domingo, 23 de diciembre de 2007

Cineasta Miguel Littin


MIGUEL LITTIN


Descendiente de inmigrantes árabes y griegos, Miguel Littin nació en Palmilla en 1942. Estudió teatro en la
Universidad de Chile y trabajó como director de televisión en el canal de la misma universidad. Su carrera cinematográfica comenzó de la mejor manera, en 1969, con El chacal de Nahueltoro, película que impactó al medio chileno, no sólo en términos de taquilla, sino también en términos sociales y políticos. En la obra, Littin denuncia crudamente la marginalidad del campesinado y el absurdo accionar de la justicia. Elevado a la notoriedad pública a raíz del film, Salvador Allende lo designó a la cabeza de Chile Films en 1971. Durante la Unidad Popular, junto con sus labores ejecutivas, realizó algunos documentales y el largometraje La Tierra Prometida, que sería terminada y estrenada en el exilio. Littin fue por mucho tiempo el clásico ejemplo del cineasta comprometido y militante, aún cuando nunca perteneció a partido político alguno, buscando narrar las aventuras y sufrimientos del pueblo chileno y latinoamericano. Luego del golpe de Estado, Littin se radicó en México. Allí dirigió en 1975 la monumental obra Actas de Marusia basada en la novela homónima de Patricio Manns. La cinta narra una rebelión de trabajadores salitreros en el norte chileno y su brutal represión. La obra se entiende como parte del debate sobre el fracaso de la Unidad Popular y en general es una interpretación del movimiento obrero y popular del siglo XX chileno. Filmada en el desierto en Chihuahua, la obra contó con un enorme presupuesto, grandes actores como Gian María Volonté, y la música de Mikis Theodorakis y Angel Parra. La cinta fue un éxito de taquilla, recibió muchos premios e incluso estuvo nominada entre las cinco mejores películas extranjeras en los premios Oscar. A partir de allí, Littin adquirió un status de cineasta latinoamericano. Adaptó obras de Alejo Carpentier (El recurso del método, 1978), de Gabriel García Márquez (La viuda de Montiel, 1979) y de Pedro Prado (Alsino y el cóndor, 1982, también finalista en los Oscar), todas con gran presupuesto. En 1985 Miguel Littin regresó a Chile para filmar clandestinamente una crónica de la dictadura. Su osadía inspiró el libro de Gabriel García Márquez Aventura de Miguel Littin clandestino en Chile, que se transformó rápidamente en un best seller en el mundo. Las imágenes tomadas por Littin en Chile son la base del documental Acta general de Chile, de 1986. Posteriormente Littin retornó a la temática latinoamericana con Sandino de 1990. Con la vuelta de la democracia en Chile, Littin dejó el exilio y retornó definitivamente al país. En 1994 dirigió Los náufragos, sobre el complejo proceso de retorno a Chile desde el exilio. En 2000 retomó el estilo de epopeya popular con Tierra del Fuego.


HOMENAJE A MIGUEL LITTIN
Este es un video homenaje para Miguel Littin. Estuvo en Río Gallegos desde el 17 al 19 de septiembre en la tercera muestra de cine chileno contemporaneo en el complejo cultural.Contiene imágenes de sus películas "El chacal de nahueltoro", "La última luna" y "los naufragos"
sergioadrianalvarez

EL MERCURIO VALPARAÍSO
Año 174 - Nro. 59480 - Jueves 26 de octubre de 2000

Las películas que fueron seleccionadas por la Corfo

Un total de 26 largometrajes argumentales y dos documentales recibieron fondos estatales para su realización. Entre los elegidos figuran los nuevos proyectos de Cristián Galaz, Miguel Littin, Ricardo Larraín, Silvio Caiozzi y Tatiana Gaviola
Por segundo año consecutivo, una variada gama de historias resultaron favorecidas en el Concurso Nacional para el Desarrollo de Proyectos de Largometrajes para Cine y Televisión, convocado por Corfo, y cuyos resultados fueron dados a conocer ayer por el vicepresidente ejecutivo de la corporación, Gonzalo Rivas, y la coordinadora de Fondart, Nivia Palma. En esta ocasión, se presentaron 85 proyectos de largometrajes, de los cuales finalmente fueron 28 los escogidos para recibir fondos por un total de $188,5 millones.

El 50 por ciento de los seleccionados corresponde a trabajos de realizadores consagrados como Miguel Littin, Silvio Caiozzi, Cristián Galaz y Ricardo Larraín, entre otros, y el resto a los primeros largometrajes de otros directores. De los 28 favorecidos, dos corresponden a telefilmes, otros dos a documentales fílmicos, dos más a largometrajes que emplean animación y otros dos a coproducciones con países del Mercosur. Todos estos fondos se distribuirán entre diseño de presupuestos, planes de financiamiento, marketing, publicidad, elaboración de guiones y asistencia para coproducciones, entre otras áreas.

