jueves, 27 de octubre de 2011

Más de 50 poetas participarán en VI Encuentro Internacional Poesía Valle de Colchagua

http://www.puranoticia.cl/
Sábado 22 de octubre de 2011 a las 09:26 horas

La actividad comienza el 28 de octubre.


Foto: archivo

Más de 50 poetas procedentes de nueve países se reunirán entre el 28 de octubre y el 2 de noviembre, en el VI Encuentro Internacional de Poesía del Valle de Colchagua.

Vates de Argentina, Canadá, Croacia, Cuba, España, México, Perú, Portugal y Chile estarán presentes en Santiago, Nancagua, Santa Cruz, Lolol, Palmilla, Placilla, Chépica y otras localidades de la zona huasa.

Raúl Zurita, Omar Lara, Teresa Calderón, Alejandro Lavquén son sólo algunos de los más de 40 autores nacionales que participarán en esta edición de la cita colchagüina.

A ellos se suman invitados internacionales de la talla de los españoles Jaime Siles y Luis García Montero, además de Vinko Kalinic (Croacia), Eduardo Espina (Uruguay), Hugo Mujica (Argentina), Luis Guillermo León (México), entre otros.

El VI Encuentro Internacional de Poesía del Valle de Colchagua, iniciativa ganadora del Fondo del Libro y La Lectura 2011, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, comenzará sus actividades el 27 de octubre en el Centro Cultural Amanda, donde tendrá lugar la primera lectura poética. Por su parte, el 28 se dará inicio a la inauguración oficial en la sala Ercilla de la Biblioteca Nacional.

A partir del 29 de octubre comenzarán las actividades en el Valle de Colchagua, donde destacan lecturas en las comunas de la zona, además de actividades en colegios, centros de adultos mayores y distintas poblaciones. Para finalizar, el 2 de noviembre a las 19.30 horas en la Ceremonia de Clausura en el Teatro Municipal de Nancagua que contará con la participación especial de la pianista rusa Victoria Foust.

upi/so

---

Etiquetas: , , , , , , , , ,

domingo, 21 de agosto de 2011

Patrimonio dañado el 27-F:Recuperan casas del valle de Colchagua

www.emol.com
domingo 21 de agosto de 2011





Son reconstruidas usando adobe y tejas, para mantener arquitectura de la zona.

El terremoto del 27-F destruyó gran parte de las viviendas patrimoniales de pequeños pueblos y localidades del valle de Colchagua, como Chépica, Auquinco y Peralillo. Hoy, parte de ellas está siendo reconstruida con un proyecto del Minvu usando madera, paja, barro y tejas, los mismos elementos con que se levantaron a inicios del 1900 y que les dieron el carácter de zonas típicas o de conservación histórica.

El objetivo es recuperar la identidad patrimonial de la casa de campo, uno de los principales atractivos turísticos de la zona. Por ello, se sumaron 200 UF al subsidio tradicional, para mantener su arquitectura.

Se usaron técnicas de reforzamiento del adobe para que sean antisísmicas, y se mantuvieron los tradicionales corredores en las fachadas. Mientras en Chépica y Auquinco se trata de casas nuevas, en Peralillo se restaurarán las antiguas construcciones dañadas.

---

Etiquetas: , ,

jueves, 10 de febrero de 2011

Valle de Colchagua es catalogada como top ten mundial en rutas del vino

http://www.elrancahuaso.cl/
10 Febrero 2011

El Valle de Colchagua fue seleccionado junto a otras nueve regiones vitivinícolas, como uno de los mejores lugares para el enoturismo, de acuerdo a una selección realizada por la revista norteamericana Sherman’s Travel.

Escrito por Corresponsales El Rancahuaso


Colchagua ha ganado su reputación en base a una selecta y diversa oferta hotelera, que mezcla una destacada gastronomía local, junto a paseos en torno a las bodegas y viñedos que se extienden por más 20.000 hectáreas en toda la región.

La zona se ubica 150 kilómetros al sur de Santiago, la capital, y se ha especializado en la producción de vinos Premium de cepas tintas, como el Cabernet Sauvignon, Carménère y Syrah. Colchagua ha conseguido equilibrar el boom turístico en torno a la experiencia del vino, rescatando las tradiciones más típicas del campo chileno. Los viajeros pueden participar de las actividades clásicas de un rodeo chileno y durante la noche asistir a los eventos y entretención del moderno casino de juegos de la ciudad de Santa Cruz.

Luego de una fase de remodelación que duró seis meses, el Museo de Colchagua, con una de las colecciones históricas más importantes del país, reabrió sus puertas. Cuenta con 3.600 metros cuadrados que se despliegan en 15 diferentes salas que ilustran distintas temáticas, como fósiles, algunos de ellos de más de 300 millones de años, Arte Precolombino, Arte Colonial, Historia Republicana, automóviles, ferrocarriles y carruajes.

Fuente: Turismo Chile

Etiquetas: , , , , , , , , ,

martes, 22 de abril de 2008

Colchagua: Valle Colonial

COLCHAGUA VALLE COLONIAL

GALERÍA EMOL

La arquitectura desarrollada de la mano de los primeros españoles, se mezcla en estas fértiles tierras con otras expresiones que llegaron desde Europa durante el siglo XIX y principios del XX. Muchos de los fundos de la zona conservan estas magníficas construcciones, cuyas ambientaciones reflejan también respeto al pasado y a la tradición, sin dejar de lado la modernidad. Tres lugares de hospedaje recién inaugurados, la casona de la Viña Las Niñas y la casa de una familia santiaguina que se enraizó en el valle, dan cuenta de esto.



La familia Dauré es la tercera propietaria de esta casona de descanso construida a comienzos de siglo XX. En este sector del parque predominan palmeras, olmos y magnolios

La restauración contempló pintar lo estrictamente necesario. Hacia el exterior, las maderas de puertas y ventanas sólo se barnizaron.

Los viñateros Bernard (76) y Sabine (71) dueños del Chateau de Jau y Clos de Paulilles, (ambas francesas) y Las Niñas, se instalan cuatro meses al año en esta casona, donde compatilizan trabajo y descanso.


Esta galería no es original, pero Sabine y Bernard la conservaron para crear un espacio de estar junto a los tres dormitorios de huéspedes.
CATADORES DEL BUEN VIVIR

Siguiendo el consejo de un amigo experto en vinos, los franceses Sabine y Bernard Dauré cruzaron el Atlántico y llegaron a Chile para formar la viña Las Niñas en el valle de Apalta. Años después de construir la bodega, y a poca distancia de ella, recuperaron una antigua casona, decorándola con cuidado, sin excesos ni estridencias, para vivirla cuatro meses al año y recibir en ella, cómoda y tranquilamente, a clientes, familiares y amigos.






