sábado, 19 de abril de 2008

FUNDO RANGUIL, LOLOL, VI REGIÓN

CASAS DE FAMILIA
Texto, Constanza Toledo Soto Fotografías, Gonzalo López V.

EN RANGUIL, REGIÓN DE O'HIGGINS:
Por herencia materna

Más del setenta por ciento de su tiempo el escultor Hernán Puelma lo pasa en su casa de Ranguil. La centenaria construcción está rodeada de añosos árboles, además de cobijar parte de las esculturas, vehículos y ambulancias de su colección.

El escultor Hernán Puelma próximamente celebrará 20 años viviendo en esta casa, que heredó luego de la muerte de su abuelo. Sin embargo, los orígenes de la construcción se remontan a la época de la Corona Española y "la encomienda", institución que, a mediados del siglo XVIII, llevó al ala materna de su familia a establecerse en una desconocida y campestre localidad del valle central.

La mayoría de los muebles pertenecieron a sus antepasados, pero muchos de ellos Hernán se los compró a sus tías cuando se convirtió en el único dueño de la propiedad que hoy tiene más de mil metros cuadrados
construidos.


El campo cuenta con más de 200 hectáreas. La casona está sostenida por pilares de piedra que han ayudado a que pase sin ningún problema varios terremotos.

Cuando el artista se estableció en el fundo de Ranguil hizo algunas modificaciones; levantó techos, cerró algunas galerías y arregló las instalaciones eléctricas, intentando siempre cuidar el espíritu original del lugar.

A 50 kilómetros de Santa Cruz se ubica Ranguil, localidad que el escultor Hernán Puelma conoce desde que era niño. Por esos días veraneaba sagradamente en la casa que sus abuelos maternos habían heredado en la zona y que lo cobijaría años más tarde, cuando su "rechazo a la urbe", como entre risas llama a su huida de Santiago, lo llevó a encantarse con la vida campestre.
- Mi renacimiento personal fue a partir de esta casa, donde me empapé del mundo de los sentidos. Recuerdo a unas viejitas que trabajaban la greda y que me enseñaron ese oficio; comía de esas ollas grandes junto a los trabajadores; hacíamos charqui; se mataban chanchos y se preparaban longanizas. Todo era 'auto producción'- , cuenta el artista sobre sus primeros acercamientos al fundo que quedó en sus manos a partir de 1988.

"En esa época ir a Santiago demoraba cuatro a cinco días, y en el camino tenían que tener caballos de relevo para los coches", cuenta Puelma al ver la foto de su familia en una de las habitaciones.

Sin embargo, mucho antes de esa fecha ya había hecho de este campo su vida, igual como lo hicieron sus ancestros cuando llegaron como encomenderos –mandados por la Corona Española– a este pueblo en 1740. Diez años más tarde construyeron la casa patronal, al tiempo que se dedicaron a las tierras, en especial a la cosecha de trigo. Don Mamerto Urzúa –tatarabuelo de Hernán–, dueño y señor de esta casona, iniciado el nuevo siglo lo repartió entre sus hijos. Una de ellas fue Jovina que tras enviudar tempranamente se hizo cargo del sitio. Sus características de mujer fuerte y hospitalaria la llevaron a convertir la casa en el gran centro social de los Urzúa. Además, "si pasaba alguien a visitarla, ella lo hospedaba el tiempo que fuera necesario", cuenta Hernán, transmitiendo parte de las historias de su bisabuela, que han recorrido varias generaciones de la familia.

En la foto aparece Jorge Urzúa -de profesión abogado- y su mujer, Berta Rencoret. Ellos dejaron la csa en manos de Hernán a partir de 1988.

A su muerte, su hijo Jorge quedó al mando del fundo. 'El loco Urzúa' como era conocido el abuelo de Hernán, fue quien lo recibió cuando a los 14 años logró que lo echaran de todos los colegios posibles para irse al campo. "Mi abuelo decía que yo era un niño inteligente, pero nunca confió en que podría administrar esto", relata Puelma que, a diferencia de cualquier pronóstico, no sólo ha sabido sacar partido a las más de 200 hectáreas con las que cuenta el terreno, sino también logró concretar uno de los mayores anhelos de su "tata": construir varios tranques para guardar agua.
Pero sin duda, la gran "gracia" de Jorge Urzúa fue no dejar testamento. Tras su muerte, los problemas por la tenencia del campo no tardaron en llegar y, según el escultor, se armó "un tremendo despelote" entre los hermanos de su mamá que hasta el día de hoy –al igual que él– no saben cómo ni porqué el sitio terminó siendo ciento por ciento de su propiedad, luego de que a su madre nunca le interesara vivir allá.
Actualmente pasa casi toda la semana en Ranguil; y si de niño disfrutó andando a caballo, recorriendo los cerros o jugando fútbol en las tardes, de grande se ha dedicado a plantar árboles, arreglar techos, botar galpones y gozar a concho cada uno de los rincones del único lugar en el que se siente tranquilo, "donde me duermo sabiendo que al otro día abriré la puerta y tendré toda una maravilla a mi alrededor", concluye.
V/D
Constanza Toledo Soto.
REVISTA DE EL MERCURIO
19 abril 2008

De la Genealogía de la Familia Urzúa.

1915: Neftalí Urzúa Rojas, su esposa Jovina Urzúa Urzúa, y sus 8 hijos varones, Jorge, Alejandro, Alfredo, Nepomuceno, Neftalí, Nibaldo, Manuel y Oscar, en el fundo Ránguil, Lolol, Chile.

Antigua casa de Ranguil


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