La mayoría de los cineastas favorecidos por el concurso se manifestaron contentos y sorprendidos. Miguel Littin, cuyo "El viajero de las cuatro estaciones", basado en su novela homónima, fue una de las cintas seleccionadas, confirmó que no se repostuló como alcalde de Palmilla para poder dedicarse exclusivamente al proyecto, una historia de carácter autobiográfico inspirada en la vida de su abuelo, el inmigrante griego Kristo Cucumides, que llegó a vivir a Palmilla y se enamoró de una niña de 15 años, María de Argos. "Se filmará en Palmilla, Grecia y en el sur de España", adelantó Littin, interesado en destacar la figura de su abuelo: "Es el ser más mágico que he conocido en mi vida, tenía una visión lúdica de la existencia, en constante carnaval".

Publicación "El Mercurio", 19 de Abril de 2000

"Tierra del Fuego" de Miguel Littin Participará en Cannes

La película del director chileno se exhibirá en la muestra "Una cierta mirada", paralela a la competencia oficial del festival de cine francés.Miguel Littin ya lo sabía desde enero. Pero una de las condiciones impuestas por la organización del Festival de Cannes era que la información no se podía divulgar antes del anuncio oficial, realizado ayer. Por eso, hoy la noticia es que "Tierra del Fuego", la última película del realizador chileno, fue seleccionada para la muestra paralela llamada "Una cierta mirada".La exhibición, cuya fecha exacta aún no está fijada, servirá como estreno mundial de "Tierra del Fuego", que según confirmó el propio Littin será estrenada simultáneamente en España, Italia y Francia. El debut de la producción en Chile está programado para los primeros días de junio, probablemente el jueves 8. "Eso depende de las actividades que tengamos que realizar en Cannes. No hay que olvidar que además de en 'Una cierta mirada' estaremos en el mercado, negociando con productores, y en las actividades relacionadas", comentó Cristina Littín, productora del filme.Otros seleccionados para "Una cierta mirada" son Rodrigo García - el hijo de Gabriel García Márquez- , con su película "Things you can tell just by looking at her"; el mexicano Arturo Ripstein, con "Así es la vida"; la actriz y directora de origen protugués María de Medeiros, con el filme "Capitaes de Abril" y el realizador cubano Juan Carlos Tabío, con "Lista de Espera", entre los 22 títulos participantes.Esta participación en la sección "Una Cierta Mirada" - que entrega la Cámara de Oro como reconocimiento a la mejor película de esta selección- marcará el retorno del cineasta chileno a ese certamen, después de que en 1994 estrenara mundialmente su película "Los Náufragos", también en el marco de la mencionada sección.Miguel Littin descartó que las actividades promocionales de "Tierra del Fuego" que él mismo realizó en Cannes el año pasado - en las que estuvo acompañado por el escritor chileno Luis Sepúlveda, guionista de la película- hayan tenido alguna influencia en la decisión de la comisión seleccionadora. "Eso nos sirvió para ponernos en contacto con gente importante que nos ayudó a terminar la película, pero la comisión del Festival supo de 'Tierra del Fuego' sólo en enero, cuando postulamos", argumentó.Littin agregó que aprovechará su visita a Cannes para comenzar a producir su próximo proyecto, "El viajero de las cuatro estaciones", que cuenta la historia de su abuelo, un inmigrante griego que, escapando de la Segunda Guerra Mundial, llegó hasta la localidad chilena de Palmilla acompañando a 39 mujeres. "Como la novela ya ha sido publicada en Europa, no estaré partiendo de cero", concluyó el cineasta.


Películas [editar]
El Chacal de Nahueltoro 1969
La tierra prometida 1972
Actas de Marusia 1975
El Recurso del método 1978
La Viuda de Montiel 1979
Alsino y el cóndor 1982
Acta general de Chile 1985
Sandino 1991
Los náufragos 1994
Tierra del fuego 2000
La Última luna 2005

Documentales [editar]
Compañero Presidente 1970


Cinelandia, No. 415, 23 de agosto de 1975. P. 33
LITTIN Kukumides, Miguel


ENFOQUE, Nº 4,REVISTA DE CINE
Verano Otoño 1985


Miguel Littin
“La vida es más importante aun que el cine”

Por supuesto no es el típico galán de esta época, ni tendría por qué serlo, pero es el más conocido de los cineastas chilenos en el extranjero y tiene a su haber varios premios por sus películas. Además es un hombre sumamente instruido, al que le apasiona la música, la literatura y la estética en general. Mucho más conservador de lo que se podría esperar, se declara eternamente enamorado de su mujer y los ojos le brillan al hablar de sus hijos y nietos.

