El legado de tres películas cruciales y un movimiento dudoso
FUENTE: LA TERCERA 27/03/2009
Valparaíso mi amor
Tres tristes tigres
El Chacal de Nahueltoro
¿Qué queda, a 40 años del estreno de Valparaíso mi amor, Tres tristes tigres y El Chacal de Nahueltoro? Aún sorprenden y emocionan, pero no es claro que hayan definido las bases del Nuevo Cine chileno y dejado una continuidad. por Pablo Marín
"El 69 aparecimos nosotros, los chilenos", comentaba orgulloso Miguel Littin a fines de 2005, en una conferencia para universitarios. "Ruiz, construyendo fantásticas torres de cristal en las noches inciertas de un Santiago incógnito, Aldo Francia recorriendo los cerros de una ciudad sin puerto en Valparaíso mi amor, y El Chacal de Nahueltoro, diminuto entre las grandes piedras del Río Ñuble, pisando la tierra, casi bailando una trágica cueca", agregaba.
El realizador de El Chacal de Nahueltoro recordaba el momento del cine chileno, cuando esas tres películas llegaron al VI Festival de Cine de Viña del Mar -y II Festival del Cine Nuevo Latinoamericano-, junto a la obra de unos 130 realizadores de 10 países. En Viña campeaba la idea del cine que se acomete con "una cámara en la mano y una idea en la cabeza". La muestra fue vitrina de películas esenciales, como La hora de los hornos, de los argentinos Fernando Solanas y Osvaldo Getino -"agitación y propaganda" en clave de peronismo zurdo-, y una cubana que hay que ver antes de morir: Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea.
Si, de un lado, había un nuevo cine latinoamericano, nobleza obliga, tendría que haber también un Nuevo Cine Chileno. La etiqueta no tardó en quedar bien impresa. Varias veces, antes y después, se han anunciado "nuevos cines" locales, pero la marca se asocia unívoca y automáticamente al señalado tríptico. Una suerte de "santísima trinidad".
MISERIA EN EL PUERTO La película inaugural fue Valparaíso…, ópera prima del pediatra Aldo Francia (1923-1996), fundador del Cine-club de Viña del Mar que organizó el festival. Su filme rescata una tragedia asordinada: el protagonista es un matarife desempleado, padre de seis hijos, al que llevan a la cárcel por carnear animales ajenos. La miseria, la delincuencia, el hacinamiento, estaban en la base del filme, así como lugares entrañables de la ciudad.
Azuzado en su vocación por Ladrón de bicicletas (1948), Francia sería blanco de otra etiqueta: neorrealista. Pero como toda etiqueta, esta no decía mucho. No hablaba del dolor, la culpa, la curiosidad y la provocación que envolvió meter el dedo en la llaga del problema social y optar por un realismo crudo y a veces redentor. Por lo mismo, la cinta recibió más de un pastelazo. El día en que la mostró en el cine Velarde del puerto, un tipo en el urinario, sin mirarlo, la calificó de "cagada". Pero también hubo quienes la defendieron y no fueron pocos. Se le crea o no a su director cuando decía que Valparaíso… tuvo en el mundo 60 millones de espectadores, la inmortalidad de la película es casi una certeza.
EL ANTIHEROE Para cuando Miguel Littin (1942) estrenó su primer largometraje, el protagonista era una figura más que recordada: el "Canaca", un afuerino que no recibió "educación de naiden", fusilado en Chillán, en abril de 1963, por la horrorosa muerte de su conviviente y de los cinco hijos de ella. Fue un caso policial de nota, sin duda, pero fue más que eso. El episodio habló de miseria, alcoholismo, brutalidad, abandono y exclusión. El proceso judicial, que terminó ejecutando a un rehabilitado, sólo hizo más paradójico el cuadro. Y más significativa la realización de una película con tamaño antihéroe.
Anclada en un realismo inquisitivo, la cinta fue también bendecida por una colusión de talentos del Cine Experimental de la U. de Chile. Porque convocó a Pedro Chaskel, el montajista chileno por antonomasia, Héctor Ríos y su fotografía urgente, la música de Sergio Ortega y la gráfica tan de su época de los hermanos Larrea. Los roles protagónicos fueron asignados a Shenda Román y Nelson Villagra. En su hora, la cinta cortó casi 215 mil boletos y fue auténtico taquillazo local.
