sábado, 26 de julio de 2008

Hacienda Los Lingues

V/D EL MERCURIO sábado 26 de julio de 2008
ARRAIGADOS EN EL CAMPO


Con dos mil hectáreas de terreno esta típica casona chilena cuenta con un enorme parque donde cada especie está identificada con su nombre.

Construida hace más de 400 años y con quince generaciones de los Lira disfrutando sus rincones y el inmenso parque que la rodea, la hacienda Los Lingues es una de las casonas familiares más antiguas de nuestro país. Desde 1980 alberga al hotel con ese nombre, un lugar con espíritu de campo y que atesora inolvidables recuerdos.

Texto, Constanza Toledo Soto Fotografías, Viviana Morales

Actualmente la Hacienda Los Lingues tiene 433 años de existencia y cuenta con una línea de vinos que lleva su nombre. En la foto el comedor, construido en 1640.

Cuando era niño Germán Claro Lira demoraba tres horas en llegar a la hacienda que su familia tenía en los Lingues. En ocasiones viajaba junto a sus padres, pero otras veces ellos lo dejaban a él y a sus siete hermanos arriba del tren, dándole la instrucción al chofer de que les dieran el gusto en todo con tal de que no molestaran. Comían, tomaban bebidas a sus anchas, y la cuenta llegaba más tarde a manos de su madre.Así empezaban los veranos de estos santiaguinos.

Llegaban al campo a juntarse con un montón de primos con quienes disfrutaban –vestidos de mameluco y ojotas– jugando en la chacra, andando a caballo, en bicicleta, bañándose en la piscina, practicando tenis, cazando y corriendo alrededor del patio; además de realizar actividades de teatro e incluso formar un coro. Por esos días –mediados de 1900– al lugar lo llamaban la comunidad Lira–Vergara, ya que a cada una de las familias les pertenecía un pedazo del terreno que en su totalidad era administrado por un tío que vivía allí.A esas alturas la enorme casona chilena perteneciente a los Lira tenía ya 300 años de existencia.

En la iglesia el piso es de piedra rosada hecho a mano, y algunas imágenes son del siglo XVI. Se ubica a un costado de la casona principal y allí se celebran matrimonios y misas cada quince días.


La historia había comenzado cuando hacia la mitad del siglo XVI el sitio –con otra construcción hecha en medio del parque– fue entregado como merced real vitalicia a Juan Jufre Montero, quien más tarde la dejaría como herencia a sus hijos y nietos. Después de varias generaciones los Lira Argomedo formaron parte de su descendencia, y es a ellos a quienes se les atribuye la construcción de los dos sectores más antiguos de la vivienda, que datan de 1640: el comedor y la capilla.

De parte de otros familiares vendría la edificación del resto.Conocido político de fines del siglo XIX, fue por las amistades de José Toribio Lira Artiga –abuelo de Germán, actual propietario– que solía verse por ahí a variadas personalidades tanto de la zona como otras que viajaban de la capital. En ese tiempo se trataba de una casa patronal valiosa, entre otras cosas, por su inmensa lechería y la plantación de grandes extensiones de cáñamo y cuero. Allí además, los inquilinos contaban con un lugar donde vivir, algunas tierras y animales para trabajar.De elegante residencia, este enorme recinto pasó a ser el sitio donde las nuevas generaciones iban cada verano. Eso hasta que en 1965, con el proyecto de un hotel en mente, Germán Claro Lira compró los derechos de la propiedad a sus hermanos y a su madre.

Dedicado en Santiago al mundo de la industria, Claro tomó el campo como una entretención que, poco a poco, se convirtió en lo único que tenía.Estando en Santiago inició los trabajos de reconstrucción de los ambientes con mano de obra especializada, y para que todos ellos fueran habitables botó paredes para hacer dormitorios, hizo 23 nuevos baños y una cocina; instaló chimeneas en los salones; arregló conexiones eléctricas; y acondicionó con lujo de detalle cada espacio para hacer de éste un hotel familiar, que mantuviera ciento por ciento el espíritu original de la casa señorial que había sido antaño.



La fecha de construcción de este salón es 1765. Aquí hay muebles franceses estilo Imperio y Luis XVI.

De hecho los muebles de los salones en su mayoría pertenecieron tanto a sus antepasados como a los de María Elena Lyon, su señora, con quien se estableció definitivamente ahí en la década de los ochenta, al poco tiempo de inaugurada la "Hacienda Los Lingues", nombre con que se conoce al hotel.Madera, algunos muros de adobe cuyo ancho alcanza más de un metro en algunos sectores, y techo de tejas son parte de la arquitectura de la casona que el matrimonio Claro Lyon comparte junto a sus hijos y nietos, y que hoy guarda innumerables recuerdos de las quince generaciones de esta familia que han pasado por ella.

Toledo Soto.


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