Los muebles de mimbre del corredor, como al igual que las pantallas de lámparas son de Chimbarongo.
Texto, Jimena Silva Cubillos Producción, Paula Fernández T. Fotografías, Sebastián Sepúlveda Vidal

Al escuchar cualquiera de las historias de viajes que han protagonizado Sabine y Bernard Dauré en lugares tan disímiles como Libia, Inglaterra o Argentina es posible entender porqué el matrimonio francés disfruta tanto sus estadas en Apalta. En esta pequeña localidad ubicada a un par de kilómetros al este de Santa Cruz, no sólo dieron con el terroir y el clima perfecto para fundar hace poco más de diez años la viña Las Niñas, sino que también, cinco años más tarde, y luego de recuperar una deteriorada casona, encontraron allí la paz que tanto buscaban. "Cada año vivimos acá cuatro meses a un ritmo muy especial; el silencio nos conmueve y nos fascinamos con cosas tan simples como el paisaje", comenta en el corredor de su casa chilena esta pareja casada hace 51 años, mientras una suave brisa acarrea desde el jardín el dulce aroma de un osmanthus.
En cuanto celebran Navidad en la Cataluña Francesa –región en la que tienen otras dos viñas– toman sus maletas y se vienen a supervisar acá los trabajos, y a pasar, entre comillas, sus vacaciones. "Los días siempre son parecidos al anterior: revisar las finanzas, ir a la bodega, leer lo más que se pueda y recibir en nuestra casa a clientes y gente relacionada con el mundo del vino, principalmente finlandeses, daneses, israelíes, belgas y, por supuesto, muchos amigos franceses. No salimos demasiado porque año a año tenemos mayor cantidad de huéspedes. Incluso hacemos más vida social de la que quisiéramos", cuenta Sabine con un dejo de resignación y en un español notable
Fue ella quien, caminando por los alrededores de la viña, descubrió esta casona, situada a casi dos kilómetros de la bodega. "Salí a pasear por el camino de tierra –hoy pavimentado– cuando descubrí la propiedad. Aunque el parque está lleno de árboles centenarios fue la buganvilia enorme la que atrapó mi atención. Enseguida me detuve en la casa, de arquitectura tan parecida a la francesa que me obsesioné con la idea de mirarla. Volví con Bernard, le dimos una propina al cuidador y él nos permitió recorrerla por completo. Fuimos muy afortunados".
Construida a comienzos del siglo XX como casa de veraneo, Sabine cree que los primeros dueños fueron los Fernández Errázuriz, quienes en 1973 la vendieron a Francisco López y su madre Domitila Cuevas. Los Dauré compraron la propiedad a fines de los noventa. "Llevaba seis años deshabitada y siempre he pensado que fue un milagro que no se quemara porque las instalaciones eléctricas se encontraban en un estado deplorable, con todos los cables a la vista", recuerda.
Para poner en marcha esta casa de 1.800 m2 distribuidos en dos niveles, fue necesario reforzar la estructura, habilitar nuevos baños y cambiar casi todo el piso de madera, que estaba podrido. Además, se rehizo su parque, una extensión de casi 7 há que se transformó en un lugar amigable y evocador. La parte del frente, donde aún destaca la hermosa buganvilia que cautivó a Sabine, conserva un carácter más bien inglés, con muchas palmeras, olmos y magnolios distribuidos con aparente naturalidad entre los recorridos. En cambio, la parte trasera tiene un aspecto más afrancesado, con plantaciones de naranjos y olivos junto al corredor perimetral, desde donde se observan los viñedos que se funden con el paisaje lejano.
- Pienso que esta casa ha guardado el espíritu con el que se construyó. A veces creo que es poco práctico tener la escalera afuera, pero decidimos dejarla ahí porque es parte de la historia de este lugar. Y aunque el maestro no entendía porqué no pintábamos toda la casa pareja en vez de dejar algunas partes sólo barnizadas, como puertas, ventanas y pilares, insistimos en ello porque según averiguamos así estuvieron originalmente. Teníamos claro que esta era una restauración y no una remodelación.
Con ese criterio en mente, y procurando crear espacios serenos, Sabine y su hija Estelle escogieron tonos crudos para las paredes, generando el marco óptimo para una decoración simple pero muy cuidada.La mayoría de los muebles los adquirieron en el galpón Brasil, entre ellos la mesa del comedor y la de la cocina, los sillones art deco que pusieron en algunos de los dormitorios y las sillas de Mies van der Rohe que se aprecian en el living. Las lámparas de sobremesa, los candelabros de pie y hasta los arrimos –todos de fierro– fueron hechos por los maestros de la bodega. "Mi hija hace los diseños y ellos, en sus momentos libres, durante el invierno, fabrican cada una de estas piezas. Son muy creativos, siempre están sorprendiéndonos con algo nuevo. Cuando llegamos este año, en enero, nos encontramos con varias mesitas de madera que se ven muy bien en los corredores, junto a los sillones de mimbre que trajimos hace un tiempo de Chimbarongo", cuenta Sabine.
- Me gusta que estos espacios sean despejados, cómodos. Eso, de verdad, es muy relajante para la mente. Aquí hemos comprado sólo lo estrictamente necesario, ni un adorno demás. Todo es muy simple, minimalista. Tú vez, las habitaciones de esta casa y sus armarios no atesoran recuerdos ni cosas de familia– sostiene Sabine, comentando que le gustaría implementar este mismo modo de vida en su casa de Francia, donde sí vive en espacios saturados de muebles y objetos. Por eso, según cuenta, cada vez que regresa a su país natal necesita al menos tres días para acostumbrarse al drástico cambio.

Jimena Silva Cubillos.

UN TROZO DE FRANCIA EN PANAMÁ

1. Cuando Álvaro Casanova regresó de Francia hizo en Panamá, Zapallar y Santiago tres castillos de similar diseño, tomando como referente los principios de la arquitectura francesa. Éste lo construyó sobre un zócalo de piedra, en la ladera de uno de los cerros de esta hacienda colchagüina.

A un par de kilómetros de Santa Cruz se encuentra esta calurosa localidad que sorprende con un fabuloso castillo asentado en la ladera de un cerro con vista a puros viñedos. Recientemente, sus dueños, Mario e Ignacio Núñez Puga lo acondicionaron como un pequeño hostal familiar, respetando su estética original.
Texto, Jimena Silva Cubillos Producción, Paula Fernández T. Fotografías, Sebastián Sepúlveda Vidal

2. Junto al acceso, y con una vista privilegiada al parque, Soledad Donoso y María Piedad Velasco armaron esta terraza con muebles de mimbre comprados en Chimbarongo. 3. La galería que conduce a la zona de servicio la ambientaron con sencillos muebles de madera.


4. Al centro de un patio interior, se ubicó esta pileta de fierro.
"La puesta en marcha del hostal no responde directamente a un afán turístico, sino más bien a un rescate patrimonial", sostiene Soledad Donoso.

1. Este torreón cilíndrico siempre ha estado vinculado al dormitorio principal. Desde allí antiguamente, y a través de mirillas donde se ponían las escopetas, se amedrentaba a los cuatreros que frecuentaban la propiedad. 2. En el salón principal conviven muebles y objetos de origen francés, colonial e inglés.



3. La galería interior es el corazón de este hostal familiar que tiene siete dormitorios, cuyas puertas funcionan sin llave.
1. Bajo el óleo que recrea una escena típica de cacería, un par de butacas originales de la casa.


2. En anticuarios y restauradores de Santiago y Buenos Aires las decoradoras consiguieron los muebles y accesorios para vestir este hostal.
3. Todos los dormitorios se equiparon con catres de bronce encontrados en anticuarios y láminas vinculadas, principalmente, a la botánica.

