lunes, 14 de septiembre de 2009

La reinvención de la chilenidad

EL MERCURIO
REVISTA CAMPO

lunes 14 de septiembre de 2009



Multitudes de jóvenes se reúnen en Santiago para bailar cuecas bravas, chefs que llevan a nivel mundial la cazuela y mujeres y profesionales que toman las riendas en el rodeo. Son algunas muestras de la fuerza de las tradiciones patrias que, a punta de renovarse, están encantando a cada vez más personas.

Loreto Gatica, Arnaldo Guerra y Eduardo Moraga

Una de las muestras más claras de que una tradición está en decadencia es cuando se vuelve una mera repetición. Una especie de saludo a la bandera, una repetición de las formas, pero sin contenido.

Por el contrario, cuando la tradición es fuerte, se recrea cada día por las personas que la practican. Hay energía, sentimientos y espíritus inquietos detrás.
Por ahí pasa la decadencia del latín o el radioteatro y la fortaleza del inglés y el cine.

De acuerdo con esa fórmula, la chilenidad está más viva que nunca.

Las fronteras de quién y cómo se debe practicar se han extendido en forma inimaginable desde hace unos años.
Ya no se trata sólo de que cada año sea más difícil encontrar un boleto para la final del Campeonato Nacional de Rodeo.

Un potente signo de lo vital que están las tradiciones es que cada vez más personas quieren correr vacas. Y no son sólo los que tienen raigambre agrícola. Cada vez con más fuerza aparecen profesionales urbanos y empresarios e incluso, por primera vez en forma oficial este año, también mujeres.

Tampoco tiene que ver sólo con bailar cuecas para el 18. Lo que la lleva ahora entre los jóvenes es juntarse a escuchar y bailar cuecas bravas, independiente de la fecha o el lugar. Hoy locales como el bar Catedral o La Casa de la Cueca, en Santiago, se llenan, por un público de estudiantes y profesionales seducidos por las historias de choros, patiperros, enamorados y corajudos. Grupos como 3 x 7 Veintiuna, Las Capitalinas o Los Trukeros organizan giras a lo largo de Chile.

Y la comida típica pasó de ser poco valorada frente a platos franceses o peruanos a tomar insospechadas alturas.

Cazuelas y pantrucas se volvieron gourmets. Una muestra de una revolución más grande que está dando nueva vida a los fogones criollos. Si no que lo digan las desconstrucciones del mote con huesillos del hotel NH o la labor pionera del maestro Guillermo Rodríguez.

Son muestras de que la chilenidad, en pleno siglo XXI y en tiempos de la globalización, está más viva que nunca.
Para ilustrar este fenómeno, bueno son los testimonios del actor Daniel Muñoz, un apasionado cultor de las cuecas bravas, quien rescata la energía que fluye de estas cuecas con sabor a barrio.

Es el gusto por los caballos chilenos de Gabriela Balmaceda, quien se apresta a debutar en el rodeo femenino, y de Erwin Buckel, el jefe de la unidad de trasplantes de la Clínica Las Condes, que gracias a su pasión corralera, hacen que tomen más fuerza expresiones tradicionales y actividades artesanales que abastecen de aperos y vestimentas a los jinetes y caballos.

Esta idea de vivir lo propio también está en el laureado chef Tomás Olivera, del hotel Ritz de Santiago y su rescate de comidas típicas. Tarea en la que otros chefs lo acompañan o le han tomado la delantera.

Ellos muestran que en cuanto a chilenidad, las tradiciones están más vivas que nunca. Aquí un recorrido por las actuales tendencias que muestran cómo se vive en el país la Chilenidad 2.0.

Profesionales destacados, la nueva hornada

La corriente de nuevos fanáticos por el rodeo sigue recibiendo nueva sangre. A la tendencia de más de una década en que empresarios exitosos vieron en el rodeo una forma de salir del estrés de la vida citadina, volviendo a la tierra mediante los caballos y a practicar un deporte compatible con la familia, se agregó la de los profesionales exitosos subyugados por el campo y sus tradiciones.