Gabriela Gayani Sch.

Dos veces nominado al Oscar por “Alsino y el Cóndor”, de 1982 y “El chacal de Nahueltoro”, de 1975, a Miguel Littin no es el reconocimiento de la Academia lo que lo guía en su búsqueda cinematográfica; al contrario, pone su creación al servicio de grandes causas o temas que le apasionan.

Nacido en Palmilla, una localidad de Colchagua, en 1942, su creación intelectual abarca muchos temas. Ha escrito varios libros y obras teatrales, tiene varios en carpeta, y ha sido el guionista y director de una veintena de películas.

Estudió arte dramático y escenografía en la Universidad de Chile. En 1963 fue director del canal 9 (el canal que acaba de comprar Piñera, Chilevisión), y el 68, siendo profesor de esa misma casa de estudios, realizó su primer largometraje –“El chacal de Nahueltoro”-, basado en la historia de un campesino analfabeto que mata a hachazos a su mujer e hijos. La crítica lo destrozó y lo acusó de “morboso y violento” por el contenido del film; no obstante, hoy es reconocido como uno de los hitos de la cinematografía latinoamericana.

En 1971, el Presidente Allende lo nombró presidente de Chile Films, una de las razones por las que debió partir al exilio en 1973, primero a México y luego a España. En 1986 viajó clandestino a Chile y filmó “Acta general de Chile”. El 90 regresó definitivamente al país.

Amigo personal de Gabriel García Márquez, el colombiano escribió un libro titulado “La aventura de Miguel Littin, clandestino en Chile”; pero hubo un problema, el novelista redactó en primera persona, y la confusión fue tremenda para ambos.

El cariño por su ciudad natal, lo convirtió en alcalde de Palmilla por dos períodos consecutivos, pero el desgaste entre la labor edilicia y su constante creación, hizo que, finalmente, se dedicara sólo al cine y estrenara, hace poco tiempo, “La última luna”, una película en la que él reconoce haber vuelto al “cine de autor”, donde no importa la taquilla, sino el contenido del film.

-¿Siempre tus películas generan debate?
“Los temas que yo enfrento siempre generan debate. Recuerdo que cuando hice “El chacal de Nahueltoro”, me trataron poco menos que de antipatriota. La polémica se creó desde antes de que apareciera, lo que me sirvió de propaganda. Lo mismo pasó cuando filmé en Nicaragua en la guerra o cuando vine clandestino el 82 a filmar a Chile. Cartas iban y venían.
“Si te dedicas a contestar no filmas, pero la razón que me lleva a hacer mis films es decir las verdades que se tienen que expresar también en el cine. Hay que entender mi postura a partir del compromiso sartriano, el de la responsabilidad de los intelectuales frente al fluir del mundo; Sartre es un filósofo y un escritor que marcó a toda mi generación”.

-¿No crees que esas polémicas pueden alejar a la gente de las salas?
“Es posible, pero qué puede hacer uno. Me lo pregunto todos los días, uno hace una película y hay críticos que la interpretan como quieren e incluso ponen notas, de una manera absolutamente irresponsable, porque no estamos en la escuela. Mi deber es con el hombre y con su destino y creo que el público es mucho más educado y mejor informado que la gente que se expresa de esa forma. Yo debiera contestarle a esos señores que son unos ignorantes y debieran estudiar de nuevo, pero ni siquiera vale la pena, porque se creen la voz del público y, finalmente, no son nada; salvo algunas excepciones”.

-¿Nunca te ha picado el bichito de hacer algo comercial?
“Desde lo más profundo, nunca me he planteado el problema comercial en relación al cine. Algunas películas de pronto han sido muy vistas, por ejemplo, “Actas de Marusia” llegó a un millón de personas en una semana en Ciudad de México y fue vista por cientos y miles en el mundo; “La viuda de Montiel” se estrenó simultáneamente en 8 salas, “El recurso del método”, que fue un enorme éxito en Europa.
“No lo he buscado, no me he propuesto jamás los cánones del producto comercial”.

-¿De quién te sientes heredero?
“Tengo toda la herencia de lo que es el neorealismo italiano –Visconti, De Sica, Antonioni-, estoy formado por ese cine, el de Fellini. Adoré “Los murmullos de la luna” y me costó mucho verla, porque había tan pocos espectadores que no querían pasarla”.

A pesar de que su cine no puede se catalogado de comercial, es uno de los realizadores latinoamericanos que cuenta con más presupuesto para sus películas; “Recurso del método” costó 26 millones de dólares; “Tierra del Fuego”, seis. Cifras desconocidas para los cineastas nacionales. “He pasado de la artesanía a la gran parafernalia industrial, he vuelto a la artesanía y así, porque son medios que ayudan, pero no que determinan”.