Cuando el pintor Álvaro Casanova Zenteno diseñó la casa patronal de la hacienda Panamá, probablemente no imaginó que terminaría convirtiéndose en un hostal familiar que a veces presta servicios a la Ruta del Vino del Valle de Colchagua. Tomando como referente la arquitectura francesa que conoció mientras estudiaba en Europa, el célebre pintor chileno construyó para su padre este pequeño castillo de 1.200 m2, entre 1896 y 1901.
En 1927 la propiedad, emplazada a 16 km de Santa Cruz, fue comprada por Alejo Núñez Carranza. Al morir, su familia destinó las seis mil hectáreas a la siembra de trigo, garbanzos y trébol subterráneo, y estableció crianza de ganado y ovinos. Varias décadas trabajaron exitosamente el fundo, construyendo casas de inquilinos, puentes, bodegas y corrales.
Tras una pausa de dos años, a fines de 1975 parte de la hacienda –400 há, incluido el castillo con son sus dos torreones y algunas ventanas ojivales– volvió a manos de su hijo Mario Núñez Casanova. Según cuenta su hijo Mario Núñez Puga, "la casa fue ocupada por un grupo de agitadores de la zona, quienes después la desmantelaron. Casi todo el mobiliario se remató antes de la ocupación –salvo un par de sitiales, un ropero, una lámpara y algunas alfombras– y el interior quedó absolutamente destruido. Cuando murió mi papá, hace un par de años, con mi hermano Ignacio decidimos recuperarla para homenajear a mi padre, pues siempre le tuvo mucho cariño a esta propiedad", explica.
Si bien el primer paso lo dio Ignacio hace 26 años, cuando se radicó en Panamá y se focalizó en explotar nuevamente el fundo –produciendo frutas, uvas, trigo y garbanzos–, sólo ahora pudieron dedicarse a la restauración de la casona. "Entonces la prioridad fue el campo; el apuro nos llevó a adaptar sólo un dormitorio, un baño y la cocina".
Afortunadamente –dice Mario– la estructura de albañilería resistió el abandono, pero tuvieron que volver a forrar los muros con adobe y sólo pudieron recuperar parte del parqué, que finalmente reinstalaron en las áreas de estar. También fue necesario reconstruir la cocina, instalar más baños, poner calefacción, mejorar el sistema eléctrico y el de agua caliente. Restauraron las puertas, ventanas, chapas y españoletas. Todo, con gran respeto por la estética original de la casona.
Siguiendo los consejos del decorador Francisco Monge, quien visitó la casa justo antes de su restauración, Ignacio y Mario empapelaron los muros, escogiendo diseños similares a los de antaño, y pintaron los cielos, las molduras y las coronaciones con los mismos colores de siempre. "Por suerte, como habíamos pasado veranos interminables acá, teníamos bastante claro cómo era la casa".
Bajo el mismo criterio, Soledad Donoso y María Piedad Velasco asumieron la tarea de ambientar el castillo. "Recorrimos los anticuarios de Santiago, y también trajimos cosas de Buenos Aires, pensando recrear la decoración con muebles de estilo lo más parecido a los originales. Muchas de las piezas del living, comedor, escritorio y galería interior son francesas, pero también hay algunas coloniales e inglesas. Los siete dormitorios, por ejemplo, los armamos con catres de bronce que mandamos restaurar, armarios y cómodas antiguas, a la usanza de la época. Todo es bien campestre, sencillo, pero muy elegante", sostiene Soledad, la mujer de Mario.
La siguiente tarea –cuentan– será recuperar definitivamente el parque, partiendo por incorporar un sistema de riego, pero ahora que el agua escasea ésta no es prioridad. Con un marcado carácter francés, este sector de la propiedad –definido por parterres de diseño curvo hechos con boj, y compuesto principalmente por variedades de palmeras, brachichitos y encinas– ha aprendido a convivir armónicamente con los viñedos que rodean el castillo y que, sin duda, simbolizan una nueva etapa de la hacienda Panamá, donde en la actualidad sólo se producen uvas para vino tinto.

Jimena Silva Cubillos.


SIEMPRE CRECIENDO

Una decoración alegre y luminosa, de carácter más bien tradicional, es la que distingue a esta casa ubicada en Placilla, junto a un campo dedicado al cultivo de manzanas, uvas de mesa y maíz. Sus cálidos ambientes interiores y los innumerables rincones que tiene su jardín son fiel reflejo del apego que sienten sus dueños por este lugar.

Texto, Jimena Silva Cubillos Producción, Paula Fernández T. Fotografías, Sebastián Sepúlveda Vidal

Aunque proviene de una familia de agricultores que siempre tuvo tierra en Melipilla, la diseñadora Isabel Brinkmann jamás pensó que terminaría viviendo en el campo, pues se sentía la más urbana de los suyos. Sin embargo se casó con un agricultor y ya lleva 26 años radicada en Placilla, casi 10 km al sur de San Fernando. Allí, desafiando la incredulidad de sus amigas santiaguinas, logró establecerse feliz, crió a sus cinco hijos en contacto con la naturaleza y encontró en el paisajismo su verdadera vocación.
- Era algo que siempre me había gustado. Lo heredé de mi mamá y de mi suegra, dos aficionadas al tema que me entregaron los primeros conocimientos, antes de hacer el curso de Paisajismo en el Club de Jardines de Chile. En este lugar he pulido la parte técnica, haciendo muchas pruebas y observando con dedicación los cambios que experimentan las plantas en cada época del año.
Apenas se pusieron de novios con Guillermo Berguecio comenzaron a construir esta casa, entonces inserta en medio de un huerto de ciruelas. "Era súper chica, muy amorosa. Todo fue bien de a poco, pero cuando comenzaron a llegar los niños tuvimos que ir agrandándola en función de las nuevas necesidades. Esta es una casa muy orgánica, con un diseño espontáneo", cuenta Isabel, quien anuncia que en cuanto puedan construirán un departamento independiente para que los cuatro hijos mayores que hoy estudian en Santiago se sientan más cómodos cuando los visiten los fines de semana.
Según dice, lo mismo pasó con el jardín, que aunque lo hizo en distintas etapas se ve bastante homogéneo porque tiene un carácter común. "Es muy de campo, romántico, florido, con un interés especial en cada temporada. Aquí planteé un diseño suelto, de gran colorido, con mucho énfasis en los lugares de vida. Con varias instancias, como el comedor de verano bajo el crespón o el rincón de la hamaca, ideal para la siesta, todo pensado para gozar plenamente el contacto con la naturaleza".
El sector contiguo a la casa, donde domina un tulipero de unos diez metros, es la parte más antigua. Un caqui y un bosquete de robles americanos, plantados hace quince años, flanquean la piscina. La zona más nueva, que consiste en un festivo recorrido de flores, la habilitó hace menos de tres años buscando vincular el acceso a la propiedad con la rosaleda y la huerta. "Memo dice que tengo afanes expansionistas porque con huincha en mano le he peleado cada metro cuadrado del campo. De a poco logré completar los 5.000 m2 del jardín", cuenta con humor Isabel.
Tanto en los dormitorios como en las áreas de estar se aprecia su interés por crear espacios acogedores y acampados. "Siempre he tratado de mantener una decoración alegre y luminosa. No me interesa vivir en ambientes modernos, porque no tienen nada que ver con este lugar. Me encanta que mi casa se vea bien campestre y que sea cálida, porque invita a descansar y a compartir en familia".
Las telas de texturas un tanto rústicas, o floreadas, así como los cojines bordados y las mullidas alfombras que ella misma realiza, están en cada uno de los espacios. Si bien ha intervenido algunos muebles para renovarlos, reconoce que es de gustos más clásicos y que le cuesta deshacerse de las cosas porque la mayoría son herencias familiares o regalos que recibieron de sus amigos cuando se casaron. Por ejemplo, la lámpara de lágrimas del comedor y el piano que está en el living, donde todos sus hijos tuvieron clases, pertenecieron a su abuela. Igual que la banca de piedra, que puso junto a un Magnolio soulangeana, y que estaba en la casa de soltera de su mamá.
- Aunque casi todos nuestros hijos están viviendo en Santiago no pensamos achicarnos porque sentimos mucho cariño por este lugar. Ellos siempre dicen que pase lo que pase esta casa no se toca ni se vende- , comenta con evidente orgullo y apego Isabel.
Jimena Silva Cubillos.

