sábado, 7 de marzo de 2009

Al interior del Valle Central

V/D EL MERCURIO
sábado 7 de marzo de 2009

Escondidos en el mapa

Al interior del Valle Central, adentrándose por caminos rurales y escarbando en rutas desconocidas, se puede dar con pueblos pequeños que aún preservan la mística de lo que fueron hace al menos dos siglos. En medio de campos y bosques, cinco de ellos parecen haberse quedado suspendidos en el tiempo. Sus habitantes resguardan fervientemente sus leyendas, fiestas y múltiples costumbres que marcan en cada localidad un carácter especial.

Texto, Emilia de la Fuente y Carolina Prado Fotografías, José Luis Rissetti

"Dicen que cuando don Bernardo O'Higgins escapaba del desastre de Rancagua pasó por Compañía, Codegua y finalmente llegó a La Punta de Mostazal, para luego arrancar por la Cuesta de Chada hasta Maipú", relata orgulloso Sergio Francisco Frías, de 66 años y oriundo de esta zona cuyos siglos de historias épicas y corrientes se esconden entre calles, almacenes, casas viejas...

LA PUNTA DE MOSTAZAL




En La Punta ocurre así. Es un pueblo de temporeros, sumergido entre miles de kilómetros de plantaciones de trigo y frutas; tan escondido está que se puede pasar de largo fácilmente. Pero vale la pena detenerse un momento. Sus veredas altas, la plaza en el centro y su iglesia aún resguardan el pasado colonial y campesino chileno. También hace lo suyo el ex convento del padre Josefino, que hoy se usa para realizar diferentes actividades sociales, a un costado de la iglesia y entre árboles que le brindan una sombra fresca.

CODEGUA




A diez minutos en auto está Codegua, cuya calle principal recuerda el paso fugaz de Bernardo O'Higgins. Fundada en el siglo XVI, Codegua tiene una iglesia, Nuestra Señora de la Merced, que se construyó en 1856, bien pegada al cementerio donde han ido a descansar generaciones de codeguanos. Muchos de ellos se han dedicado históricamente al cultivo de frutas como cerezas, arándanos, kiwis y uva. Y a esta actividad se suma otra sabrosa tradición: los chocolates artesanales, mermeladas y manjar casero que producen los monjes del Monasterio Los Trapenses.
GUACARHUE



La agrícola es quizás la labor que da carácter a la provincia de Cachapoal, donde también se encuentra el pueblo de Guacarhue. Allí, en pleno verano se deja sentir el olor de las cebollas, ajos, melones y sandías que se cultivan en los alrededores. Por el asfalto caliente de la calle principal tres jóvenes montan sus caballos vestidos con chupalla, espuelas y la clásica montura chilena, reflejando la identidad campesina de la zona. El resto de los lugareños se traslada en bicicleta por los rincones de este pueblo donde domina la tranquilidad.



Guacarhue significa "tierra de tesoros" y dicen que proviene de un antiguo cacique que gobernaba a la llegada de los españoles. La historia se ha encargado de rendir honor a su nombre: en 1991 fue reconocido como Zona Típica y su iglesia, "Nuestra Señora del Rosario", como Monumento Histórico. Esta última, de adobe y puertas altas de madera, fue edificada por el famoso arquitecto italiano Joaquín Toesca durante el siglo XVIII.

VILLA ALHUÉ

Más cerca de Santiago, en la provincia de Melipilla, en tanto, se encuentra Villa Alhué que en mapudungun significa "Lugar de espíritus". "Aquí rondan muchas leyendas, incluso dicen que entre estas montañas nació el diablo", cuenta María Inés Donoso, encargada de cultura de la municipalidad. Tradicionales fiestas religiosas suelen interrumpir la vida cotidiana de los alhuinos. Semana Santa, la Corrida de Cuasimodo y la Misa de Campaña a San Francisco, son sólo algunas de las expresiones devotas. Durante el año se organizan rodeos, carreras a la chilena, la trilla y, sagradamente, todos los 19 de agosto conmemoran su aniversario.

Con calles empedradas, antiguos faroles, tinajas de greda y palmas chilenas, Alhué parece mantener el mismo paisaje desde su fundación en 1754. Esta localidad fue tierra de indígenas que se dedicaban a la extracción de oro y plata. Entre sus edificaciones destaca la Parroquia de San Jerónimo, construida entre 1768 y 1791, y declarada Monumento Histórico en 1974. A un costado se encuentra el Museo, también Monumento Nacional, que registra la trayectoria del pueblo. Sin embargo, unos de sus legados más valiosos es la Hacienda de Alhué, propiedad que perteneció a don Mateo De Toro y Zambrano y que se ha mantenido en la misma familia por más de 400 años. La decoración de esta casa es un verdadero museo que reúne colecciones de armas, bastones, y muebles de época.

CIRUELOS


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Desde aquí y siguiendo por la costa hacia el sur, en medio de bosques de pino y eucaliptos, se emplaza Ciruelos, una localidad de no más de cien habitantes que forma parte de la comuna de Pichilemu. Sus casas viejas y la Iglesia, construida en 1779, son vestigios de la época en que fue el pueblo principal de la región.

Recorriendo su calle principal se pueden encontrar platos, bandejas, tazas y diversos objetos hechos en arcilla, que destacan el trabajo manual de sus lugareños. Aunque también sobresalen otras iniciativas, según cuenta Carlos Leyton, quien trabaja hace 34 años en la escuela de Ciruelos, institución donde es director y único profesor de alrededor de 13 alumnos. Junto a ellos formó el Museo del Niño Rural, nombre dado en honor a sus alumnos, con la idea de rescatar la identidad de Ciruelos y que ésta se expandiera. Y funcionó: las calles, la iglesia y las casas están trabajando para recuperar y mantener las tradiciones. "Hemos tratado de convencer a la gente, por ejemplo de construir con tejas o pintar las casas de determinados colores. Sería lindo que lográramos devolverle su imagen de antaño", asegura.

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