VIA CHILENA AL REALISMO
Raúl Ruiz (1941) se asomó más oblicuamente, en su debut fílmico, a un país de rasgos poco amables. El suyo es un Santiago impreciso y etílico, capaz de mutar, cuando menos se lo piensa, en una ciudad de la furia. La película se llamó Tres tristes tigres, con Nelson Villagra (Tito), Shenda Román (Amanda) y Jaime Vadell (Rudy), y se valió de la obra teatral de Alejandro Sieveking. En dos actos que se desarrollan en un departamento, Sieveking mostraba a este trío compuesto por un descendiente de yugoslavos asimilado entre los "pitucos" (Rudy), y una pareja de hermanos de clase media empobrecida. Rudy trata de ascender en la escala social de forma algo turbia y Tito, que trabaja para él, llega a prostituir con él a su hermana. Ruiz conservó el incidente, pero amplió el teatro de operaciones.
Tras el estreno, Ruiz señaló que, de cara a los Tigres, le había parecido "fundamental realizar un cine que provoque una identificación o, mejor dicho, una autoafirmación nuestra a todos los niveles, incluso los más negativos".
Aunque el desafío de Ruiz pasó un poco de largo con el público -17 mil boletos-, generó gran disparidad y apasionamiento inéditos. "No hay cómo explicarla", señaló un comentarista en La Tercera. Yolanda Montecinos anotó que Ruiz hablaba "un idioma propio, elocuente y expresivo" y "consigue de sus actores matices y situaciones aún no logradas en nuestro medio".
Menos deshilvanada de lo que se creyó, la cinta reivindica la violencia y los sinsentidos del ser chileno: el mozo de una quinta de recreo esparciendo aserrín sobre la sangre de un acuchillado; el parroquiano entrometido en la mesa de Rudy -"Perdón, ¿molesto?"-; Tito, dando una pateadura a Rudy mientras un vecino curioso pregunta, a un metro de la situación, "¿hace rato que le están pegando?".
LO QUE QUEDA Tres tristes tigres cierra con Tito vagando por las calles santiaguinas al compás de Cuando te encuentro, bolero sangrante cantado por Ramón Aguilera que también se escucha en Valparaíso, mi amor. En la película de Francia, adicionalmente, se usó la misma cámara que en los Tigres. Pero esta accidental colaboración es sólo eso: una coincidencia accidental. El "Nuevo Cine chileno", acotado como está a tres películas, es una etiqueta particularmente equívoca. Es más bien el producto de un momentum feliz.
Si las tres películas fueron tan emblemáticas fue porque mostraron en 1969 una producción local en alza. Sobre todo por la entrada previa del cine a las universidades, la consolidación del documental, la emergencia de la TV y el propio certamen viñamarino, donde tanto realizador local se dio cita.
Con todo, esa "versión estándar" que Ascanio Cavallo denuncia en el libro Explotados y benditos respecto del Nuevo Cine, se afirma en una constante: la veneración de esa trinidad y la tendencia a ignorar al resto.
El asunto huele a injusticia respecto de títulos como Largo viaje (1967) de Patricio Kaulen (1921-1999), apenas dos años mayor que Francia y eternamente excluido. ¿Por representar a la "vieja guardia" del celuloide? ¿Por su proximidad al gobierno de Frei Montalva? El reduccionismo también lastimó a Helvio Soto (1930-2001), jefe de Littin en Canal 9, que en 1967 estrenó la exitosa comedia romántica Lunes 1, domingo 7 y Caliche sangriento, western marxista sobre la Guerra del Pacífico, inicialmente prohibido por presuntas ofensas al Ejército. Más perjudicado fue Luis Cornejo (1924-1992), a quien más se recuerda por sus cuentos de Barrio bravo que por su película El fin del juego (1970).