EN MARCHIGÜE: UN HOTEL DE CAMPO

A 45 minutos de Santa Cruz se encuentra la Residencia Histórica de Marchigüe, un ex convento jesuita de principios del siglo XVIII convertido en un hotel de lujo, ambientado con muebles europeos de época y seleccionadas piezas de diseño contemporáneo. Se trata de un lugar donde se respira historia, aire de campo y una buena cuota de refinamiento.

Texto, Beatriz Montero Ward Producción, Vanessa Mac–Auliffe L. Fotografías, José Luis Rissetti

Desde sus orígenes, la historia de la comuna de Marchigüe, en el valle de Colchagua, estuvo ligada a la Iglesia Católica. Es así que hacia mediados del siglo XVIII, el suroeste del estero Cadena –que divide la zona en dos–, lo conformaba la Hacienda El Reto, propiedad de la Diócesis de Cáhuil, y el norte, la Hacienda San José, en manos de la Compañía de Jesús.
Ésta última había sido legada a los jesuitas en 1750 por Manuel de Zelada, para la mantención de un colegio de la orden en San Fernando. De esa época data su enorme casona patronal, levantada entera en gruesos adobes y techos de teja chilena, que hasta la expulsión de los religiosos, en 1767, sirvió como convento. Después de esa fecha las tierras fueron rematadas por disposición del Gobernador Agustín de Jáuregui y de ahí en adelante, vendidas y subdivididas en fundos, que con el correr de los años han sido propiedad de distintas familias.





En 2003 el empresario italiano Silvio Castelli, fascinado con la tranquilidad y belleza de la zona, decidió comprar la construcción colonial, que había estado abandonada por más de dos décadas, con sus siete hectáreas de parque y alrededor de cincuenta de uso agrícola. De inmediato, con su mujer Vivien Jones, cónsul honorario de Chile en Turín, se abocó a la titánica tarea de restaurarla y acondicionarla como un agradable lugar donde vivir.
- Tenía alguna experiencia en remodelar casas antiguas en la ciudad de Lucca y en la región de Liguria, pero nunca me había encontrado con el sistema constructivo del adobe, lo que resultó una experiencia muy interesante- , explica Castelli. Con la ayuda del arquitecto italiano Sergio Borgonovo y del chileno Marcelo Montenegro realizó los planos de planta y con maestros especializados recuperó muros, rehizo por completo los techos y despejó y ordenó el parque con viejos eucaliptos, palmas y añosas especies.
Ya con más conocimientos sobre el valle de Colchagua y su potencial turístico, y varias amistades en la zona, Silvio y Vivien se preguntaron por qué no convertir la casona colonial en un pequeño hotel de lujo, de tipo familiar, ambientado a su gusto. Así surge Residencial Histórica de Marchigüe y los mil doscientos metros cuadrados originales de construcción se convirtieron en cuatro mil cuatrocientos, que siguen la estructura colonial de patios y mantienen la misma materialidad utilizada en 1700, pero con todo el confort que da la modernidad.
Todos los muros de las habitaciones y lugares de uso común fueron pintados por el artista de origen ruso Artiom Mamlai y las pátinas de algunos marcos de vanos interiores, realizadas por Silvio Alegretti. Este interesante trabajo generó una atmósfera propicia para una singular propuesta de decoración, ejecutada por Vivien, en la que se mezclan piezas clásicas europeas con otras rústicas o de alto diseño.
La mayoría de los muebles con que se ambientaron los recintos, como living y comedor, era de la casa de Silvio en la Toscana y los diversos artículos de corte contemporáneo, muchos de ellos creaciones de Philippe Starck, de la firma Kartell.
La biblioteca, por su parte, fue traída por Castelli. Se trata de un notable conjunto de estanterías, mesas y lámpara, hecho en madera por Mario Ceroli, importante artista conceptual italiano. Un mobiliario que contrasta bien con el sofá inglés y con un par de sillas campesinas.
Los dormitorios son todos distintos. En ellos la calidez está dada a través del suave colorido de las telas con que se tapizaron los respaldos de cama y butacas. "La idea fue armar espacios armónicos, con lo justo y lo necesario, pero siempre con algún detalle que marque la diferencia", explica Castelli. Ellos, en general, están dados por alguna pieza de mobiliario antigua, por un arreglo de flores o por la presencia de una buena chimenea.
Pero Residencial Histórica de Marchigüe (info@residenciahistorica.com) ofrece a sus huéspedes algo más que alojar en una casona colonial, puesta con refinamiento y buen gusto. Porque este lugar cuenta con un hermoso parque para hacer caminatas, caballos para cabalgatas y una sala de juegos bien implementada. Además, tiene una pequeña tienda en la que se pueden encontrar vinos y artesanías finas de la zona.
En materia gastronómica, este lugar cuenta con un enorme patio de naranjos donde se pueden hacer asados, además de una carta con interesantes propuestas de comida italiana, peruana y, por supuesto, chilena.

Beatriz Montero Ward.


EN COMUNIÓN CON LAS RAÍCES

Inspirándose en la cultura mapuche, y con un claro respeto por las tradiciones y el paisaje local, el empresario Carlos Cardoen levantó esta ruca para nutrir el novedoso proyecto turístico y cultural que hace años está implementado en la viña Santa Cruz. Ésta es la primera de las construcciones que darán vida a una aldea hotelera.

Texto, Jimena Silva Cubillos. Producción, Paula Fernández Y.