Puede que algunos se hayan saltado una larga etapa en el extranjero haciendo posgrados o derechamente obligados por sus trabajos a permanecer en la ciudad o incluso en faenas mineras en lo alto de la montaña, pero el virus los atacó tarde o temprano y terminaron calzándose botas de huaso, mantas y sombreros, y entrando en el embrujo de los caballos, las líneas de sangre más atajadoras y soñando con algún día estar en la final de Rancagua.

Los ejemplos sobran, quizás el primero y más connotado haya sido Felipe Lamarca, el ex hombre fuerte de Copec y la Sofofa, que volcó parte de su vida en el campo y los frutos los cosechó en la última temporada cuando sus jinetes se titularon campeones de Chile.

Otro al que le picó fuerte el vicio fue a Alfredo Moreno Charme, director de empresas y ex presidente de Icare. Él compró dos campos en 1992 en Curicó y Talca y tuvo la fortuna de toparse con los vecinos que le mostraron los caballos chilenos. De ahí a formar el criadero Palmas de Peñaflor hubo un solo paso hasta hoy en que, además, formó la escuadra ecuestre del criadero, un espectáculo musical y ecuestre especial para mostrar a las visitas extranjeras.

Ejemplo más reciente es el del abogado José Antonio Urrutia, de buenas temporadas con su criadero Torreón y la compañía de Luis Eduardo Cortés, con quien estuvo peleando el nacional en los últimos años, quedándose con el tercer lugar dos años consecutivos.



Y en la última temporada apareció otro profesional destacado. El cirujano Erwin Buckel González, jefe de la unidad de transplantes de la Clínica Las Condes. Con sólo tres temporadas en el cuerpo se dio maña este año de ganar el clasificatorio de La Serena y disputar un par de toros en la final nacional.

Buckel se siente parte de una nueva generación de profesionales, que puede aportar sus capacidades y liderazgo, enriqueciendo la actividad.

"El rodeo ha crecido mucho, y se incorpora gente todos los días, de todos los estratos y capacidades", señala.

Pero, ¿qué mueve a estos nuevos corraleros a integrarse al rodeo?

"Significa una pasión muy grande. En mi caso, soy muy perfeccionista, y en el rodeo eso es indispensable para conseguir resultados. Estoy convencido que este deporte es el gran rescatador de las tradiciones en Chile y que, al mismo tiempo, el apego y cariño a las tradiciones le agregan un tremendo valor al rodeo. Es una relación estrecha que le da fuerza a ambas", dice.

La elegancia de los sabores chilenos


Tomás Olivera estudió gastronomía en el Inacap de Viña del Mar, pero la esencia de su instrucción la recibió en su casa, ayudando a su mamá con el almuerzo y a su abuela a revolver manjar en un campo al interior de Casablanca. De ahí sacó el conocimiento, y las patas para responder "yo", cuando mientras trabajaba en el restaurant Adra del hotel Ritz, el chef a cargo preguntó quién podría cocinar la mejor plateada. La suerte estaba echada; se convirtió en el chef y se la jugó por llevar las pantrucas y cazuelas a las elegantes mesas del hotel Ritz. Con un toque gourmet, esos platos se transformaron en la sensación del negocio gastronómico de Chile en los últimos años.

Lo que Olivera hace es llevar la comida casera o 'de picá', a un restaurante de mantel largo, con la puesta en escena que se merece. Volver a aliñar con comino, orégano y ají de color.

Algo similar había hecho Guillermo Rodríguez, de los Toques Blanches y chef del Hotel Plaza San Francisco, encabezando el rescate de la biodiversidad de la papa chilota; con recetas que apuntan a sacarle el mayor partido posible, o Benjamín Cienfuegos, elegido Chef Revelación 2008 por el Círculo Gastronómico, miembro de la nueva generación de chefs jóvenes que con estudios en el extranjero, vuelven para aplicar lo mejor de su técnica a los productos tradicionales.

La apuesta de Tomás Olivera es que los sabores de la cocina de casa vuelvan a ser atractivos. Aprovechar el momento, para que el protagonismo de la comida chilena dure, hacerla querida y rentable, incluso como ha ocurrido con la peruana.
"La gente piensa que el charquicán es lo único chileno, que por tener raíces de otros países el resto no cuenta. Eso no es cierto. La cocina chilena no es una, al igual que la francesa o la italiana, cambia de región en región y está marcada por las influencias extranjeras; la inmigración y la cocina campesina. La mechada con tallarines es chilena. Aquí se hizo propia, independiente que los tallarines sean italianos", dice Olivera, elegido Chef Revelación en 2006 y premiado este año por la revista Wikén como Mejor Chef Nuevo.