Así las cosas, parte del legado del Nuevo Cine es la controversia. Y además, "el descubrimiento de la realidad nacional en tipos, ambiente y lenguaje", como reportó para Ercilla Hans Ehrmann desde el mismo festival. En términos de herencia, el asunto es menos obvio.
Francia sólo hizo un largo más (Ya no basta con rezar, 1972). Ruiz dirigió en Chile películas que pocos vieron, con la excepción de Palomita blanca (1973). Su espíritu antropológico se siguió advirtiendo en la obra de Cristián Sánchez (El zapato chino, Los deseos concebidos) y en títulos como No tan lejos de Andrómeda, Y las vacas vuelan y El pejesapo. Littin, por su parte, pasó gran parte del gobierno de Allende trabajando en La tierra prometida (1973), que no alcanzó a llegar a salas.
Pasados 40 años, se diría que la hoy premiada y prolífica producción local, con 21 películas el año pasado, vive su propio buen momento y para qué andar con nostalgias. Pero darle una oportunidad a varias o a todas las películas de esa época ayuda a marcar distancias. Se recomienda hacerlo con ánimo de sorprenderse.
“Velorio de Angelito”. C. de Cordemoy. Au Chili. Jueves 25 Diciembre 2008 23:09 Año: 1899 Velar por días a los niños que fallecen es una costumbre que aún sobrevive en nuestros campos. Aunque a medida que corren los años los velorios a angelitos se van acortando en días, los cantores a lo divino todavía acompañan a los deudos.
-Exposición gratuita estará abierta al público todo el mes de febrero.
Esta atardeciendo, el cielo nublado anuncia la llegada de la lluvia y en la lejanía se escucha una melodía suave de una voz triste y reposada recitando un verso conmovedor, un canto a la vida, a la muerte a lo divino. El sonido proviene de una casa, en donde, por un instante se siente una sobrecogedora sensación que se manifiesta en las caras de los presentes, no hay risas, ni llanto, solo esperanza y conformidad de una familia y comunidad que acompañan a un ángel que sube al cielo. Sentado en la mesa se ve un niño vestido de ángel con blancas alas que demuestran que su efímero paso por la tierra es designio de Dios, quien se llevó a un angelito a su lado para cuidar a los que deja en la tierra. Así lo dice la canción de “Despedimento de un Angelito” que se escucha de fondo, la que dedica estremecedores versos a este pequeño que se fue, dejando a la acongojada familia solo la esperanza de que se fue a un mundo mejor a “velar por sus padres, sus abuelos y hermanitos”.
La tradición de despedir a los niños que mueren a tan temprana edad con cánticos, esta en la cultura chilena y latinoamericana arraigada hace años, lo cual como parte del patrimonio es sujeto importante en la identidad nacional. La región de O’Higgins fue y es aún, lugar de manifestación de este tipo de ceremonia, por lo cual en un rescate a la memoria local, esta semana se esta realizando en el Museo Regional la muestra audiovisual “Despedimento del Angelito” del artista Marcelo Vidal Díaz.
Este músico expone actualmente una recopilación de artistas locales que crearon versos para despedir a los “angelitos”, lo cual es parte de su serie “Cantos a lo Divino”. En la oportunidad el artista recopiló material histórico de canciones tradicionales de “despedimento” y además como se manifiesta en la actualidad la ceremonia. “Es importante hacer memoria de lo que pasaba en el campo y mostrar que aun se canta a los angelitos, en lugares como Las Cabras o el Secano Costero” resaltó Vidal. La invitación a recorrer la historia local y las tradiciones campesinas que reviven de vez en vez, esta hecha, por lo que el museo regional espera ser lugar de encuentro para los rancagüinos interesados en conocer como se vivía hace un siglo.
