
Los Huasos Quincheros Premio a lo Chileno 2003.
La actividad más destacable de esta localidad son los famosos tejidos a telar. Las chamanteras (tejedoras en lana y seda) fabrican los típicos chamantos y mantas que forman parte de la vestimenta de los huasos chilenos.
Las piezas son reversibles: tienen un lado oscuro para usarlo de día y otro claro para la noche. Tejer un chamanto implica un trabajo de tres o cuatro meses, ocho horas al día. Los diseños son originales de estas artesanas y los motivos son flores, hojas de parra, espigas, caballos y otros. La zona de las famosas chamanteras se llama Camarico.
Más que a comprar, este paseo te invita a conocer a las artesanas y sus obras. Los chamantos son caros y muy lentos de tejer. Algunos son usados por las "colleras" de los huasos en los rodeos y otros en ocasiones de "gala". Usualmente se heredan de padres a hijos, en calidad de joyas. Esta artesanía es practicada por mayores de edad que no tienen seguidores en su quehacer, por lo que se teme su desaparición.



Líderes APEC 2004: Vistieron “Chamantos” en la foto oficial de la Cumbre.

S.S. Juan Pablo II en su visita a Chile en 1987, luce un chamanto que le regalaron las artesanas de Doñihue.



PREMIO A LO CHILENO:
Doñihue está de fiesta
Sus chamanteras ganaron el Premio a lo Chileno 2007 por sus elaboradas prendas textiles.
Falta un poco para mediodía y el sol pega fuerte en Doñihue. Por sus calles pavimentadas y las que aún son de tierra transitan pocos autos y la gente en su mayoría circula a pie o en bicicleta, aunque también se dejan ver algunos huasos a caballo y una carretela que ofrece pan, mientras avanza al trote de la yegua.De no ser por una población nueva de viviendas pequeñísimas, el lugar daría para ambientar una película de época, por toda la gracia de su pintoresco caserío rural, los letreros pintados a mano de los negocios y, sobre todo, por la calma reinante.Por las calles el aire primaveral anuncia el Dieciocho y es fácil imaginarse que allí las Fiestas Patrias se festejan en grande aunque, como cuentan las chamanteras, la plata es poca y se gana principalmente con pololitos durante el año trabajando campos ajenos y cosechando fruta en verano, el único trabajo seguro para hombres y mujeres.Muchas casas centenarias resisten con sus muros de adobe serpenteantes, a orillas de la calle. En algunas de ellas, casi a escondidas, tejen las artesanas que han hecho famosa a esta localidad emplazada al surponiente de Rancagua, separada por apenas 22 km de la capital regional. Su minuto de popularidad máxima lo tuvieron cuando los presidentes que participaron en la APEC se lucieron con sus chamantos en la foto oficial del foro de los países del Asia Pacífico, realizado en Santiago el 2004. Esa vez sólo fueron ocho las elegidas para tejerlos, en cambio ahora el triunfo es mayor porque el Premio a lo chileno 2007 recae sobre todas. Compitieron con el músico, escritor y gestor cultural Mario Rojas Pérez; el humorista Coco Legrand; el antipoeta Nicanor Parra; y el Proyecto Bicentenario de Canal 13, pero la calidad de su producción y la lucha por mantener un oficio que ha ido mermando con el tiempo, se impuso en la votación del jurado.La veintena de mujeres se afana muchas horas al día en el telar para sacar las "labores", como ellas mismas llaman a los coloridos diseños de chamantos, fajas y cinturones. Entre sus dibujos preferidos cuentan pajaritos, espigas, frutas, flores, copihues, hojas de parra, y otros elementos cotidianos que tuvieron la gracia de desplazar la iconografía de los primeros tejidos que se conocen, los que recreaban tapicerías europeas de los siglos XVIII y XIX.La mayoría de las artesanas aprendió a tejer en el telar mirando a sus madres y abuelas, y a pesar de que se desenvuelven con toda naturalidad manejando hasta cuatro mil hebras para hacer un chamanto, es poco lo que saben del origen de sus creaciones. En realidad no es demasiado lo que se conoce a ciencia cierta sobre esta prenda fundamental en el traje de huaso. Se supone que se originó de los tejidos que usaban los mapuches en esas tierras, y que los españoles que allí recibieron encomiendas adaptaron para celebrar las fiestas.En los telares doñihuanos también se hacen mantas, tejidos listados y sueltos, sin "labor", y por lo mismo más sencillos de hacer que los chamantos. Pero son agotadores, según explica Elsa Blanco "porque hay que ir tejiéndolos rapidito y se cansan más los brazos. A mí me gusta hacer chamantos". Siguiendo el estilo de sus coterráneas, se niega a declarar su edad, pero no tiene problemas