viernes, 8 de agosto de 2008

Casas Viejas de Valdebenito

LA HACIENDA DE LOS SIETE PATIOS


A orillas del Lago Rapel, a 143 kms al sur de Santiago, se encuentra este mágico lugar campestre, donde la historia se hace presente en una de las más bellas haciendas de la región. Allí, la tradición de la chilenidad se palpa a flor de tierra. Una experiencia digna de vivirla.
Por Annemarie Balde Loosli.
Miembro de Aptur Chile

Llegando a las casas, María Inés y Francisco van narrando la historia del entorno: “Son siete patios perfumados: el Patio del Parrón, el Patio de las Rosas, el Patio de los Naranjos, el Patio de los Caballos, el Patio de las Pesebreras, el Patio de las Llaverías y el Patio de Pancho”. En todos ellos trasunta una emotiva historia, conmovedora, del matrimonio conformado por Francisco Moraga y María Inés Mollenhauer.



“Son siete patios de olores y amores”, confesó Maria Inés con su particular encanto, calidez, entusiasmo y amor desbordante. Esta cautivante mujer reconoce que aquí la historia se fue construyendo de a poco, aunque siempre con mucho gusto, definiendo hasta los mínimos detalles. Esta hacienda recrea, sin duda, la historia familiar de cuatro generaciones a orillas del Lago Rapel. Cuatro generaciones que Mané, como le llaman familiarmente, se encargó de enmarcar en retratos que cuelgan de las paredes y que decoran el entorno preservando la imagen de los protagonistas. Mané va mostrando y nombrando a los abuelos, suegros, hijos, nietos, identificando a la familia, retratados desde su niñez.
Esta valdiviana de origen, porque Mané es de más al sur de Chile, se dedicó antes a la decoración, trabajando en importantes hoteles y residencias. Hasta que encontró su lugar definitivo, donde ha derrochado todo su conocimiento, su gusto y su energía.

HASTA EL MÁS MÍNIMO DETALLE

En Casas Viejas de Valdebenito, (una familiar y otra para recibir a los visitantes) todo luce impecable. Vistosos ramos de flores embellecen cada habitación, son flores perfumadas que se cambian continuamente “aunque no haya nadie”, según se asegura, detalle que evidencia la permanente preocupación de María Inés para que todo luzca a su gusto.



Amplios e iluminados dormitorios, coloridos cubrecamas, paredes con tonos acogedores que ella misma se dio el trabajo de raspar y pintar… Y así, múltiples detalles, piezas y herramientas de campo, dan cuenta que nada se ha dejado al azar. Todo este entorno, prolijamente ordenado, revela una emotiva historia familiar con personajes cuya férrea entrega a la vida campestre, han convertido este bello lugar en un ensueño.

“Estoy tan feliz de poder reproducir y de poder estar en esa alma que está ahí, —señala a Francisco—, en esa alma que es mi marido; radiante de poder tenerlo y hacerlo feliz, porque estoy dichosa que este compadre pueda revivir su casa, su infancia, su vida y ancestros, con la Carmenci… Él se paseaba con su padre envuelto en su poncho, cuando tenía 10 años: eran 114 pisadas para allá y otras tantas para acá. Era precisamente en este corredor. Esas 228 pisadas junto a su papá, que estaba enfermo, se repetían como un ritual cada noche, después de la comida. Y ese fue uno de los motivos determinantes para que yo pusiera una platita que tenía y comprar la casa de este amigo mío, que es mi marido”, explicó emocionada María Inés.

Igualmente, la dueña de casa, devota de Schönstatt, construyó dos capillas, en cuyos altares hay un antiguo Cristo de la época colonial, y que estuvo siempre en la hacienda. “Aquí hacemos misas y hasta hemos celebrado matrimonios de nuestros trabajadores”, explicó Mané. Entonces presenta a algunos de sus más cercanos colaboradores: “A ella la apadrinamos para el matrimonio, y éstas son sus hijas, que son como mías también”, explica con satisfacción señalando a su entorno.

Aquí en Casas Viejas de Valdebenito también se celebran místicas procesiones religiosas: una larga fila sube lentamente a un cerro, ubicado frente a la histórica hacienda. Esta procesión es una de las “cuatro fiestas” que se realizan cada año. Se celebran a lo grande las festividades de Semana Santa, las Fiestas Patrias y el Año Nuevo, tradiciones de alto significado para esta familia, en torno a las cuales se unen trabajadores y vecinos.

