domingo, 9 de marzo de 2008

Raúl de Ramón y María Eugenia Silva, colchagüinos

Su nombre completo, Raúl Alberto de Ramón García del Postigo. Nació el 12 de mayo de 1929, cursó sus años escolares en The Grange School de Santiago, ingresó después a la Universidad Católica de Chile, donde obtuvo el título de Arquitecto. Se casó con María Eugenia Silva Fuentes y fue padre de dos hijos, Carlos Alberto (abogado), y Raúl Eduardo (médico neurocirujano).
Atraído profundamente por todo aquello que significara un contacto o evocación de los que son nuestras raíces, concentró toda su capacidad creativa en la investigación y producción folclórica chilena, logrando una fructífera labor en el campo de la música, la poesía, la literatura y la arquitectura tradicional.
La obra de Raúl de Ramón ha sido principalmente difundida a través de su contribución en el campo de la música folclórica chilena. Autor de más de un centenar de canciones en música y letra, sus composiciones abarcan la totalidad de las regiones de Chile, en lo que a ritmos se refiere, respetando las estructuras métricas y armónicas que las caracterizan básicamente.
A modo de ejemplo, pueden citarse:
Norte: Rosa Colorada, La Mula Rosilla, Ponchito Morado; Centro: El Amor del Arriero, Camino de Soledad, Nostalgia Colchagüina; Sur: La Barca de Madera, Si me dices que me quieres, La Libélula; Chiloé: El Curanto, El Camarón, El Zorro Chilote.
Es importante destacar el profundo contenido que se encuentra en las letras de todas las composiciones de Raúl de Ramón. Son el resultado de una excepcional capacidad de observación, asimilación y síntesis del paisaje, costumbres, personajes y experiencias, con lo cual, cada canción, a través de su letra, se transforma en una vivencia profunda, en un mensaje poético.
Una gran cantidad de estas composiciones muestra imágenes y personajes que parecieran ser repetidos u omnipresentes, pero, según lo

expresara el propio Raúl de Ramón,

"son el encuentro en mis caminos interiores, geralmente simbolizados por los solitarios, los arrieros y la noche: la vida concebida como un círculo sin fin; la luna y las estrellas como los ideales guías; el frío, los vientos, la tempestad, los espineles, como la adversidad; el eterno caminar, como la necesidad de introspección y los cercos y traqueras, los obstáculos que uno mismo se crea."
("Arreo en el Viento", pág. XII).
Por otra parte, la diversidad de temas muestra, sin duda, la personalidad multifacética que lo caracterizó como un ser de extraordinaria sensibilidad frente al estudio y desarrollo de sus composiciones, las cuales asumen formas románticas, heroicas, humanistas, descriptivas e incluso jocosas.

Amor y folclore

En el ámbito literario propiamente tal, el legado intelectual no es menos importante que el anterior, habiendo publicado oficialmente dos libros y dejando un tercero impreso.
El primero de ellos, "El caballero y sus dragones", fue publicado oficialmente en septiembre de 1981. Es una novela costumbrista, inmersa en nuestra más pura tradición huasa y campesina, descriptiva a veces de lo que ha sido la historia patria, así también como autobiográfica, que en agradables formas literarias y con la característica que definen su pluma, trasmiten situaciones, personajes, imágenes y todo lo que formó parte de su entorno. El titulo del libro pretende enfatizar el que "un caballero tiene siempre que humillar dragones"; esto es, afrontar día a día el desafío de la vida, lleno de obstáculos y sorpresas, con entereza, sin perder jamás el norte que marcaron sus antepasados, de tal forma que siempre satisfagan los objetivos planeados.
El segundo libro, "Raíces en la bruma", publicado en 1982, es un poema épico, que invita al lector al encuentro con sus antepasados, pilares de la realidad cultural de un pueblo, refrescándoles, mediante una hermosa y elaborada poesía, su presencia en el tiempo y de esta forma llamarlos a impedir que sean sepultados definitivamente por las nuevas generaciones.
El titulo del libro es por de más explícito con respecto a su contenido, constituyendo una muestra más de la capacidad de síntesis y plástica, por medio de la palabra, del autor.
El tercer libro, "Arreo en el viento", no alcanzó a ser publicado oficialmente. Corresponde a la recopilación de todas sus canciones, a la manera de un cancionero didáctico, presentadas por zonas, de Norte a Sur del país, y agrupadas de acuerdo con su forma rítmica particular. Además, incluye un cuestionario, que fuera confeccionado por los poetas, prosistas y músicos contertulios del centro cultural "La Capilla", fluyendo entre las respuestas del autor su personalidad y muchos de sus pensamientos básicos.
El titulo principal del libro, "Arreo en el viento", según lo expresa Raúl de Ramón "ha simbolizado siempre un arreo espiritual compartido, y un arreo espiritual por los caminos interiores". A su vez, él titulo secundario, "Cancionero secreto", también de acuerdo a lo mencionado por el autor, se debe a que "la mayoría capta las melodías y los ritmos. En ocasiones los estribillos. El mensaje poético suele permanecer desconocido".
Una siembra de amor por el folclore
Se observa, de acuerdo a todo lo anterior, el fuerte deseo por no dejar enclaustrado en su mente los pensamientos y conocimientos adquiridos; si no que, por el contrario, entregarlos a los chilenos, utilizando para ello diferentes formas de presentación. Es el caso de los distintos conjuntos de música folclórica chilena formados por Raúl de Ramón, en los cuales tuvo una activa participación. El primero de ellos se llamó "Los huincas", que vio pasar durante su trayectoria de años, iniciada en la universidad, a quince integrantes en distintas épocas, destacándose la presencia de Rogelio Muñoz, su gran amigo.

