jueves, 6 de enero de 2011

Tres balnearios símbolos del 27F se alistan para el verano



Pichilemu, Constitución y Dichato:

Las playas más representativas de la zona centro-sur intentan dejar atrás el maremoto y se preparan para recibir visitantes. Muchas han vuelto a construir por donde pasó el mar.

Ignacio Bazán
En el borde costero suenan martillos, motosierras y el traqueteo constante de las máquinas, con sus cuadrillas de hombres trabajando. Es el destino común de Pichilemu, Constitución y Dichato, balnearios afectados por el terremoto y el maremoto del 27F. A pocos días del inicio oficial de la temporada de verano, las tres playas más importantes de las tres regiones más afectadas por el tsunami afinan detalles para recibir una importante cantidad de turistas.

Eso sí, los grados de avance en cada balneario varían radicalmente.



En el borde costero de Pichilemu, apenas se notan las cicatrices dejadas por las olas. Los privados ya volvieron a construir sus negocios (cabañas, restaurantes, hoteles) y la municipalidad aprovechó de levantar de nuevo todo lo que el maremoto se llevó de la infraestructura pública de la playa. Los comerciantes de ferias y quioscos playeros afinan los últimos detalles en sus negocios para poder atender a los turistas que lleguen. Vuelven a instalarse en los mismos lugares por donde arrasaron las olas.


En Dichato, los restos dejados por las construcciones todavía son visibles. No es raro ver baños erguidos en medio del sector de casas que ya fueron demolidas. La razón es simple. El alcantarillado llegó a Dichato después que la construcción de esas casas, por lo que los baños fueron construidos con posterioridad, generalmente con paredes hechas de cemento. Las viviendas de material liviano no resistieron el embate de las olas, pero los baños sí. De ahí que el paraje actual se componga de decenas de baños esparcidos por sus polvorientas calles. En medio del triste paisaje, la oferta culinaria vuelve a surgir: ya son varios los restaurantes que están listos para recibir al turista, muchos también ocupan lugares por donde pasó el mar el 27F.



En Constitución destaca la ausencia de oferta culinaria en su borde costero: donde antes había 18 restaurantes, ahora sólo hay tres. Su alcalde confía en que puede darle un nuevo impulso a la ciudad fomentando tours por las zonas del desastre. Además, la playa "Los gringos", el principal lugar de encuentro para los veraneantes, se encuentra en buenas condiciones para recibir visitantes.



¿Serán capaces los tres balnearios más importantes del centro-sur del país resistir la demanda de los veraneantes?

Pichilemu renueva sus áreas públicas



Su playa quedó con infraestructura nueva y mejorada:
De todos los balnearios afectados por el maremoto, Pichilemu parece ser la paradoja más grande de todas. Las voces se levantan para decir que el pueblo se encuentra más hermoso que antes del maremoto. Un turista colombiano confiesa que no había notado que el lugar había sido azotado por las olas en febrero de este año.

Aunque Pichilemu estuvo lejos de presentar el mismo nivel de destrucción que Dichato o Constitución, el mar sí se encargó de llevarse varios locales comerciales, un grupo de cabañas para arriendo, además del hotel Terraza, el más tradicional y que fue construido para la élite en 1905.

Carlos Prieto es un rancagüino asiduo visitante de Pichilemu. Cuenta que ha visitado la localidad durante los últimos 30 años. Mientras los surfistas cabalgan las últimas olas del día, Prieto dice que le gusta lo que ve. "Encuentro que Pichilemu está mejor que antes del terremoto", cuenta. "Se nota muy poco que aquí alguna vez hubo tanta destrucción".

Roberto Córdova, el alcalde del balneario, dice que están preparados para recibir a los turistas. "En términos de capacidad hotelera estamos igual que el año pasado: contamos con 10 mil camas entre los sectores formales e informales. La oferta culinaria es prácticamente la misma".

