domingo, 27 de febrero de 2011

¿Fin de las históricas casas patronales chilenas?

REPORTAJE Valioso patrimonio arquitectónico en peligro terminal:

Las antiguas casonas del valle central se levantaron -desde tiempos de la Colonia- acumulando una sabiduría ancestral. Sus espacios y arquitectura constituyen un producto singular y único de nuestra historia e identidad. Por generaciones, distintas familias las han preservado, con enorme sacrificio y cariño. Luego del terremoto, hoy sus dueños luchan -en algunos casos, entre ruinas- para que este patrimonio no se extinga.

CECILIA VALDÉS URRUTIA

Casas de Peralillo: "Hay que salvarlas"


Peralillo. En 1880 se levantó esta casa en forma de H, con salones, oratorio, amplios corredores y un parque, donde se tejieron varios capítulos de nuestra historia.

"Don Javier Errázuriz Echaurren -bisabuelo de los actuales propietarios- fue quien realmente formó esta Hacienda Peralillo. Él cercó sus potreros, plantó alamedas y bosques, instauró la crianza de animales y la lechería. En 1880 levantó la gran casa, proyectada en forma de H, con amplios corredores y pilares, y techo de tejas, a la que añadió un maravilloso parque con plátanos orientales", cuenta Yolanda Correa, casada con uno de los dueños.



La casona está hoy en manos de los hermanos Errázuriz García Huidobro. Todos se encontraban allí para el 27-F: el hermano sacerdote y Pilar Errázuriz con su familia. Yolanda, su marido, Francisco, y sus tres hijos adolescentes vivían, desde hace años, en estas casas. "Francisco llegó en 1978, ante la muerte de su padre. Decidió venir a hacerse cargo del campo para poder lograr salvaguardar la Hacienda Peralillo, la que iba directo a una venta debido a las circunstancias familiares y a la crisis agraria, relata Yolanda Correa (profesora de la PUC).


Estragos que sobrecogen No tienen fondos para la reconstrucción.



"Cuando llegué a Peralillo supe que iba a ser una administradora de este conjunto -confiesa-. Tenía clarísimo que debía cuidar este patrimonio y dejárselo intacto, sin divisiones, a las generaciones venideras". Hasta el terremoto, la casa con sus salones, 13 habitaciones y el oratorio, funcionaba, como pocas, con todas las áreas intactas. Pero el sismo los obligó a dejarla. "Se desplomó el salón comedor. Un ala está totalmente inhabilitada. El resto quedó parado, pero imposible de habitar. Se podría restaurar a un valor altísimo, lo que no tenemos. Lo que se cayó se sacó con retroexcavadora y lo que está en pie fue apuntalado, y protegimos el techo con plástico", relata.

Ha seguido temblando y la casa permanece con vigilantes. "Tenemos la idea de volver lo más pronto posible y en cualquier condición -nos asegura con firmeza-. Vivimos aquí más de un mes, después del terremoto, sin ningún servicio básico... Ha sido algo de un enorme sufrimiento para todos nosotros, pero de grandes lecciones...".

¿Y qué proyecto barajan? "La sucesión debe decidir: estamos en eso. Mi familia quiere recuperarlo con toda la fuerza. Hay un amor muy profundo por el significado de todo esto que va mucho más allá de lo material. ¡Es un patrimonio de todo Chile que hay que salvar!".

YolandaCorrea

Calleuque, un eje cultural de la zona






Elías Valdés lleva décadas -junto a un maestro especial que tiene sólo para ello- restaurando distintas partes de las casas del complejo arquitectónico de Calleuque. Este impactante conjunto (con decenas de dormitorios y salones, iglesia y hasta un teatro, todos unidos por una sola fachada) perteneció -al igual que Peralillo- a la estancia de la Compañía de Jesús, San Felipe de Colchagua. A fines del siglo XIX, don Miguel Echenique lo compró. Desde entonces, permanece en manos de sus descendientes, hoy los hermanos Valdés Urrutia.

El abuelo de ellos, el primer Elías Valdés, "fue un hombre de cultura sobresaliente y de realizaciones progresistas" -destacan los historiadores en el libro "Casas de campo chilenas". Fue fundador de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía. En 1915 organizó la primera caja rural y cooperativa de Chile y el primer sindicato agrícola. Poetas, escritores, artistas y eclesiásticos acudían allí. En la primera mitad del siglo XX esta casa es destacada "como un eje de reuniones sociales y culturales, que revelan las refinadas formas de vida que tenía un sector de la sociedad agraria", reseñan los investigadores.

Elías Valdés Echenique se hizo cargo de Calleuque en 1930. Actualmente sus hijos trabajan el campo y Elías tercero (ya con nietos) habita y cuida la enorme la casa. Cuenta que una de las razones por la que no fue drásticamente devastada es porque siempre se mantuvo como era. "No se modificó nada: están las mismas puertas, ventanas, nadie abrió un espacio demás. No obstante, el escritorio es lo único que quedó totalmente usable. Porque el complejo arquitectónico -de 4.800 metros cuadrados- sufrió algunos daños. Tuve que arreglar dormitorios, baños, salones..."

El ala norte fue la más perjudicada, con la iglesia, teatro, salón y biblioteca. Se cayó la fachada y la torre de la iglesia toscana, pero el interior de la capilla no sufrió daños estructurales. Los muros y los techos están bien. "Lo más crítico es un ala de la iglesia, contigua al teatro y a un salón de plantas. Algunos opinan que hay que demolerla. Fue un injerto de 1900 que hicieron de ladrillo". Para la iglesia, piensa recurrir a la ley de patrimonio: barajan restaurarla al mismo estilo toscano del siglo XVIII. El hermoso teatro de adobe (que tuvo una función horas antes del 27-F) sufrió menos. Hará lo imposible por reconstruirlo, afirma Elías Valdés, a sus casi 70 años, quien volvió hace pocos días a habitar esos entrañables e históricos espacios familiares.

Cunaco: hitos de la arquitectura rural





Es uno de los conjuntos privados más famosos de Colchagua. Integrado por una parte colonial y por otra gran casa estilo europeo, que fue encargada por Carlos Valdés, en 1875, al arquitecto italiano Provasoli, el mismo autor de la incendiada iglesia "Las hermanas de la Providencia". Se reúnen allí todas las etapas de la arquitectura rural chilena: desde la sobria casa colonial hasta la casona victoriana del siglo XX, que se prolonga en la imponente avenida de palmas chilenas y las lagunas del parque.

Hasta el 27-F, el conjunto estaba dividido en dos sectores: uno pertenecía al empresario Manuel Valdés Valdés, integrado por la casa fundacional y el patio que se construyó hacia 1840. El otro sector pertenece a los hijos de Mariano Valdés y Blanca Valdés, que corresponde a lo hecho por Provasoli. Este último conjunto sufrió estragos en sus salones, en la galería vidriada y en los comedores decorados con pinturas murales (como una de estilo pompeyano pintado por artistas italianos anónimos), entre otros espacios. "La casa colapsó en ambos extremos de las fachadas y en un muro lateral de adobe", precisa el arquitecto encargado de la restauración e integrante de la familia, Mariano Valdés. En la casa chilena hubo daños en los techos, en muros de adobe y el corredor colonial se cayó.

"Aquí, y en general en estas casas -precisa Hernán Rodríguez, casado con la historiadora y una de las propietarias de Cunaco, Francisca Valdés-, los estragos han tenido su principal causa en errores humanos. Nosotros habíamos retirado un alero que produjo humedad y al hacerlo lo dejamos expuesto a la lluvia. Otro error fue la mezcla de materiales distintos al adobe. Las estructuras concebidas sanamente y sin cambios resistieron por lo general bien". Cuenta que para la restauración serán fieles al adobe, mejorado con nuevas técnicas. "Hoy es posible darle más solidez a este material noble y vamos a trabajar más con madera". Las intervenciones han partido por ir dejándola habitable. Reparar los muros, las instalaciones eléctricas.

Los talleres impartidos por el experto Nano Sánchez, de la Fundación Altiplano, fueron claves en esto: "Una instancia de capacitación que debería perdurar en el tiempo", señala Rodríguez.

Alhué: ¿demolición o reconstrucción?





Más de 400 años llevan estas históricas casas de la hacienda Alhué en manos de la familia: desde 1615 cuando don Tomás de Toro y Zambrano se convirtió en propietario de ella. El Conde de la Conquista y presidente de la Primera Junta Nacional de Gobierno, don Mateo de Toro y Zambrano, ha sido su dueño más ilustre, cuenta su descendiente y encargado de la reconstrucción, Francisco de Toro Tagle.