-¿Tu desarrollo hubiera sido el mismo si te hubieras quedado en Chile?
“Sí, supongo. Nunca consideré que para hablar del mundo fuera necesario irme de Chile, pero las circunstancias políticas se dieron de tal forma que tuve que salir.
“Claro, enfrentarme a circunstancias distintas, como en México, hizo que me sumara a un momento único y especial del cine de ese país. Tenían leyes e iniciativas que me fueron muy favorables, también mis coproducciones con España, Italia, Alemania y Francia, pero nunca me pregunté si hubiera hecho esas películas de haber estado en Chile.
“Tal vez estuve ahí justo en el momento en que había que plantear esos temas y había un oído receptivo a mi propuesta”.

-¿Qué significa Chile para ti?
“En realidad, Chile es un rincón que a uno lo acaricia y le da calor, en que la gente me conoce y me saluda en la calle, promete ir a ver mi última película; eso en otras partes del mundo no lo tienes.Significa la patria, en definitiva.
“Si vas a mi pueblo, Palmilla, todo el mundo sabe donde vivo. Esa familiaridad, que es la vida, es muy difícil tenerla en otro lugar que no sea donde se ha nacido. De allí que me sienta chileno universal y por eso regresé a Chile, después de 20 años de exilio”.

-¿A pesar de lo incipiente del cine chileno?
“Venirme era como iniciar de nuevo mi carrera cinematográfica, en un país donde esta industria no existe, pero mi decisión fue regresar y quedarme, porque la vida es más importante aun que el cine”.

-¿Tuvo costos?
“Mi regreso fue por mi propia voluntad, tanto que usé todos los recursos y posibilidades que tenía para volver clandestino en 1982, porque se negaban a que entrara legalmente al país”.

-¿Qué peligro representabas que sólo pudiste entrar en la última lista, la que se entregó antes del Plebiscito?
“Nunca supe por qué, pero hasta ahora hay gente que me persigue en forma inmisericorde; parece que soy muy peligroso. Evidentemente fui un adversario irreconciliable de la dictadura y además fui allendista desde muy joven; ésas pueden ser las razones”.

-¿Ese amor por Chile te llevó a ser alcalde de Palmilla?
“Si no hubiese sido cineasta, hubiera sido alcalde toda mi vida. Fue una experiencia maravillosa, porque la gente tenía y tiene la confianza total y absoluta conmigo, como para buscarme para ayudarla a solucionar sus problemas. Fueron muchas las cosas que se lograron, también gracias a convenios que hicimos con municipios del país y del exterior. La aldea que estaba entrampada en el subdesarrollo entró en el desarrollo del Chile contemporáneo”.

-¿Cumpliste el ciclo?
“Llegó el momento en que tuve que tomar en cuenta el tiempo y decidir. Para mí es imposible siquiera pensar la posibilidad de dejar el cine; entonces, cuando el martes viajaba a Europa, miércoles y jueves filmaba en París, el viernes estaba de vuelta en reunión de Concejo Municipal o en alguna inauguración y luego volver. Era de loco, pero además la gente necesita dedicación exclusiva y el cine, para mí, es mi pasión y mi vida”.

“Uno queda atrapado por el rigor de esas realidades”

“Uno no puede estar en la cama con la productora ejecutiva de su película”

José Valenzuela es detenido por carabineros.

El Chacal de Nahueltoro

Una y otra vez dejó caer su arma sobre su primera víctima. Estando en el suelo, completamente inmóvil, pero con los ojos aún girándole en las órbitas, recibió un guadañazo en el cuello. No conforme con ello, José Valenzuela alzó una piedra de aproximadamente 10 kilos de peso y la dejó caer con furia en el abdomen de Rosa Elena...

IMPACTANTE imagen (en la película) del fusilamiento de Jorge del Carmen Valenzuela Torres, representado por el actor NELSON VILLAGRA.
REVISTA PUNTO FINAL - Nelson Villagra se despide de su personaje.



EL CHACAL DE NAHUELTORO 1969

Ficha Técnica :
Título Original: El Chacal de Nahueltoro
Director : Miguel Littin
Actores : Nelson Villagra, Shenda Román, Héctor Noguera, Marcelo Romo
Región : Multizona
Duración : 90 min
Video : Fullscreen - Blanco y Negro
Audio : Español - Dolby Digital
Subtítulos: Inglés
Resumen : Este filme narra la historia de la infancia, el andar, el crimen, la prisión, la regeneración y la muerte de Jorge del Carmen Valenzuela Torres, alias el El Chacal de Nahueltoro. Es la dramática historia del horrendo crimen cometido por Jorge Valenzuela Torres, venido de un mundo campesino lleno de miseria, de alcohol y de esa subcultura popular que domina a grandes sectores de los países subdesarrollados. Sin embargo, este criminal es rehabilitado al interior de la cárcel y logra insertarse en el mundo social... pero llega la sentencia que hará cumplir su fusilamiento.