FLORES Y ÁRBOLES NATIVOS



Casas Viejas de Valdebenito, a orillas del Lago Rapel —Comuna de Las Cabras— conserva añosos árboles nativos y no faltan las palmeras chilenas, los peumos, quillayes, sauces, eucaliptos, vetustos ejemplares que proveen leña para las chimeneas que entibian el entorno para placidez de los visitantes, como los antiguos hornos de barro, en pleno uso.

En cuanto a las plantas, destaca sin duda la preocupación de la dueña de casa. Perfumadas camelias, rododendros, flor de la pluma, lavandas y muchas otras, están en plena floración. Además, antiguas y gigantescas tinajas de barro decoran igualmente estos siete patios saturados de olores y amores.

Tampoco faltan los animales. Cada nieto tiene sus ejemplares favoritos. Hay faisanes, conejos, un gato blanco que observa cada movimiento desde el tejado, muy a salvo del juguetón perro labrador, que saluda a los visitantes retozando de euforia.

CABALLOS CORRALEROS Y DE PASEO



Pancho y los hombres que habitan en esta hacienda se preocupan preferentemente de sus caballos corraleros. Participan en los rodeos en la media luna de la hacienda y, además, en diversos campeonatos de la región. También hay antiguos carruajes, para ser tirados por caballos, muy bien conservados, destinados a pasear a los visitantes.

Y como si fuera poco el trabajo que le demanda a María Inés mantener impecable sus casas, construyó además un gran quincho que mira al Lago Rapel, a cuya orilla por supuesto no falta el embarcadero, botes, kayak y veleros para la práctica de deportes náuticos.



El quincho encubre también toda una historia. “Cuando fui a México —explica Mané— me enamoré de ese país, de su gente, de su artesanía…”. Y como para esta encantadora mujer su gusto por la decoración y belleza no tiene límites, trajo nada menos que un contenedor con todo lo que le gustó y le cupo. Esta admirable colección, en parte, está en el quincho; aquí, lo único que faltaría son los mariachis en persona, problema que resuelve poniendo tradicionales rancheras en un equipo de música.

Equipales (sitiales mexicanos), coloridas mantas, colección de sombreros, platos, posa-vasos, vasos, copas, botellones de colores, ceniceros, diversos juegos, guitarras y muchos otros detalles típicamente aztecas y chilenos, conforman este cálido quincho de grandes dimensiones, donde la dueña de casa ofrece un exquisito aperitivo (el mayor disfrute para el paladar de Pancho), y luego un típico asado chileno, junto a la chimenea que no deja de chisporrotear.




En este cálido almuerzo campestre, con una espectacular vista al Lago Rapel, este feliz matrimonio recibe a CYBERTOUR , ( www.Cybertour.cl ). Francisco Moraga luce una impecable tenida, con una elegante chaqueta de huaso, blanca, con el pantalón típico y un ceñido cinto, aperado con elegantes botas.

El matrimonio Moraga-Mollenhauer va narrando a dúo —con un lenguaje coloquial y gestual— la historia de esta incomparable hacienda, protagonista imperturbable de acontecimientos políticos e históricos.

Casas Viejas de Valdebenito guarda celosamente proyectos presentes y futuros. Los turistas que la han visitado atesoran la historia que aquí se ha tejido a través de nostálgicos años. La idea, según reveló la propia Mané, es abrir próximamente este mágico entorno campestre a turistas nacionales e internacionales. Una idea que apoyamos sinceramente, porque Casas Viejas de Valdebenito tiene el sabor de nuestra tierra, el sabor de la auténtica chilenidad.



UBICACIÓN:

Desde Santiago al Lago Rapel hay unos 143 kms. La vía más cómoda es la Ruta 78, que va a San Antonio. Al llegar a Melipilla, el viajero se encuentra con un by pass cuyo letrero dice "Camino a Rapel”. De allí restan 57 kms de carretera.

Se continúa por el Camino de la Fruta y se pasa luego por Santa Inés. En un bellísimo panorama, a 6 kms está el Puente Alhué. Desde allí, a 200 metros, se debe doblar a mano izquierda. Se ingresa por el fundo “Los Rumbos” y a 3 kms se encuentra Casas Viejas de Valdebenito. ¡¡¡Bienvenidos!!!
Publicado el 15 septiembre de 2006

Turismo a la chilena en Casas Viejas de Valdebenito

Un nuevo concepto turístico-campestre comenzará a ofrecer, próximamente, la histórica hacienda Casas Viejas de Valdebenito, ubicada en la ribera del Lago Rapel, donde sólo se respira aire de campo.
Por Francisco Leal Díaz
Miembro de Aptur Chile


Si a usted, estimado lector, le agrada la vida de campo y saborear la comida típica chilena, una jugosa empanada caldúa, junto a un apetecible vaso con chicha o un buen vino, qué mejor que pasar un grato día típicamente a la chilena.