Esta casona tenía más de 2.000 m {+2} , entre patios, capilla, salones, piezas, sala de billar y biblioteca, sala de armas (las que se robaron después del terremoto) y otros espacios. "La parte más antigua corresponde a una construcción colonial hecha de tabiquería de adobe, donde se alojaba don Mateo. La segunda ala es de 1840, levantada con ladrillos de adobe", explica De Toro, quien desde hace ocho años se ha dedicado por completo a rescatar esta casa, la que, incluso, había abierto al público. Sin embargo, el terremoto la dejó en un 90 por ciento inhabitable, con desplazamientos de muros y graves daños estructurales. Estudios de especialistas, no obstante, aseguran que es reconstruible, afirma este empresario luchador y gran amante de la historia, quien estudió comercio en Francia.

"El patio interior -agrega- es lo único que quedó intacto: rodeado de palmeras centenarias". También está intacta la llamada "Casita de los temblores", de madera y paja y toda engenerada en su interior. Era el refugio de los dueños de casa para los sismos; tradición colonial de la que subsisten poquísimos ejemplos en Chile. "La idea es rescatar todo el complejo arquitectónico del diseño en su estado original. Diferenciando -en su arquitectura y ambientación- el ala del siglo XVIII con las del siglo XIX. Se pretende restaurarla con su materialidad original, con tabiques y ladrillos de adobe, pero aplicando tecnología moderna como geomalla y estuco (de barro), a cargo de un equipo encabezado por el arquitecto Raúl Irarrázabal", explica. Piensan quizá postular a fondos extranjeros y lo harán nuevamente a un fondo del Consejo Nacional de la Cultura. El proyecto contempla convertirse en un polo patrimonial y turístico, aunque De Toro ve con temor cómo las casas siguen deteriorándose: "Este invierno será fatal: debemos conseguir financiamiento, si no nos veremos obligados a demolerla este año".

Santa Rosa de Lavaderos: "conservamos el adobe"



La casa de Santa Rosa se emplaza frente al único paso que existía - a través del río Maule- hacia el sur: por ese camino pasaron las tropas realistas y las patriotas. Y el nombre de la hacienda, "lavaderos", se debe a la vecina mina de oro "El Chivato de Maule", la más austral explotada por los incas, cuenta el escritor y arquitecto, Óscar Bustamante, uno de los dueños de Santa Rosa de Lavaderos, a cargo de su restauración.

"La casona es de una austeridad preciosa. Está enclaustrada en medio de cerros con 500 hectáreas de bosques nativos que se han mantenido, al que se le agregó un parque con reminiscencias europeas, de mediados del siglo pasado", precisa el autor de novelas como "Asesinato en la cancha de afuera". Varios miembros de su familia viven y colaboran allí, como el artista Patricio Court (casado con una Bustamante) y el hijo pintor del escritor.

La parte más antigua de la construcción, de fines del siglo XIX, con grandes paredes de adobe, alberga el salón y algunos de los 21 dormitorios. En el nivel superior -de 100 años de data- se encuentran la cocina, la pieza principal, las salas de baño y un escritorio. "La casa resistió muy bien. La construcción sigue aplomada y los muros sólo se abrieron en la parte superior. Hicimos analizar la calidad del adobe y vimos que estaba en muy buen estado y eso hizo posible la recuperación. En reunión familiar, decidimos conservar el adobe. La parte vieja la reparamos a la manera tradicional con un maestro. Se hicieron algunas uniones con crucetas, tensores, para impedir que los encuentros de muros dañados se desplomen en un futuro terremoto", precisa Bustamante, quien ha hecho varias casas de adobe, como la intacta bodega de vinos de la hacienda.

Este mes, los dormitorios y un par de salones quedaron, por fin, restaurados. Los Bustamante saben de las enormes necesidades de la región y se han unido (y podido) rescatarla ellos mismos. Ahora, deberán partir los trabajos de la parte alta de esta enorme casa maulina, que guarda múltiples testimonios de las vidas de sus habitantes.

La Estacada, "Casa fortaleza"



La casa de La Estacada constituye uno de los pocos modelos existentes de la primera tipología de la vivienda rural del valle central chileno. Ubicada cerca del pueblo Guacarhue, la parte más antigua de esa construcción se remonta al siglo XVII y corresponde a la llamada "Casa fortaleza". Su disposición está completamente cerrada al exterior: sin ventanas en su fachada principal, salvo el zaguán que conduce al patio interior. Heredada en 1962 por María Teresa del Río y su marido, el arquitecto Jaime Sanfuentes, "ambos llevaron a cabo un notable trabajo de reconversión y restauración de espacios que se crearon a partir del siglo XVII", destaca el libro "Casas de campos chilenas".

Pero esta parte del conjunto habitacional, de 2000 metros cuadrados, hecho de adobe, con salón, comedor y dormitorios sufrió estragos en 2010. "Es el terremoto que más daño le ha hecho: se cayeron parte de los muros del salón y de los dormitorios. Quedó inhabitable", señala la arquitecta Sofía Sanfuentes del Río.

"Colindamos con la capilla de la familia de Carlos Valdés y una parte de ese muro se cayó hasta nuestra casa; unos pilares que estaban en la llavería se desaplomaron", precisa. Pero han tomado varias precauciones. "Lo primero que hicimos fue consultar a calculistas y estamos trabajando con Pablo González, un especialista en patrimonio. Se hizo un plan de refuerzo de los muros de adobe y de los pilares que se salieron de las bases. La casa fue forrada completamente con plástico negro para resguardarla de la humedad".

La arquitecta y artista -quien ha trabajado en importantes proyectos de restauración con el padre Gabriel Guarda- reconoce que muchos de los daños fueron producto de malas soluciones constructivas anteriores. La idea es volver a reconstruir la casa paulatinamente con adobe, mejorando lo mal restaurado, alivianando la construcción. Por el momento, hicieron una ampliación de dos dormitorios y un baño, en estructura de madera: la que guarda una semejanza en la apariencia con la estructura original. "Era la única forma de tener un lugar ahora".

Foto:DEL LIBRO "CASAS DE CAMPO CHILENAS"
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domingo, 21 de diciembre de 2008

NUEVO RESTAURANT MISTELA, EN COLCHAGUA


REVISTA YA DE EL MERCURIO
martes 16 de diciembre de 2008
Al rescate de la cocina criolla
Cebiche de locos y pastel de choritos son preparaciones criollas que estaban desaparecidas.
Por KARIM GÁLVEZ.
Fotografías: MARCO ANTONIO ANGELINI.

Ya lo decía el historiador Eugenio Pereira Salas; la cocina criolla chilena es el resultado de tres tradiciones culinarias: la indígena, que se hizo sentir en las materias primas; la española, que se impuso a través de los hábitos y costumbres de los conquistadores, y la influencia extranjera, especialmente la francesa.

Esto lo saben quienes hayan estudiado algo de la historia culinaria chilena. Qué se cocinaba, cómo se cocinaba y quiénes cocinaban. Pero hay un aspecto importante del que casi no se conoce: ¿Qué gusto tenían esas comidas? Detalle no menor si hablamos de cocina.

Es cierto que la académica Sonia Montecino, incansable estudiosa de la antropología culinaria, y miembro de la Mesa del Patrimonio, ha probado algunos sabores prehispánicos durante sus visitas en terreno a comunidades mapuches o en algunas degustaciones especializadas entre quienes trabajan en el rescate de la cocina chilena. Pero pensar que estos platos pasaran de las recetas de un archivo antiguo a convertirse en la carta de un restaurant era una idea casi descabellada. Hasta que conoció a la empresaria y arquitecta colchagüina Mirta Núñez. "Yo quería desarrollar una oferta gastronómica diferente, que rescatara lo patrimonial, y justo se dio la conjunción de asistir a una de las charlas de Sonia".

Se conocieron y el clic fue inmediato. Entonces, crear un restaurant con una carta que rescatara los tres grandes períodos que dieron origen a la cocina criolla - el prehispánico, colonial y republicano- era la ruta lógica. Mistela se llama este proyecto, en honor al licor hecho sobre la base de aguardiente característico de la época colonial.

Estaba entonces la empresaria con la idea del negocio; la antropóloga con la investigación histórica, pero faltaba la chef que reactualizara las recetas. Fue entonces que invitaron a la chef Pilar Larraín. "Ella nos permitió dar la lectura de la cocina, algo que no es simple, sobre todo porque son recetas muy antiguas. Si alguien no tiene la sabiduría ni el arte es difícil que pueda darles vida, ya que el desafío es que se asemeje a la cocina antigua y al mismo tiempo se adapte a la cocina actual, especialmente porque muchos de los ingredientes ya no existen hoy. El catuto, por ejemplo, es un plato prehispánico que se hacía de maíz, y hoy se cocina sobre la base del trigo", cuenta la antropóloga Sonia Montecino.

