miércoles, 22 de abril de 2009

Don José María Caro Martínez

Fuente: www.pichilemuchile.com/

May 12, 2009
La comuna de Pichilemu, creada el 22 de diciembre de 1891, por Ley de Comuna Autónoma, de la que fuera autor Manuel José Irarrázabal Larraín –Marqués de la Pica y Señor de Almenar- a la sazón Ministro del Interior, la formaba la subdelegación 13, que se componía de los distritos Cáhuil, Peñablanca y Cocauquén, abarcando las actuales comunas de Pichilemu, Marchigüe y parte de la de Peralillo, siendo una de las más extensas de las nueve del antiguo departamento de San Fernando.



Sólo el 6 de mayo de 1894 sesionaba su primer municipio, con regidores electos en votación popular, entre los que se encontraba el ex subdelegado Jose María Caro Martínez quien, en dicha reunión, fue elegido por unanimidad primer alcalde de Pichilemu.

Recuérdase que ese año el ferrocarril llegaba a Alcones y don Agustín Ross empezaba la gigantesca tarea de crear en la costa pichilemina, un lujoso balneario para la exigente sociedad chilena. De lo primero que se preocupó la flamante autoridad, después de formar el cuerpo de policía local, fue otra de caminos y escuelas a la zona de su jurisdicción. Respecto a los primeros, ocupo especial atención el que da acceso a la sede comunal desde la región central, levantando un puente en la marisma de Petrel; también el que lleva a las salinas fue otro de sus favoritos. Y en la fundación de escuelas, Yerbas Buenas, Las Garzas, Trinidad, Molineros, Peñablanca, Pichilemu mismo, fueron los beneficiados con el adelanto docente, ya que en Ciruelos existía la única escuela costeña, al sur de Colchagua y en la que cursara estudios primarios su hijo homónimo que llegaría a ser primer cardenal chileno.

El alcalde Caro, vecino de la Quebrada de Nuevo Reino, donde se ubicara al retirarse de San Antonio de Petrel, lugar natal suyo y de todos sus hijos, después de servir por mucho tiempo cargos de confianza dentro de la inmensa hacienda sanantonina, viajaba continuamente a caballo desde su residencia campesina a Pichilemu, a presidir sesiones, revisar trabajos, firmar decretos y correspondencia. Siempre se le vió presentando cualquier iniciativa a favor de su comuna. Su acción alcaldicia desarrollóse en forma tal que, siendo la más larga hasta hoy, fue una de las más fructíferas en la vida comunal de Pichilemu.

Cuando Virgilio Figueroa trazara la semblanza biográfica del entonces Obispo Caro, hijo del edil de marras, referíase así de este: “Su padre posee espíritu público y dotes de mandatario, cualidades que le sirvieron para desempeñar la primera alcaldía de Pichilemu, desde la fundación de esa comuna hasta once años más tarde”.

En efecto, su gobierno, fecundo, llegó hasta mayo de 1905, terminando el período sólo como regidor. Años más tarde, su hijo Francisco llegaría también a ser alcalde de Pichilemu.

Desde su retiro rural siguió atento a todo lo que fuera en pro de la comuna que dirigiera con tanto acierto, llegando pronto a ser esta una de las más progresistas en la vasta provincia de la huasa Colchagua, de manera que hoy vemos a Pichilemu como capital de la nueva provincia de Cardenal Caro.

Había nacido en la hacienda San Antonio de Petrel en 1830. La partida de bautismo no está en los libros parroquiales de Ciruelos porque entre 1830 y 1834, en un incendio se quemaron los libros de esos años; de ahí que su esposa, Rita Rodríguez, nacida en 1834, tampoco figure. Sus padres fueron Pedro Pascual Caro Gaete y Cayetana Martínez Ríos. Casó en la capilla de San Antonio de Petrel, el 20 de febrero de 1860.

Desde que se instalara definitivamente en Quebrada de Nuevo Reino, tomó contacto activo con la parroquia ciruelina, pues fuera de asistir con toda su familia a la misa dominical, participaba como mayordomo de la Archicofradía del Santísimo Sacramento. En los archivos del Arzobispado de Santiago que se publican anualmente, figura electo para tal cargo los años 1888, 90, 92 y 1900, faltando algunos tomos. Además, por 1891 y 1892, fue Subdelegado de la sección 13.

Falleció de 86 años de edad en noviembre de 1916. Sus cenizas reposan al lado de las de su esposa, doña Rita Rodríguez Cornejo que le sobreviviera hasta 1931, con la hermosa edad de 97 años, en el cementerio parroquial de la vieja aldea de Ciruelos.




(Tomado del libro Hombres y Cosas de Pichilemu, de José Arraño Acevedo).



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