domingo, 18 de julio de 2010

Chamanteras intentan salvar tradición de Doñihue tras daños por el terremoto

LA TERCERA EDICIÓN
domingo 18 de julio de 2010 PAG: 20

La mitad de los talleres de adobe resultaron destruidos tras el sismo y la mayoría de las artesanas debió instalar sus telares en pequeños espacios y en precarias condiciones. Ahora, apoyadas por el Consejo de la Cultura, las mujeres están postulando a fondos de emergencia de la Unesco para reconstruir y salir al mercado internacional.

por Angela Neira

Hace seis años, un grupo de tejedoras de la pequeña localidad de Doñihue, al interior de la Región de O'Higgins, se hizo conocido a nivel mundial. Ellas fueron las encargadas de tejer las mantas huasas que 21 jefes de Estado de América y Asia lucieron para la reunión del Apec que se realizó en Chile.

Ese oficio, toda una tradición que por años ha hecho conocidas a las chamanteras, vive hoy uno de sus peores momentos. El terremoto hizo que la mayoría de las casas de adobe de esa pequeña localidad se cayeran, destruyendo los talleres en los que las artesanas realizaban sus trabajos y dejándolas en precarias condiciones.



Desde hace 50 años y luego que una tía le enseñara el oficio, Armandina Vidal (74) nunca dejó su telar. En su casa, que se ubica en una ladera del Barrio de las Chamanteras, tenía su taller lleno de telares e hilos. Pero con el terremoto parte del techo se derrumbó y junto a su marido tuvieron que dejarla. "Me quedé sin taller. Era mi espacio para tejer, una pieza chiquitita, pero ahí tenía mi espacio", cuenta.

Sólo meses después, cuando logró construir una nueva casa, pudo instalar su lugar de trabajo. "A veces tejo, pero no es como antes. Me falta luz y me canso", dice. Agrega que compró parte de sus instrumentos sólo una vez que pudo vender un poncho. El resto de sus telares permanece a la intemperie.

El terremoto no sólo causó que sus casas y talleres se cayeran. La época donde más mercadería comercializan las chamanteras es para el Champion de Rancagua, pero esta vez no fue así. "No vinieron. Siempre se llena, pero ahora no. No hubo ni publicidad y nos quedamos con algunas cosas", dice. Y no vender es grave. Se estima que cada manta puede llegar a costar hasta un millón 600 mil pesos y en cada prensa invierten cinco meses, en promedio.

Apoyo internacional

A raíz de la difícil situación de las chamanteras, el Consejo de la Cultura postulará en las próximas semanas a los fondos de emergencia para situaciones de crisis de la Unesco. Esto consiste en entregar un monto de 100 mil dólares para preservar el oficio. Karen Contreras, vocera de la Asociación de Chamanteras, cuenta que cerca de 20 artesanas perdieron sus talleres, hogares o presentan daños mayores en sus casas. "El proyecto postula la reconstrucción de los talleres, mediante espacios de 16 metros cuadrados, térmicos, con mucha iluminación y estilo colonial para no perder el sentido de lo que es la tradición", cuenta. Además, se pretende llevar la artesanía a mercados foráneos.

Nelly Beltrán (66) aprendió el oficio viendo a su madre. "Ni nos acordamos cómo empezó. Fue mi abuela, mi mamá, y lo primero que tejí fueron cinturones y huinchas", cuenta. Con el terremoto, parte del techo colapsó y las paredes de la vivienda se agrietaron, por lo que tuvo que trasladar sus enseres hasta su taller. Ahora uno de sus mayores problemas es la lluvia. "Tenemos muchas goteras, y el agua se pasa. El otro día con mi hermana nos amanecimos sacando el agua", afirma. Agrega que en esas condiciones, ha disminuido su capacidad para tejer. "Tengo miedo que se moje el chamanto", dice.



En el sector de Rinconada, Sara Carrera (77) es una de las más conocidas. Junto a su hija Rosa (51) y su nieta Mónica (33), han continuado la tradición, aunque el chamanto de ahora puede ser el último que teja Sara. "Ella está muy enferma y acá no están las condiciones para que lo haga", cuenta su hija. El terremoto hizo que los telares fueran llevados a una pequeña pieza, donde les falta luz y se corre el riesgo de que el techo pueda ceder.

Según el municipio, 1.552 familias se vieron afectadas y más de 800 casas de adobe fueron demolidas.

La manta de George Bush



En el taller de Nelly Beltrán, uno de los objetos más preciados es el cuadro de los jefes de Estado que estuvieron en el Apec. Entre ellos se encuentra el ex Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, quien lució una de las mantas que ella tejió: "Me puse tan contenta que se pusiera mi chamanto".

Nelly agrega que no se trató de una tarea fácil. "Tuvimos que hacer 10 chamantos y con mi hermana trabajamos día y noche. Nos demoramos como 25 días", asegura.

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