Pilar, entusiasta seguidora de la cocina chilena tradicional, reconoce que el período más desafiante para actualizar fue el prehispánico, en el sentido de rescatar las recetas originales y al mismo tiempo hacerlas atractivas para el público actual, ya que resultan muy desconocidas. "Había que acercarse al producto en sí y apegarse lo más posible a los procedimientos originales. Si la receta indicaba, por ejemplo, pasar por un mortero, eso lo respetaba. Quizás lo más complicado fue lograr que la producción de una receta fuera realmente entretenida para el público, ya que finalmente la idea es que quiera volver a comerlo".

La lista inicial de posibles recetas para actualizar contenía más de 30 preparaciones, por eso debieron hacer un plan piloto - apoyado con fondos Corfo y la Universidad de Valparaíso- para decidir cuáles eran realmente factibles de hacer. Luego vino un período de pruebas y el trabajo logístico para descubrir qué ingredientes eran posibles de ofrecer permanentemente en el restaurant. "La tercera etapa fue la creación de una carta que mostrara no sólo platos de las diferentes épocas, sino también fuera una interesante combinación de texturas y sabores", dice Mirta Núñez.

El resultado incluye veinte platos divididos según el período prehispánico, colonial o republicano, con una explicación antropológica para entender el origen y la historia de lo que se está comiendo, unido además a la posibilidad de entremeses propios de cada época y hierbas y verduras del huerto del restaurant. "Esto es muy importante porque las identidades de los platos tienen que ver con nuestras identidades, entonces la única manera de que la gente lo sepa es a través de un relato", dice Sonia Montecino.

El restaurant "Mistela" está ubicado en Cunaco, Colchagua (Santa Cruz km 31), una zona que en los últimos años ha trabajado por el rescate del patrimonio. Por ello, la etapa siguiente será recuperar la cocina local. Sonia, Mirta y Pilar ya organizaron un concurso con los niños de la escuela de la comuna para que recopilaran las recetas de sus abuelos. Recetas que ya no se hicieran, pero que fueran parte del pasado. "Un plato muy interesante que apareció fueron los porotos con quínoa, de la época prehispánica, pero que no conocíamos como tal. Por eso queremos profundizar".

Porque, al final, la cocina es cultura, una adopción de elementos y reelaboraciones. "Las cocinas suponen saberes, procedimientos aprendidos a través de generaciones. No son estáticas y generalmente se construyen a base de préstamos y adopciones, ya sea de técnicas, productos y símbolos. Como la cocina es una de las principales maneras en las cuales se expresa la cultura, está como ella sujeta a la perduración, pero también a las transformaciones", explica Sonia Montecino.

Los sabores prehispánicos

Antepasados mapuche–picunches, habitantes de la zona central, son el punto de partida para la cocina prehispánica, a través de gustos, técnicas y productos propios del período, como el cochayuyo. En la carta prehispánica del Mistela, como entrada se ofrece, por ejemplo, catuto con amancay y locos en su concha. Como platos de fondo, mote de maíz, con papas y charqui, y humitas en chal, y como postre, zapallo al horno con miel de palma y quínoa y piñones con chicha nueva de frutilla. "Este menú utiliza todos los ingredientes de la cocina prehispánica, y llevamos mil años haciéndolo. Son alimentos y preparaciones de larga duración, porque se siguen manteniendo desde el período prehispánico hasta hoy".

El catuto, por ejemplo, también se llamó pan de piedra, ya que aludía a la materia que permite su molienda, y las flores de amancay (de la familia de las alstroemerias) dialogan con él en la antigua vida chilena, dice Sonia Montecino. "En el período prehispánico existía la cultura del maíz, que unido a las papas y la forma de salar las carnes para conservarlas, terminó siendo un juego de sabores que reconocemos hasta el día de hoy como nuestro".

En ese tiempo las técnicas de lo hervido, lo asado y lo secado al sol fueron ampliamente empleadas para transformar los productos en platos y conservarlos, y el mundo andino compartió una serie de cultivos y preparaciones como el charqui, la humita y el mote. Para moler utilizaron diversas piedras, de acuerdo con el tipo de harina o machacado que querían hacer. "Los alimentos se cocinaban en un fogón instalado en medio de las casas (rukas), constituyendo el fuego un centro espacial clave para la vida de las familias".

Los gustos coloniales

Cocina mestiza es la clave de esta época. La unión de lo mapuche con lo español. Ésta es la cocina que introduce el trigo, y árboles frutales como membrillo, guindo, manzano, durazno, al igual las carnes de los corderos, vacunos, cerdos y aves de corral. "Una importante introducción de este período es el azúcar con el que comenzarán a preparar platos dulces, como postres y pasteles como alfajores. Serán las monjas artífices de este nuevo gusto", se lee en la carta del Mistela.

Las técnicas españolas profundizaron los saberes mapuches existentes, por ejemplo, respecto de lo hervido. "Las cazuelas y los caldillos datarán de este período combinando productos cárneos y vegetales que compondrán este plato de evidente mestizaje". Los horneados y los fritos serán también aportes de las técnicas hispanas en este período, originando por ejemplo, las empanadas y las sopaipillas.

Productos indígenas como el cochayuyo, se convierten en un producto estrella en ciertos períodos, como la Cuaresma, cuando no se podía consumir carnes, y aparecerá el valdiviano, que incorpora charqui y cebolla.

Siguiendo la herencia colonial, en el menú del Mistela aparecen las empanaditas de maíz y el cochayuyo en cuna de papayal, la cazuela de vacuno, el pastel de choritos; el budín de camote con arrope y las sopaipillas pasadas con chancaca.

La carta republicana

A la tradición colonial se le unirán nuevos saberes provenientes de otras tradiciones culturales, como la francesa e italiana, que nacieron tras las migraciones, lo que da como resultado una verdadera "cocina criolla", en que abundan las lentejas, carbonadas, encebollados, cazuelas, arrollados, además de otros de tradición huasa como la tortilla de rescoldo, el chancho en piedra y el pastel de choclo. Los gustos se amplían también a nuevos sabores, como las ostras, los pescados rellenos y las salsas, como la característica bechamel.

Gracias a la influencia alemana en el sur, la repostería cobra auge, con leches asadas, arroz con leche, flanes y bavarois, además de postres de membrillo y camote. También, con la influencia de la tecnología y los cursos de economía doméstica, en las casas de la sociedad chilena comienzan a verse las alcachofas, el bistec con arroz, las paltas rellenas.

Herencia de esa tradición es que se rescata, por ejemplo, el queso de cabra, con espinacas y pimientos; el arrollado en cama de paltas; la corvina rellena con puré de zanahorias, el filete al roquefort con flan de arvejas y, por supuesto, el mote con huesillos.

Pastel de choritos

(12 porciones)

3 kilos de choritos congelados; 6 cebollas medianas peladas y picadas en cuadraditos; 6 dientes de ajo; 12 aceitunas negras cortadas en tajadas; 6 huevos duros; 1 taza de aceite; sal y pimienta a gusto. Masa para tapar: 1 kilo de harina sin polvos de hornear; medio kilo de margarina; agua helada suficiente para armar la masa.

1. Mezclar la harina con la margarina con un tenedor hasta formar migas. Agregar de a poco el agua fría o helada en la cantidad suficiente para formar una masa.
2. Dividir la masa en 12 porciones y estirar con un uslero en una mesa enharinada. Debe quedar delgada. Con esta masa se tapa la greda al final y poner al horno hasta dorar (se pueden congelar las redondelas de masa uslereadas entre papel plástico para facilitar la tarea de sacarlas después).
3. Dar un hervor a los choritos.
4. Freír la cebolla en cuadritos junto con los dientes de ajo picaditos en el aceite.
5. Enmantequillar las gredas y armar el pastel de la siguiente forma: poner abajo una capa de cebolla, huevo duro en rebanadas, aceitunas y encima los choritos. Tapar con la masa.

Cebiche de locos

(12 porciones)

12 locos cocidos (aproximadamente son 24 cucharadas); 4 cucharadas de cebollas blancas picadas finamente; 2 cucharaditas de ajo finamente molido; 4 cucharaditas de cilantro finamente picado; 22 cucharaditas de jugo de limón; sal a gusto.