Y si a esto le agregamos una completa demostración acerca de la morfología del caballo chileno y sus virtudes, una cabalgata a campo abierto y luego un asado a la chilena con cuecas y bailes folklóricos… pues, la experiencia resultará doblemente grata e inolvidable. Y todo, atendido por gente de campo, por expertos en los menesteres campestres.

Esta interesante iniciativa emana del matrimonio conformado por María Inés Mollenhauer y Francisco Moraga, ambos amantes de la vida campestre y empecinados en compartir estas experiencias con turistas nacionales e internacionales. La invitación es a conocer un lugar con mucha historia, Casas Viejas de Valdebenito, a 143 kilómetros al sur de Santiago, en la comuna de Las Cabras.

“Aquí todo lo que ofrecemos es autóctono —comentó a Cybertour.cl María Inés, mejor conocida como Mané—. Nosotros no vendemos nada pituco”.


Y luego nos introduce en la mágica historia que rodea a esta hacienda, digna de conocer: “Cuando yo llegué a esta casa me encontré con gente tocando la guitarra, con viejitas bordando camisitas de guagua, con un viejito haciendo pan amasado, con hombres ensillando los caballos. Eso me emocionó mucho. Y eso es lo que pretendemos recrear aquí; reproducir, de manera sencilla, el campo chileno, con una familia netamente chilena… Ofrecemos, inclusive, la misma gastronomía de antaño, incluyendo las patitas de chancho, las aceitunas, el pancito amasado, las empanadas…”.

CONTINUAR LA TRADICIÓN


Pero la intención de Mané va mucho más allá aún: “La idea es que mis hijos, mis nietos —agrega—, continúen con esta tradición… Quiero que mis nietos crezcan en este ambiente, puro y simple, que se asombren con una puesta de sol, con la flor de la pluma… Esto es muy maravilloso”.

Este es el entorno que ella quiere ofrecer a sus visitantes. Y luego explica que para ciertos eventos tradicionales, como ocurre durante la Semana Santa, por ejemplo, “hacemos un vía Crucis al cerro, todos los Viernes Santo; cantamos con guitarras y rezamos. Y para el Año Nuevo organizamos una fiesta de disfraces, pero tienen que ser disfraces caseros, nada comprado… Cada año proponemos un tema. El último año nos disfrazamos de “miserables”, porque todos andábamos mal de billetes (sonríe)… Y para celebrar el 18 de Septiembre organizamos una subida al cerro con colosos, izamos la bandera y cantamos la Canción Nacional… Además, nos espera luego un asado y participa quien quiera integrarse”…

Reitera que “todo está hecho sin plata; porque esto lo hacemos con amor, y por las ganas de conservar todo esto, estas bellas tradiciones campestres…”.

Luego María Inés le pasa la guitarra a su marido, a quien cariñosamente llama Pancho, para que nos narre la historia de estas casas campiranas tradicionales, conservadas con todo su esplendor gracias a los cuidados y al adecuado mantenimiento que reciben.


Don Pancho revela que fue su bisabuelo, Ramón Santander Achurra, quien compró estas tierras en 1850. “El abuelo de mi madre —agrega— era dueño prácticamente de todo el valle; eran unas 15 mil hectáreas… A su muerte, este gran terreno se subdividió en cinco campos. Uno de ellos es Valdebenito, donde estamos ahora”.

La madre de Pancho, doña Carmen, heredó estas tierras a comienzos del siglo pasado, “allá por el 1900, 1920…”

Respecto del nombre, Francisco Moraga explica que “en el cerro que tenemos al frente, hay una mina de oro que aún existe… Y la persona que explotó esta mina era de apellido Valdebenito. Por ello el sector se conoce ahora como Lo Valdebenito”.

A principios del siglo pasado estos terrenos eran inaccesible. No había caminos. Y para arribar a Casas Viejas de Valdebenito había que trasladarse en ferrocarril, por el sector de Pelequén-Las Cabras… Entonces hasta ahí llegaba la gente. El camino Melipilla-Santiago no existía. “Esta ruta se abrió posteriormente, con unas cuestas infernales —comenta Pancho, vestido elegantemente de huaso—. Este campo está en la ribera sur del estero Alhué, pero cuando el estero crecía con las lluvias, era inaccesible. Ahora hay puentes y áreas transitables. Entonces eran terrenos rústicos. Y este campo tenía unas tres mil hectáreas… Recuerdo que las tierras que se trabajaban más eran las que estaban al otro costado del estero Alhué, porque tenían mejores accesos… Y estas las tenían para aprovechar los pastos de primavera; eran exclusivamente tierras ganaderas…”

Pero la historia está aquí más que presente, pues la encomienda de Inés de Suárez llegaba precisamente hasta los límites de esta hacienda. Tales terrenos fueron luego de don José Miguel Carrera Verdugo y por ello el Ejército Libertador, a su paso por esta zona, se alojó en Chocalán, cerca de Melipilla; y al día siguiente, en Valdebenito.