A medida que se afinan los últimos detalles en la construcción de diferentes kioscos a la orilla de la playa, Pichilemu empieza a cicatrizar las últimas heridas que dejó el mar. Sólo queda un container ladeado como símbolo de que alguna vez pasó un maremoto. Los pescadores quisieron dejarlo ahí como un recuerdo para futuras generaciones de lo que alguna vez vivieron el 27F.

El gran emblema de la ciudad, la balaustrada que separa la playa del paseo peatonal de la Costanera, ya fue reconstruida completamente. El municipio invirtió 400 millones en total, lo que incluyó la repavimentación de la costanera.

Mauricio Blanco, dueño del hotel Terraza, fue uno de los más perjudicados con el maremoto. Su propiedad, que es monumento nacional, fue destruida parcialmente por las olas. "Sólo quedó parte de la estructura", dice Blanco, quien había comprado el recinto hace sólo cuatro años. Ahora está a punto de volver a recibir pasajeros y de inaugurar un restaurante en el primer piso. Fueron 80 millones de inversión, los que consiguió hipotecando el recinto.

El matrimonio de Esaú Aguirre y Nancy Rossel también fue perjudicado. Perdieron "El Viagra Marino", un restaurante que pudieron operar por sólo un mes antes de que se lo llevara el mar. Su otro local, "Donde Esaú" también sufrió graves pérdidas. Aguirre reconstruyó este último con sus propias manos y está listo para recibir el verano. La meta es recuperar una buena parte de los casi 100 millones que perdió el 27F.

Dichato revive como centro culinario en medio del desastre





Quedaron sin restaurantes tras la tragedia y ahora hay 13 en pie:
La playa de Dichato no muestra mayores rasgos de que por encima de sus arenas pasó un maremoto. La Municipalidad de Tomé -que tiene a su cargo el pueblo de Dichato- se encargó de limpiar el fondo marino y la playa misma, la que es adornada por clásicos quitasoles de paja.

Una playa limpia es el primer gran paso para el balneario principal de la Octava Región. Pero la capacidad hotelera parece ser poca para la eventual demanda de veraneantes. Según la alcaldesa subrogante, María Luz Gajardo, el pueblo recibe a 30 mil visitantes durante el verano. "La capacidad hotelera da para recibir entre 250 a 300 personas, mayoritariamente en las cabañas que sobrevivieron al maremoto. Pero creemos que el alojamiento informal en casas puede aumentar nuestra capacidad para recibir gente".

Marco Bautista, ex jugador de fútbol profesional, es dueño de uno de los pocos grupos de cabañas que se salvaron del maremoto: "Ya tengo varias semanas arrendadas, principalmente a gente de Chillán, que es la que más viene. Creo que va a llegar mucha gente este año porque hay mucha curiosidad por ver cómo quedó Dichato".

Donde más se encuentran avances es en la apertura de restaurantes. Después del maremoto no quedó absolutamente ninguno en Dichato. El primero en volver a abrir sus puertas fue "El Encuentro" el 14 de julio. Marisol Fuentes, su dueña, confiesa haber tenido su mejor verano de los 10 que lleva a cargo del restaurante hasta que llegó el maremoto. A pesar de todo, hay esperanza. "Viene harta gente los fines de semana largos y eso me ha ayudado", cuenta.

Ya existen 13 restaurantes funcionando y otros cinco se encuentran en proceso de aprobación. El más tradicional y antiguo de Dichato, el Santa Elena, ya está totalmente operativo. "Fue terminado un poco antes del fin de semana de Navidad y se llenó de inmediato", dice Hernán Monsalve, su dueño. Un mes y medio se demoró en construirlo con una inversión de 80 millones y una capacidad para 200 personas.

El lado amargo de los preparativos en Dichato es su inescapable desolación. El agua se adentró aproximadamente 15 cuadras hacia el interior del pueblo, dejando poco y nada en pie. Las maquinarias pesadas ya demolieron y limpiaron, pero la reconstrucción es una tarea pendiente. Julio Navarrete, un chillanejo que ha veraneado por 10 años consecutivos en Dichato, se tomó el día para visitar el pueblo y evaluar quedarse una semana este verano. Su evaluación es lapidaria: "Me da mucha pena ver esto. Falta bastante y así como está todo no volvemos este verano. La casa donde alojamos el año pasado está totalmente destruida".