1. Golpear los locos para ablandarlos y cocinar ojalá en olla a presión. Cuando el agua hierva, tapar la olla y dejar hervir una media hora más. Dejar enfriar en su mismo caldo.
2. Picar los locos en cuadraditos chicos y poner en un recipiente donde se les agregará la cebolla, el ajo molido, sal y limón.
3. Servir con cilantro picado espolvoreado.

Karim Gálvez.

http://www.top100.cl/2008/12/17/restaurante-mistela-de-colchagua-rescata-la-cocina-criolla/

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sábado, 8 de diciembre de 2007

Mauricio Wacquez: un escritor imperdible

















Este escritor nacido en Cunaco, Chile (1939-2000), hijo de padre francés (enólogo) y madre chilena, Rosenda Arellano y de larga residencia en Europa es poco estudiado y conocido, aunque Editorial Sudamericana en los últimos cinco años ha publicado nuevamente algunos de sus libros: la novela Epifanía de una sombra (2000), la también novela Frente a un hombre armado (1981, 2003), el libro de cuentos Excesos (1971, 2004). (Me falta otro libro de ensayos y artículos).He tenido la suerte de leer las tres obras mencionadas y en ellas se puede apreciar la maestría de su prosa, estilo y el manejo de estrategias narrativas dignas de estudio y goce estético.Espero seguir leyendo y estudiando sus obras.Entrego un artículo obtenido del Proyecto Patrimonio, que a su vez, está tomado de una columna del diario La Tercera del año 2000.























Mauricio Wacquez, la muerte de un escritor olvidado








Autor de Excesos y Paréntesis, el narrador chileno iba a presentar su última novela en Chile a fines de octubre Fue una figura literaria crítica, genial y desconocida, que dejó como legado importantes novelas, donde el amor, el poder y el dolor conforman la sustancia básica. Su muerte se adelantó al que sería su regreso definitivo al país.
por Claudio Aguilera
..........."Siendo muy chileno, en Chile me siento tan extranjero como en Cuba", confesó Mauricio Wacquez. José Donoso fue el padrino literario de Wacquez. Realizó el prólogo de su novela Paréntesis (1975) y lo calificó de "un talento excepcional".
Su relación con Chile.
.........A pesar del tiempo que estuvo fuera de Chile, el escritor Mauricio Wacquez más de alguna vez quiso regresar. "Me encantaría tomar mis bártulos y volver. O hacer medios pollos aquí y allá. Me he reenamorado de este país y de una manera loca", confesó en una de sus meteóricas visitas a principios de los 90'. Para algunos cercanos, el escritor tenía entre sus planes inmediatos instalarse definitivamente en Chile.
.......... La idea era que en su próxima estada, que estaba programada para fines de octubre e incluía la presentación de su última novela en la Feria Internacional de Libro, debía marcar su regreso definitivo. En la ocasión, lanzaría al mercado Epifanía de la Sombra editado por Sudamericana. La novela, extensa y de carácter autobiográfico, es parte de una trilogía titulada La Oscuridad. Wacquez había estado trabajando durante más de diez años en esta obra, por lo que era una de sus proyectos más queridos y, según su propia descripción, la más chilena de sus novelas.
............. El escritor chileno Mauricio Wacquez siempre fue consciente de que su literatura no había sido creada para el gran público. "Soy un escritor de minorías y nunca he aspirado a ser otro tipo de escritor. Reconozco que mi literatura es absolutamente minoritaria. Que le gusta a ciertos amigos y sigo diciendo que escribo para mis amigos", dijo en más de una ocasión.
............A pesar de haber sido traducido a varios idiomas, tener el favor de la crítica y haber ganado algunos importantes premios en Chile y en Europa, sentía que la mayor meta de un narrador era lograr que cada "libro sea parte de un mismo libro", sin que el éxito editorial fuera una prioridad. Entonces, no es raro que su figura sea desconocida para la gran mayoría de los chilenos y que su prosa arriesgada y cautivante no forme parte del colectivo literario nacional. Ni siquiera debe extrañar que su muerte, acontecida el 14 de septiembre recién pasado en España, no haya sido informada por los noticiarios.Autor de las novelas Toda la Luz del Mediodía (1965), Paréntesis (1975), Frente a un Hombre Armado (1981) y Ella o el Sueño de Nadie (1983), y los libros de cuentos Cinco y una Ficciones (1965) y Excesos (1971), Wacquez perteneció a la generación de escritores que en la década del '60 José Donoso dio a conocer como novísimos. Entre ellos, estaban también Antonio Avaria, Cristián Hunneus, Juan Agustín Palazuelos, Poli Délano y Antonio Skarmeta. "Nosotros vivimos y nos formamos en la libertad y la democracia, éramos puro rencor y esperanza", recordó muchos años después.
...........Para el crítico literario Fernando Blanco, la importancia del escritor está en su visión descarnada del poder, la sexualidad y las relaciones familiares. "A igual que Donoso, proviene de tradiciones latifundistas, pero mientras el autor de Casa de Campo recrea la caída de la aristocracia desde la gran historia, Wacquez lo hace desde la intimidad. Fue una voz importante de nuestra literatura que proyectó una narrativa incómoda para la oficialidad, pero que también se sintió incómoda en Chile".
EL AUTOEXILIO.
..........Mauricio Wacquez nació el 27 de noviembre de 1939, en Cunaco, un pueblo de la provincia de Colchagua. Hijo de un francés y una chilena, estudió y enseñó filosofía en la Universidad de Chile, en la Sorbona y en la Universidad de la Habana. A los 24 años publicó Cinco y una Ficción, un conjunto de narraciones que mereció múltiples elogios. "Todos los cuentos - dijo José Donoso - son parte de un mismo tempranamente y señalan un talento excepcional", refiriéndose a ese escrito. Con tan buen padrino la carrera literaria parecía tener un promisorio futuro. Pero el escritor decidió partir a Europa, desde donde jamás volvió, salvo algunas cortas visitas. "Siendo muy chileno, en Chile me siento tan extranjero y tan amante de Chile como me siento en Cuba, en Francia o España. Tengo tres pasaportes, legales, no de espías: francés, español y chileno. Además, ser chileno para mí es haber pasado la infancia en Colchagua y cuando salí de ahí a los doce años, empezó mi exilio", rememoró. Instalado en España, trabajó en varias editoriales, realizó múltiples conferencias sobre literatura latinoamericana y chilena, fue un activo miembro del mundo literario ibérico y un cotizado traductor de Jean Cocteau y Gustave Flaubert. En Europa, se relacionó con escritores como Alfredo Bryce Echenique, Mario Muchnik y Natacha Seseña. En 1975, publicó su segunda novela, Paréntesis, finalista del Premio Barral del año anterior y editada con un prólogo de Donoso. Pero no sería hasta 1981 cuando su nombre se consagró definitivamente. Su novela Frente a un Hombre Armado cautivó a los críticos por la intensidad de sus escenas y la atormentada pasión con que daba cuenta de los amores prohibidos, de los abusos del poder y la criminalidad. Mauricio Wacquez nunca se sintió un escritor chileno y siempre supo que sus libros no le darían la fama, pero tenía la esperanza secreta de que algún día su obra sería recuperada. Tal vez su deceso sea la oportunidad precisa. "Yo tiendo más hacia una lengua franca y me importa el respeto de unas pocas personas a las que yo también respeto. No tengo la sensación del fracaso. La obsesión por ganar premios no me asiste y creo que va a ser la gente joven tal vez la que haga un rescate de mi obra. Si quiere, claro", explicó en una de sus últimas visitas a Chile, donde pensaba radicarse definitivamente en los próximos meses. La muerte abortó esa idea.publicado en diario La Tercera 19 de septiembre del 2000.







Publicado por Roke Rojas













Por lo Gestero y Maromero

por Arturo Fontaine Talavera







Mauricio Wacquez se fue de Chile en 1972 y sólo regresó ocasionalmente. La semana pasada, sus restos fueron sepultados en Calaicete, una localidad cerca de Barcelona, donde vivió los últimos 25 años de su vida. Su novela, póstuma, aparecerá próximamente.

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En abril ya no era el mismo. No sólo se le notaba debilitado y sumamente frágil al caminar, sino que estaba como carcomido por dentro. Las palabras, que antes se le escapaban vivas como animales vivos, ahora se apiñaban con cierta confusión.