Frente a esa cantidad de recursos, cree que debe imitarse la experiencia peruana con su cocina.

"Lo que hicieron los peruanos fue juntar a agricultores, políticos y cocineros para conversar sobre su comida y eso después dio origen a una imagen país gastronómica increíble. Eso es lo que debería hacerse en Chile. Todos deberíamos trabajar en esto. El mar ha sido muy poco explotado de la puerta hacia dentro, los ostiones se van soplados a Japón, para qué decir del salmón y los erizos. Está bien exportar, pero debería haber una política gubernamental que deje el 10% para consumo local", plantea Olivera

Es la tradición en la cocina. "Agrupa saberes y técnicas que son parte del lenguaje, memoria e identidad de un pueblo", explica Sonia Montecino, escritora y antropóloga de la Universidad de Chile, quien ha dedicado parte importante de su quehacer al rescate de las comidas tradicionales.

La Mujer toma las riendas



La joven jinete Gabriela Balmaceda está llena de proyectos y a punto de hacer historia. Será una de las participantes en el primer rodeo femenino patrocinado por la Federación del Rodeo Chileno.

Ella y las aficionadas que ya están inscritas son la cara visible de un movimiento que comenzó muchos años antes.
La historia reciente se remonta a 1983 cuando Michelle Recart, a los 16 años, clasificó junto a su padre Manuel Recart a la final nacional del rodeo oficial, pero no pudo correr por ser mujer.

Después vino la labor de Therese Matthews por incorporar a la mujer y a la familia en competencias con caballos chilenos. Nacieron en 1986 las pruebas ecuestres chilenas, y finalmente, la entrada de la mujer a los rodeos con el movimiento a la rienda femenino en 2001, junto con las posibilidades que se están abriendo también con la rienda internacional.

Y si algo faltaba, esta temporada en la Federación de Clubes de Huasos, más conocida como la de los rodeos laborales, una mujer, Helia Álvarez, se coronó campeona, haciendo collera con un hombre.

Gabriela Balmaceda se ha volcado a la práctica de todo deporte que tenga que ver con caballos chilenos. Destacó en las pruebas ecuestres y en el enduro y fue campeona nacional de rienda femenina en 2006. Ahora se apresta a participar, montando a La Pihua "Mezquino", de Tomás Esturillo, en el rodeo promocional femenino que se realizará en la medialuna Santa Filomena de Colina, el 12 de octubre. Ella hará collera nada más y nada menos que con Romané Soto, la tricampeona de la rienda femenina y muchas veces soberana de las pruebas ecuestres chilenas. Sin duda, una dupla de temer para el certamen que organizan las hermanas Marcela, Alicia y María Paz González.

Menuda y delicada, pero con la fuerza y técnica suficientes, Gabriela tiene poca experiencia en el rodeo.
"Hace dos años corrí en una 'pichanga' con Romané Soto. Llegué sin haber corrido nunca, pero teniendo en cuenta que mi compañera es diestra en el tema, nos fue bastante bien. Sacamos el cuarto lugar", señala.

Estará en el primer rodeo femenino porque cree que es una oportunidad y un nuevo desafío para las que llevan la pasión por los caballos. Es un momento que no se perdería por nada del mundo. Porque es algo nuevo para ellas, aunque ya hay muchas mujeres que practican este deporte hace años, pero nada como una medialuna colmada de público vitoreando las atajadas. Incluso son más las que corren que las que mueven en rienda.

Y cuando anuncien: corren Balmaceda y Soto, dé las dos vueltas en el apiñadero y se inicie la carrera, Gabriela sólo espera hacerlo lo mejor posible, evitar los piños, e idealmente, premiar y pasarlo muy bien.