La familia en pleno

El segundo conjunto, sin duda el más importante de toda su carrera artística, y también en el ámbito nacional y continental, se llamó "Los de Ramón". Este era originalmente un dúo que formaba con su esposa María Eugenia, definida en este sentido por él mismo como la gran voz que dejó mudo al compositor. Ella era una mujer con un gran temperamento, sensibilidad y arte para interpretar sus canciones. Juntos recorrieron América difundiendo nuestro folclore, ejecutando aproximadamente doscientos conciertos, principalmente en Estados Unidos y México, regresando cargados de un valioso material folclórico latinoamericano, el que también se preocuparon de dar a conocer oportunamente.
Posteriormente, a su regreso de tan exitosa gira, se unieron al dúo sus dos hijos, Carlos Alberto y Raúl Eduardo, con quienes interpretaron la casi totalidad de las composiciones del autor, quedando un vasto testimonio de ello: una notable cantidad de discos de corta y larga duración, así también como las grabaciones efectuadas por los distintos canales de televisión.
El último conjunto que formó se llamó "Los hidalgos", integrado por Ignacio Bastarrica, Hector Inostroza, Raúl de Ramón y Leonardo Sanz, primera, segunda, tercera y cuarta voz, respectivamente.
Este fue un nuevo intento por revivir el agónico folclore tradicional chileno, basándose fundamentalmente en el repertorio y estilo que impusieron "Los cuatro huasos", famoso conjunto chileno, a fines de la década del 20 y comienzos del 30; preocupándose por obtener la mayor cantidad posible de antecedentes del desaparecido conjunto, a través de materiales bibliográficos, grabaciones en discos de la época, conversaciones con personas relacionadas directamente con sus integrantes, y, por supuesto, los recuerdos personales que aún retenía en su memoria. Este conjunto, así orientado, fue parte de su diaria labor artística durante sus tres últimos años de vida.

LOS DE RAMÓN; EL DÚO ORIGINAL

Alejándose de lo recibido durante su formación profesional, el arquitecto Raúl de Ramón abogó por mantener latente la sensación y el calor de auténtico hogar que le producía la casa de campo chilena. Así, todo lo que concibió en el ámbito de proyecto y ejecución estuvo impregnado de ese sentimiento. Son de destacar, en ese contexto, su propia casa, ubicada en la comuna de Providencia, Santiago de Chile, y el restaurante "El Alero de Los de Ramón", ubicado en la comuna de Las Condes, Santiago de Chile. Ambas construcciones evocan, en su distribución espacial interior, sus fachadas, su ornamentación y, en general, en cada uno de sus rincones, aquella arquitectura tradicional que hoy pareciera estar desterrada de la metrópoli, invadida por la tendencia moderna de las formas rectas.
Por otra parte, no se puede dejar de mencionar el enriquecimiento que ha tenido el folclore chileno con los nuevos ritmos y expresiones musicales que impuso Raúl de Ramón, denominados por él mismo como: Galopito, Diálogo, Solo y Arreo. Estos, que atribuye su autor como propios de la zona central, principalmente en la temática que desarrollan sus letras, rompen el ya tradicional esquema de las tonadas, villancicos, cuecas, canciones, resfalosas, etc., que caracterizan a dicha zona y que también fueran abordados por él extensamente.
Además, el sonido que logró proyectar junto con la armonía de sus canciones, es otra muestra de la singularidad que adoptó en todo momento creativo. Para satisfacer tal propósito fue preciso que rescatara instrumentos ya olvidados, como el guitarrón chileno de veinticinco cuerdas, incorporar otros no atribuidos formalmente al folclore chileno como el rabel, e incluso ideará una guitarra bajo. A este respecto se debe resaltar la extensa colección de instrumentos musicales de que hizo gala en sus presentaciones, no solo chilenos, sino latinoamericanos, la cual supera el centenar, y, lo que es más, puede decirse que constituyen un "museo vivo", como él mismo lo señalara, debido a que han estado en permanente uso.
Por expreso deseo de Raúl de Ramón, fallecido el 19 de abril de 1984, sus restos fueron cremados, y sus cenizas, esparcidas en su tierra campesina de Santa Cruz, Colchagua, donde nació su cariño por nuestra tierra.
-