Constitución apuesta al turismo-desastre



El municipio trabaja en un tour por las zonas más afectadas:
Hugo Tillería, el alcalde de Constitución, cree que el maremoto que afectó a su ciudad es una gran oportunidad para renacer. Y la idea del renacimiento va ligada a la identidad que le ha dado a la costera ciudad de la Séptima Región el desastre del 27 de febrero. "Esta es la zona donde más golpeó el terremoto", dice Tillería. "Aquí fue el epicentro de 8.8 y donde más personas fallecieron. El mar prácticamente borró nuestro borde costero. Pero más allá del lamento y el duelo que podamos sentir, creemos que aquí están las bases para que se haga una suerte de turismo-desastre. Que la gente que venga conozca realmente lo que tuvo que pasar Constitución".

Tillería se refiere a un proyecto de tour que está desarrollando en el municipio para visitar las diferentes áreas golpeadas por el maremoto. Aunque todavía no está listo el itinerario, el alcalde espera tener el tour operativo para la segunda quincena de enero.

Mientras Tillería explica sus planes, en el borde costero se trabaja frenéticamente para hermosear el entorno. Se instala nueva iluminación y se arregla el pavimento de la costanera. También se termina una gran terraza pública de madera. Lo que falta son los clásicos restoranes que antes del terremoto estaban alineados frente al principal lugar de reunión de Constitución durante el verano: la playa "Los gringos".

Según el alcalde, antes del maremoto había 18 locales frente al mar. Ahora sólo hay tres. El Marbella es uno de ellos. Lorena Alvarado, quien trabaja en el local y es hija de la dueña, dice que la familia se embarcó en un crédito de 30 millones para volver a poner el restorán en pie. "Aún así nos faltan otros 30 millones para cubrir un montón de detalles que nos faltan", explica. "No tenemos para cortinas, manteles, algunas máquinas para la cocina, entre otras cosas. Eso lo vamos a ir comprando a medida que entre dinero. Calculamos que en 4 o 5 años se podrá recuperar la inversión".

Más allá de la falta de oferta culinaria en la zona costera, a los primeros turistas que empiezan a aparecer les gusta el trabajo que se ha hecho con la costanera y la playa. "Está tomando vida", dice Gustavo Torres, un ingeniero que trabaja en la planta maderera de Licancén, a unos 45 minutos de Constitución. "Vine acá hace un mes y no había nada. Ahora hay un par de restoranes abiertos, pusieron quitasoles, luminarias, bancas. Está todo más bonito".

A unos cinco minutos de ahí, y por la misma Costanera, se construyen 20 cabañas al lado de la playa El Cable. Todas habían sido arrasadas por el mar y ahora vuelven a aparecer en el mismo lugar para el verano. El sentido de urgencia es grande. 10 cabañas estarán listas antes de año nuevo. El resto será entregada durante los primeros días de enero.

Las huellas más visibles del maremoto se encuentran en el sector de La Poza, donde se junta el río Maule con el mar. Es ahí donde grandes botes llegaron hasta la estación misma de buses, a unas 5 cuadras del mar. Las mediaguas conviven con las casas que se reconstruyen en el barrio más afectado de la ciudad. Al frente, los árboles de la isla Orrego, emblema de Constitución, siguen muertos, totalmente secos por la sal de las olas gigantes.
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domingo, 12 de diciembre de 2010

Los balnearios arrasados por maremoto preparan playas

www.emol.com
domingo 12 de diciembre de 2010

Últimas localidades en iniciar la temporada lo harán el 21 de este mes:
Con disímiles avances los atractivos costeros de O'Higgins, Maule y Biobío se preparan para el verano, a casi 10 meses del maremoto.