Un poco de historia
El “Despedimento” o velorio del angelito es una de las tradiciones propia del campo chileno y una de las principales manifestaciones del canto a lo divino. El “angelito” es un niño fallecido antes de los tres años, aunque existen casos de Despedimento hasta los 7 años. En esta ceremonia se rezo del rosario y cánticos piadosos, acompañado de cena de medianoche, en donde sobre sale el consumo de “gloriao”, un licor que debe su nombre a la relación que se da con la gloria del niño al ir al cielo. De esta forma en la “mesa de los santos”, se colocan imágenes religiosas, se prende una vela rodeada de flores blancas y se construye un altar donde se sienta al niño muerto vestido de ángel. Al pequeño muchas veces se le ata las manos con un ramo de flores blancas y se le acompaña con rezos, cánticos y un baile conocido como balumbo. Se cree que cuando muere un niño pequeño, este asciende directamente al cielo pues no lleva pecado con el. Por lo cual, no se le debe llorar, ya que si esto sucediera, se le hace un mal a su alma. El cortejo funerario está formado solamente de hombres, quedando las mujeres acompañando a los deudos y tomando mate con cedrón para aplacar la pena.
“Las Tres Fulminantes” muestra el Canto a lo Divino categorias: Cultura - Local En el Museo Regional de Rancagua, debutó el documental "La Tres Fulminantes" que rescata el canto a lo divino.
Escrito por Luis Felipe Caneo
Al hablar de religión uno puede separarla en dos vertientes: una fe vivida al interior de los lugares sagrados y otra llamada la expresión popular de la fe, esa que el pueblo chileno, con el pasar del tiempo, ha ido modelando. A esta ultima pertenece el Canto a lo Divino, entonaciones poéticas religiosas que comenzaron a utilizar los jesuitas en plena Colonia como una forma de hacer más didáctica la enseñanza de la doctrina católica. Una costumbre que un grupo de compatriotas, con mucho esfuerzo y entrega, se han encargado de mantener vivo a lo largo de los siglos en la zona central del país, principalmente.
Con el objeto de que esta costumbre chilena no se extinguiera sin dejar rastro alguno, el guitarrista rancaguino Marcelo Vidal empezó, hace 11 años, a conformar un archivo musical para el Museo Regional de Rancagua. "Rescatar el patrimonio inmaterial que nosotros tenemos y que está en un proceso de extinción", explica Vidal en cuanto a su propósito."Este proyecto (refiriéndose al documental), en realidad, comenzó en Julio de 1997 cuando yo llegué acá al Museo y le plantee a la Directora, Carmen del Río, la idea de hacer un archivo de música tradicional. Mi afán como músico era rescatar un poco la música tradicional que uno escucha en el campo. El proyecto viene a finalizar hoy con el estreno del documental ", indicó el artista a los presentes esa fría noche.
El documental se titula "La Tres Fulminantes"- desde un punto de vista gramatical hay un error en la construcción de la oración, sin embargo ese es su nombre correcto y alude a una "entonación de canto a lo divino que es muy antigua". Debe venir de la tradición primera, tiene mucho de canto gregoriano", nos cuenta Santiago Varas, cantor a lo humano y a lo divino de la Región de O´Higgins y uno de los protagonistas del largometraje- y en cuanto a sus características, su propio realizador, Marcelo Vidal las cita. "Es un largometraje documental,estamos hablando de 90 minutos de canto a lo divino y religión, 2 cosas que son inseparables. La música como expresión es simplemente un vehículo para representar la fe. Los protagonistas son los propios cantores, no hay locutor", comentó.
Después de ver el largometraje ,impresiona, en lo personal, ver a gente que con tanto fervor y dedicación dan cabida a la expresión de la fe popular en sus vidas. Observar que un encuentro de cantores tiene todo un ritual, no es una simple reuniòn, el que incluye la comida que se servirá para poder estar toda la noche despierto, la que, obviamente, tiene un claro rasgo chileno. Sorprende que en tiempos en que la globalizaciòn tiende a homogeneizar, haya un grupo de chilenos que se la jueguen por lo que es nuestro..
Opinión de los asistentes
A la finalización del documental, pese a que hacía un frío infernal y que eran más de las 23.oo horas, se podía notar en el ambiente asombro por un arte que es desconocido para muchos y ,a la vez,satisfacción por haber visto un trabajo de calidad. Las opiniones captadas por este medio así lo demuestran.