Fotografías Sebastián Sepúlveda Vidal

El año 2003 Carlos Cardoen edificó una bodega de vinos de estilo colonial, en la ladera de uno de los cerros de esta propiedad de mil hectáreas, situada en Lolol. Tiempo después construyó el Centro Gastronómico Lolol, canalizando su interés por rescatar las tradiciones culinarias del valle de Colchagua, y hace un par de años puso en marcha un teleférico que une la bodega con una aldea indígena que agrupa reproducciones de casas de tres etnias chilenas: la mapuche, la aimara y la rapa nui. Con el Observatorio Astronómico Cerro Chamán, compuesto por cinco telescopios, el empresario remató ese sector.
Pero Cardoen no deja de sorprender, y ahora, en la colina más alta del extenso fundo El Peral y cobijada por abundante vegetación nativa –quillayes, peumos, maitenes, y pataguas– levantó esta ruca de inspiración mapuche, ideada como hospedaje, para complementar la nutrida propuesta de esta viña. "Seguimos avanzando en el objetivo de generar nuevas atracciones basadas en un turismo absolutamente temático relacionado con nuestra cultura y raíces", sostiene el empresario.
La nueva construcción, hecha con la asesoría del arquitecto Cristián Meneses, cuenta con tres dormitorios en suite y una terraza, y corresponde al prototipo de ruca que replicarán hasta completar una aldea con cuarenta piezas, asociada a un spa inserto en la naturaleza, todo planteado como un gran anfiteatro con privilegiadas vistas a las 220 há de viñedos.
Según explica el empresario, "no sólo vamos a ofrecer lo que normalmente se entrega en un spa, como las terapias y tratamientos; también queremos que nuestros visitantes tengan la oportunidad de contactarse con un medio ambiente muy rico y dinámico, y convivr con una amplia gama de aves chilenas, zorros salvajes, y vegetación de más de doscientos años. Hemos modificado lo menos posible el hábitat de estas especies, preocupándonos incluso de reforestar con árboles autóctonos como quillayes, peumos, maitenes y palmas chilenas".
Pensado en los sismos, para levantar la ruca se optó por una estructura de hormigón armado, pero se revistió íntegramente con piedras, maderas rústicas, barro y totora, materiales que se mimetizan con el paisaje. A la hora de decorarla, Carlos Cardoen y su mujer, Pilar Jorquera, privilegiaron los elementos de origen natural. La mayoría de los muebles de madera los mandaron a hacer a una mueblería de la zona, otros los trajeron de Cusco, y en Chimbarongo compraron las butacas de mimbre. La lana de las pieseras mapuches y de las alfombras atacameñas, además de los cueros y las pieles de cabrito de angora que se usaron para forrar los respaldos de las camas acentúan la calidez de los ambientes.
Con el propósito de generar espacios muy acogedores y cómodos, compatibles con las exigencias del turismo actual, pusieron especial atención a los detalles, equipando la ruca con una tina para hidromasajes, televisores de pantalla plana, calefacción por losa radiante y piedra pizarra en los pisos.
Jimena Silva Cubillos.

Etiquetas:

miércoles, 9 de mayo de 2007

Valle de Colchagua








UNA TIERRA CON TRADICIÓN



PLANO VALLE DE COLCHAGUA

Colchagua en lengua indígena, significa Valle de pequeñas lagunas, fue tierra de aguerridas tribus mapuches y luego llegó a convertirse en el límite Sur del Imperio Inca. Las primeras obras de regadío prehispánicas, fueron construidas por éstos, introduciendo de esta manera la agricultura al Valle de Colchagua.Junto con la colonización, en el siglo XVII, se crean las haciendas en el Valle de Colchagua, que correspondían a grandes extensiones de tierra, que el Rey de España entregaba a sus más distinguidos oficiales, siendo las tierras de Colchagua las más codiciadas, por su clima y suelo, ideales para la agricultura y ganadería.Luego de que Chile iniciara su proceso de independencia de España en 1810, las familias más tradicionales del país, adquieren tierras en este Valle, creando las grandes haciendas tal como se conocieron en los siglos XVIII y XIX, y construyendo maravillosas mansiones, muchas de las cuales se conservan hasta hoy.
Este Valle ha tenido desde siempre una vocación netamente agrícola. El maravilloso clima con que cuenta, el uso de tecnología de vanguardia, y la incansable creatividad del hombre, han permitido a la industria vitivinícola un impresionante desarrollo, con la producción de vinos que han alcanzado los mejores estándares mundiales. Ligado a esto, estas mismas empresas, y otras de la zona, han iniciado en los últimos años el explosivo desarrollo de productos turístico-culturales de alta calidad, ligados al mundo del vino y la cultura.
Hitos relevantes son la creación del Museo de Colchagua (museo histórico único en su tipo), de la primera y más organizada Ruta del Vino creada en Chile (Ruta del Vino del Valle de Colchagua), el inicio en el 2004 de los viajes del
Tren del Vino (con antiguos carros y locomotora a vapor, para románticos), y la construcción de hermosos hoteles temáticos que han permitido el nacimiento y crecimiento de un turismo del más alto nivel.
En la actualidad, el Valle de Colchagua, es la zona líder en la producción de vinos finos en Chile, la con mayor proyección internacional, y un destino turístico y de negocios de gran atractivo. CHILE Y EL VALLE DE COLCHAGUA
Chile es una larga y angosta faja de tierra ubicada al sur del continente americano.De norte a sur posee alrededor de 4.300 kilómetros de largo, que contrastan con los solo 200 kilómetros de ancho en promedio. Posee una inmensa diversidad de climas y suelos, desde el desierto de Atacama, el más seco del mundo, hasta la antártica. Hacia el este, la inmensa cordillera de los Andes, y al oeste, el Océano Pacífico. Fronteras naturales que lo hacen un lugar único.
Está dividido en doce regiones de norte a sur, y una treceava región conocida como la Región Metropolitana, donde se localiza la capital, Santiago, en el centro del país.Las regiones del vino se encuentran entre la Cuarta y Novena regiones, incluyendo la Región Metropolitana que se encuentra entre las regiones Quinta y Sexta, en el centro del país.
El Valle de Colchagua se encuentra ubicado en la Sexta región, en el centro de Chile, y es pionero en la promoción de la denominación de origen y el primero en crear su propia “Ruta del Vino”. Situado en la cuna de nuestras tradiciones, el Valle de Colchagua es reconocido por la producción de vinos premium y ha sido el Valle más premiado en competencias internacionales los últimos años.
En términos generales, el Valle de Colchagua tiene un sector pre-cordillerano con influencias de Los Andes, un sector central o planicie, y un sector costero con predominantes influencias de Océano Pacífico.


VIÑA CASA SILVA


Pioneros en la plantación de Viñedos finos en el Valle de Colchagua, con plantaciones que datan de 1912. Don Emilio Bouchon, primera Generación de la familia llegó desde Burdeos, Francia, a fines del siglo 19, en 1892. Se inicia la construcción de la que es hoy nuestra bodega, la más antigua y tradicional del Valle de Colchagua. Se producen excelentes uvas y vinos que se venden a granel a otras empresas exportadoras. La segunda y tercera generación dejan huellas imborrables en la historia de la Viña, Don Abel Bouchon, y su yerno, don Jorge Silva, casado con la Sra. Maruja Bouchon. Con el correr de los años, los Viñedos y Bodega de la Viña son separados en diferentes ramas de la familia, y parte de ellos vendidos.
Es en 1977 cuando Don Mario Silva Cifuentes, casado con Doña María Teresa Silva Bouchon, cuarta generación de la familia, compra y recupera gran parte de la antigua bodega y viñedos y decide adentrarse en la pasión de su vida, la tierra y el vino. Realiza nuevas plantaciones y comienza a producir vino a granel para vender a otras empresas exportadoras, siendo reconocido como un hombre innovador y visionario que recuperó gran parte de la tradición familiar.
A principios de 1997, su hijo mayor, Mario Pablo, le propone transformar el negocio de venta de vinos a granel en una empresa embotelladora y exportadora de vinos finos con marca propia, creando Casa Silva. Mario Silva acepta y comienza la gran transformación y un gran desafío, que fue darle una identidad única y propia a los grandes vinos producidos por la familia. Al corto tiempo, se unen a este proyecto sus hermanos, Francisco y Gonzalo. Se forma un gran equipo familiar, haciendo de Viña Casa Silva una de las principales productoras de Vinos Premium de Chile, obteniendo reconocimientos a nivel nacional e internacional, que la hacen una de las Viñas más premiadas de Chile los últimos años.