No era cuestión de la mente, me explicó riendo y exagerando como de costumbre los gestos, sino de vo-ca-li-za-ción. Le comenté que mientras gesticulara así seguiría siendo el Mauricio Wacquez de siempre. Me contó que una tía de niño había pronosticado que sería actor "por lo gestero y maromero". Estábamos en un seminario en la Universidad de Alcalá de Henares y dejó a todo el mundo deslumbrado por su inteligencia, su impresionante cultura estética y literaria, su humor. Mauricio Wacquez tenía una mente ágil, sutil e inesperada. Conversaba como quien juega. Creaba situaciones de la nada y en un instante ya no había más que alusiones y carcajadas. Su esgrima verbal era incomparable. No sólo por la generosidad e inteligencia de su humor, sino por su sentido de la oportunidad. Lo suyo no eran tanto los cuentos y las anécdotas sino las mímicas y acotaciones y ocurrencias rápidas, iluminadoras y graciosísimas. Oscar Wilde ha de haber sido ese tipo de persona.

..... Era un escritor de veras que escribió novelas de veras en una prosa que pocos logran. Pienso en "Paréntesis" (Seix-Barral, 1975), en "Frente a un hombre armado" (Bruguera, 1981). De lo publicado hasta hoy lo mejor creo, es la primera de estas dos, "Paréntesis", una novela corta en la que un solo chorro narrativo, la misma respiración sin pausa va tomando la forma de Isabelle, Roger, Renata y Bruno, a los que une un cuadrilátero de amor.

"... cosas que tú confundías con el mejor amor, lo curiosos era que el amor existía, es decir, la sensación, mis lagrimas y mi dicha no eran falsas, lo único fue que no te pertenecían, al decirte ti las palabras destinadas a él realizaba un cambio de sujetos, pero, ¿qué son los sujetos cuando se habla de la verdad del corazón?, al fin de cuentas, ¿quién es Roger?..." "...Bruno había huido rápidamente, había desaparecido en mitad de la mañana para que así Renata, inclinada en su mesita de toilette, conociera lo que era no estar con él, ese día, ese domingo, quedaron en encontrarse abajo, en el estanco cerca del parque, el mismo camino, la misma pendiente de la calle y otra yo, el parque comenzaba a unos pasos, pero ya no era e parque de ayer ni aquellas preguntas, ¿usted ha amado alguna vez?, tenían el mismo sentido, podía repasar uno a uno los gestos diferentes, tratar de distinguir entre los dos momentos, ayer y hoy..."

... Las de Wacquez son historias intrigantes duras, turbias, inteligentes, subterráneas. Pero cualquiera que lo conocía esperaba de él todavía más.

... En una época en que hay tanta literatura "gay" que triunfa aquí y allá, ¿por qué la de Mauricio no ha prendido de la misma manera? En parte porque en lugar de sugerir que todo el dolor proviene de la represión y que el paraíso terrenal se llama "salir del closet", se atrevió a mostrar el sufrimiento interior y también el abuso y formas de sojuzgar en la intimidad de la exploración homosexual. Mantuvo en la vida real por muchos años una relación abierta, verdadera y estable con Francesc. Pero en el mundo de las novelas de Wacquez no hay consuelos ni soluciones fáciles. La buena literatura arranca de zonas oscuras e impredecibles del alma y rompe el hechizo de la literatura de evasión.

... Vivió en la estrechez económica en Calaceite haciendo traducciones del francés. (Hay una excelente traducción suya de Salambó, de Flaubert que publicó Montesinos.) Era un hombre refinado y aficionado a la buena vida. Odiaba la pobreza a la que, sin embargo, se obligó para escribir con tiempo y libertad. Esperaba -y Mauricio vivió esperando- heredar algún día algo desde Chile, lo que le arreglaría su situación. La herencia se demoró y se demoró. En Alcalá de Henares me contó que ya no llegaría jamás. Algo fatal había sucedido prohibiendo ese sueño para siempre.

... Tuvo incontables amigas y amigos. José Donoso, Jorge Edwards, Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echeñique, entre tantos otros. Uno de sus mejores amigos, el célebre arquitecto Ricardo Bofill, le prestaba -según me contó Alfredo Bryce Echeñique- una espléndida casa puesta con servidumbre y despensas repletas. Por un mes, cada año, podía entonces vivir a sus anchas, tal como a él le gustaba, sin privarse de nada. Uno de sus panoramas preferidos, me comentó una vez Mauricio, era salir con Bofill en su auto deportivo último modelo a correr, a sentir la velocidad por las autopistas de Cataluña.

... Al oír a Bryce Echeñique uno siente que está leyendo el anticipo de su próxima novela. Wacquez representa justo lo contrario. Hay muy buenos escritores así. Sus obras parecen escritas por otra persona. Sin embargo, de alguna manera a Mauricio las cosas no se le dieron. Su obra no estuvo a la altura de su extraordinaria personalidad. Quizás lo que sus novelas no tienen, pese a sus méritos, es esa gracia que él derrochaba como persona. Desde luego, el escritor no estaba forzado a ello. Pero eso es lo que uno echa de menos. ¿Lo habrá conseguido en su última novela, por publicarse?... Ojalá este libro me desmienta por completo.

... Lo esperaba todo de esta novela río de tres tomos enormes que preparaba desde hacía mucho tiempo, y de alguna manera desde siempre. (Hasta los 20, hasta los 40 y hasta los 60). Juan Cruz le propuso que la llamara La vida en primera persona. No le hizo caso, por supuesto. Me contó que después del ataque anterior no podía leer. Veía las líneas de palabras en la página, se daba cuenta que eran palabras y frases, pero no era capaz de penetrar su sentido. Eran sólo señales gráficas, como las de un alfabeto desconocido. Pero no había olvidado que esos dibujitos eran palabras y de su propio idioma. Por eso ahora, después de la resurrección del lenguaje, revisaba la escritura a sabiendas de que corría contra el reloj.

... Me llamó por teléfono desde Calaceite para contarme que, finalmente, el primer tomo estaba terminado hasta sus más mínimos detalles, que aparecería por Sudamericana en octubre. Del segundo había una primera versión y del tercero tenía trozos, algo así como un tercio, me dijo. Contaba los días para venir a Santiago y a Buenos Aires a presentarla, a presentarse. Estaba absolutamente dichoso y esperanzado como un niño en la noche antes de los regalos de Navidad.

... Mauricio Wacquez murió el 14 d septiembre. Tenía 61 años. Su novela "Epifanía de una sombra" aparecerá en octubre próximo.

Arturo Fontaine Talavera es Escritor. "Cuando éramos inmortales" (Alfaguara)
es su última novela.

... Mauricio Wacquez (1939-2000) nació en Colchagua. Se licenció en filosofía en la Universidad de Chile. Prosiguió sus estudios en la Universidad de La Sorbonne, donde se graduó con una tesis sobre San Anselmo.

... Enseñó en la Universidad de Chile, La Sorbonne y en la Universidad de La Habana. Desde 1972 hasta su muerte, vivió en Cataluña, España.

... Publicó una colección de cuentos, "Cinco y Una Ficciones" (1963); y las novelas "Toda la Luz del Mediodía" (1965); "Paréntesis" (1975), "Frente a un Hombre Armado" (1981) y "Ella o el sueño de nadie" (1982). Próximamente Editorial Sudamericana publicará su novela póstuma "Epifanía de una sombra".