Teresa Pino indicó: "La película la encontré maravillosa, que lindo que se de a conocer nuestras raíces, lo genuino. La forma en que se denominan puetas, me encantó porque representa lo espontáneo,lo que no está contaminado". Por su parte,Rodrigo Madrid comentó. "Encontré super bueno el documental. Los cantores nos enseñaron sus costumbres a la gente de ciudad, como nosotros. Lo interesante fue la paciencia que demuestran para tocar la guitarra".
La opinión de los Realizadores
¿Qué fue lo que los motivó a participar en el documental?
Marcelo VidaL, realizador: "Rescatar el patrimonio inmaterial que nosotros tenemos y que está en un proceso de extinción. Quería convivir y registrar la música de los cantores, un gran tesoro"
Sara María Marcus, directora documental. "Yo estaba en Alemania ,conocí a Marcelo y me contó que hace 10 años estaba trabajando para el Archivo Musical del Museo y me mostró unas grabaciones. Al verlas me fascino, yo no sabía que existiera. Conversamos y pensamos que de eso (los archivos) se podía hacer un documental. Conversamos de nuevo con ellos y dejemos que ellos cuenten su propia historia, nosotros los acompañamos no más.
¿Qué fue lo que más le llamó la atención de los cantores?
S.María Marcus: "La tradición que tienen y la conciencia que tienen de ella. Una fe que es real, una muy verdadera. Sienten y viven profundamente la fe, muchas veces apartada de la Iglesia. Ellos hacen las celebraciones a su forma. Eso me impactó."
M.Vidal: "Su rol en la comunidad, cual importante son, como transmiten la fe. Tal como decía un cantor, antiguamente cuando el cura decía o cantaba la misa en latín, eran los cantores los que hablaban en español y eso les marcó un rol muy importante en nuestra comunidad rural".
Te invitamos a un desafío: ¿Quién es capaz de crear una décima o cuarteta sobre algún tema que le inspire? De a conocerlas en la zona de comentarios ciudadanos ______________________________________________________
BIOGRAFÍA MARCELO VIDAL DÍAZ
Nace en Rancagua, Chile en 1971, comienza sus estudios de Guitarra en el conservatorio nacional en el año 1989. En 1993 ingresa a la facultad de Artes de la Universidad de Chile, para finalizar sus estudios en el año 1996 con distinción máxima, en la cátedra de Luis Orlandini. Paralelamente asiste a seminarios de música latinoamericana con los maestros Leo Brouwer y Alirio Díaz. En Otoño de 1997 es becado por el servicio de intercambio académico del gobierno alemán para realizar estudios de en la escuela superior de música de Colonia, en donde recibe su segundo título de concertista con distinción máxima, en la cátedra del Profesor Roberto Aussel.
Marcelo Vidal ha recibido los siguientes premios y becas; 1995 a 1996, Beca de la Fundación Andes para realizar estudios superiores de música en Chile. En abril de 1997 recibe beca DAAD para estudios en Alemania. En1997 primer premio concurso de solista de la “Mannheimer Sinfonie Orchester” en Alemania. En 1998 Primer premio, concurso “Kutna Hora” de guitarra Clásica en Chekoslovaquia. En 2001 premio mejor interpretación a música Italiana del siglo XIX, concurso de interpretación en Mottola-Italia.
Entre los años 2001 y 2003, Marcelo Vidal ha grabado tres discos, dos de los cuales han sido producidos en Chile y financiados por el Fondo de la cultura y las artes, el tercer disco es una producción de la radioemisora alemana WDR, grabada en vivo en Kerpen-Alemania con un programa exclusivo de música Latinoamericana para guitarra clásica.
Como guitarrista Marcelo Vidal se ha presentado en países de América, Asia y Europa como: Alemania, Holanda, Bélgica, España, Francia, Chekoslovaquia, Polonia, Japón. Ha participado como solista con las orquestas; WDR Orchester en Alemania, Sinfonie Orchester Mannheim, Orquesta de la ciudad de Lüttich en Bélgica, Orquesta sinfónica de Gummersbach en Alemania. Desde 1999 se desempeña como profesor y encargado de la clase de guitarra clásica en la escuela de música de Gummersbach, además de dirigir la orquesta sinfónica de dicha ciudad.