F. ÁLVAREZ, E. LEIVA Y F. ALIAGA
Llenar las playas de gente y los negocios con dinero, para recuperar los destinos turísticos y las inversiones realizadas, es la meta para este verano de los balnearios de O'Higgins, Maule y Biobío arrasados por el maremoto de febrero. Para ello trabajan en la limpieza de las playas y del fondo marino.



Así ocurrió en Dichato, donde el mar borró el 70% de este pueblo del Biobío y donde el municipio de Tomé dotará de salvavidas, boyas para la zona de nado y baños para abrir la temporada este domingo.

Allí el 80% del comercio ya está rehabilitado y han abierto 18 restaurantes, de una treintena que había antes del maremoto. Otros 10 levantarán sus cortinas en el "mall de emergencia" que se inaugurará el 16 de este mes, cuyo costo fue $139 millones.

"Auguramos una buena temporada. La gente viene más que antes, porque quiere cooperar para que los comerciantes tiremos para arriba", cuenta Antonio Alomar, presidente de la Cámara de Comercio local.

Acota, eso sí, que están conscientes de que "muchos turistas vienen por el morbo de ver cómo quedamos, pero es algo que ya tenemos asumido". Precisamente, la destrucción que tiene Dichato impedirá brindar los 500 alojamientos de antes, pues sólo hay 140 camas, entre los complejos que quedaron en pie y los que se reconstruyen.

Aptas para nadar

En el Biobío, además de este balneario, son aptas para nadar las playas de Coliumo y El Morro (Tomé), y las Negra y Penco (Penco). En esta última comuna el mar destruyó la caseta de baños y camarines, y se perdió un bote zodiac y chalecos salvavidas, que el municipio repondrá. El Cuerpo Militar del Trabajo ya dejó limpia la arena y buzos de la Armada rastrearon hace dos semanas el fondo marino.

En el Maule, si bien ninguna playa es apta para el baño por condiciones naturales previas al terremoto, como el fuerte oleaje, sí se espera habilitarlas como solaneras el 21 de diciembre. La meta era hacerlo una semana antes, pero las faenas de limpieza de playas aún están en curso, afirma el capitán de puerto de Constitución, Milibrag Delic. Estas labores se ejecutan en Constitución, Iloca, Duao, La Pesca, Pelluhue y Curanipe.



En Constitución, la playa principal "Los Gringos", luce más estrecha por efecto del maremoto y la excavación necesaria para reparar la costanera mantiene grandes montículos de ripio. Las veredas, rejas, escaleras, faroles y bancos aún no se reponen y sólo cuatro restaurantes están en reconstrucción.

"No creo que se habilite la playa el 21 de este mes. Debieron empezar a trabajar mucho antes y se nota una labor muy a la ligera y sólo para cumplir el plazo", dice el presidente de la Cámara de Comercio y Turismo local, Aquiles González.

En Pelluhue, el alcalde Carlos Zúñiga asegura que la playa de Curanipe más otras seis estarán listas para esa fecha, para lo cual se invirtieron $50 millones en equipamiento. La limpieza de la arena ya concluyó, lo mismo que en Iloca, Duao, Rancura y La Pesca, en la comuna de Licantén, donde ahora se trabaja en la implementación y en obras viales. "El tsunami fue una oportunidad para mejorar y ordenar los balnearios", dice el alcalde Héctor Quiero.



Pichilemu apunta captar los turistas de las zonas más afectadas



En Pichilemu, región de O'Higgins, quieren sacar partido al hecho de no verse tan afectados por el tsunami. Sus comerciantes están ciento por ciento operativos y esperan "robar" turistas a las otras dos regiones afectadas, pues tienen la misma capacidad hotelera, comercio y restaurantes que en años anteriores, afirma la presidenta de la Cámara de Turismo, Viviana Contreras.

El alcalde Roberto Córdova precisa que "la infraestructura dañada la recuperamos en un 95%, no hay rastro de escombros en las playas y el fondo marino no fue necesario limpiarlo". Eso permitió que la temporada partiera el 20 de noviembre en la playa Terrazas, la única apta para el baño de la región.