Crítica de Cine
"La última Luna"
POR ALVARO INOSTROZA BIDART.

Interesante cinta autobiográfica del realizador chileno Miguel Littin, que bucea en sus orígenes familiares, lo que lo llevó a filmar a Palestina, retratando de paso la compleja realidad de esa zona, de gran heterogeneidad religiosa, racial y cultural; lo que ha significado en diversos períodos de la historia una serie de conflictos bélicos y etapas de dominación, combinadas con épocas de frágil armonía, todo lo cual se trasunta en este filme.
Littin nos cuenta la historia de su padre y su tío, cuando ambos eran niños; y especialmente la de sus abuelos, Soliman (un excelente Ayman Abu Alzulof) y May (una acertada Tamara Acosta), palestinos católicos en una zona cercana a Jerusalén, en esa época dominada por los turcos, hasta que fueron expulsados por los árabes, con la ayuda de los ingleses, con los iniciales brotes de conflicto con los judíos, con los que convivían hasta ese entonces, con relativo respeto mutuo.
De hecho Soliman tenía un gran amigo judío, Jacob (un impecable Alejandro Goic), con el cual hizo negocios y a quien le vendió un terreno y le ayudó a construir su casa de piedra; amistad que por cierto le trajo inevitables problemas a los dos, debido a la intolerancia y fanatismo, que se comenzaba a manifestar por esos días en todos los grupos étnicos y religiosos.
"La Ultima Luna" (2004) es la más reciente película del también novelista Miguel Littin, de 62 años, que nación en Palmilla y que comenzó su carrera como director teatral; y que supo del éxito ya con su primer largometraje, "El Chacal de Nahueltoro" (1969), aplaudida cinta realista que contó con la espléndida actuación de Nelson Villagra. Luego vinieron "Compañero Presidente" (1971), "La Tierra Prometida" (1972), "Actas de Marusia" (1976), "El Recurso del Método" (1978), "La Viuda de Montiel" (1980), "Alsino y el Cóndor" (1982), "Acta General de Chile" (1986), "Sandino" (1989), "Los Náufragos" (1994), "Tierra del Fuego" (1999) y "El Abanderado" (2002), en una trayectoria marcada por el compromiso político y social, que ha dado sus mejores resultados, cuando ha evitado la demagogia y los excesos emocionales, cuando ha logrado un distanciamiento de los hechos mostrados y ha permitido que las imágenes y los acontecimientos hablen con su propia fuerza y convicción.
Esto se logra plenamente en "La Ultima Luna", en la que Littin nos muestra, con sensibilidad y acierto, no sólo los diferentes tipos culturales y religiosos que pueblan Palestina, sino también la grandiosidad y la fuerza del paisaje, semejante al del Norte Grande chileno. A los personajes ya reseñados, debemos agregar, entre los emblemáticos, al primo de Soliman, el árabe rico y patriarcal Gorbacha (un destacado Mahmoud Awad), el Aga turco (Ahmad Abu-Saloum), el cura griego ortodoxo Janos (Nicola Zreineh) y la judía Alinne (Francisca Merino), quizás el personaje menos creíble y lo más débil de la cinta, con un contradictorio rol, entre mágico y nacionalista.
En cuanto al paisaje, queda clara la importancia de las piedras y rocas, no sólo como elemento configurativo de la identidad del lugar, sino también en la construcción de sus viviendas, calles, ciudades, plazas y templos; de la escasa y valiosa agua; de los escasos animales domésticos, como cabras y vacas; y de los pocos árboles que dan sombra, en un lugar donde el sol es fuente de vida, pero también despiadado y temible elemento.
La otra dimensión que está muy bien desarrollada es la cultural, principalmente en lo que corresponde a la familia de Soliman y May. El casamiento entre parientes casi niños, como un modo de asegurar la raza y el patrimonio; el importante rol de la mujer en la familia ("el hombre decide y la mujer actúa" dice el narrador en un momento), la importancia de la música, de las fiestas y de los ritos, le dan a esta película una atractiva impronta documental, muy bien incorporada a la narración. El título de la cinta proviene precisamente de una fiesta que se realiza durante la luna llena, una rogativa por la vida, para que haya otra oportunidad de encuentro, para la familia, los amigos y la tribu.
En fin, una cinta que equilibra inteligentemente los aspectos sociológicos, con los históricos, con los familiares y con esa particular poética que tienen los pueblos milenarios, que viven profundamente los afectos, cerca de la tierra, del sol, de las piedras y las estrellas.