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---- LARGO VIAJE DE PATRICIO KAULEN (4/8)
"Largo viaje"
La película cuenta la historia de un niño de 8 años que, al morir su hermano recién nacido y realizarle el funeral a la antigua usanza del "angelito", decide ir a dejarle a su último lecho las alitas que se le cayeron en el trayecto, ya que -piensa el menor- sin ese elemento el bebé no podrá llegar al cielo.
La película "Largo viaje", de Patricio Kaulen (1967) es uno de los cinco filmes que ha recuperado la Cineteca Nacional.
La entidad logró preservarlo con el financiamiento del Fondo Audiovisual del Consejo Nacional de las Artes y el apoyo de la Filmoteca de la Universidad Autónoma de México, UNAM; y de la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile (Dirac).
En su tarea de preservación del patrimonio audiovisual, la Cineteca restauró esta cinta junto a otras cuatro: "Imágenes antárticas", de Emilio Vicens (1956); "Terremoto" (anónimo, documental, 1939, Chile, 35mm); y "La mano del muertito" (José Bohr, 1948, Chile, 35mm): Todas ellas formaron parte de un proyecto que obtuvo un monto de 10.998.000 del Fondo de Fomento Audiovisual 2006, en el marco del Programa de apoyo al resguardo del patrimonio audiovisual.
"Largo viaje", goza hasta hoy de un gran prestigio entre los estudiosos del cine chileno. Este año se cumplen cuatro décadas de su estreno y destacan sus reconocimientos obtenidos en el Festival de Cine Karlovy Vary (1968, Premio Extraordinario del Jurado) y en el Festival de Filmes Restaurados y Reencontrados realizado por la Unesco como celebración del Centenario del Cine (1995, Premio al Culto a la Tolerancia)
La película cuenta la historia de un niño de 8 años que, al morir su hermano recién nacido y realizarle el funeral a la antigua usanza del "angelito", decide ir a dejarle a su último lecho las alitas que se le cayeron en el trayecto, ya que -piensa el menor- sin ese elemento el bebé no podrá llegar al cielo.
Según cuenta el director de la Cineteca Nacional, Ignacio Aliaga, "el trabajo de restauración de Largo viaje se centró en la elaboración de un nuevo negativo, a partir de la única copia existente, lo que permitió elaborar copias en 35 milímetros, beta digital, DV cam y DVD para archivo y difusión, asegurándose así su absoluta preservación".
«Largo viaje» Chile, 1967, 35 mm, 83 min.
DIRECCIÓN: Patricio Kaulen GUIÓN: Patricio Kaulen y Javier Rojas. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Andrés Martorell MÚSICA: Tomás Lefever ACTUACIÓN: Enrique Kaulen, Emilio Gaete, Eliana Vidal, Fabio Serpa, Rubén Ubeira, María Castiglione, Julio Tapia, Mario Lorca, Héctor Duvauchelle, María Elena Duvauchelle, María de la Luz Pérez, Andrés Rojas Murphy, Boris Alvarado. Estreno: 7 agosto 1967.
SINOPSIS 1: Un niño de 8 años, hijo de padres humildes que habitan en un conventillo santiaguino, emprende viaje por la ciudad para llevar unas alas de papel a su hermanito nacido muerto, las que han quedado olvidadas después del velorio, artefacto esencial para que el difunto pueda volar al cielo y convertirse en "angelito".
Patricio Kaulen nace el 8 de abril 1921 y muere el 23 de febrero de 1999 Inicia su carrera en el cine como actor y ayudante de dirección de «Escándalo», largometraje de Jorge Délano. Posteriormente es director técnico de filmes de José Bohr hasta que es contratado por Chile Films como Jefe de Producción. En 1965 es nombrado presidente de Chile Films, cargo que ocupa hasta 1970. Durante ese período produce 36 documentales sobre el desarrollo económico del país e inicia el noticiario «Chile en marcha».