Profesor en Línea agradece especialmente a la página oficial de Los de Ramón por facilitar el material biográfico.

(Foto Revista Rítmo)

RAÚL DE RAMÓN Y LOS DE RAMÓN

EL CURANTO
Texto y música de Raúl de Ramón
Sirilla

//: Levántate hombre flojo,
sale a pescar, sale a pescar,
que la mar está linda
pa' navegar, pa' navegar. ://

//: No puedo levantarme,
tengo mucha hambre
y pescar con fatiga
va a malograrme. ://

//: Quiero comer curanto
con chapalele,
milcao, chicha 'e manzana
y aunque me vuele. ://

//: Los botes ya salieron
de la ensená, de la ensená,
y vos 'tai en la cama
sin hacer na', sin hacer na'. ://

//: Es que he comido mucho
por lo derecho
y es malo hacer esfuerzo
tan satisfecho. ://

//: Quiero comer curanto, etc.

LA ROSA COLORADA

(Foto en el Cajón del Maipo. Expedición al Volcán San José, Club Andino Pamir)
-
Se va ciñiendo el sendero
al vientre de las arenas;
Asi va mi corazón,
culebreando entre las penas.

(Foto en el Cajón del Maipo. Expedición al Volcán San José, Club Andino Pamir)
-
El opaco redoblar,
de las uñas de las mulas,
se agolpa en mi corazón,
con repicar de amargura.

(Foto en el Valle de La Engorda, Expedición al Volcán San José, Club Andino Pamir)

Las largas filas de mulas,
polvorientas y cansadas,
se derraman sobre el verde
corazón de la quebrada.

El pueblo parece un piño,
de vicuñas escarchadas,
y el humo de los fogones
su aliento en la madrugada.

(Cumplido el objetivo los arrieros y sus mulas vuelven a Baños Morales)
.
De que le sirve al arriero,
llegar al fin del sendero,
si no ha de encontrar en él,
alegría ni consuelo.

Su consuelo está en la tropa,
en su eterno caminar,
y el crujir de los arneses
cantando en la soledad.

Rosa Colorada, quien te deshojó,
porque no esperaste mi vida que llegara yo.

A RAÚL DE RAMÓN CANCION DE DESPEDIDA

Por los campos de Colchagua, el pueblo suele decir;
que cuando cae la tarde, se ve a un jinete venir.

Con un poncho de arreboles, y espuelas que estrellas son,
alazán y Caballero, cabalgan la canción.
No levanta polvareda, el viento es como su voz,
y el rumor del río, lo envuelve en una canción.

Con un Arreo en el Viento, Raúl de Ramón se aleja,
las nubes van tras sus pasos, caminando por las estrellas.
Una Rosa Colorada, la que lleva en su sombrero,
con ella se va en la noche, por los caminos del tiempo.

Letra y música de Willy Bascuñan, interpretada por María Eugenia Silva,
en el Festival del Huaso De Olmúe, 1984

-
En 1975 la periodista Pilar Vergara presentó a los De Ramón, una familia "muy vieja y de tradiciones muy antiguas", como ellos mismos se definieron. Los folcloristas chilenos desmintieron que existiera una pobreza musical en Chile y contaron que celebraban las Fiestas Patrias con un buen asado, mucho ánimo y rodeados de amigos.

De donde viene el traje de huasa elegante, con falda y chaqueta negra ajustada?

