sábado, 14 de febrero de 2009

Capillas del fundo

FUENTE: V/D EL MERCURIO
sábado 14 de febrero de 2009

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Tesoros de fe rural

Son dueñas de una austeridad que conmueve y testimonios de una época que marcó al país. Estas centenarias construcciones de adobe y madera nacieron al alero de casas patronales para satisfacer las necesidades espirituales de inquilinos y dueños de fundos. Son seis ejemplos vivos de historia y tradiciones típicas de la Zona Central del país.

Texto, Claudia Pérez F. Fotografías, José Luis Rissetti Z.

San Jerónimo de Casablanca

Entrar a esta capilla es sencillamente sobrecogedor, más aún cuando se tiene en cuenta que es producto de la fe de un hombre que consagró varios años de su vida a la ejecución de la obra. Se trata de Toribio Larraín Gandarillas –dueño desde 1924 de esta parte de la antigua hacienda San Jerónimo, ubicada en los alrededores de Casablanca, en la V Región–, quien al ver caer a su esposa gravemente enferma ofreció a la Virgen Dolorosa la construcción de un templo si su mujer mejoraba. Más de una década le tomó al hacendado concretar la obra que levantó en el sitio que antes ocupaba una bodega. Ahí dio paso a la capilla en la que de entrada sobresalen las vigas, postes, puertas y muebles que talló con la ayuda de algunos artesanos, quienes también colaboraron en la ejecución de otras piezas como las rejas de las ventanas, zócalos, marcos de las imágenes y atriles ubicados en la construcción de planta rectangular, en cuyo acceso se ubica una imagen de San Isidro.

Hacienda Chacabuco



Los jesuitas que en el siglo XVIII fueron expulsados del país, Bernardo O'Higgins y el General San Martín –quienes alojaron ahí tras la Batalla de Chacabuco– son parte de la historia de esta casa y la capilla que colinda con ella. Sin embargo, el nombre que más destaca entre sus ilustres huéspedes es el de Juanita Fernández Solar, Santa Teresa de Los Andes, quien a inicios del siglo XX pasó sus veranos en la propiedad que tras sucesivos dueños adquirió su familia. "En 1907, murió mi abuelito como un santo. Me acuerdo perfectamente cuando nos fuimos al fundo, a Chacabuco, que estaba tan bien. Todas las tardes nos hacía subir a caballo, sacando al cara o sello quién sería la primera", escribió la Santa en su diario. Tal vez fue ella quien más disfrutó la capilla que como la casa patronal data del siglo XVIII y a la que uno de sus dueños posteriores, el salitrero Francisco Petrinovic, incorporó los elementos barrocos que sobresalen en la fachada.

La Estacada de Guacarhue




Un cerco de estacas que dividía las tierras en la época en que sus habitantes eran indígenas y conquistadores, sirvió para dar nombre a la hacienda donde se ubica esta capilla de Guacarhue, pueblo cercano a Quinta de Tilcoco, en la VI Región. Sus orígenes se remontan a fines del siglo XVIII, cuando al morir uno de los antiguos dueños de la estancia, el presbítero Dionisio Silva y Trincado, encargó a sus herederos la construcción de un templo consagrado a la Santísima Trinidad, obra que llevó a cabo su sobrino también religioso, Diego Silva. Sin embargo, a mediados del siglo XIX el mal estado de la construcción hizo que los propietarios de la época decidieran levantar una nueva al lado de la casa patronal. Es ésta la que se conserva hasta hoy y a la que hace setenta años se le incorporó una torre diseñada por el arquitecto Andrés Garafulic, según recuerda María Teresa Pérez, esposa del actual dueño de La Estacada y cuya familia ha procurado mantener el espíritu con que se creó la capilla que permanece abierta a la comunidad de Guacarhue.

Hacienda Los Lingues

Sobre 400 años de historia tienen las construcciones más antiguas de este campo, entre ellas la capilla, un sencillo inmueble ubicado a un costado de la casa principal. "Es probable que en su origen haya sido un cuarto para caballos", dice Germán Claro Lira sobre el recinto "de adobe, madera y arcilla" que su familia ha disfrutado durante quince generaciones y en el que se encuentran piezas tan valiosas como un Cristo Florentino del siglo XVI. Rodeada por los cerros de la VI Región –la hacienda se ubica kilómetros antes de San Fernando– la capilla es a juicio de su actual propietario, reflejo de la austeridad que caracterizó a Chile hasta antes del siglo XIX "época en que el país se volvió más ostentoso". Ese carácter sencillo y sin otra pretensión más que servir a Dios, es el espíritu que se ha procurado mantener hasta hoy en el sitio donde suelen realizarse matrimonios y misas cada quince días.

San Roberto de Almahue

Levantada durante la primera mitad del siglo XIX, esta capilla, como la mayoría de sus pares, fue construida para satisfacer los requerimientos espirituales de los inquilinos y dueños de las tierras a las que servían. Éstas, conocidas como San Roberto de Almahue, se ubican en Pichidegua, VI Región y desde 1892 están en manos de la familia Lyon, quienes se han esmerado por conservar la capilla de una nave en la que destaca el púlpito de madera y el cielo pintado de estrellas bajo el cual por años se realizaron las misiones de verano y la limosna de los curas, actividades propiciadas en buena parte por Lucía Besa de Lyon. "Se ha conservado sin mayores intervenciones", dice su nieto, Pedro Lyon Nagel, sobre la construcción que ha mantenido su espíritu original y en la que cada quince días se celebran misas para los habitantes de Casas Viejas, como es conocido el sector donde se ubica la capilla.

LO FONTECILLA


Testigo del desarrollo de Santiago es esta capilla sumergida entre las construcciones coloniales y los amplios jardines que tras sucesivas divisiones hoy forman Lo Fontecilla, en Las Condes, propiedad cuyos orígenes, según Hernán Rodríguez en el libro Casas de Campo Chilenas, se remontan al siglo XVI y a las primeras mercedes de tierra otorgadas en la ciudad. El siglo XVII fue el que vio nacer los edificios que se conservan hasta hoy, entre éstos el oratorio que, tal como las casas, fue restaurado por Carlos Peña, el empresario, agricultor y político que adquirió Lo Fontecilla en 1918. "Cuando los benedictinos franceses llegaron a Chile a fundar su convento, mi abuelo –amigo de Fray Pedro Subercaseaux, quien encabezaba el grupo– les prestó la casa para que se quedaran", cuenta el actual dueño del lugar, Carlos Larraín Peña. Así grafica el espíritu de su antepasado y la historia qué guardan las paredes de la capilla en la que hoy se celebran ceremonias familiares como bautizos y matrimonios y, ocasionalmente, misas en las que participan algunos vecinos.

Claudia Pérez F..


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