia no se invito a ningún miembro de la red social pro-patrimonio ferroviario de San Fernando. Al año siguiente la Municipalidad de San Fernando decide entregarle a la Corporación Tren del Vino en comodato la locomotora n° 607 sin condición ni reconocimientos. El señor León Vargas menciona: “Recuerdo que la Municipalidad de San Fernando en calidad de socio de la corporación Tren del Vino, tuvo presente en reuniones de Directorio a los señores alcaldes Aquiles Cornejo y después al señor José Figueroa en sus respectivos periodos”[7]. Pero la falta de finesa y consideración se ejemplificará simbólicamente en la siguiente cita: “El 14 de Abril se inaugura el Tren del Vino, con la asistencia del Presidente Sr. Ricardo Lagos Escobar. Este ilustre pasajero se subió en Placilla. En San Fernando no hubo Acto alguno ¿Y los que conseguimos, rescatamos y nos sacrificamos por años con la 607? No se invito a ninguno. El profesor solo fue invitado al Acto de la Estación Santa Cruz, donde no se menciono participación sanfernandina”[8]. De esta manera, quienes gestionaron, arrostraron y trabajaron en la restauración del patrimonio tangible de la ciudad, quienes lograron que se le declarase Patrimonio Histórico, terminaron viendo su sueño convertido en un patrimonio económico y cultural no solo exclusivo, sino que excluyente.

Pensemos en eso. El Tren del Vino excluye social y culturalmente puesto que es un negocio accesible sólo para turistas. Pero, qué queda para la zona: un tren que se escucha y se ve pasar pero que no se “siente” porque no hay experiencia vivida, no hay sociabilidad, no hay, por lo tanto, identidad social-popular. La locomotora es un patrimonio económico y turístico, pero no cultural. La N° 607 es un objeto sin valor identitario para la zona, es un “ambiente” experiencial para turistas y anticuarios que puedan darse ese lujo.

Uno de los valores del texto del profesor e investigador Víctor León Vargas, además de entregarnos datos históricos relevantes para nuestra zona, radica en la información acerca de su verdadera e importante labor en pro del rescate y conservación del patrimonio histórico-patrimonial, tangible e intangible, de nuestra región.

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[1] Aquel medio de transporte simbolizaba la modernidad y el progreso y traía aparejado una serie de transformaciones sociales y económicas, como un “acortamiento” de las distancias y del tiempo.
[2] León Vargas, Victor, “Cultura Ferroviaria de San Fernando y sus Ramales, Pichilemu y Las Cabras-El Carmen”, Editorial Geoblack, Santiago, Chile, 2008, página 111.
[3] Ibídem, página 113.
[4] Ibidem., páginas 121-122.
[5] Ibidem., página 123.
[6] Ibidem., página 124-125.
[7] Ibidem., página 130.
[8] Ibid.
NOTA: Para obtener un ejemplar de “Cultura Ferroviaria de San Fernando y sus Ramales, escribir a su autor a victorleonvargas@gmail.com
Publicado por Jorge Díaz Arroyo
Etiquetas: crítica, Jose Luís Guajardo, Pichilemu, San Fernando, Tren del Vino, Víctor León




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