FUENTE: EL RANCAHUASO

Cine italiano premiará a Miguel Littin
categorias: Cultura - Local
El director chileno Miguel Littín recibirá el premio Salvador Allende, que le fue asignado en el 23er Festival de Cine Latinoamericano que se efectúa en Trieste, al norte de Italia.

Escrito por Eduardo Palacios


El director de cine, Miguel Littín, recibirá el premio Salvador Allende, que le fue asignado en el 23er Festival de Cine Latinoamericano que se efectúa en Trieste, al norte de Italia.

Este galardón se otorga a los artistas que se han empeñado en rescatar la memoria y la historia de los pueblos latinoamericanos. Littín, presidente del jurado del festival, recibirá el galardón durante la ceremonia de clausura.

Dos de sus películas fueron postuladas al Oscar a la mejor cinta de lengua extranjera: Actas de Marusia en 1976 y Alsino y el cóndor en 1983. Además ha sido premiado en los festivales de Cannes, Berlín, Venecia y muchos de Latinoamérica.
Littín señaló que "recibir el premio Salvador Allende es una de las grandes emociones de mi vida como cineasta y de ciudadano, como hombre empeñado con las causas populares de Chile y con los principios humanistas de América Latina y del mundo".

Entre sus películas también figuran El Chacal de Nahueltoro (1969) y La tierra prometida (1973).Tras el golpe de Estado de 1973 en su país, vivió en Cuba y México y regresó a Chile en 1995, donde filmó clandestinamente Acta General de Chile, documental sobre la realidad del país bajo el régimen de Augusto Pinochet.
2007-11-13

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El director chileno Miguel Littin cree que los nuevos cineastas latinoamericanos son menos ideólogos
Trieste (Italia), 10 nov (EFE).- El cineasta chileno Miguel Littin cree que la última generación de directores latinoamericanos "es más impresionista y menos ideológica", aunque continúa reflejando los problemas sin resolver del continente, como la pobreza y la opresión, según dijo en una entrevista con EFE.

Littin, de 55 años, se encuentra estos días en la norteña ciudad italiana de Trieste, donde ha recibido el premio Salvador Allende del Festival de Cine Latino Americano, que hoy cierra sus puertas.

Preguntado por su experiencia en el festival, del que también es presidente del jurado, dijo que ha sido muy interesante porque le ha permitido conocer "los nuevos autores y cómo narran y cuentan los aspectos de la vida cotidiana".

Littin, que tuvo que exiliarse en México cuando triunfó en Chile el golpe de Estado de Augusto Pinochet, observa una diferencia entre los directores de su generación y los de ahora: "Su punto de vista es mucho más impresionista que ideológico".

El autor de "Tierra Prometida", rodada en 1972, opina que "detrás de toda esa impresión hay un reflejo de la desarticulación del ser humano en la época de la globalización".

Se trata, en definitiva, del reflejo de "sociedades que están a caballo y aún no han resuelto el problema de la sociedad agraria pastoril con la sociedad industrial".

Pero para Littin, que ha recorrido toda América Latina dando clases en talleres de cine, esa desarticulación provocada por la globalización no ha roto la estructura de la común identidad latinoamericana.

"La globalización no quiere decir universalidad; la primera es un concepto económico, la segunda un concepto humano y existencial", apreció el cineasta chileno, aún en activo, porque "el cine es lo que más me gusta en la vida".

"Hay señas en los filmes del festival de una identidad común. Los personajes están dominados por el poder. El poder siempre está presente. Hay una lucha de los oprimidos contra los opresores y eso está en todos los filmes", comenta.

A su juicio, "los nuevos directores latinoamericanos tienen una necesidad de rebeldía casi inconsciente contra el poder opresor".

Es una identidad no resuelta, asunto que diferencia "el cine de la región del asiático, más centrado éste en las relaciones con la naturaleza, mientras el estadounidense busca más la excelencia en la producción", comentó Littin sin citar el cine europeo, continente del que aseguró hoy "no tiene opinión en el mundo".

Littin, que en estos momentos rueda un documental sobre "Isla Dowson 10", un campo de concentración de la dictadura pinochetista, rechaza que el cine latinoamericano esté anclado en el pasado, como sostienen ciertos críticos.

"¿Cuál sería el futuro?", se preguntó un Littin molesto por esa apreciación: "lo único diferente en el cine latinoamericano
(...) es la realidad de América Latina, que todavía vive un proceso del medievo porque no ha logrado desarrollarse ni industrial ni tecnológicamente".

Siguió con su defensa del cine latinoamericano cuando dijo: ¿Qué esperan? ¿Qué el cine vaya por delante del desarrollo mismo de la sociedad?".

Para Littin, "el principio fundamental del neorrealismo está vigente: el cine es un espejo de la realidad y no es más que la realidad".