RODEOS Y ANÉCDOTAS

Mané y Pancho han acumulado una gran experiencia viviendo en estos terrenos campestres. Mané toma la guitarra y habla con gracia, con pasión y dulzura. Pero con firmeza:

”Cuando me casé con Pancho, el año 1967, llegué a esta casa maravillosa, fascinante…” Y enfatiza que esta casa está siempre abierta, limpia, con flores frescas… “Todas las semanas se hacen arreglos —afirma—. Me encantan las calas. Ando pidiendo calas en los jardines que encuentro por ahí”.


Pancho toma la palabra y aclara el sentido de los Siete Patios. Dice: “El Patio 1 es el Jardín; el 2, el Parrón, que encierra la casona con los dormitorios; el 3, la Llavería; el 4, el Patio de la Casa; el 5, de los Caballos; el 6, de las Monturas; y el 7, de las Maquinarias. Esta es la estructura de la casa que dejaron los españoles, que se ha conservado, y así hemos vivido siempre, toda la vida”.

Luego Pancho aclara algunas dudas respecto de la Represa de Rapel, que se inauguró en 1968 y entonces el sector de Valdebenito quedó con ribera de lago… “El antiguo camino pasaba por una zona que ahora inunda el lago… El nuevo camino se construyó en la cota 105. Gracias a eso, Valdebenito tiene un acceso privilegiado… A mi mamá le expropiaron 22 hectáreas y la Endesa le pagó mil dólares por hectárea, que fue buen precio. Expropiaron las tierras para inundarlas. Pero, sin duda, fue muy beneficioso. La mayor cantidad de agua reguló y mejoró la temperatura, se creó en Valdebenito un micro-clima ideal”.

EL FUTURO TURISMO-CAMPESTRE


—¿Cuando se pensó en explotar esto turísticamente?
—Hace sólo dos años comenzamos a pensar en explotar esto turísticamente, como una forma de recuperar nuestra inversión.

—¿Ya están en condiciones de empezar a operar?
—No sé si estoy convencida de eso aún… Siempre pienso que nos falta mucho… Me encantaría tener esta hacienda mucho mejor, más top, mejorar la cocina… Pero ya puede partir. Lo que tengo claro es que es necesario comenzar a recuperar lo invertido aquí…

—¿Cuál es la mayor aspiración, entonces?
—Quiero recibir gente, atenderlos, mostrarles lo que se ha vivido aquí, las experiencias de la familia Moraga Ojeda en este campo precioso, con plantaciones maravillosas, en este campo de cuatro mil, cinco mil hectáreas… Y revivir el pasado, recordar cómo se vivía aquí cuando ni siquiera había caminos para llegar, cuando Pancho llegaba a verme los viernes con un ramo de violetas y galletas de campo… La idea es revivir las añoranzas del campo, mostrar cómo se fabrica el aguardiente, la chicha, el pan… Quiero hacer todo este cuento. Esta es mi opción, algo que yo quiero hacer…

—¿Qué le ofrecería, concretamente, a un grupo de visitantes?
—Les ofrecería llegar a una casa donde ellos perciban el corazón y la vida de una familia campestre; el corazón auténtico, no mentiras. Queremos contar lo que verdaderamente pasaba antes en el campo chileno. Eso es lo que queremos revivir. Esta casa tiene una historia muy bella, con canciones, tonadas antiguas, cantadas con el corazón. No quiero mentir ni decir que esta casa se construyó con clara de huevo, como otros afirman por ahí… Esas son mentiras. Yo ofrezco autenticidad, la vida del campo tal cual, con el perro entremedio, con el brasero encendido; con las levantadas de madrugada para trabajar, y preparar un rico desayuno con pan tostado y mantequilla, con olor a campo…