en decir que adoptó este oficio a los 16 años. "En esos tiempos había mucha gente que tejía, y uno fue aprendiendo; si esto se aprende muchas veces sólo con mirar...y algunas veces no se logra nunca... Empecé tejiendo huinchas, después mantas, y como a los 40 años hice mi primer chamanto porque es muy difícil", sostiene.Ella le traspasó el legado a sus hijas, María Ester e Italia Cantillana, dos chamanteras netas que de chicas le ayudaban a su mamá a ovillar los hilos que vienen en conos y a hacer el paleteo. Ellas se demoran unos tres meses en hacer un chamanto, pero si trabajan juntas sólo un mes y medio. Acá se acostumbra a que quien teje el grueso de la obra pida ayuda para la huincha y así ir más rápido. El encargo se lo hacen a las "tejedoras", quienes avanzan en el diseño ya urdido por la chamantera.Elsa vive en la calle Miraflores, un poco más abajo que Julia Segovia, hija de la artesana que hizo el primer chamanto que regalaron a Juan Pablo II en tiempos que ni se soñaba su visita a Chile. La foto del pontífice usando el textil que se hizo en su casa adorna el living, y al lado está el retrato de su madre, quien fue amiga personal de Margot Loyola. Para Julia, que es una enamorada de su trabajo, "no hay chamanto ni manta fea", pero la tienen desencantada las ventas tan esporádicas y, todavía más, que no se aprecie su esfuerzo como corresponde. "Yo le digo a la gente: pero si esto lo hago yo, no es chino".El valor de un chamanto bordea el millón de pesos y el de una manta la mitad. Pero el costo de producción se ha encarecido porque el hilo especial que les hacía Cadena deben traerlo de Brasil, desde que la fábrica se trasladó a ese país."Mantas y chamantos", anuncia otro letrero por la calle Miraflores. Es el taller de Julia Peralta, quien hizo y entregó el regalo de Doñihue a Juan Pablo II el 2 de abril de 1987. "No se puede explicar lo que se siente", dice la artesana que fue elegida para confeccionar un chamanto por su condición de catequista. También le encanta hacer estolas para los sacerdotes, pero sobre todo tejer. "No me molesta instalarme por horas, pero si tengo que barrer el patio, limpiar mi casa o cocinar, me duele la espalda", confiesa riéndose. Y sus colegas, reunidas más tarde en la casa de Lucy Césped –donde se decretó que el premio es para todas las tejedoras que se "desenvuelven bien en el telar"–, concuerdan en que estar esforzándose en labores ajenas al tejido es simplemente "perder el tiempo".Allí también se declaran felices con el premio: "Es un reconocimiento que en mis 50 años de chamantera nunca había tenido", señala la anfitriona; "es un regalo de Dios", para Nelly Beltrán; y un premio a la tradición para Cecilia Calderón, "éste es un trabajo muy sacrificado, tengo toda mi juventud en el telar", dice. Mientras algunas muestran sus creaciones, no olvidan advertir que su oficio se va perdiendo y que las generaciones nuevas no encuentran el aliciente para dedicarle una vida. Además, tampoco es fácil aprender. En un curso que impartió Nelly hace tres años a 15 personas, sólo una siguió sus pasos. Es que como dicen acá, esto se hereda. Mirando a Lorena Calderón, una joven artesana que le ayuda a tejer a varias, Julia Peralta no escatima en echarle flores: "A ella le gusta harto el trabajo y es rápida. Pero para que le sea tan fácil debe tener ancestros chamanteros". Lorena asiente con una sonrisa.
V/D Soledad Villagrán Varela./ Fotografías, Homero Monsalves
3 comentarios:
Excelente nota. Muchas gracias por difundir noticias como esta. En lo personal me interesa la tejeduría en telar, y es bueno saber que existen instancias donde se reconoce la labor de las tejedoras. Espero visitar pronto Doñihue y saber algo más de este grupo de interesantes mujeres. Un saludo grande para quien realizó esta nota y otro muy especial a las tejedoras de Doñihue.
Atte. Pamela M.
Gran nota, excelente.Ojalá no se pierda nunca esta tremenda tradición ya que los que amamos el traje huaso soñamos algún día con portar una prenda de tan hermosa confección. Un gran saludo para las chamanteras de Doñihue y esperando en un futuro no muy lejano poder ir a encargar uno de mis sueños más preciados.
Atte. Diego Alzamora
Gran nota, excelente.Ojalá no se pierda nunca esta tremenda tradición ya que los que amamos el traje huaso soñamos algún día con portar una prenda de tan hermosa confección. Un gran saludo para las chamanteras de Doñihue y esperando en un futuro no muy lejano poder ir a encargar uno de mis sueños más preciados.
Atte. Diego Alzamora
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