"El ciudadano común, el de la calle, sigue teniendo angustias y necesidades que no son diferentes a las de hace treinta, cuarenta o cincuenta años", resaltó.

© EFE 2007 7-11-10

La última luna
Convertirse en forastero
10 de abril de 2005
Christian Ramírez
Artes y Letras, El Mercurio

Dirección: Miguel Littin
Guión: Miguel Littin

Elenco: Ayman Abu Alzuloff, Tamara Acosta, Alejandro Goic, Francisca Merino

Aparte de contribuir al rescate de queridas memorias familiares, los aciertos y desaciertos de la nueva película de Miguel Littin, podrían desempeñar una función extra: devolverlo de una vez por todas a un papel activo dentro de la cinematografía nacional.

Dependiendo de las circunstancias, hay dos tipos de narradores: los que quieren (y pueden) retornar a casa y los que no desean mirar atrás, hacia el origen. El cuasi centenario realizador portugués Manoel de Oliveira ilustra muy bien esa dicotomía en Viaje al principio del mundo (1997), donde vestía a Marcello Mastroianni con sus propias ropas y lo llevaba durante una tarde a un viaje por los caminos de su infancia: los paisajes lo hacían retroceder casi hasta el principio, pero la camioneta que lo llevaba iba siempre hacia delante, en fuga, devorándose la carretera, en ruta hacia el pasado y –al mismo tiempo- dejándolo atrás.

De modo que los recuerdos se pueden conjurar, pero sólo hasta un cierto límite: a partir de ahí, la historia en cuestión debe desenvolverse con los valores del presente. Tal vez sea por eso que Elia Kazan esperó hasta bien entrada la madurez para atreverse con insuperable América América (1963), la historia de la migración de su tío griego hasta Nueva York, y que Martín Scorsese aún esté esperando el momento adecuado para embarcarse en la filmación de The neighborhood, un guión de 1997 sobre tres generaciones dentro de su familia (desde la vida en Sicilia hasta el traslado a Nueva York). Hacer memoria, entonces, es cosa seria; básicamente porque se juega con una posesión de la que la gente no tiende a deshacerse: los recuerdos. Los propios y los heredados.

EL CHILE MISTIFICADO

Esa parece ser la intención inicial de La última luna, filme en el que Miguel Littin escenifica las memorias infantiles de Mihail, su abuelo materno, nacido en Palestina, casado en la infancia y despachado en barco hacia Quillota a fines de la Primera Guerra Mundial.

Conociendo el pasado del cineasta (Sandino, Tierra del fuego), el proyecto tenía escrito la palabra “épico”en letras de molde y -quién sabe– puede que en el papel lo haya sido, pero en la versión que se exhibe en salas fue filmada con presupuesto ínfimo para los antiguos estándares del director, en medio de los territorios ocupados, con minoría de actores chilenos y hablada en árabe.

Valga la advertencia, para que nadie se siente confundido una vez que haya empezado la proyección: se trata de un filme nacional, hablado en árabe y con subtítulos en español. Y no podría haber sido de otra forma. La sola idea de pensar en los antepasados de Littin pululando en los alrededores de una Belén dominada por los turcos y hablando en español es casi tan ridícula como esos viejos filmes de guerra donde los nazis hablaban un inglés repleto de erres.

De algún modo toda esa austeridad y la barrera idiomática obran le hacen un favor a la película, quitan a la audiencia unas cuantas preconcepciones acerca de la temática y su director, y le obligan a concentrarse en el corazón de la anécdota: agobiado por las deudas, Solimán (padre de Mihail) decide vender la parte más seca de sus tierras a Jacob, un judío que ha vivido buen tiempo en diversos países de Latinoamérica. Más todavía: contra la opinión de sus vecinos y parientes, llega a un acuerdo para ayudar a este extranjero a construir una casa y luego la afrenta se vuelve mayor cuando queda claro que ambos se están haciendo amigos.

No podrían haber tenido peor timing: el dominio de los turcos está en pleno retroceso, los ingleses no tardarán en aparecer y los asentamientos hebreos en aumentar. Solimán podrá sentirse en su hogar, pero por algo está enviando a su hijo a ese lugar llamado “América-Chile; América-Quillota”. Al otro lado del mundo, literalmente.

Ahí, en la transformación brusca de un forastero en dueño y viceversa (un tema que también hacía su aparición en medio de la desmesura y delirio de la infausta Tierra del fuego), es donde el director y su equipo gastan la mayor parte de su energía: consiguen que el relato discurra de la forma más sencilla posible, convierten a las nebulosas y mistificadoras referencias a Chile en evocaciones que parecen sacadas de un cuento árabe y logran que la comunicación entre los dos protagonistas –el palestino Ayman Abu Alzulof (Solimán) y el chileno Alejandro Goic (Jacob)- fluya en forma natural.