Publicado en El Mercurio, 24 septiembre de 2000



















MAURICIO WACQUEZ

La ironía de un chileno refinado

MARCOS-RICARDO BARNATAN






Ha muerto Mauricio Wacquez. Muchos más de los que sabemos quién fue deberían saberlo. Excelente narrador, traductor de calidad, era un hombre de inteligencia brillante e irónica elocuencia, un intelectual de refinada cultura con una curiosidad muy amplia. Había nacido en Cunaco, provincia de Colchagua (Chile) en 1939, pero vivía en España desde hace casi 30 años, donde ejerció de embajador de lujo de la literatura chilena y participó activamente en el mundo literario y editorial de Barcelona.Los que fuimos sus amigos -entre ellos Jorge Edwards, Alfredo Bryce Echenique, Mario Muchnik o Natacha Seseña- perdemos también a una personalidad única y a un enorme escritor. Se había licenciado en Filosofía en la Universidad de Chile y en la Sorbona se doctoró con una tesis sobre el lenguaje de San Anselmo. Fue profesor en la Universidad de Chile (1963-1967), en la Sorbona (1967-1969), en la Universidad de La Habana (1970) y nuevamente en Chile hasta 1972, fecha en la que se trasladó a España, donde ha vivido hasta su muerte. Residió durante muchos años en Barcelona y más tarde decidió retirarse a su casa de Calaceite, en Teruel, donde también vivió largas temporadas su gran amigo, el novelista chileno José Donoso.Era autor de numerosos estudios de investigación literaria y humanística, y su obra de creación se inició en Santiago de Chile en 1963 con la publicación de Cinco y una ficciones, seguido de la novela Toda la luz del mediodía (1965). En 1975 Carlos Barral le publicó su segunda novela, Paréntesis, con un prólogo de Donoso. La novela había sido finalista del Premio Barral del año anterior.Más tarde, reunió sus cuentos en un volumen titulado Excesos, que publicó Planeta. Entonces Alberto Cousté, otro latinoamericano radicado en Cataluña, describió sus narraciones como «las aventuras del lenguaje más escuetas, más despojadas, menos excesivas de la actual narrativa latinoamericana».La dureza desbordada, la atormentada pasión y la gran violencia sexual de Frente a un hombre armado (Bruguera, 1981) -sin duda su mejor libro publicado-, quizá no haya sido superada aún por quienes han escrito después novelas sobre la homosexualidad. Frente a un hombre armado fue traducida al francés y hoy es, desafortunadamente, casi inencontrable en castellano.Uno de sus últimos libros publicados en España fue la novela erótica Ella o el sueño de nadie (Tusquets, 1987). Su novela póstuma, Epifanía de la sombra, una obra muy extensa y de carácter autobiográfico, proyectada como el primer volumen de una Trilogía de la oscuridad, iba a ser publicada en Latinoamérica por Plaza & Janés. Los amigos más próximos que han tenido acceso al manuscrito del primer tomo creen que se trata de su obra mayor y de una de las novelas más importantes de la literatura latinoamericana.
Viernes, 15 de septiembre de 2000


























Mauricio en el colegio ISF.

















































































































































































Mauricio Wacquez y Julio Cortazar en un lugar de Provenza 1968













Luis Sánchez Latorre, Antonio Skármeta y Mauricio Wacquez 1971.







Con José Donoso en Calaceite, ciudad en la que ambos vivieron.







Gran diletante y maravillosamente amateur







REVISTA QUÉ PASA
Por: Alfredo Bryce Echenique

A cinco años de su muerte, la figura de Mauricio Wacquez se alza como una sombra sobre la literatura chilena. Aunque perteneció a la generación de los "Novísimos", junto a Antonio Skármeta y Poli Délano, Wacquez fue un hombre aparte, que se autoexilió en Europa a los 33 años y desarrolló un proyecto literario único en las letras nacionales. A continuación, el prólogo que el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique le hizo al libro "Hallazgos y desarraigos" (Ediciones Universidad Diego Portales), que reúne por primera vez los ensayos literarios, filosóficos y políticos de Wacquez. Textos que, en su conjunto, muestran a un intelectual de peso y lúcido en las más diversas materias: desde Borges, Marguerite Yourcenar y José Donoso hasta San Anselmo, la izquierda europea y los videos caseros. Wacquez murió de Sida a los 61 años en Calaceite, España, donde pasó los últimos 25 años de su vida.

A veces tenía que concentrarme un poco para recordar que se apellidaba Wacquez. Porque Mauricio, Mauricio Wacquez, pertenecía a esa categoría de personas cuyo nombre de pila funciona como un santo y seña, como una consigna, y como una enseña. Mauricio era la pronunciación de su nombre, en un primer instante, pero inmediatamente después era la dicha de su presencia, y ésta era al mismo tiempo toda una puesta en guardia. Estábamos frente a un hombre absolutamente singular, frente a todo un programa de vida, y diré, asimismo, citando el título de una de sus más importante novelas, que estábamos también Frente a un hombre armado, armado por una sólida formación literaria pero también filosófica, por una cultura muy singularmente personalizada, por una experiencia vital inmensa, variada y cambiante, y que escribía con toda la soltura y confianza que le significaba tener plena conciencia de que, digamos, García Márquez sería totalmente incapaz de escribir una frase de Mauricio Wacquez, por la misma razón que tampoco él jamás lograría escribir una frase como la del autor de Cien años de soledad.

Pero no es de su obra literaria que deseo escribir ahora, porque ella ya forma parte muy importante de este libro, y yo quisiera privilegiar en este breve prólogo informal la increíble luminosidad de una vida a menudo invadida por las sombras, la chillona alegría de un hombre que vivió siempre bordeando la tragedia. No exagero nada cuando en el recuerdo visual de una de sus visitas a mi departamento madrileño, a mediados de los años noventa, vuelvo a detectar en cada expresión de su rostro un movimiento pendular: una palabra y un solo gesto de Mauricio contenían un sentimiento o un pensamiento, una impresión o una exaltación, y su estricta contrapartida. ¿Puedo decir que si afirmaba que era un día precioso afirmaba a la vez que era un día horrible? ¿Que si era feliz era también tremendamente infeliz?

Por otro lado, los seres totalmente excesivos, como lo fue Mauricio, resultan siempre molestos, como nunca lo fue Mauricio, muy probablemente porque también a este nivel lo uno y su opuesto estaban indisolublemente ligados y a ello hay que añadir además su insólita elegancia aun en los momentos más inútiles. Su caminar por la sombra duplicaba su caminar por la luz e incluso puedo asegurar que, contra todos sus propios pronósticos, a menudo permanecía más tiempo en la sombra que en el cuerpo que la produce. Para mí, Mauricio fue un gran pesimista que muy sinceramente deseaba que todo saliera bien, incluso perfecto. "¿Pero qué le vamos a hacer", diría él mismo, añadiendo inmediatamente después y dentro del mismo gesto: "¿Qué le vamos a hacer, si la noche empieza al mediodía". Y añadiendo, ipso facto: "¡Y no hay nada que hacer, m'hijito!", como quien da una orden. Entonces uno se echaba atrás por completo, lo volvía a mirar, con profundo cariño, y comprendía que, en efecto, poco o nada había que hacer con Mauricio, tampoco. Sus visitas eran como la caída de un aerolito. No eran unas superiores o más entrañables o interesantes que las anteriores. Eran, sencillamente, como un aerolito. El paisaje ya nunca volvería a ser igual, cuando Mauricio se fuera.

Mauricio era conflictivo y tuvo enemigos, pero nunca los vio, nunca se detuvo a contemplar la vida por ese lado. O, en todo caso, nunca le impuso sus rivalidades o enemistades a otras personas. Aceptaba lo que le daba la vida y aceptaba también lo que la vida le quitaba, sea al nivel laboral, al nivel social, político, cultural. Eso me encantó de nuestra muy alegre amistad: la total ausencia de conflictividad que parodiamos maravillosamente durante los cuatro años que vivimos en Barcelona. Para la gente, no hubo más grande combate amistoso y social que el nuestro, entre 1985 y 1989. Él tenía un pequeño ático, yo otro, y como en ellos no cabían muchos invitados y tampoco nos permitían nuestras economías organizar tanto guateque, los dos esperábamos la llegada del sol en el mes de junio para aprovechar nuestras amplias terrazas y corresponder las invitaciones del año. Las rivalidades y pleitos que significaron estas fiestas estacionales, las discusiones a voz en cuello, realmente trascendieron e incluso hubo gente que llegó a tomárselas en serio. Nunca imaginaron que Mauricio y yo llegamos a disfrutar como niños organizando incluso nuestros pleitos, imaginando juntos un mínimo de guión para los mismos, e increpándonos delante de todo el mundo, como la noche aquella en que el ilustre banquero José Vilarasau, gran hacedor de la célebre Caixa de Cataluña, abandonó apresuradamente mi ático, me imagino que temiendo lo peor. La carcajada de Mauricio fue suficiente para espantar a todos los patos de una laguna. La estoy viendo y oyendo y, una vez más, veo con nitidez en ese rostro algo muy similar a la máscara de la comedia queriéndose entremezclar con la máscara de la tragedia.

Es muy curioso que esta imagen pendular se repita tantas veces en esta solitaria evocación de la vida de un amigo que, sin embargo, en público he recordado siempre sonriente y alegremente. La brillante, hilarante, desconcertante conferencia sobre literatura chilena que dictó una mañana en Palma de Mallorca, invitado a los Cursos de verano de la Universidad de las Islas Baleares, en agosto de 1997, fue un prodigio de amor por su país al que se mezclaba una y otra vez toda la más irreverente gracia y toda la arbitrariedad del mundo. Borges dijo que, de todos los géneros literarios, la conferencia es el único imperdonable, pero Mauricio lo contradijo siempre con su desbordante imaginación y su recreación totalmente literaria de los temas que trató ante un público siempre desconcertado, al comienzo, y totalmente entregado, en seguida. Por eso me resulta tan triste evocar ahora la que sería, para mí, su última intervención en público, en la Casa de América, de Madrid.