Mientras que Punta de Lobos, popular por la práctica de surf y modificada en su morfología por el sismo, se habilitará como solanera el 15 de diciembre. Esa misma fecha Bucalemu, en Paredones, también iniciará la temporada, pues aún quedan espacios públicos por limpiar.
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sábado, 6 de noviembre de 2010

De pie nuevamente

La Nación Domingo
LND Reportajes
Domingo 7 de noviembre de 2010
Darío Zambra B. /

El terremoto y el tsunami arrasaron con gran parte de la infraestructura turística del sur de Chile. A ocho meses de la tragedia y a dos meses de que comiencen las vacaciones, los operadores de estas zonas ya están trabajando para tener operativos sus servicios para la temporada estival. ¿Cómo lo están haciendo? Aquí se lo contamos.


Fotos

Apenas una cuadra. O quizás menos, tres cuartos de cuadra. Esa es toda la separación que existe entre el mar y la Hostería Pacífico de Curanipe, en la Región del Maule.

Con esa pequeña distancia era imposible que el tsunami del 27 de febrero no arrasara con el negocio turístico que era el orgullo de su dueña, María Ernestina Jara de Villaseñor

Bastaron algunos minutos para devastar gran parte del proyecto que Jara demoró más de medio siglo en levantar. La estructura de la hostería quedó en pie, pero las olas mojaron y arrasaron con todo, incluido el mobiliario, las bodegas y dos vehículos que eran usados como herramientas de trabajo.

Esa madrugada Ernestina y su familia arrancaron hacia los cerros, como la mayoría de los habitantes de Curanipe. Ahí se encontraron con muchos de los pasajeros de la hostería.

“El mar fue generoso porque nos alcanzó a avisar”, cuenta María Eugenia Villaseñor, hija de Ernestina. Desde esa distancia, a tres kilómetros de la costa, observaron cómo las olas se llevaban años de historia y cientos de proyectos de vida.

Desde aquel amanecer la mirada es otra.

Es cierto, debieron partir de cero, reparar muchas cosas, volver a pintar y reemprender, pero la Hostería Pacífico ya está lista, preparada nuevamente para recibir a los miles de turistas que cada verano eligen Curanipe como su destino favorito, con su cautivante mix de playa y campo.

“Estamos con nuestra capacidad completa. Sólo estamos esperando que los turistas nos visiten”, sostiene Villaseñor, con las expectativas puestas en que los veraneantes los apoyen en este nuevo comenzar.



Son las mismas expectativas que tienen puestas cientos de medianos y pequeños empresarios turísticos desde la Sexta hasta la Octava Región, las zonas más dañadas por el terremoto.

A ocho meses de la tragedia y a apenas semanas de que comiencen las vacaciones y la temporada de playas, muchos de estos emprendedores ya están nuevamente de pie.

Ciertamente, no es la misma situación de todos, pero gran parte se las ha arreglado para responder de alguna u otra manera a la avalancha de visitantes que se esperan para estos meses.

No queda otra. Para muchos sureños, ésta es la actividad que han desarrollado durante años y lo que les da el sustento que les alcanza para el resto del año. “El terremoto no nos dejará con las manos atadas”, parece ser su consigna.

EL REARME DEL BÍOBÍO

Fueron imágenes elocuentes. No era necesario un mayor análisis para darse cuenta de que si el terremoto devastó al sur, el posterior maremoto lo hizo aún mucho más.

Por eso, muchas de las situaciones más dramáticas se registraron en el borde costero de la zona centro sur.

Días después del tsunami, LND estuvo en varias de esas localidades y pudo comprobar in situ cómo el mar se llevó todo lo que encontró por delante.

En Dichato, por ejemplo, el balneario más concurrido de la Región del Biobío, no había nada en pie en un par de kilómetros desde la playa. De las construcciones sólo quedaban los radiers. Y de eso no se salvaban hosterías, cabañas, restaurantes y pubs.