—¿Qué capacidad tiene hoy Casas Viejas de Valdebenito?
—No quiero recibir a mucha gente; pero sí puedo atender a unas 20 ó 30 personas… Y en un año más ya podrán alojarse… Pero mi cuento por ahora es por el día: un rico asado, ensaladas chilenas, un postre exquisito, con hojuelas, al estilo chileno… Y, por supuesto, vinos y pisco sour… La media luna, además, será un escenario óptimo para demostrar las destrezas y la morfología del caballo chileno…Y, claro, un trago de chicha y empanadas… Y arriba, en la casa vieja, un rico almuerzo, con música chilena; y luego un paseo a caballo al cerro… El tema del Lago Rapel es otra actividad, otro cuento; eso no lo estoy promoviendo… Por ahora me interesa, esencialmente, la parte campestre…

EL TOCAYO ACAMPAO

Mientras Pancho escucha a Mané, embelezado, ella lee, finalmente, unos versos escritos por un pariente, denominados “Anécdota de un rodeo”.

“Fue a correr a Santa Inés, mi tocayo muy acampao. Para ahorrarse el camino, pasó el estero al otro lado. Empezó la corretiá con mucha calor y barro, así que entre toro y toro, le ponían un rico jarro…

Vino el almuerzo corralero, con empanadas y cazuela, acompañado de un buen tinto y al compás de la vihuela… Mi tocayo se manda una cueca, muy acompasá y zapatiá, mientras el secretario anunciaba el comienzo del rodeo…



Después de correr la serie y entrando la oración, mi tocayo las emprende de vuelta a su mansión… Llegó a la orilla del estero, medio bandeado, y sin acordarse del paso y la yegua muy baqueana, empezó a nadar con el agua hasta el lazo…

Mi tocayo medio asustao, por haber destapao el vaho, rezaba suplicando para llegar sano al otro lao… La montura y los aperos estaban todos mojados, pero con el caballo de tiro, ya estaba al otro lao…

En llegar a la casa, proveniente de Santa Inés, muy re’brava la esperaba su esposa doña Mané… Le pregunta muy sorprendida, “¿De dónde vienes tan mojado?”. Y mi tocayo le comenta: “Es que le escapé al vaho”. “No seas tan inconsciente”, le replica con ahínco. Y mi tocayo muy contento, se le sube de un brinco.

“Sécate, primero —le dijo— que vienes pasado a lama”. Pero el tocayo muy entumido, se le metió dentro de la cama.



UBICACIÓN

Desde Santiago al Lago Rapel hay unos 143 kms. La vía más cómoda es la Ruta 78, que va a San Antonio. Al llegar a Melipilla, el viajero se encuentra con un by pass cuyo letrero dice "Camino a Rapel”. De allí restan 57 kms de carretera.
Se continúa por el Camino de la Fruta y se pasa luego por Santa Inés. En un bellísimo panorama, a 6 kms está el Puente Alhué. Desde allí, a 200 metros, se debe doblar a mano izquierda. Se ingresa por el fundo “Los Rumbos” y a 3 kms se encuentra Casas Viejas de Valdebenito. ¡¡¡Bienvenidos!!!

DATOS ÚTILES DEL LAGO RAPEL

Es el mayor lago artificial del país, creado en 1968 por la Central Hidroeléctrica Rapel, alimentado por los ríos Cachapoal y Tinguiririca contenidos en una represa.
Es una zona con un clima privilegiado, especial para la práctica de deportes náuticos, el descanso y la diversión.
Este lago se encuentra a 143 Kms de Santiago, y se puede acceder por la Autopista del Sol o desde Rancagua. Se ubica a 68 Kms. de Melipilla.
Es el lugar ideal para pescar pejerreyes, dar un paseo en lancha o disfrutar en familia en un entorno natural. Posee zonas habilitadas especialmente para camping.
Desde este lugar se pueden iniciar caminatas hacia distintos sectores, como Los Molinos de Larmahue, a 20 km. del lago, camino a Las Cabras, poblado cuyo mayor atractivo son las antiguas ruedas de madera que sacaban el agua del río Cachapoal y que hoy continúan funcionando. Este sitio también resalta por sus buganvillias floridas en verano, sus pintorescas casas y su antigua iglesia. El Lago Rapel es un destino turístico de temporada completa.

Publicado el 17 septiembre de 2006
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1 comentarios:

A las 9 de septiembre de 2008, 9:15 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Por casualidad, llegué a este Blogg y sin querer lo fui leyendo hasta que lentamente deguste cada línea hasta el final... Felicidades! A casi 2 años de su publicación deseo saber cómo ha funcionado el proyecto, estoy interesada en saber pues me encantaría ir el próximo verano ya que planeo ir a SudAmérica. Soy de Morelia, Michoacán, México. Lici Banderas. lici_jolie@hotmail.com

 

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