- Antiguamente la gente usaba un ropón para andar a caballo, y las mujeres usaban estas faldas ajustadas para montar de lado. Hubo una folclorista, María Eugenia Silva de Ramón, que dijo: mi familia nunca ha sido de inquilinos, sino de dueños de la tierra, así que yo no puedo usar el traje de china. La verdad es que las mujeres de las casas patronales jamás usaron un traje típico. O llevaban ropa de Santiago que ya no usaban o se hacían unas ropas sencillas para el campo, entonces para bailar, usaron el ropón, que era lo más característico del campo, la ropa de montar.

María Eugenia Silva
Biografía Discografía
Fechas: Santiago, 27 de noviembre de 1929. - Santiago, 20 de marzo de 2002.
Años activos: 1950-60-70-80
Género: Folclor
Grupos: Los de Ramón
Sitio:
www.losderamon.scd.cl/maria.html

Indudablemente los propósitos creativos de un compositor como Raúl de Ramón no hubieran alcanzado tal impacto en la música popular chilena de no haber sido por la presencia de María Eugenia Silva.

Gracias a su participación como intérprete, la obra de de Ramón llegó a convertirse en un punto de referencia estético entre la música de raíz latinoamericana de la época, mucho más allá del cliché acerca de que “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”. María Eugenia Silva no sólo puso su voz cristalina en las canciones de Raúl de Ramón, sino que además incursionó en la ejecución de un no menor instrumental vernáculo, como el charango, incluso diez años antes de que se transformara en el máximo símbolo de la Nueva Canción Chilena.

Como su esposo, María Eugenia Silva provenía de una tradicional familia acomodada y terrateniente de la zona de Colchagua. Desde muy pequeña estudió canto lírico y piano clásico, pero la ópera italiana siempre estuvo desplazada por aquella infinita fuente de música campesina que la rodeaba, así como también por la zarzuela. Aprendió a tocar la guitarra criolla y la cuncuna (acordeón de botones) y con esas armas se orientó definitivamente hacia la música folclórica. Para 1955, María Eugenia ya había conocido a Raúl de Ramón en los canturreos organizados por la Agrupación Folklórica de Raquel Barros y poco después, ya casados, ambos se iniciaban como dúo musical bajo el nombre de Los de Ramón. Si aún existía alguna posibilidad de que María Eugenia se convirtiera en cantante lírica, como soñaba su padre, en 1956 se había perdido para siempre.

Junto a Los de Ramón, la intérprete brilló por dos décadas, giró por América Latina y Estados Unidos, e hizo enormes discos como Arreo en el viento (1962), Nostalgia colchagüina (1963) o Los de Ramón en familia (1967), este último ya con sus dos hijos incorporados al conjunto. Si Raúl de Ramón fue el cerebro de Los de Ramón, María Eugenia puso el corazón, llevando la música de raíz folclórica a las embajadas, las recepciones y los salones de importantes clubes sociales. Su intenso trabajo de apoyo se extendió incluso en la gestación del recordado Alero de los de Ramón y finalmente le valió el respeto de figuras históricas como la folclorista Margot Loyola.
Víctima de un infarto, falleció en su departamento de Vitacura en marzo de 2002, a los 74 años.

—Iñigo Díaz.
Foto: archivo.

QUIÉN ES QUIÉN EN LAS LETRAS CHILENAS

LOS CUATRO HUASOS

Mi familia tanto la rama paterna como materna siempre había estudiado música de buen o mal grado.
Mi bisabuela, doña Ana Basterrica Valenzuela, mantuvo una orquesta de cámara bastante famosa y que dio muchos conciertos públicos y privados. Uno de sus hijos, Aurelio, creó una cadena de cines de barrio y contrató a cuatro muchachos universitarios para que actuaran entre película y película. Descontento de su nombre, algo así como Cuarteto Criollo Nacional, los bautizó como “Los Cuatro Huasos” y los ayudó a comprar sus primeros aperos. Su buen éxito fue sorprendente y su primero y extenso repertorio, canciones anónimas que recogieron entre familiares y niñeras. La victoria de nuestra casa de campo en Chomedahue, Santa Cruz, estaba atiborrada con sus grabaciones, favoritas de mi serio y sabio abuelo. De esta manera, desde que nací pude escuchar el invaluable contrapunto entre sus versiones y el inocente cantar de las viejas campesinas. Y “Los Cuatro Huasos” habrían de convertirse en una obsesión que me ha durado toda la vida.

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