VINO, RODEO Y POLO

Casa Silva, amor por la Tierra

El 100% de los vinos producidos por la Viña Casa Silva provienen del Valle de Colchagua. La pasión y el amor de la familia Silva por la tierra y el vino, su preocupación por los detalles, y su compromiso con las generaciones futuras, es parte de su estilo, y le otorga un sello único, personal y particular a cada vino. Su conocimiento y trabajo de la tierra les permite separar las uvas previamente y durante la cosecha, sabiendo a la perfección el origen de cada vino, el fundo y la parcela dentro del fundo de donde se obtuvieron. Esto les permite crear vinos complejos, donde la suma de cuerpo, color, taninos suaves y fruta, se conjugan para entregar, por sobre todo, elegancia, larga persistencia y una tipicidad única, que representan las características del terroir.

Esto es algo que va más allá de una simple actividad, es una vida, es nuestro destino.
El Rodeo
El Rodeo Chileno es el deporte nacional. El Huaso el personaje más tradicional de Chile. El Valle de Colchagua, corazón de las tradiciones y el Huaso Chileno. En la medialuna de la Viña se pueden pasar los más gratos momentos. Amigos, vida al aire libre, tradición. La Viña cuenta con su propio equipo, llamado Corral Doña Dominga, que participa a nivel nacional con excelentes resultados. Es una tradición, es un estilo de vida..
El Polo
Al igual que el rodeo, el Polo es parte de un estilo de vida, es parte del amor de la familia por los caballos. La Viña cuenta con una cancha de Polo, donde frecuentemente se organizan partidos y se practica este deporte entre amigos.

Plano de ubicación Bodegas Viña Casa Silva
Lolol, la Sobrecogedora Costa Chilena.

Quienes visitan esta lejana tierra de la costa Colchagüina, sienten normalmente algo sobrecogedor. A sólo 15 kilómetros en línea recta del Océano Pacífico, en pocas partes de Chile, quizás sólo en el desierto, puede observarse el cielo y las estrellas con tanta claridad. Tierra virgen de la costa, tierra del secano costero y corazón de las tradiciones más típicas del huaso chileno.
Clima
El clima predominante en la zona es templado cálido, con una estación seca prolongada de 6 a 8 meses. Las temperaturas medias en los meses de verano fluctúan entre los 30 y los 9 grados. Posee influencia marítima, aunque no es un clima frío. Predominan vientos del sur-suroeste por el relieve, lo que hace que la oscilación térmica sea sobre 20º. Esto favorece la acumulación de azucares en las uvas. Las precipitaciones en promedio bordean los 550 mm por año, debido al efecto de la camanchaca. Posee además una atmósfera muy luminosa.
Suelos
Los suelos de Lolol son de origen granítico y corresponden a los primeros cordones de la Cordillera de la Costa. Son relieves bajos de características colinares, formados por antiguos procesos de meteorización de rocas. Presenta arcillas rojas muy antiguas y abundante grava de cuarzo en superficie. Su textura es franca a franco-arcillosa. Su contenido de materia orgánica es bajo. De muy baja fertilidad y profundidad media. Su pendiente es variable, alcanzando en sectores de laderas de cerros hasta un 30 por ciento.VariedadesUna mención especial es para la excelente calidad de los vinos de la variedad Shiraz. En blancos, ha sorprendido el Viognier, que siendo una cepa recientemente introducida a Chile, parece haber encontrado su hábitat en el Valle de Colchagua y muy especialmente en la zona de Lolol. Al igual que en los otros fundos poseemos en Lolol un jardín con diferentes variedades, que son parte de nuestra permanente investigación para descubrir el mejor lugar para plantar cada variedad. Otras variedades cultivadas son Chardonnay, Sauvignon Blanc y Gris, Malbec, Cabernet Franc, Gewurstraminer. Merlot y Carmenere.

Los Lingues, con la Fuerza de la Cordillera.


Fundo ubicado en el limite norte del Valle, a los pies de la Cordillera de Los Andes. El viñedo se encuentra en una abertura entre dos cordones montañosos. Un lugar único, mágico y diferente, que destaca por la excelente calidad de las uvas provenientes de la cepa emblemática Chilena, el Carmenere, al igual que Cabernet Sauvignon y Petit Verdot.
Clima
Los Lingues posee condiciones climáticas propias, que lo transforman en un pequeño sub-valle con un microclima especial. Clima de tipo mediterráneo templado-cálido. La influencia de la Cordillera de Los Andes se hace sentir por el descenso de aire frío que hace bajar la temperatura nocturna y lleva la oscilación térmica a los 20 grados. En la estación seca las temperaturas medias van de los 30 a los 10 grados. La abertura entre los dos cordones montañosos, es la causa, por un lado, de los vientos que permiten una homogeneización de la temperatura a nivel del racimo, y por otro lado de que las precipitaciones sean menores respecto al resto del valle. Los vinos que se obtienen son vinos excepcionales, de gran cuerpo y color, y con una dulzura y suavidad de taninos única.
Suelo
Su suelo es de origen aluvio-coluvial con formación de terrazas muy antiguas. Su profundidad es media a alta. Corresponde a la serie de suelos Miravalle. Contenido de materia orgánica bajo y fertilidad media a baja. Poseen un primer perfil que varía de textura franco a franco-arcillo-limoso, con presencia de migajas y piedras angulares en superficie y en aumento en profundidad, lo cual favorece un buen drenaje. Presenta variaciones propias de la topografía de los faldeos de la Cordillera de Los AndesVariedadesLas principales variades plantadas en Los Lingues son Carmenere y Cabernet Sauvignon, obteniéndose vinos de excelente calidad y con características propias. Además, la cepa Petit Verdot , plantada en una pequeña proporción, entrega vinos de muy buena calidad.En los Lingues la Viña ha desarrollado un jardín de variedades, con el objeto de experimentar y obtener resultados referente al comportamiento de nuevas cepas en ese sector entre ellas , Shiraz , Sangiovesse, Viognier, Petit Verdot, Pinot Noir, Merlot y Malbec.


Angostura, Lugar de Antepasados y Tradiciones.