“En Dichato había 25 restaurantes y no quedó ninguno. Y en sus cocinerías trabajaba mucha gente”, precisa la directora regional de Sernatur, Katherine Echaíz.

La autoridad explica que en esa región la zona más afectada fue la del borde costero, el que incluye 18 caletas de ocho comunas.

“Se trata principalmente de Dichato, Cobquecura y Llico. Todo lo que estaba a orillas de playa fue devastado por el tsunami”, asegura.

Sin embargo, de una u otra manera algunos de los operadores turísticos ya se están levantando, conscientes de que es fundamental tener una buena oferta e infraestructura para convencer a la gente que vuelve a veranear en estos balnearios.

La Intendencia Regional del Biobío habilitará en las próximas semanas instalaciones básicas para las playas, como baños, salvavidas y demarcación de zonas en al menos tres caletas, que son Llico, Coliumo y Dichato.

“Obviamente, en estos lugares la gente no se podrá quedar a dormir porque hoy no existen cabañas ni recintos para eso y esperamos que en tres años más haya esa infraestructura. Pero sí van a estar habilitadas las playas con lo mínimo que se necesita para que los visitantes puedan ir por el día”, aclara Echaíz.

En Dichato, de los 25 restaurantes arrasados por el mar, tres ya reabrieron sus instalaciones en otros lugares. A eso se suma que la Cámara de Turismo de Tomé -comuna a la que pertenece este balneario- tiene contemplado instalar domos y carpas para habilitar una especie de centro gastronómico para esta temporada, el que debiera estar listo a fines de noviembre.

Y en Llico la asociación de pescadores de la localidad retomará en enero una actividad tradicional y tremendamente atractiva para los turistas. Se trata de un curanto en disco a bordo de las embarcaciones, que incluye ostras y vino tinto y que en un trayecto de medio día recorre las costa desde Llico hasta Punta Lavapié.

La directora regional de Sernatur explica que en el borde costero, la infraestructura turística está operando en un 50%.

Pero la situación es distinta en el resto de la región, donde ese porcentaje alcanza el 100%. “En lagos como Llolleo, la laguna Avendaño y el Valle Las Trancas en Ñuble está todo funcionando con normalidad”, asegura Echaíz.

MÁS PRONTO DE LO ESPERADO

En el Maule la situación es un poco diferente a la situación del Biobío. Si bien la infraestructura turística del borde costero se vio fuertemente azotada por el tsunami, las de las zonas interiores también fueron castigadas en gran magnitud por el terremoto.

Julieta Romero, directora regional de Sernatur, da un ejemplo de ese efecto en Talca, donde el bohemio Barrio de La Diagonal, conocido por sus restaurantes y pubs, “quedó súper dañado”.

Sin embargo, a ocho meses de ocurrida la tragedia, la transformación ya se está produciendo: varios de los locales de ese barrio se reubicaron y durante estos días están abriendo en distintas partes.

Algunos lo hicieron rápido. Ricardo Ferri, gerente general del Hotel Casino Talca y presidente del Cluster de Turismo de Intereses Especiales del Maule, cuenta que en ese recinto “el daño no fue estructural, pero se cayó todo lo que tenía que caerse: luces, cielo falso, comida, muebles y se rompió una cañería de la piscina”.

Pero a fines de marzo ya reabrieron sus puertas a un público nuevo y que se mantuvo durante meses en la capital de la región: médicos, constructores, aseguradores y otros profesionales. Según el ejecutivo, la industria turística de la zona “se ve bastante abajo, pero se ha levantado más rápido de lo esperado”.

Lugares emblemáticos de la región como la casa de huéspedes de la villa Gilmour también reabrieron sus puertas y en las famosas Siete Tazas ya volvió el agua. Respecto a la zona costera, Romero cuenta que Sernatur está realizando un levantamiento en terreno en las caletas para ver cuáles son los restaurantes que están atendiendo y en qué condiciones.

Esa información, con toda la oferta turística disponible en el Maule, estará abierta al público y será presentada en eventos como la Feria Internacional de Turismo, que se realizará en Santiago el 14 y 15 de noviembre.