Para nadie era entonces un secreto que Mauricio andaba mal de fondos. Dilapidador y soñador, contó con una herencia familiar que todo lo arreglaría en su vida familiar. Este sueño, tengo entendido, se convirtió en una pesadilla de cuyo tremendo despertar él jamás le habló a amigo alguno. Por lo que vi, sólo sé que, desde entonces, todo se desencadenó, como suele decirse. Hablamos mucho por teléfono, en esa época -él ya había trasladado su residencia a Calaceite, en Teruel, y yo me había mudado primero a Madrid y luego a Lima-, pero creo que la capacidad de Mauricio para no inquietar a sus amigos crecía a medida que sus males se sucedían y agravaban. Lo cierto es que quedamos en vernos en Madrid, para aquella conferencia que sería la final. Y estábamos esperándolo en la cafetería de la Casa de América, cuando entró con aquel rostro desencajado que nos aterró a todos. Creímos que estaba totalmente ebrio, por su total dificultad para hilvanar una palabra con otra, pero no. Nos habló de una embolia, pero insistiendo en que estaba tan bien ya que se había venido manejando cerca de ocho horas seguidas. Y en cuanto a la conferencia, podíamos estar totalmente tranquilos. Nos dijo que leía sin dificultad alguna y por ello la había traído escrita. Minutos más tarde, sin embargo, Mauricio fue totalmente incapaz de leer una sola línea y el público que llenaba el auditorio empezó a murmurar su desagrado. A su lado, yo me sentía incapaz de interrumpirlo en su inmenso e inútil esfuerzo, literalmente no sabía qué hacer, y miraba con desesperación al dramaturgo español Íñigo Ramírez de Haro, sentado a la derecha de Mauricio. Por fin, Íñigo intervino con autoridad, explicó que, a pesar de haber sufrido una embolia, el escritor Mauricio Wacquez había querido cumplir con su compromiso y había conducido solo durante horas desde su lejana residencia. El público rompió a aplaudir. Y ahora pienso que aquella fue la última ovación que escuchó Mauricio en su vida.

Y ya no llegó a Santiago para presentar su último libro, por la sencilla razón de que, desde su doloroso viaje a Chile, muy pocos años antes, sencillamente todo se había desencadenado, como se suele decir, y creo yo se dijo con toda razón en el caso de Mauricio. Me encantaría afirmar ahora que este hombre cabal era demasiado elegante para este mundo, pero la gente diría que sí, que bueno, pero que exagero, movido por mi amor por Mauricio. Me limito pues a decir que fue demasiado elegante para sus últimos años en este mundo. Los lamentos de Mauricio, o no existieron o no llegaron nunca a casa de sus amigos, porque él puso la mar por medio y se ahogaban todos en el agua. Y ahora, para comentar a Mauricio, quisiera restituirle a dos palabras devaluadas por el pésimo uso que de ellas hace la gente, su verdadera significación y su etimología. Diletante es el que se deleita y amateur es el que ama. Así era también él.







Calaceite rinde homenaje a José Donoso y Wacquez







28/10/2007 EL PERIÓDICO CALACEITE
Esta noticia pertenece a la edición en papel.








Una treintena de escritores relacionados con José Donoso y Mauricio Wacquez, entre los que se encuentra Jorge Edwards, participan durante todo el fin de semana en el homenaje que se rinde a estos escritores chilenos en Calaceite, municipio donde vivieron gran parte de su vida. Este reconocimiento se enmarca dentro de las IV jornadas literarias del Matarraña.

El acto, enmarcado dentro de las IV Jornadas Literarias del Matarraña, se celebra con motivo del décimo aniversario de la muerte de José Donoso, escritor del boom latinoamericano de los años 60 y 70, junto a escritores como Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez, y que fue el causante, a juicio del escritor Emilio Ruiz Barrachina, de que multitud de escritores encontraran en Calaceite y en el Matarraña un punto de referencia, entre ellos el propio García Márquez, Vargas Llosa o Jorge Edwards.

Uno de los escritores que participa en el homenaje, Arturo Fontaine, definió a José Donoso como "un animal literario" de quien aprendió "la pasión por los libros y la literatura", según ha manifestado a Europa Press. Para Fontaine, José Donoso fue "un hombre muy generoso con su tiempo y un gran lector". Fontaine también se refirió a la relación de estos escritores con la localidad. "En la conversación de ellos
Calaceite aparece como un lugar que fue un verdadero hogar; no solamente hablaban de la arquitectura, de las piedras, los campos y los olivos, sino también de la gente y del cariño de la gente que los acogió y el mundo que ahí pudieron armar".

Otro de los escritores asistentes, Carlos Franz, explicó las diferencias entre Donoso y Wacquez. "Son dos generaciones distintas, Donoso pertenece plenamente a la generación del boom latinoamericano, mientras que Wacquez pertenece a una generación posterior y representa otro espíritu de época, un puente interesante que de alguna manera se ha perdido", indicó.

El homenaje a José Donoso y Mauricio Wacquez se inició ayer con una oración laica dedicada a éste último en el cementerio de Calaceite y continuó con el descubrimiento de una escultura en la plaza de los artistas de la localidad, obra que ha sido donada por los escultores Rocío Margarit y David Sánchez.

En el acto se leyeron fragmentos de las obras de los dos escritores chilenos acompañados por música en directo de Sergio González Carducci. Por la tarde, en Cretas, tuvo lugar una mesa redonda sobre literatura, en e que participaron autores como Alfonso Mateo Sagasta, Gala Ruiz, Joaquín Bernat o Juan Bolea, entre una veintena de escritores; y la proyección de una entrevista ofrecida por el propio Donoso en 1977 a TVE. El homenaje termina hoy en Valderrobres, con un recital de poesía.









Una treintena de escritores participan en el homenaje a José Donoso y Mauricio Wacquez en Calaceite (Teruel)
TERUEL, 27 Oct. (EUROPA PRESS) -














Una treintena de escritores relacionados con José Donoso y Mauricio Wacquez, entre los que se encuentra Jorge Edwards, participan hoy en el homenaje que se rinde a estos escritores chilenos en Calaceite (Teruel), municipio donde vivieron gran parte de su vida. Este homenaje se inserta dentro de las IV jornadas literarias del Matarraña.

El acto se celebra con motivo del décimo aniversario de la muerte de José Donoso, escritor del 'boom' latinoamericano de los sesenta y setenta, junto a escritores como Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez, y que fue el causante, a juicio del escritor Emilio Barrachina, de que multitud de escritores encontraran en Calaceite y en el Matarraña un punto de referencia, entre ellos el propio García Márquez, Vargas Llosa o Jorge Edwards.

Uno de los escritores que participa en el homenaje, Arturo Fontaine, ha definido a José Donoso como "un animal literario" de quien aprendió "la pasión por los libros y la literatura", según ha manifestado en declaraciones a Europa Press.

Para Fontaine, José Donoso fue "un hombre muy generoso con su tiempo y un gran lector" y "a diferencia de otros escritores que son egocéntricos, él era un hombre muy abierto y muy interesado en los otros escritores".

Fontaine conoció a Donoso por sus libros. "Fue un asombro ver cómo el planteaba el texto narrativo, las voces que entrelazaba, el tipo de situaciones que enfrentaba, era un tipo no se hacía por entonces en Chile, estaba dentro de una escena muy novedosa", ha relatado.

"Después lo conocí personalmente", ha continuado Fontaine, rememorando un taller impartido por Donoso en el que participó. "Hablaba muy poco de su obra y en ningún momento utilizó el taller para intentar inculcar una manera de escribir o una estética sino que estaba muy interesado por las diferentes maneras de escribir", ha aclarado.

DOS GENERACIONES.

Otro de los escritores que participa en el homenaje, Carlos Franz, ha explicado las diferencias entre José Donoso y Mauricio Wacquez. "Son dos generaciones distintas, Donoso pertenece plenamente a la generación del 'boom' latinoamericano, mientras que Wacquez pertenece a una generación posterior y representa otro espíritu de época, un puente interesante que de alguna manera se ha perdido", ha indicado.

Según Franz, "después del 'boom' latinoamericano hubo una tendencia hacia una literatura que se acercaba de nuevo a la cultura popular y Wacquez representaba una versión muy refinada de este fenómeno, incluso elitista, sin que eso suponga algo peyorativo, sino todo lo contrario; una opción por la literatura con 'L' mayúscula y una gran exigencia para el lector".

Fontaine se ha referido también a la relación de estos escritores con Calaceite. "En la conversación de ellos Calaceite aparece como un lugar que fue un verdadero hogar; no solamente hablaban de la arquitectura, de las piedras --recuerdo muchas conversaciones sobre las piedras--, los campos y los olivos, sino también de la gente y del cariño de la gente que los acogió y el mundo que ahí pudieron armar".