No puede decirse lo mismo del telón de fondo -los inicios del conflicto árabe israelí, las evidentemente complejas relaciones familiares al interior del clan de Solimán o el veloz y descuidado paso de la narrativa por los kibbutz hebreos-: como si los realizadores sólo se hubieran molestado en bosquejarlos con rapidez para poder concentrarse de una vez en el creciente dilema entre los protagonistas y que inevitablemente acabará por ponerlos en bandos contrarios.

Es interesante que Littin haya tenido que alejarse tantos kilómetros para sacudirse los vestigios de proyectos fallidos, viejas polémicas, la perenne sombra de su debut (El chacal de Nahueltoro) y por sobre todo hacer suyo de una vez un tema que se ha vuelto central en el cine chileno de los últimos años: el descubrimiento de la identidad a partir de la traición y la confrontación. Pero ese proceso -que una cinta como La fiebre del loco articula con precisión- en La última luna se siente incompleto y aún en tránsito, ante todo por que su narración está conducida por la voz y las memorias de Mihail, testigo parcial y muy lateral de la mayoría de los hechos. Es como si la clave para descifrar la película radicara en lo que ésta no cuenta: su propia mirada acerca de la tragedia de su padre, no una reconstrucción prefabricada de esa misma historia.

En alguna parte, Littin ha mencionado su deseo de continuar la historia de su abuelo y su vida en Chile. Si consigue salirse con la suya, una ventaja obvia es que manejará recuerdos de primera mano. La desventaja es que serán más recientes y -por lo tanto- convulsos, urgentes, desgarrados.

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Cine chileno en el exilio (1973-1983)

Presentación

Me fascina la fidelidad del cineasta chileno con la historia de nuestro pueblo,y el entusiasmo y la convicción con que ha alertadoe informado a pueblos lejanos de nuestros problemas y nuestro modo de ser
Antonio Skármeta
El cine no era una actividad cualquiera. El mismo 11 de septiembre de 1973 tropas militares llegaron a los estudios de Chile Films y quemaron miles de metros de película. De las disciplinas artísticas, quizás el cine fue el más perjudicado a partir del
golpe de Estado. Al allanamiento de Chile Films se sumó el cierre de los departamentos y escuelas de cine universitarios. Ocurría que gran parte del gremio cinematográfico era partidario del gobierno de la Unidad Popular, llegando a firmar un “Manifiesto de los cineastas de la Unidad Popular”. Así, de manera forzada o voluntaria, se produjo el exilio de cineastas y actores, que vino a engrosar las filas del exilio chileno. Se radicaron en Francia, Alemania Occidental, Suecia, Finlandia, Canadá, Alemania Oriental, Unión Soviética o Cuba, donde recibieron el apoyo de diversos organismos públicos y privados, interesados por la excepcional situación de chile. Estimulados por contarle al mundo lo que había sucedido en Chile, los cineastas en el exilio desarrollaron una obra monumental en términos cuantitativos. Nunca antes se había hecho tanto cine chileno. De hecho, la filmografía en el exilio constituye todo un récord: entre 1973 y 1983 se realizaron 178 obras, cifra muy superior a cualquier decenio anterior. La gran mayoría fueron obras de denuncia al régimen militar, que abordan el sufrimiento del pueblo chileno, la prisión, la tortura y la vida en el exilio. Algunos títulos son elocuentes, como Hitler-Pinochet o Pinochet: fascista, asesino, traidor, agente del imperialismo. La mayoría de estas películas no tuvo mucha repercusión y actualmente es muy difícil encontrarlas. Sin embargo, algunas tuvieron gran éxito de público, como Llueve sobre Santiago de Helvio Soto, Actas de Marusia de Miguel Littin, La noche sobre Chile de Sebastián Alarcón o Ardiente paciencia de Antonio Skármeta. Hacer cine era una manera de comprender, sistematizar y purgar lo que los realizadores exiliados estaban viviendo. Para el público europeo de esos años, las películas chilenas debían ser comprometidas y de denuncia. Pero ya a fines de la década de 1970, la temática del cine en el exilio comenzó a diversificarse: la revolución sandinista, inmigración laboral, documentales antropológicos, etc. Ya hacia 1983 el ciclo del “cine de exilio” se estaba agotando. Habían pasado 10 años, en Chile se estaban relajando los controles del régimen, retornaron muchos exiliados y resurgió la prensa disidente. Se abría una nueva etapa en Chile, aquella de las protestas y la lucha abierta contra la dictadura. La generación de cineastas marcada por el golpe y el exilio encontraba así una nueva fuerza temática: las protestas, la lucha opositora y el nuevo Chile que iba a nacer.


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