Ubicado en un sector angosto entre la cordillera de la costa y la cordillera de los Andes, cercano a San Fernando, se le denomina Angostura por la cercanía existente entre los primeros cordones montañosos de ambas cordilleras. En él poseemos viñedos originales que datan de 1912 y nuestra centenaria bodega la más antigua y tradicional de las Viñas de Colchagua.
Clima.
En Angostura existe un clima templado de tipo mediterráneo cálido, con estación seca prolongada. Los veranos son cálidos y secos, y los inviernos, fríos y lluviosos. Las temperaturas medias , en los meses de verano, varían entre los 27 y 12 grados, lo que nos da una oscilación promedio de 15 grados. Las precipitaciones promedio son de 700 mm.
Suelo.
En su mayoría presenta suelos de textura franco-arenosa fina, que descansan sobre un substrato aluvial antiguo constituido por bolones, gravas y piedras redondeadas. Son de profundidad media a alta. Presentan buen drenaje. Contenido de materia orgánica medio-bajo.A los pies del cordón montañoso de la cordillera de la costa existen dos sectores diferentes, uno con mayor presencia de arcilla y mayor fertilidad , profundo, y otro sector , en las orillas del río Antivero, que son suelos arenosos , pedregosos y de escasa fertilidad. Variedades Merlot, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Sauvignon Gris destacan como las variedades que han encontrado su lugar en Angostura. Especial mención a este último, donde en 1998 lo re descubrimos junto a un trabajo con la Universidad Católica y fuimos los únicos en embotellarlo bajo la denominación Sauvignon Gris. Las plantaciones datan de 1912. Existen también plantaciones de Cabernet Sauvignon, Malbec, Carmenere y Semillón.
http://www.casasilva.cl/

VALLE DE COLCHAGUA

Colchagua Tierra Premium (24/08/2004).
El valle de Colchagua, una de las zonas del país más prestigiadas en producción de vinos finos de exportación y líder en la actividad turística asociada, está lejos de dormirse en los laureles.
Persiguiendo la excelencia, ahora emprende su proyecto más ambicioso: “Colchagua, Tierra Premium”. Se trata de un Programa Territorial Integrado (PTI) de CORFO, que impulsará y coordinará el accionar de los distintos actores involucrados, tanto privados como públicos, para conseguir que el valle de Colchagua sea reconocido en Chile y en el exterior como una zona productora de vinos finos de alta calidad, elaborados en un espacio rural en donde conviven, se amalgaman y potencian el entorno natural, sus tradiciones culturales y sus propuestas productivas. Ligada a esta condición, se busca distinguir en la zona una oferta de servicios turísticos asimilada a estándares internacionales.Para cumplir este objetivo, el programa considera el trabajo en torno a cinco ejes estratégicos: desarrollo de la industria vitivinícola, medio ambiente y calidad, tecnología, capacitación y empresarización, y turismo enológico. A estos ejes se suman tres actividades transversales, una referida a la obtención de información que permita establecer una línea base para la posterior evaluación de los resultados del programa; otra de promoción de las acciones del PTI y una última relativa a la atracción de inversiones vitivinícolas en el valle.Para la realización de las tareas proyectadas se contempla una inversión total de 1.160 millones de pesos para el período 2004-2005. De esta cifra, 752 millones (64%) serán colocados por Corfo, tanto a través del mismo programa como de sus instrumentos regulares de apoyo a la innovación tecnológica, gestión de calidad, asociatividad y otros. El aporte de otras instituciones –como municipios, Conama, universidades– se calcula en 180 millones de pesos adicionales, en tanto que las empresas participantes contribuirán con alrededor de 228 millones de pesos en el mencionado lapso, por intermedio de su participación en los diferentes instrumentos mencionados.
El programa “Colchagua, Tierra Premium” cuenta con un comité asesor integrado por Alfredo Vidaurre, de Viña Montes; Thomas Wilkins, de Viñas de Colchagua; Darío Polloni, de Viña Cantera; Alejandro Hartwig, de Viña Laura Hartwig; Andrés Mujica, de Hacienda Lolol; Mario Pablo Silva, de Viña Casa Silva; Mario Geisse, de Viña Casa Silva, y Carlos Cardoen, de la Fundación Cardoen.Como se sabe, entre las principales viñas del valle de Colchagua se encuentran Bisquertt, Casa Lapostolle, Casa Silva, Cono Sur, Estampa, Jacques & Francois Lurton, Laura Hartwig, Los Vascos, Luis Felipe Edwards, Montes, Montgras, Siegel-El Crucero, Viñedos Orgánicos Emiliana (VOE) y Viu Manent. Además de sus logros como productores y exportadores de vinos finos –el valle de Colchagua fue nominado como una de las mejores regiones vitivinícolas del mundo por la revista “Wine Enthusiast Magazine” en 2003–, constituyen un grupo pionero en turismo enológico, al haber conformado la primera Ruta del Vino, en 1996, con apoyo de Corfo. Hoy el circuito es uno de los más consolidados del país, habiendo agregado atractivos y facilidades como museos, el Tren del Vino y un hotel en la localidad de Santa Cruz.
El programa “Colchagua, Tierra Premium” fue lanzado oficialmente en la viña Casa Silva. En la presentación tomaron parte el intendente de la Región de O’Higgins, Carlos Bravo; el gerente Corporativo de CORFO, Roberto de Groote, y el director regional de la entidad, Carlos Muñoz, junto al gerente general de viña Casa Silva, Mario Pablo Silva, en representación del comité asesor del Programa Territorial Integrado.El evento convocó a todos los productores de la zona de Colchagua, autoridades públicas y privadas, así como investigadores y académicos ligados a la producción vitivinícola.Actividades.
De los cinco ejes estratégicos que considera el programa “Colchagua, Tierra Premium” se desprende una serie de objetivos y actividades por realizar durante los próximos cinco años que tomará su ejecución. Así, el desarrollo de la industria vitivinícola tiene entre sus principales componentes la ordenación territorial, que se abordará fundamentalmente con los municipios pertenecientes al valle; la aptitud vitivinícola, que se espera definir con precisión (el llamado “terroir”) a través de estudios específicos de clima, suelo, material vegetal y otros; y los registros vitivinícolas, a fin de contar con un sistema de información automatizado y actualizado permanentemente, en colaboración con el SAG de las estadísticas sobre dotación de plantaciones y existencia de bodegas.El medio ambiente es otro eje estratégico del programa, toda vez que la dimensión ambiental se ha transformado en un creciente elemento de competitividad. El propósito es que vitivinicultura del valle de Colchagua avance en la implementación y certificación de Sistemas de Gestión Ambiental (SGA) y de Sistemas de Gestión Integrados (SGI) que, además del cuidado y respeto del medio ambiente, abarquen aspectos como inocuidad de alimentos y seguridad laboral, que tengan reconocimiento en los destinos comerciales del producto.La tecnología, considerada la vía para lograr la calidad del producto que demandan los consumidores más exigentes, se abordará mediante la creación, el próximo año, de un Centro de Gestión Tecnológica en conjunto con la Universidad de Talca, con sede en Colchagua, así como de Grupos de Transferencia Tecnológica (GTT) vitícolas en conjunto con INIA.La capacitación y formación empresarial constituye también un eje estratégico del programa, en la medida que los diagnósticos han arrojado carencias en estos ámbitos, especialmente en lo referido a manejo de recursos humanos. La idea es llegar a contar con un grupo importante de empresarios del valle de Colchagua capacitados en gestión de empresas productivas y disponer de trabajadores calificados en las actividades de producción vitivinícola.Por último, en materia de turismo enológico, el objetivo es desarrollar una actividad que entregue productos y servicios de calidad, mediante la inversión y la promoción, a objeto de superar las deficiencias que aún persisten, pese al buen posicionamiento que ha logrado el Valle de Colchagua en esta materia.