Franz también ha recordado que tanto Donoso como Wacquez provenían de una zona campesina de Chile, "en cierto modo muy parecida al Matarraña".

HOMENAJE A DONOSO Y WACQUEZ.

El homenaje a José Donoso y Mauricio Wacquez se ha iniciado con una oración laica a éste último en el cementerio de Calaceite y ha continuado con el descubrimiento de una escultura que conmemora a ambos escritores en la plaza de los artistas de la localidad, obra que ha sido donada por los escultores Rocío Margarit y David Sánchez.

En el acto se han leído fragmentos de las obras de los dos escritores chilenos acompañados por música en directo de Sergio González Carducci. Por la tarde, en el municipio de Cretas, se celebrará un coloquio sobre la figura de José Donoso entre los más de 25 escritores invitados a las jornadas, moderado por Emilio Ruiz Barrachina. También se proyectará la entrevista que José Donoso ofreció en 1977 a Televisión Española.




















DE ARAGÓN
EL PERIÓDICO
Domingo, 9 Diciembre 2007














TINTA Y PIEDRA
Emilio Ruiz Barrachina nos propone un viaje literario a Calaceite, el pueblo turolense donde convivieron los autores del Boom

19/05/2005 JUAN Bolea

Autores, artistas y escritores como José Donoso, Mario Vargas Llosa, Mauricio Wacquez, Jorge Edwards, Luis Buñuel, Didier Coste, Angel Crespo, Ricardo Bofill y otros muchos han contribuido a expandir la fama de Calaceite por las difusas fronteras del arte, hasta universalizar este pequeño pueblo de Teruel, dotado de alma propia.

Atraído por su leyenda artística, y por la circunstancia de haber congregado entre sus casas de piedra a buena parte de los protagonistas del Boom latinoamericano de los años sesenta y setenta, el escritor y cineasta Emilio Ruiz Barrachina ha girado una detallada visita a la localidad, y escrito un libro inclasificable, personal, intransferible, lleno de documentación y ternura: Tinta y piedra. Calaceite .

Gracias a Barrachina volvemos a pisar el refugio de José Donoso, a subir las empinadas escaleras que conducían al estudio donde escribió Casa de campo . Casi podemos ver al maestro chileno discutiendo con Didier Coste algún pasaje de la traducción al francés de El obsceno pájaro de la noche , para muchos su mejor libro. Podemos ver, también, a Mauricio Wacquez, el Hamelin de Calaceite, el Gran Gatsby, flechando con su seducción a todo visitante que se acercaba a conocer aquel paraíso, y viviendo con su amante, Francesc, una historia de amor que trágica y hermosamente llegaría a enlazar con la muerte. Vemos a Buñuel, cerca de la casa de Donoso, ensayando los toques de tambor, preparándose para participar en la Semana Santa de Calanda. Vemos a García Márquez pasear por el pueblo, ese Macondo aragonés, y a su entonces íntimo amigo Varguitas, que residiría tres años en Calaceite, velando sus primeras armas literarias.

A través de las voces de parientes, amigos y testigos directos, Barrachina va recreando aquel idílico Calaceite, que en buena parte, pese a las muertes de Donoso, Wacquez, o de la extraordinaria ceramista Teresa Jassá, otro de los espíritus benefactores de la localidad, perdura en la actualidad.

Además, el autor nos suministra una amplia información sobre la historia y la arquitectura de la villa. A medida que Barrachina se adentra en el alma de los areniscos sillares, en las leyendas de visigodos, templarios y cátaros, en los ajusticiamientos y autos de fe, en las iglesias y cárceles, su pluma va trocando la tinta por la piedra, ganando hondura hasta rozar el misterioso núcleo de la energía allí acumulada.

"El Matarraña, frontera entre Teruel y Tarragona, es una región desconocida donde parece que el tiempo se ha detenido. Iglesias cargadas de simbología pagana y pueblos monumentales, de piedra y de agua, rodeados de vegetación mediterránea y una orografía particular, inquietante como pocas. Lugar donde confluyen los caracteres aragoneses, catalanes, valencianos. Y también sus lenguas. Lugar de historias mágicas y guerreras.".

Emilio Ruiz Barrachina es autor de varias novelas: Calamarí , A la sombra de los sueños o El arco de la luna , algunas de las cuales han merecido ser llevadas al cine.

*Escritor y periodista



22 octubre, 2007
228.- IV Jornadas Culturas y Literarias de la Comarca del Matarraña/Matarranya




















Dichas jornadas tendrán lugar entre los días 26 de octubre y 25 de noviembre de 2007.














VIERNES, 26 DE OCTUBRE.CALACEITE20:30 Inauguración de las IV Jornadas Culturales y Literarias de la Comarca del Matarraña/Matarranya con la intervención de Carlos Franz, Arturo Fontaine y Marcelo Maturana en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Calaceite.














SÁBADO, 27 DE OCTUBRE.CALACEITE11:30 Oración laica por Mauricio Wacquez en el cementerio de Calaceite.12:30 Homenaje a José Donoso y Mauricio Wacquez en la Plaza de los Artistas.














Colocación de una escultura donada por los escultores Rocío Margarit y David Sánchez Sanabria, lectura de poemas y fragmentos de la obra de ambos, acompañada por el músico Sergio González Carducci.














CRETAS18:30 Mesa redonda sobre La literatura española e iberoamericana en tiempos de José Donoso y Mauricio Wacquez, y su evolución hasta hoy, en Salón de Plenos del Centro Cultural de Cretas. Intervienen los autores invitados a las jornadas:Elsa Arana, Carlos Franz, Marcelo Maturana, Paz Balmaceda, Sergio Macías, Shlomo Avayou, Arturo Fontaine, Jaime Fontán, Fernando Martínez Lainez, Beatriz Osés, Manuel Francisco Reina, Francisco Quintero, Michele Geiger, Sergio González Carducci, Alfonso Mateo Sagasta, José Ramón Trujillo, Pedro Ramos, Verónica Matte, Juan Bolea, Jaime Jimeno, Gala Ruiz, Guillermo Galván, Jorge Meyer, Miguel Caballero, Joaquín Bernat, Ignacio Fernández, Elisa Palomo. Moderador Emilio Ruiz Barrachina.20:30 h. Proyección inédita de la entrevista ofrecida por José Donoso en 1977 a Televisión Española hablando de su vida y su obra. Autor Emilio Ruiz Barrachina.














DOMINGO, 28 DE OCTUBRE:VALDERROBRES12:00 Recital de poesía a cargo de Manuel Francisco Reina, Francisco Quintero, Jaime Jimeno, Arturo Fontaine, Sergio Macías y Shlomo Avayou, en el Castillo de Valderrobres.














MIÉRCOLES, 7 DE NOVIEMBRE:DÍA COMARCAL DE LA LECTURA.Cuenta cuentos, con la colaboración de las bibliotecas municipales.














SÁBADO, 17 DE NOVIEMBRE:VALDELTORMO19:30 Intervención de los miembros participantes en Sons del Matarranya que explicarán sus vivencias sobre el proyecto. Centro Cultural de Valdeltormo.22:30 Actuación de Raquel y Sergio y Temps al Temps. Centro Cultural de Valdeltormo.













DOMINGO, 18 DE NOVIEMBRE:MAZALEÓN17:00 Charla impartida por Esteban Villarrocha Ardisa, Leer teatro es leer literatura, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Mazaleón.18:30 Espectáculo teatral basado en la obra de Hans Christian Andersen El intrépido Soldadito de Plomo por Teatro Arbolé. En el Salón Cultural de Mazaleón.












SÁBADO, 24 DE NOVIEMBRE:LLEDÓ18:00 Presentación del libro Tornem a se menuts de Susana Antolí ganadora del premio “Guillem Nicolau 2006”. En el Salón Polivalente de Lledó.19:00 Representación de teatro Las Viudas de Nasú interpretada por Alfonso Pablo, David Ardid y Carlos Alcolea. En el Salón Polivalente de Lledó.












DOMINGO, 25 DE NOVIEMBRE:FUENTESPALDA.18:00 Clausura y encuentro de música entre la Federación Comarcal de Música del Matarraña, la Asociación Musical Peñarbés y la Banda Comarcal San Antón. En la Iglesia Parroquial de San Salvador de Fuentespalda.Más información:COMARCA DEL MATARRAÑA/MATARRANYADpto. de Cultura y Patrimonio CulturalTelf. 978-890884Fax. 978-850497





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