Su filmografía registra: «Encrucijada» (1946); «Tierra de tradición» (1948, doc.); «Reportaje blanco» (1952, doc.); Primeras ediciones del «Noticiario Chile Emelco» (Director Técnico); «Caletones, ciudad del fuego» (1955 doc.); «Largo viaje» (1967) y «La casa en que vivimos» (1970). En 1994 filma «Viva Crucis», película que nunca logró terminar, de la cual se han rescatado algunas imágenes inéditas.
Publicado: Jueves 13 de Noviembre de 2008 Ultima actualización: Miercoles 19 de Noviembre de 2008
"Adiós, puertas de mi casa", despedimento. Del ceremonial del "Velorio de angelito". Recopilado de cantores populares en Campanario, provincia de Concepción.
"Un niño inocente que no pecao puee verle el rostro al Señor, ¿Y a qué cosa más grande puee aspirar una maire? Arroíllese, Carme, y dele gracias a Dios por el bien que le hace, y cante porque su niño está glorioso..."
Antonio Acevedo Hernández ("Retable Pintoresco de Chile")
Un tema específico, muy propio de a tradición y del folclore de nuestra región es el denominado VELORIO DEL ANGELITO. En su génesis, nuevamente se mezclan elementos provenientes de la tradición cristiano occidental y de las culturas nativas.
Para estos últimos rendir culto a sus muertos constituía una condición muy relevante, incluso antes de la llegada de los españoles. Esto queda demostrado con el descubrimiento de muchos cementerios indígenas en distintas zonas de nuestro país, como también con la rica expresión de ritos funerarios que caracterizan las creencias de los pueblos precolombinos, por ejemplo, momificar los muertos.
Los Velorios de lo Angelitos constituyen, precisamente, una expresión del encuentro o la fusión entre dos culturas distintas que dan como resultad una expresión nueva y distinta de sus matrices originales.
El misionero insistió siempre que la muerte de un niño bautizado significaba para la familia tener un ángel en el cielo y que eso había que celebrarlo.
El velorio del angelito constituye un verdadero rito religioso. Se coloca al angelito – guagua fallecida de menos de dos años – encima de un altar improvisado, adornado con velas y flores, y en un clima de religiosos silencio comienza el canto de los poetas populares. Estos, en un número variable según su existencia en la zona o de la convocatoria que los preceda, acuden con espíritu de fe y de solidaridad. Entre ellos prima la idea que es “malo negarse a ir a cantar a un angelito”. El velorio comienza en la noche y culmina con la luz de la mañana siguiente. El canto, si los poetas son varios, tiene que ser seguido y solamente fundado en lo divino.
Los cantores participantes parten siempre con un verso por SALUTACIÓN. Se saluda al Altar, la cuna, la pila de agua bendita donde el ángel fue bautizado, al cajón donde lo vana a enterrar, etc. Se saluda a los asistentes, quienes escuchan en silencio, con frecuencia el cantor improvisa un saludo a los presentes, indicando con ello su habilidad de improvisación. El canto sigue fundado en lo divino. Se canta por Padecimiento, Hijo Pródigo, Doctrina, etc. Finalmente se llega a la competencia. Cuando el día comienza a aclarar pasan a os versos del DESPEDIMENTO, que son un verdadero reflejo del cariño, ternura y sensibilidad del alma de los cantores populares. La primera línea de despedida es un saludo al angelito: “Ángel glorioso y bendito”. La segunda línea suele ser un “cogollito” de lo más tierno y delicado
SALUTACION
Saludo al altar precioso Donde se encuentra sentado Tan lindo y tan adornado Este angelito glorioso
Con vuestro permiso quiero Saludar primeramente A toda la noble gente A quien tanto yo venero Yo saludo por primero Al altar lindo y hermoso Les voy a contar gozoso Ese verso de improviso Y con el vuestro permiso Saludo al altar precioso
DESPEDIMENTO
Adiós pues Madre querida Adiós los que están cantando La gloria me está esperando Con la mayor alegría
Adiós madre terrenal Ya me despido de usted Advirtiéndole de que Por mi no vaya llorar Adiós puetas que al cantar Me llenaron de alegría Adiós a la Virgen María Madre del Dios Increado Antes de ser sepultado Adiós pues madre querida