EL NUEVO ROSTRO DEL MAULE

En la recuperación de las caletas del Maule una de las labores más relevantes la está realizando Antofagasta Minerals, la compañía del grupo Luksic.

A raíz del serio daño que el maremoto provocó en esta zona, la empresa decidió implementar un plan para reconstruir 13 caletas del borde costero.

El vicepresidente de operaciones de la compañía, Jorge Gómez, explica que la primera medida fue dar solución a la actividad pesquera de la zona, la que incluyó la reposición de la totalidad de las embarcaciones dañadas con sus respectivos motores y la reconstrucción de la infraestructura portuaria.



Esa labor ya la están realizando en todas las caletas del plan, pero en seis también se está trabajando una reconstrucción particular. En Boyecura, Duao, Loanco, Pelluhue, Pellines y Curanipe la compañía está levantando centros para potenciar la actividad gastronómica y turística de estos lugares.

“En las caletas quedó muy dañada la infraestructura turística y algunas tenían instalaciones gastronómicas que también fueron afectadas”, sostiene Gómez.

Del total, cinco estarán terminadas el 31 de diciembre mientras que el centro gastronómico de Curanipe estará operativo el 14 de enero.

Según el ejecutivo, la idea es que cuando el turista regrese de vacaciones a estos lugares “vea que han tenido un avance. En esta reconstrucción queremos que haya un elemento diferenciador. Por eso en esto hay un aspecto de sustentabilidad. Por ejemplo, vamos a colocar nuestros estándares en términos del uso de energía y en el tratamiento de las aguas servidas. Queremos que cuando la gente vuelva vea una cosa distinta y, por cierto, mejor. Al final del día, todos estos flagelos suelen ser puntos de quiebre para crear una cosa nueva, distinta y mejor”.

El plan de Antofagasta Minerals contempla también la capacitación de las personas que trabajarán en estos restaurantes, las que está impartiendo Inacap y que incluye cuatro módulos: trabajo en equipo; negocios básicos; atención y servicio al cliente; y menús vinculados a los productos de mar.

PICHILEMU OK

Aunque en menor medida, la infraestructura turística de la Región de O’Higgins también se vio dañada. La directora regional de Sernatur, Alicia Ortiz, asegura que la tragedia afectó en mayor medida la zona costera, “pero no en una magnitud como quizás todo el mundo se imagina. En Pichilemu, por ejemplo -el balneario más concurrido de la región- el borde que fue afectado es el de la playa principal, donde había un par de restaurantes y quioscos. Hoy eso está totalmente operativo”.

En marzo el Sernatur hizo un barrido para ver la oferta de servicios turísticos de la región y a base de los daños se realizó un apoyo económico a algunos operadores. Desde entonces, el énfasis ha estado puesto en tener operativo los servicios e instalaciones para recibir a los visitantes.

Ortiz cuenta que, por ejemplo, muchas empresas se pusieron la meta de estar funcionando para las Fiestas Patrias y los resultados superaron sus expectativas.

“El comportamiento fue mejor de lo esperado, que era de 50% de la capacidad, pero ésta alcanzó el 70% e incluso en algunas zonas fue de 100%”, sostiene la directora de Sernatur O’Higgins.

“Eso demuestra que la gente está con ganas de salir y tenemos que estar preparados para recibir esa demanda y a eso estamos abocados. En nuestra región, los balnearios más importantes ya están operativos, las viñas con sus circuitos también y lo mismo pasa con la oferta gastronómica. Todo eso nos demuestra que la gente no está con miedo de venir a estas regiones”, afirma Ortiz.

María Eugenia Villaseñor, de la Hostería Pacífico de Curanipe, también tiene puestas sus expectativas en esta temporada estival: “Para nosotros no ha sido fácil emprender de nuevo. Queremos que la gente no tenga miedo, se atreva y nos visite. En esta zona tenemos muy buenos servicios para recibir a los visitantes”.

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