VIÑA LOS VASCOS

Traída por los conquistadores españoles durante el siglo XVI, la vid se instala en el norte de Chile.La producción crece rápidamente y pronto el país se encuentra exportando al Perú en abierta competencia con los vinos de España. La familia Echenique, de origen vasco, planta las primeras vides en el valle de Colchagua hacia el año 1750. Ya en el siglo XIX, los Echenique participan de la dinámica expansiva producto de la iniciativa de unos cuantos pioneros que se inspiran en el modelo francés.A partir de 1850, Miguel Echenique Tagle, y luego su hijo Gabriel, plantan las primeras cepas francesas en el valle de Cañetén. La producción chilena se acelera bruscamente cuando la phylloxera asola los viñedos europeos, razón por la cual, la superficie plantada en Chile crece de 9.000 ha en 1870 a 40.000 en 1900. Las primeras exportaciones de vino hacia Europa tienen lugar en 1877.A partir de 1947, Fernando Echenique Zegers organiza y racionaliza la producción en Peralillo; se limpian los terrenos, se crean sistemas de abastecimiento y almacenamiento de agua, se construyen cavas y aparecen los estanques de cemento. Se procede a embotellar los vinos llamados ‘Cañetenes’, los cuales poco a poco van ganando presencia.El viñedo ya cuenta con cerca de 350 ha. Sin embargo, este impulso es detenido por la reforma agraria iniciada en 1970 y que desemboca en la expropiación de los grandes latifundistas. A mediados de los años 70, la familia Eyzaguirre-Echenique retoma las riendas de la propiedad y lleva a cabo la reunificación de la plantación mediante la recompra de los terrenos expropiados. Se realizan nuevas plantaciones y se construye un nuevo sistema subterráneo de abastecimiento de agua. En 1981, la propiedad adopta el nombre de Los Vascos, como tributo a los orígenes de sus iniciadores. La propiedad reconstituida abarca 2.200 ha con 220 ha de viñedos en el año 1988, momento en que la familia Eyzaguirre-Echenique entrega el mando a Domaines Barons de Rothschild (Lafite). La ambición pionera de DBR en Chile consiste antes que nada en un estudio profundo de los potenciales de los vinos locales. Se realizan visitas a numerosas propiedades y se prueba gran cantidad de vinos antes de elegir a Los Vascos por su ubicación cerca del océano y por la naturaleza de sus suelos. Las condiciones climáticas proporcionan un notable estado sanitario natural que se combina con un terroir privilegiado en cuanto a las condiciones de sol, recursos de agua, suelos semiáridos y escaso riesgo de heladas. A 130 metros de altitud y a unos 40 Km. del Océano Pacífico, el micro clima de Viña Los Vascos ofrece una combinación excepcional de factores para la elaboración de grandes vinos. Este nuevo impulso pronto se traduce en importantes inversiones realizadas bajo la supervisión de Gilbert Rokvam, Director Técnico de Château Lafite Rothschild entre 1983 y 1994.Se reestructura el viñedo existente y se instituye un nuevo programa de plantaciones. Se realizan estudios para asegurar los recursos hídricos y se instala una estación meteorológica en el viñedo. Se amplía y moderniza la bodega en varias etapas como respuesta a las nuevas necesidades de vinificación y guarda (cubas de acero inoxidable, prensas neumáticas, bodega para almacenar barricas).Los trabajos en el viñedo y la bodega son revisados bajo una perspectiva netamente enfocada a la calidad, y se designa una nueva administración bajo la dirección de Claudio Naranjo. Hoy en día, Los Vascos dispone de un viñedo de 580 ha localizado en el corazón de una hacienda de 3.600 ha. Constituido por un solo paño, este viñedo es uno de los más importantes del país. Poco a poco, la renovación se ve reflejada en los vinos, y la madurez del viñedo permite ampliar la gama con Los Vascos Grande Réserve y Le Dix de Los Vascos.Las últimas cosechas han traído la satisfacción de vinos notables por su concentración y fineza. Finalmente, con la construcción de una casa de huéspedes siguiendo la tradición arquitectónica chilena, la propiedad dio por concluida su nueva configuración.

LOS DOMINIOS DE ROTHSCHILD EN LATINOAMERICA

En esa dinámica, la Bodega Los Vascos fue adquirida en 1988 por el sello francés Domaines Barons Rothschild (Lafite), reconocido por sus distinguidas bodegas en Francia, Portugal, Estados Unidos y Argentina.El Chateau Los Vascos está situado a doscientos kilómetros al suroeste de Santiago de Chile, en el Valle de Cañeten cerca del pueblo de Peralillo en la Provincia de Colchagua, cuyas tierras están bordeadas por la Cordillera de la Costa a sólo 40 kilómetros del Océano Pacífico, por lo cual sobresalen sus ideales condiciones para la producción de vinos de primer nivel.Este terruño se remonta a 1750 cuando la familia Echenique, proveniente del País Vasco, plantó las vides pioneras. En 1850 sembraron las primeras cepas francesas y en el año 1877 comenzaron a exportar a Europa. Pero no es hasta 1947, que el descendiente de los primeros propietarios, Fernando Echenique Zegers, amplia y moderniza los viñedos y comenzó a embotellar vinos que para ese entonces los llamaron “Cañetenes”. En 1981 es cuando finalmente se adopta el nombre de “Los Vascos”, en honor al origen de sus fundadores.La grandiosa casona del Barón de Rothschild, rodeada de una propiedad de 4000 hectáreas, de las cuales 600 están sembradas con variedades Cabernet Sauvignon, Malbec, Syrah, Carmenere, Sauvignon Blanc y Chardonnay, nos acogió estupendamente por dos días para conocer la magia de sus terruños y probar sus refinados vinos, casados con una fina gastronomía regional con fusión mediterránea.
VIÑA BISQUERTT




Por generaciones, el “terroir” del Valle de Colchagua ha producido sus frutos bajo el ojo atento y el cuidado de la familia Bisquertt. Los consumidores exigentes de todo el mundo reconocen los vinos Bisquertt por su refinado estilo superior.Los primeros viñedos fueron plantados por la familia hace 100 años. Desde 1975 hasta la fecha las plantaciones de Cabernet Sauvignon, Merlot, Carmenére, Sauvignon Blanc, Semillon, Malbec, Syrah, y otras como Pinot Noir, Petit Verdot, Viognier y Gewurztraminer conforman hasta hoy las 1.000 hectáreas de Bisquertt.Con la más sofisticada tecnología, la bodega de Viña Bisquertt procesa actualmente hasta 15 millones de litros, los cuales son exportados a los más exigentes mercados del mundo.Dirección: Lihueimo s/n, Km. 55, Carretera del Vino.
WEB
www.bisquertt.cl

MONTGRAS

MontGras da la bienvenida a todo visitante interesado en aprender más sobre sus vinos y disfrutar del precioso y único Valle de Colchagua.A sólo 2 horas de Santiago, el viaje definitivamente valdrá la pena y sin duda será uno de los recuerdos memorables de su estadía en Colchagua, Chile.La revista Travel & Leisure destacó la región como uno de los "100 destinos turísticos más destacados para el siglo XXI".

Etiquetas: , , , , ,