"El objetivo es que este rodeo sirva en un futuro para todas las que quieran seguir corriendo. Tenemos las mismas condiciones, no así la fuerza y la experiencia que tienen los hombres, pero para correr bien se necesita más técnica que fuerza, por lo que no deberíamos tener problemas", dice.

Ya era hora de las mujeres.
"Las mujeres competimos en todos los deportes ecuestres y estamos muy bien catalogadas y ¿por qué no en el rodeo, manteniendo la feminidad de la mujer? Hoy se ve mucho a las mujeres trabajando codo a codo con sus maridos en las labores del campo", dice.

Y ya se piensa en cómo formalizar el deporte corralero para la mujer. Gabriela señala que hay muchas ideas dando vueltas, pero más que formar una asociación aparte, cree que sería mejor hacer una serie femenina.

Un renacimiento bravo



En el momento estelar de las fiestas de la familia Muñoz en los setenta y ochenta, aparecía un disco. De esos de vinilo, negros, brillantes que había terminado en San Fernando, VI Región. No era de cumbia, sino que de cueca. Pero tampoco cualquiera. No había bucólicas historias de campo. El disco se llama "Cueca Brava" y había sido grabado a fines de los sesenta por el grupo Los Chileneros.

Daniel, el niño que presenciaba esas fiestas, recuerda que eran versos que hablaban de choros de ciudad. De duelos entre hombres que no aguantaban pelos en el hombro, de la vida en los conventillos.

Años después, el chico de San Fernando llegó a la capital. Su vida cambiaría mucho. En Santiago, Daniel Muñoz se haría un nombre como un actor dotado para la comedia, con personajes televisivos como el Carmelo y el Malo.

Sin embargo, los sonidos que salían de ese disco de vinilo en su casa familiar, lo volvieron a atrapar, esta vez en Santiago. Buscando elementos para el show del Carmelo, una mezcla entre rotito y huasito, se volvió a topar con las cuecas. Esta vez no volvería a soltarlas.

Comenzó a frecuentar el pequeño circuito donde, a duras penas, sobrevivía la cueca urbana. Nano Núñez, Mario Rojas, Los Chileneros se volvieron parte de la vida de Daniel Muñoz.

"Se produce algo que es de verdad. La cueca tiene la energía que viene de lo más recóndito de las personas. No es forma, es contenido casi en su totalidad. Cuando ves bailar u oyes cantar a alguien con tal intensidad, frescura y creatividad, uno se cautiva", explica.

En forma paralela a su carrera en teatro y televisión, Muñoz comenzó una incipiente musical en el mundo de la cueca. A principios de esta década se unió a Félix Llancafil, su amigo y profesor de Tiltil, para tocar en vivo. Cuando Félix consiguió financiamiento de la empresa Polpaico para hacer un disco, el grupo se ganó un nombre propio. Las cuecas eran 21, ni cortos ni perezosos, decidieron colocarle "3X7 Veintiuna". El lanzamiento tuvo una demanda interesante en disquerías y los impulsó a actuar en todo Chile.

Lo que vino después no habla sólo del cariño de Muñoz por la música chilena, sino que del surgimiento de uno de los movimientos más dinámicos del escenario musical chileno: las cuecas bravas.
El grupo de Muñoz es uno de varios -al que se suman Los Trukeros, Las Capitalinas, Los Santiaguinos, entre otros- que llenan habitualmente de bote a bote locales de la Capital como el bar Catedral o La Casa de la Cueca. Lo interesante es que se trata de jóvenes urbanos, que perfectamente podrían estar bailando reggaetón o música electrónica. Sin embargo, prefieren agitar pañuelos, perseguir a su pareja y zapatear, acompañados de guitarras, acordeones y del golpeteo de un par de platos de té.

Una vez fue estigmatizada socialmente y recluida en conventillos. Sin embargo, hoy la cueca brava tiene el encanto de sacar a ese ritmo de los aburridos actos escolares e inauguraciones oficiales y convertirla en atractiva, casi sexy, para un grupo creciente de chilenos.

"La mayoría de los comentarios que hace la gente que va a ver cueca brava es: ¿Pero esto dónde estaba? ¿Por qué no supe de esto?", concluye Daniel Muñoz.

Loreto Gatica, Arnaldo Guerra y Eduardo Moraga.


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